Las maravillas de Alicia.
El no donde
Y de nuevo juntos ahí,
donde el tiempo se detiene
y su enmarañado acontecer sonríe
pidiendo perdón por ser irrevocable
El ayer se aleja y se lleva con él
la trama que parecía insondable
El ahora semeja enorme puerta
que ya no encierra
sino al Paraíso perdido de esta tierra.
Canto del agua
Entono cantos suaves
cuando tu aliento toca mi piel
que se despierta en torrente
y arrasando muchedumbres ilusorias
deja solo caracolas …
Sensaciones espirales donde te escucho de nuevo.
Siguiendo rastros, surcando túneles
llegas a mis húmedos cabellos.
Yo, que dormida en un lecho de recuerdos,
siento penetrar tu savia
que mi árbol agita,
me levanto de mi sueño
y te respondo.
Laberinto, cuyos rayos cargados de rocío
evocan a la Fuente,
recorres confundido.
Y no sabes dónde estoy
porque dentro de mí te hallas.
Una voz te llama
desde el fondo del vacío
al brotar bulle en sonidos
teje imágenes y se hace palabra.
Sigue su canto que te desteje
para llevarte a su morada oculta
que es silencio.
Espacio cuya dulzura y exhuberancia
no conoce límites,
cámara sagrada donde recluida
tejo tu túnica de luz.
Soy vapores que por tu calor ascienden
soy el hueco donde habitan aves transparentes
y el viento que las sustenta
es el soplo de tu aliento.
A veces, mi danza te da terror
el eco de tu voz te paraliza.
Y he de estallar en tormenta
desatando la pasión que te conduzca
donde aquel canto que no cesa…
que es mil nombres
y que es tu Nombre.
Adán, ¡Vive!
SE mi mente
SE mi alma
SE mi cuerpo
Yo seré tu Conciencia.
Traspasa mi cuerpo y hazlo transparente.
Séllame con el beso de tu boca y hazme Tú.
Hagamos que el mundo gire de nuevo
concibiendo un niño de luz
hijo del viento y de la noche.
Niño de oro que surcas los dos mundos…
dime niño: qué tiempo recorres?
siempre tan silente…siempre presente.
Acaso es tu correr perenne?
Es acaso el tiempo del gran mar?
Jugar en tu mano quiero
cuando se abre
y deja escapar el dolor
para abrir mis ojos,
verte grande
y saber que Yo Soy.
Canto de la tierra
I
Silenciosa… casi caduca,
soy de esas hembras que ya no existen,
servidora del amor,
espejo del amanecer.
Llevo en mí el germen de la vida nueva,
soy el hueco oscuro e invernal
donde habitan aves transparentes.
En mis entrañas llevo,
la savia que penetra los corazones.
Soy devoradora incesante de estructuras,
arrasadora de muchedumbres.
Templo para quienes osen optar por el amor;
para quien recorra el laberinto y hunda la espada en su propio pecho;
para quien reconozca que la vida reposa en la muerte y la necesidad.
Soledad interminable para el cobarde,
muralla infranqueable para el orgulloso,
luz para quien llora en anhelos de entrega.
Mis formas cambian sin cesar,
refulgentes relaciones de luces transparentes.
Soy espejo del Infinito.
Soy la hembra siempre anhelada,
el cuerpo de la deidad,
el sonido hecho carne,
la Virgen Negra temida y alabada.
Iniciadora del hombre,
recluida en una cámara sagrada tejo su túnica de luz.
Quien penetre en mí encontrará la vida.
Soy la Madre Tierra.
II
Hembra deseosa,
inflamada por la luz,
convierto en calor cuanto rayo llega del sol.
Soy la vida, esperando ser vivida.
Soy la casa,
el hogar y la hoguera.
El espacio, fuente de espejismos,
donde habita el reflejo de la llama siempre viva.
Soy el arco y la puerta;
el espacio entre dos mundos;
las cenizas de la pasión
y la posibilidad de resurrección.
De mis manos brotan aves,
de mis pechos miel,
selvas arbóreas son mis cabellos.
Sustento son mis pies, raíces firmes.
Entono cantos cuando el viento toca mi piel, fuente de contacto.
Vellos con sabor a sal crecen bajo mis brazos
que se extienden acogedores
en el silencio de la noche.
Solícita servidora del peregrino
dama del caballero
lecho de rosas cubiertas de rocío matinal
azul, para el oro que me fecunde.
Soy entonces
la novia
revestida de luz, tachonada de zafiros,
la Virgen Celeste.
