Contrarios contrariados.
Soy dos,
con un cielo necesario
y un infierno memorioso,
con pájaros planeando entre las luces
que llueven desde la patria sobre mi exilio,
y reptiles que destilan de sus fauces
coágulos de encarroñada obsecuencia.
Los dos,
tironean los órganos de mi experiencia.
Corazón y cabeza intentan aliarse en la ascensión,
mientras,
hígado y testículos se aferran,
a la ominosa succión de esta sanguinolenta urbanidad.
Combate corrosivo este,
con un frente desgarrador, desangrante, lagrimado.
En cada hemisferio que habito, me siento gustoso,
pero siempre " el otro" se obstina en reclamarme,
clavando su anzuelo del que no puedo escapar,
...y me hiere,
...y me quiebra,
...y me quema,
en el turbio vendaval de emociones y sentimientos
que no dejan asentar mis desnudos pies
sobre alguna brumosa verdad.
En el aire, en el mar,
entre el fuego, enterrado en lo profundo,
se persiguen indefinidamente
como un trompo bipolar
compuesto de yin y yang,
sin detenerse jamás,
me arrastran sin reparar
en mi tenue fragilidad,
elaborada con células locas
que se arrogan la titularidad,
de creerse dueñas del universo
de esta pobre marioneta de carnaval.
Soy dos,
y no quiero mas,
que borrar mi nombre
de la lista de convocados,
al mas allá.
con un cielo necesario
y un infierno memorioso,
con pájaros planeando entre las luces
que llueven desde la patria sobre mi exilio,
y reptiles que destilan de sus fauces
coágulos de encarroñada obsecuencia.
Los dos,
tironean los órganos de mi experiencia.
Corazón y cabeza intentan aliarse en la ascensión,
mientras,
hígado y testículos se aferran,
a la ominosa succión de esta sanguinolenta urbanidad.
Combate corrosivo este,
con un frente desgarrador, desangrante, lagrimado.
En cada hemisferio que habito, me siento gustoso,
pero siempre " el otro" se obstina en reclamarme,
clavando su anzuelo del que no puedo escapar,
...y me hiere,
...y me quiebra,
...y me quema,
en el turbio vendaval de emociones y sentimientos
que no dejan asentar mis desnudos pies
sobre alguna brumosa verdad.
En el aire, en el mar,
entre el fuego, enterrado en lo profundo,
se persiguen indefinidamente
como un trompo bipolar
compuesto de yin y yang,
sin detenerse jamás,
me arrastran sin reparar
en mi tenue fragilidad,
elaborada con células locas
que se arrogan la titularidad,
de creerse dueñas del universo
de esta pobre marioneta de carnaval.
Soy dos,
y no quiero mas,
que borrar mi nombre
de la lista de convocados,
al mas allá.
Bumerán
Ay Lidia...
Tu altura no es mas,
que la distancia que media
entre mis suspiros
y tus quimeras.
Tu gravedad no hace mas,
que atraer mi pobre
atuendo descompensado,
y mi sediciosa imaginación.
Tus pasos se alejan
y acercan como un bumerán,
de empeine galo
y tambores africanos.
"Donde iré que no vaya,
tu corazón a buscar"
Dama en mi calle,
princesa en mi corazón,
reina insular,
diosa sin sol,
mujer de mi necesidad.
Por quién daría...
Mis pies gastados,
mis manos viejas,
mis ojos tenues,
y mi voz infantil.
A quién ofrecí...
Bolsillos sin monedas,
canciones ridículas,
salar tu cuenco con mis lágrimas,
sincopar este ajado corazón.
La tarde se quedó sin respuestas,
la acuarela del horizonte juega
al ajedrez con los beatos,
que atónitos miran,
desdibujándose,
un tapiz enmarcado
en un futuro ilusorio.
Y yo...
Que no le puedo cantar enroque,
a tu somier de arpillera.
Que caray...
