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Recuerdos de un pasado VI


El primero de los mensajes lo había dejado Carla.
“Eduuuuuu!!!!” decía “Tanto tiempo que bueno que vas. No faltes eh?”
El segundo era un poco más formal.
“Edu me encanta que vayas” era Roberto “ay mucho de q hablar”
Él estaba sorprendido. No esperaba mucho. Quizá que alguien indicara que le gustara, pero no más de eso.
No supo que contestar, así que no contestó nada. Cerró el navegador y otra vez se perdió jugando, pese a que se hacía recordar que tenía un par de libros que terminar.
Estuvo hasta entrada la noche, cuando al fin terminó el escenario final.
La animación que mostraba el desenlace, estaba muy bien lograda. Casi parecían personas de verdad los que allí salían.
Apagó la computadora, sin sentirse satisfecho. No era un gran logro para nada, muchos ya habían terminado ese juego antes de que él se enterara siquiera que existía.
Se fue hasta la habitación y agarró otro libro.
Era una compilación de cuentos de Edgar Allan Poe. Una que traía “El Cuervo” y que le había costado bastante plata porque era una encuadernación muy fina y de coleccionista.
Empezó a leer y se acordó de que un libro parecido, del mismo género, estaba terminando en la escuela…

Recuerdo IV
… un par de días antes de terminar, más precisamente, dos días.
Estaba en el patio con el libro “Cementerio de Animales” de Stephen King. Fascinado por la imaginación del autor, casi no se daba cuenta de que era lo que pasaba alrededor.
En un momento sintió que la presencia de alguien que se paraba cerca de él. Tuvo la sensación de que le miraba, así que levantó la vista. Era Carla, otra vez.
-Hola – dijo ella sonriendo - ¿Qué lees?
-Cementerio de Animales de King – contestó con parquedad
-Aaahhh… - Carla apenas había visto la película – no sabía que había un libro
-Ajam… - y volvió la vista al libro
Ella se quedó junto a él. Parecía no querer irse.
Le dio la impresión de que ella quería decirle algo. Así que, tan gruñón como era en esa época, le espetó la pregunta.
-¿Me queres decir algo? – se lo lanzó mirándola a la cara
-Si… emm… no – contestó balbuceando y bajando la mirada – no, nada… dejá
Y se alejó hacia la entrada al pasillo de la escuela. Él la miró y pensó que era muy brusco como se lo preguntó. Pero otra vez, no le importó, ya estaba terminando la escuela y eso era lo único que valía la pena tener en mente.
-¡eh! – gritó alguien desde la otra entrada del pasillo – ¡Gordo puto!
Miró y vio que era Gustavo el gritaba mientras se reía junto a dos más.
Ese era otro de los que le habían hecho la existencia imposible a Eduardo, durante esos seis años de secundaria.
Terminó de leer el párrafo y sonó la campana del mediodía. Guardó el libro y se dirigió a formar para tomar el colectivo.


Se levantó y se fue a leer acostado.
Al apoyar la espalda en el colchón, un sonoro ruido se hizo sentir. La contractura y nerviosismo que tenía eran muy grandes, afectándole de pies a cabeza.
A poco de empezar a leer allí, se quedó dormido.

Sueño 4
Un muchacho está comprando en un almacén de barrio. Pide cigarrillos, pan y medio kilo de tomates.
En el momento que le está pasando la plata al almacenero, dos tipos bien grandes entran con las caras cubiertas.
-Quedate quieto que te quemo, puto – le dijo al almacenero y los dos obedecieron
Le pidieron la plata y el almacenero con movimientos suaves se dirigió a la caja y comenzó a sacar la plata.
Pero el muchacho que compraba, no puede aguantar la situación. Le da mucha bronca porque no comprende porque hacen eso esos tipos.
Se le tira encima al segundo y trata de sacarle el arma. Para su mala suerte, su valentía (¿O inconsciencia?) es recompensada con un balazo en el estómago.
Los dos tipos se asustan, manotean lo que pueden de plata y salen corriendo.

Eduardo se despertó sobresaltado. Para empeorar las cosas, escuchó unos ruidos que venían de la cocina.
Agarró la guitarra que estaba al lado de la cama y se dirigió rápido para defender su casa.
Se encontró con un perro que revolvía el tacho de basura.
-¡Juira! – le gritó y el perro lo miró
Dio unos pasos hacia él. Las uñas sonaban bastante debido al silencio.
-Prestale atención a los sueños, Eduardo – le dijo el perro y él abrió los ojos como dos platos – son más de lo que piensas


De nuevo se despertó en su cama. El libro estaba caído a un costado y era de noche.
Recordó al perro. Se tiró de la cama y corrió hasta la cocina. Todo en orden. No encontró revuelta la basura ni otra cosa que indicara que el perro había estado allí.
-Hacerle caso a mis sueños – balbuceó pensativo
Miró alrededor. Nada.
De pie en la cocina, se quedó pensando en que quizá se estaba volviendo loco.

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