Gocho Versolari ( ll )
Tríptico 1
1
Entre garrafas de aguardiente
veo al sol hozar la tierra que en la madrugada
destilara gusanos y pájaros
y esqueletos de peces.
(aguila dorada, abrasadora
tendida sobre anémonas agonizantes).
Luego llegará un crepúsculo súbito como tus ojos posados de pronto en el alféizar
una introducción a la noche que con sus plumas te hará cosquillas en las axilas
y más tarde cerrará tus ojos en el sueño, en la representación de la lejana muerte
y la arena caerá de las estrellas y cubrirá tu cuerpo blanco como una partícula de luna
Ahora el sol explota en las hojas de los pinos
en lo profundo del lago
en el cerebro de los peces
en mis empeines negros
(La máquina de la ciudad
traspira aceite
y las estrellas copulan en levante).
2
La tarde es un libro, una morada
un pan abierto a nuestras manos,
un mondar, un picotear las luces
que caracolean en los picaportes
y luego se tenderán azules
al bendecirlas en los atardeceres
Ella dijo de su propio, hermoso rostro que estaba grávido de gusanos,
que sus labios eran el par de sueños de una anémona
y que una hidra azul jugueteaba por sus cabellos brillantes, sometidos al tinte que le entregara una sirena la tarde en que conociera el mar.
Ella dijo de sus sueños que formaban una masa cenicienta y pútrida
de la que surgiría el príncipe montado en caballos marinos, el que vendría a buscarla al convertirse en espuma,
cuando los farallones se transformen en carne y los potros en sal.
Ahora hay un llanto en el sol de la tarde
un baile detenido en las cornisas
y un poco de tristeza
en la demanda azul del lago,
en sus ojos que nunca aprendieron el asombro
en su escote abisal
cuando el crepúsculo
se convierta en serpiente
y levante su acuosa falda
en busca de nidos
y de águilas.
3
De noche los insectos
levantan un ídolo en salones azules
que la luna dibuja en tu vellón.
Solos y desnudos en la ladera norte,
tus senos son viñas fermentadas
y tu piel el sueño
de un solitario armiño
En tus abrazos sigo soñando que me abrazas
dices cuando un lucero rojo
titila en el segundo ciclo de la noche.
A lo lejos resbalan las luces
de cazadores solitarios
que procuran matar zorros, pecaríes
con los humanos rostros de sí mismos;
y el perfume de la noche que se balancea
donde termina tu cintura;
y tu cuerpo que pinta la tierra de dorado
y que inaugura el cielo de las profundidades,
que llenará de blandos truenos
y de ciegos rayos
el estrellado cielo
y yo seré la torre derrumbada;
surgirá de mis ruinas
un bosque de piedras y de avispas
Ahora
píntame las estrellas en el sexo
y te traeré las colinas de la aurora.