Tu altura no es mas,
que la distancia que media
entre mis suspiros
y tus quimeras.
Tu gravedad no hace mas,
que atraer mi pobre
atuendo descompensado,
y mi sediciosa imaginación.
Tus pasos se alejan
y acercan como un bumerán,
de empeine galo
y tambores africanos.
"Donde iré que no vaya,
tu corazón a buscar"
Dama en mi calle,
princesa en mi corazón,
reina insular,
diosa sin sol,
mujer de mi necesidad.
Por quién daría...
Mis pies gastados,
mis manos viejas,
mis ojos tenues,
y mi voz infantil.
A quién ofrecí...
Bolsillos sin monedas,
canciones ridículas,
salar tu cuenco con mis lágrimas,
sincopar este ajado corazón.
La tarde se quedó sin respuestas,
la acuarela del horizonte juega
al ajedrez con los beatos,
que atónitos miran,
desdibujándose,
un tapiz enmarcado
en un futuro ilusorio.
Y yo...
Que no le puedo cantar enroque,
a tu somier de arpillera.
Que caray...
Desde el cielo,
desde el mar,
de la tierra,
vuelve tu voz
como campanas,
como clarines,
diluida por la briza
de esta primavera por nacer,
y trae silencios blancos
de metal, de luna,
del hielo de tu partida,
en la noche en que la nieve
bañó tu atuendo
de novia enamorada,
para transformarlo
en disfraz de nácar,
en tálamo de plata,
donde ni la voz
de tus palabras dulces,
ni la luz
de tus ojos grises,
anticipan ya
la urgente necesidad,
de mis manos encendidas
y mis labios por brillar
al contacto con tu piel.
Volvió a guardar
la misteriosa noche
en su enjoyado amparo,
la estrella de tu amor,
desde donde llueven
perlas brillantes
que tapizan la hierba
como rocío del amanecer,
al que sin falta
todas las mañanas
acaricio con mis dedos tristes,
y mi corazón mirando el ayer.
No puedo convencer,
a la absurda esperanza
que incubar en ti
un hijo del porvenir,
es la loca ilusión
de un desquiciado roedor,
que se quedo esperando
con un ropaje de sombras
al tranvía que lo devuelva
a la estación de tu amanecer.
Todas las noches escribo
en " un pergamino de luna"
con carbón en mi mirada,
esta " frase de infortunio..."
Hasta pronto mi amor...
desde el mar,
de la tierra,
vuelve tu voz
como campanas,
como clarines,
diluida por la briza
de esta primavera por nacer,
y trae silencios blancos
de metal, de luna,
del hielo de tu partida,
en la noche en que la nieve
bañó tu atuendo
de novia enamorada,
para transformarlo
en disfraz de nácar,
en tálamo de plata,
donde ni la voz
de tus palabras dulces,
ni la luz
de tus ojos grises,
anticipan ya
la urgente necesidad,
de mis manos encendidas
y mis labios por brillar
al contacto con tu piel.
Volvió a guardar
la misteriosa noche
en su enjoyado amparo,
la estrella de tu amor,
desde donde llueven
perlas brillantes
que tapizan la hierba
como rocío del amanecer,
al que sin falta
todas las mañanas
acaricio con mis dedos tristes,
y mi corazón mirando el ayer.
No puedo convencer,
a la absurda esperanza
que incubar en ti
un hijo del porvenir,
es la loca ilusión
de un desquiciado roedor,
que se quedo esperando
con un ropaje de sombras
al tranvía que lo devuelva
a la estación de tu amanecer.
Todas las noches escribo
en " un pergamino de luna"
con carbón en mi mirada,
esta " frase de infortunio..."
Hasta pronto mi amor...
Con su rocío de nieve
la luna bañó tu cuerpo,
y su escarcha sin alma
llenó tus ojos de incienso.
Granizo que llueve
desde la dueña silente,
en tu morada caoba
y tu voz ausente.
