Recuerdos de un Pasado
Al recibir la invitación por facebook, a Eduardo se le llenó la cabeza de recuerdos. La mayoría eran malos, feos, experiencias vividas durante su adolescencia, la supuesta mejor etapa de las personas.
No sabía bien que hacer, si decir que iba a ir o mejor ni darle importancia. Pero aunque se negara, algo le importaba.
Por el momento, decidió que no iría a ese asado reunión de los ex compañeros de escuela, en la quinta de uno de ellos.
Primer Recuerdo
Era el primer día en la escuela a la que se acaba de cambiar. Estaba emocionado, más que nada que porque iba a conocer otra gente, otros chicos y chicas, quizá con intereses parecidos.
Entró al aula y se sentó en un banco al frente, como hacía siempre.
Sus nuevos compañeros tardaron más de diez minutos en sentarse.
Era un grupo diverso, eran veinte en total y había ocho chicas. Todos estaban todavía en el momento previo que antecede a la adolescencia.
Quien les habló era un preceptor, medio petiso y muy gordo. Tanto era que se agitaba al hablar.
Les dijo que tenían que portarse bien y seguir las reglas de la escuela, la cual era conocida por su disciplina estricta, sin piedad ni miramientos.
A Eduardo esto le parecía bien. Las reglas eran buenas y se aplicaban a todos.
Luego de un largo rato, apareció la directora, la vice-directora y la bibliotecaria, a Eduardo le pareció raro que esta última estuviese en el grupo.
- Buenos días, alumnos – dijo la directora
Como les había indicado el preceptor, se levantaron todos, con bastante torpeza, y la saludaron de la misma forma pero con más energía en la voz.
Su recuerdo terminaba mal. Pero no mal porque le hicieron algo, sino más bien, porque algo que le pasó.
Les indicaron que para salir tenían que levantarse por fila, desde la izquierda junto a la ventana, hasta la derecha pegada a la pared y cerca de la puerta.
Cuando le tocó, se distrajo mirando a una compañera que tenía enfrente. El cuerpo que tenía estaba muy desarrollado y sus ojos se posaron sin disimular en el culo de la chica.
Como no caminaba enseguida, el preceptor le gritó:
- ¡Muevase, no sea pajero! – bien fuerte, de modo que todos lo escucharan
Sintió un calor tremendo en la cara. Peor fue cuando la chica se dio vuelta y lo miró muy mal.
De los nervios que tenía, se tropezó con el banco que tenía enfrente y cayó pesadamente al suelo.
Ahí terminaba el recuerdo, con la vergüenza y la caída, escuchando las carcajadas de todos, incluso de la directora, la vice, el preceptor y la bibliotecaria.
Ese fue el momento en que quedó marcado. Con solo doce años de edad.
Volvió a la realidad. Miró la hora y vio que era casi medianoche.
Lo que no recordó, fue al hombre de sobretodo negro parado en uno de los techos de la escuela.
Se recostó sobre el respaldar, mirando al techo. Pensó en cómo fue que le podían mandar esa invitación.
Pensó que era injusto y cruel.
Pero también pensó que quizá estaba exagerando.
Sacudió la cabeza y apagó la computadora. Se sacó los pantalones, para meterse en la cama.
Durante la siguiente hora, estuvo leyendo “El Hobbit” de Tolkien.
Tenía ya veintiséis años y no se le ocurría, ni quería, volver a ver ese pasado a la cara
Gracias por pasar y seguiré entregando más partes de esta Saga