
Les tengo que decir con sinceridad, que lo tengo considerado como uno de los más grandes ilustradores argentinos que hay, con una gran influencia en el "mercado" exterior, me encanta su manera de ilustrar, la manera que tiene de escribir, sus esculturas, todo. Es un gran artista, realmente espero que los que no lo conozcan, cosa poco probable, se sumerjan y empapen de sus obras, que no son pocas. Disfruten tanto como yo, al ver su arte.
dijo:Biografía Carlos Nine Dibujante, pintor y escultor argentino, nacido en la Provincia de Buenos Aires en 1944. Entre los años 1983 y 1990, dibujo innumerables tapas de la revista Humor. Adicionalmente dibujó historietas en las revistas Fierro, Echo des Savannes, Il Grifo, Co & Co y otras. Sus dibujos aparecieron regularmente en el diario Clarín y la revista Noticias, habiendo realizado además un cartoon de actualidad para el diario Le Monde. En Francia fueron editados dos libros con sus dibujos ‘Crímenes y Castigos’ y ‘Fantagas’, habiendo realizado ilustraciones además para la revista Playboy de Argentina, Estados Unidos e Italia. Ha sido galardonado con los premios: Bienal de Córdoba de 1986, mejor dibujante extranjero en la Bienal de Barcelona - España de 1988, ganador del Concurso Internacional Gianduia en Turín – Italia en 1988, el Clio de Plata en Ilustración en Nueva York en 1993 y el premio Caran D’ache al mejor ilustrador extranjero en Italia. En la actualidad continua desarrollando de manera activa, su labor como ilustrador.
Un pequeño texto escrito por el propio Carlos Nine, sobre su infancia y sus inicios
dijo:Nací hace más de cincuenta años en Haedo, ciudad que supo ser también la patria chica del maestro Alberto Breccia. De niño, después de la escuela matinal, solía pasar las tardes ayudando a mi padre en la zapatería de la calle Juan B. Justo, que compartía en sociedad con su hermano y que se llamaba, precisamente, “Casa Nine Hnos.”. Mi estado de embeleso era continuo debido a las relaciones de tipo teatral o sainetero que establecía mi viejo con sus clientes, todas de estilo diferente y naturaleza particular según de quien se tratara. En realidad, mucha gente iba a la zapatería para desarrollar esas locas conversaciones más que para comprar calzado, lo cual explicaba nuestro estado de constante pobreza. El viejo trataba de compensar esta situación con su verdadera vocación, la música. Los sábados tomaba su violín, se reunía con sus compañeros de la orquesta de tango y animaba los bailes tan numerosos por esa época en los suburbios de Buenos Aires. Siempre aproveché esta oportunidad para acompañarlo con el pretexto de llevarle el violín. Es que no me quería perder la maravilla que eran las parejas bailando con una orquesta en vivo, arrastrando los pies en la pista de baldosas, bajo la luna y las estrellas del verano. A lo lejos, el humo de la parrilla y las lamparitas de colores. Yo miraba esa belleza desde el palco de madera, entre los músicos, parado junto al pianista. Con semejante influencia era evidente que jamás sería contador público nacional. Mi afición por el dibujo era inocua, casi una gracia infantil, hasta que mi viejo tomó la decisión, un día cualquiera, de quitar los zapatos de la vidriera del negocio y exponer para el barrio mis dibujitos. Esa mañana de sábado, pasando casualmente por ahí, no podía creer lo que veía. Dos o tres vecinos ponderaban mi “obra” desde la vereda. Me puse colorado y seguí mi camino, pero ya era otra persona. No tiene sentido agregar que la gracia devino vocación, que estudié en las escuelas de arte Belgrano y Pueyrredón, que hice durante diez años las cubiertas de Humor y que ahora vivo de publicar mis libros en Europa, principalmente en Francia. Sólo quería destacar la importancia de la caricia en la espalda, en el momento justo, en la época dorada. Tal vez pueda prolongar algo de ese espíritu en la futura Escuela Gráfica de Buenos Aires.