Seca...
tiesa...
yerta...
Sin tus manos en mis bolsillos,
ni tu lengua en mis dientes,
heladita de olvido
plantaste mi soledad,
en una noche de luna
dejando sobre la hierba
azahares de cristal.
la luna bañó tu cuerpo,
y su escarcha sin alma
llenó tus ojos de incienso.
Granizo que llueve
desde la dueña silente,
en tu morada caoba
y tu voz ausente.
Seca...
tiesa...
yerta...
Sin tus manos en mis bolsillos,
ni tu lengua en mis dientes,
heladita de olvido
plantaste mi soledad,
en una noche de luna
dejando sobre la hierba
azahares de cristal.
Historia sin fin.
Rodeado de estrellas y corazones zurcidos
con gotitas que se expanden
en mi estancada soledad
y me miran desde onduladas historias
adheridas al túnel transparente
de una vida esquiva
y un camino destinado
a concluir sin terminar
de comprender la verdad
de no saber cuando ha comenzado
y donde terminará.
Oh...geómetro esclavista
cual fue tu necesidad
de engrillarme en esta caverna
para luego fustigar
mi escarpado ascenso
a la irrealidad.
con gotitas que se expanden
en mi estancada soledad
y me miran desde onduladas historias
adheridas al túnel transparente
de una vida esquiva
y un camino destinado
a concluir sin terminar
de comprender la verdad
de no saber cuando ha comenzado
y donde terminará.
Oh...geómetro esclavista
cual fue tu necesidad
de engrillarme en esta caverna
para luego fustigar
mi escarpado ascenso
a la irrealidad.
Tu luz
Soy testigo de mis intentos,
doy fe,
de probar por todos los medios
ingresar en tu espejo
buscando jugar con tu imaginación
y atisbar tus niñerías,
detener tu ansioso tiempo
y medrar en la contienda
de tus mil trebejos,
que corren alocadamente
por tu complejo entramado citadino.
Pero temiste abrir la ventana,
para que te acaricie el nuevo sol
y salpique tu piel
con gotas de sudor enamorado,
medrando en tu temblor,
sumergido en tu deseo,
brindándote hasta la última primavera
de mi abultado intento.
Al salir del café
una llovizna silenciosa
encubría tus antiguas lágrimas.
La esquina giró a contramano
de mi torpe orientación,
y volvió a devorarme
el brumoso páramo,
de mi habitación,
rodeado de paredes ralas,
sin crucifijo ni reloj
que justifiquen,
mi estancada soledad.
Mientras, alrededor,
un abigarrado cortejo
de insectos fúnebres,
estrellan sus pretensiones,
en los cristales púdicos
de la lógica,
y... tu luz,
mece mis esperanzas,
en las lejanas alturas
de la irrealidad.
doy fe,
de probar por todos los medios
ingresar en tu espejo
buscando jugar con tu imaginación
y atisbar tus niñerías,
detener tu ansioso tiempo
y medrar en la contienda
de tus mil trebejos,
que corren alocadamente
por tu complejo entramado citadino.
Pero temiste abrir la ventana,
para que te acaricie el nuevo sol
y salpique tu piel
con gotas de sudor enamorado,
medrando en tu temblor,
sumergido en tu deseo,
brindándote hasta la última primavera
de mi abultado intento.
Al salir del café
una llovizna silenciosa
encubría tus antiguas lágrimas.
La esquina giró a contramano
de mi torpe orientación,
y volvió a devorarme
el brumoso páramo,
de mi habitación,
rodeado de paredes ralas,
sin crucifijo ni reloj
que justifiquen,
mi estancada soledad.
Mientras, alrededor,
un abigarrado cortejo
de insectos fúnebres,
estrellan sus pretensiones,
en los cristales púdicos
de la lógica,
y... tu luz,
mece mis esperanzas,
en las lejanas alturas
de la irrealidad.