Se acurrucan y la diferencia entre ellas es casi imperceptible. Cuando de amor se trata, las distancias que dividen a las especies no importan.
Esta es la historia de una perra gigante y de una mini cerdita: una necesitaba contención; la otra, contagiar calor. Juntas formaron una familia y sus fotografías conmueven corazones pulgueros de todo el mundo.
Una noche después de su nacimiento, su familia puerca la abandonó. Paulinchen caminaba sola por un bosque alemán atestado de zorros que podían devorarla, pero la suerte estuvo de su lado. A las pocas horas encontró techo y mamá nueva.
Mientras deambulaba sin rumbo, esta pequeñísima cerdita fue rescatada por un hombre. Roland Adán, junto a su mujer Editar, vive en una granja de 20 hectáreas y decidió alojarla. “Cuando la levanté estaba muy fría así que la llevé a mi casa y se la di a nuestra perra que había tenido crías diez meses atrás”.
Katjinga, una rhodesian ridgeback de ocho años, no pudo evitar enamorarse de la cerdita y la transformó en su hija. “Es la mejor madre que se pueda imaginar. Inmediatamente la comenzó a limpiar como si fuera uno de sus propios cachorros”,
Mientras Paulinchen crece, sigue refugiándose en su mamá sustituta: juega con ella y se alimenta de su leche. El cariño se evidencia en las fotos. Una vez más, el mundo animal reina con el ejemplo.