¿Cómo les va? Bueno, a modo de prólogo, les cuento que he decidido a aportar a la Inteligencia Colectiva haciendo una serie de posts con fragmenos de grandes obras literarias que tal vez no sean muy conocidas, sumándoles algunas imágenes que puedan reforzar el contenido de los textos. La idea es divulgar estos autores y, de paso, compartir con todos ustedes -aunque sea en forma fragmentaria- el milagro que significa hacer surgir una nueva realidad por medio de un puñado de palabras, o si no, simplemente redescubrir aquella en la que estamos inmersos.
Hoy comenzaremos con un fragmento de la nouvelle ( "novela corta" ) La balada del café triste, escrita por la pluma de la gran escritora norteamericana Carson McCullers (1917-1967).
Sin más preámbulos, el fragmento en cuestión:
En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Están el amante y el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y ese conocimiento le hace sufrir. No le queda más remedio que una salida: alojar su amor en su corazón del mejor modo posible. Tiene que crearse un nuevo mundo interior, un mundo intenso, extraño y suficiente. Permítasenos añadir que este amante no ha de ser necesariamente un joven que ahorra para un anillo de boda, puede ser un hombre, una mujer, un niño, cualquier criatura humana sobre la tierra.
Y el amado puede presentarse bajo cualquier forma. Las personas más inesperadas pueden ser un estímulo para el amor. Por ejemplo, un hombre que es ya un abuelo algo senil, y sigue enamorado de una muchacha desconocida que vio una tarde en las calles de Alabama, hace veinte años. Un predicador puede estar enamorado de una callejera. El amado podrá ser un traidor, un imbécil o un degenerado, y el amante ve sus defectos como todo el mundo, pero su amor no se altera lo más mínimo por eso. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor arrebatado, extravagante y bello como los lirios venenosos de las ciénagas. Un hombre bueno puede despertar una pasión violenta y baja, y en algún corazón puede nacer un cariño tierno y sencillo hacia un loco furioso. Es sólo el amante quien determina la valía y la cualidad de todo amor.
Por esta razón, la mayoría preferimos amar a ser amados. Casi todas las personas quieren ser amantes. Y la verdad es que, en el fondo, convertirse en amados resulta algo intolerable para muchos. El amado teme y odia al amante y con razón; pues el amante está siempre queriendo desnudar al amado, aunque esta experiencia no le cause más que dolor.
Por cierto, no estaría de más que relacionáramos este fragmento con el siguiente poema de Marechal
DEL AMOR NAVEGANTE
Porque no está el Amado en el Amante
Ni el Amante reposa en el Amado,
Tiende Amor su velamen castigado
Y afronta el ceño de la mar tonante.
Llora el Amor en su navío errante
Y a la tormenta libra su cuidado,
Porque son dos: Amante desterrado
Y Amado con perfil de navegante.
Si fuesen uno, Amor, no existiría
Ni llanto ni bajel ni lejanía,
Sino la beatitud de la azucena.
¡Oh amor sin remo, en la Unidad gozosa!
¡Oh círculo apretado de la rosa!
Con el número Dos nace la pena.
René Magrite. Les Amants, 1928.
Espero que les haya gustado y que si alguna vez encuentran un libro de ella, no duden en llevárselo a su casa (les recomiendo sobre todo la novela "El corazón es un cazador solitario", que es simplemente genial). Saludos para todos y buen fin de semana...
Hoy comenzaremos con un fragmento de la nouvelle ( "novela corta" ) La balada del café triste, escrita por la pluma de la gran escritora norteamericana Carson McCullers (1917-1967).
Sin más preámbulos, el fragmento en cuestión:
En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Están el amante y el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y ese conocimiento le hace sufrir. No le queda más remedio que una salida: alojar su amor en su corazón del mejor modo posible. Tiene que crearse un nuevo mundo interior, un mundo intenso, extraño y suficiente. Permítasenos añadir que este amante no ha de ser necesariamente un joven que ahorra para un anillo de boda, puede ser un hombre, una mujer, un niño, cualquier criatura humana sobre la tierra.
Y el amado puede presentarse bajo cualquier forma. Las personas más inesperadas pueden ser un estímulo para el amor. Por ejemplo, un hombre que es ya un abuelo algo senil, y sigue enamorado de una muchacha desconocida que vio una tarde en las calles de Alabama, hace veinte años. Un predicador puede estar enamorado de una callejera. El amado podrá ser un traidor, un imbécil o un degenerado, y el amante ve sus defectos como todo el mundo, pero su amor no se altera lo más mínimo por eso. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor arrebatado, extravagante y bello como los lirios venenosos de las ciénagas. Un hombre bueno puede despertar una pasión violenta y baja, y en algún corazón puede nacer un cariño tierno y sencillo hacia un loco furioso. Es sólo el amante quien determina la valía y la cualidad de todo amor.
Por esta razón, la mayoría preferimos amar a ser amados. Casi todas las personas quieren ser amantes. Y la verdad es que, en el fondo, convertirse en amados resulta algo intolerable para muchos. El amado teme y odia al amante y con razón; pues el amante está siempre queriendo desnudar al amado, aunque esta experiencia no le cause más que dolor.
Por cierto, no estaría de más que relacionáramos este fragmento con el siguiente poema de Marechal
DEL AMOR NAVEGANTE
Porque no está el Amado en el Amante
Ni el Amante reposa en el Amado,
Tiende Amor su velamen castigado
Y afronta el ceño de la mar tonante.
Llora el Amor en su navío errante
Y a la tormenta libra su cuidado,
Porque son dos: Amante desterrado
Y Amado con perfil de navegante.
Si fuesen uno, Amor, no existiría
Ni llanto ni bajel ni lejanía,
Sino la beatitud de la azucena.
¡Oh amor sin remo, en la Unidad gozosa!
¡Oh círculo apretado de la rosa!
Con el número Dos nace la pena.
René Magrite. Les Amants, 1928.
Espero que les haya gustado y que si alguna vez encuentran un libro de ella, no duden en llevárselo a su casa (les recomiendo sobre todo la novela "El corazón es un cazador solitario", que es simplemente genial). Saludos para todos y buen fin de semana...

