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En Busca de la Luna de la Perfeccion (Micro Relato Propio)

Arte•1/23/2013

En Busca de la Luna de la Perfección

Por Sebastian de Zaldúa Leveque




Salí del agua como un ser renovado. Sentía que cada parte de mí estaba viva y clamaba por ser reconocida.
Cruce de nuevo la gran inmensidad acuosa y me vestí con mis ropas.
Caminando con alegría, de a ratos silbando, regresé hasta donde estaban el hombre y la mujer que tanto me ayudaron. Pensé en agradecerles, pensé en continuar el camino (Si es que había que continuarlo) con ellos como acompañantes.
Pero el escenario que encontré fue radicalmente distinto. Paso algo que no esperaba.
Ellos estaban muertos. Parece que fue a golpes. Las magulladuras eran terribles.
Corrí hasta ellos y traté de reanimarlos pero fue inútil.
De la mano de la mujer, pendía una nota. Se la saqué y la leí. "Busca la Luna de la Perfección" decía.
¿Luna de la perfección? ¿Qué era eso? ¿Dónde debía empezar?
No importaba, debía moverme. Podía ver los demonios acercándose, esos que seguramente habían acabado con la vida de quienes me ayudaron tanto.
Con el corazón roto, corrí apretando el papel con todas mis fuerzas.
Recorrí pueblos, ciudades, desiertos, bosques, casi sin descanso. Me sentía renovado, debo ser sincero, porque la huida era más fácil de lo que pensaba. Me encontraba un poco más alerta.
Pero en un momento me dieron alcance, estaba rodeado, en medio de la oscuridad, sin escapatoria.
"Atrás" dije. Pero no me hacían caso.
"¡Atrás!" Esta vez fue gritando. Los demonios se quedaron parados donde estaban. Entonces recordé que la confianza es la mejor arma de un corazón rodeado de demonios.
Así fue como logré escapar. Sin dirección, mirando al cielo por las noches, buscando la luna definitiva, la luna de la perfección.
Hoy estoy, justo ahora que te hablo, parado enfrente de los restos de una fogata.
Una que fue grande en su momento y que ayudó a un viajero a mantenerse caliente durante rato. Y quizá para cocinar algo.
Una que era la que le permitió ver en la oscuridad.
La fogata esa, cuyos restos solo quedan, es la fogata mía.
Con el corazón afligido, me siento y enciendo el fuego de nuevo. Las llamas se elevaron con gracia, danzando, lanzando chispas graciosas en todos lados.
Allí lo comprendí. Fue tan claro como una epifanía suprema. Como el conocer la razón de la existencia misma de cada uno.
Pese a estar mejor preparado, me encontraba donde había comenzado y no existía ninguna Luna de la Perfección. Era una mera ilusión, una zanahoria sobre mi cabeza para seguir camino.
Que nunca terminaría, lo recorrería una y otra vez, enfrentándome a mil cosas y aprendiendo de nuevo, una y otra vez.
Para recomenzar, quizá hasta que alguna de esas cosas se lleve lo poco que soy en un momento.
En el momento que llegue al claro al final del camino.


Gracias por pasar y leer. Esta fue la entrega final, por lo que la saga "Junto y Bajo" llega a su fin



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