Y de nuevo juntos ahí,
donde el tiempo se detiene
y su enmarañado acontecer sonríe
pidiendo perdón por ser irrevocable
El ayer se aleja y se lleva con él
la trama que parecía insondable
El ahora semeja enorme puerta
que ya no encierra
sino al Paraíso perdido de esta tierra.

Canto del agua
Entono cantos suaves
cuando tu aliento toca mi piel
que se despierta en torrente
y arrasando muchedumbres ilusorias
deja solo caracolas …
Sensaciones espirales donde te escucho de nuevo.
Siguiendo rastros, surcando túneles
llegas a mis húmedos cabellos.
Yo, que dormida en un lecho de recuerdos,
siento penetrar tu savia
que mi árbol agita,
me levanto de mi sueño
y te respondo.
Laberinto, cuyos rayos cargados de rocío
evocan a la Fuente,
recorres confundido.
Y no sabes dónde estoy
porque dentro de mí te hallas.
Una voz te llama
desde el fondo del vacío
al brotar bulle en sonidos
teje imágenes y se hace palabra.
Sigue su canto que te desteje
para llevarte a su morada oculta
que es silencio.
Espacio cuya dulzura y exhuberancia
no conoce límites,
cámara sagrada donde recluida
tejo tu túnica de luz.
Soy vapores que por tu calor ascienden
soy el hueco donde habitan aves transparentes
y el viento que las sustenta
es el soplo de tu aliento.
A veces, mi danza te da terror
el eco de tu voz te paraliza.
Y he de estallar en tormenta
desatando la pasión que te conduzca
donde aquel canto que no cesa…
que es mil nombres
y que es tu Nombre.
Adán, ¡Vive!
SE mi mente
SE mi alma
SE mi cuerpo
Yo seré tu Conciencia.
Traspasa mi cuerpo y hazlo transparente.
Séllame con el beso de tu boca y hazme Tú.
Hagamos que el mundo gire de nuevo
concibiendo un niño de luz
hijo del viento y de la noche.
Niño de oro que surcas los dos mundos…
dime niño: qué tiempo recorres?
siempre tan silente…siempre presente.
Acaso es tu correr perenne?
Es acaso el tiempo del gran mar?
Jugar en tu mano quiero
cuando se abre
y deja escapar el dolor
para abrir mis ojos,
verte grande
y saber que Yo Soy.
Canto de la tierra
I
Silenciosa… casi caduca,
soy de esas hembras que ya no existen,
servidora del amor,
espejo del amanecer.
Llevo en mí el germen de la vida nueva,
soy el hueco oscuro e invernal
donde habitan aves transparentes.
En mis entrañas llevo,
la savia que penetra los corazones.
Soy devoradora incesante de estructuras,
arrasadora de muchedumbres.
Templo para quienes osen optar por el amor;
para quien recorra el laberinto y hunda la espada en su propio pecho;
para quien reconozca que la vida reposa en la muerte y la necesidad.
Soledad interminable para el cobarde,
muralla infranqueable para el orgulloso,
luz para quien llora en anhelos de entrega.
Mis formas cambian sin cesar,
refulgentes relaciones de luces transparentes.
Soy espejo del Infinito.
Soy la hembra siempre anhelada,
el cuerpo de la deidad,
el sonido hecho carne,
la Virgen Negra temida y alabada.
Iniciadora del hombre,
recluida en una cámara sagrada tejo su túnica de luz.
Quien penetre en mí encontrará la vida.
Soy la Madre Tierra.
II
Hembra deseosa,
inflamada por la luz,
convierto en calor cuanto rayo llega del sol.
Soy la vida, esperando ser vivida.
Soy la casa,
el hogar y la hoguera.
El espacio, fuente de espejismos,
donde habita el reflejo de la llama siempre viva.
Soy el arco y la puerta;
el espacio entre dos mundos;
las cenizas de la pasión
y la posibilidad de resurrección.
De mis manos brotan aves,
de mis pechos miel,
selvas arbóreas son mis cabellos.
Sustento son mis pies, raíces firmes.
Entono cantos cuando el viento toca mi piel, fuente de contacto.
Vellos con sabor a sal crecen bajo mis brazos
que se extienden acogedores
en el silencio de la noche.
Solícita servidora del peregrino
dama del caballero
lecho de rosas cubiertas de rocío matinal
azul, para el oro que me fecunde.
Soy entonces
la novia
revestida de luz, tachonada de zafiros,
la Virgen Celeste.
Alicia Wiechers