esto es lo que encontré en un blog de Luisito Majul . en 2007, cuando todavía no cobraba para ser parte de una eterna maniobra desetabilisadora y subversiva.
a continuación ,lo que pensabe luis majul de su ahora amigo / socio / colega golpista Mariano Grondona
El gran simulador
En el último editorial que escribió para La Nación, Mariano Grondona puso en evidencia su antikirchnerismo recalcitrante. También su rencor contra el Presidente y su manera de gobernar. Mariano intenta ser suave, diplomático y sutil, pero su resentimiento es más fuerte y al final queda impreso en el papel, por más que intente disimularlo.
El periodista vivo que más golpes de Estado apoyó, eligió como tema de su comentario la gravísima manipulación que hizo el gobierno de las estadísticas del INDEC con el objetivo de mentir a la opinión pública para hacerle creer que la inflación mensual era del 1.2 por ciento, cuando en realidad habría superado el 2.5 por ciento (*).
Igual que durante mayo de 2003, cuando hizo una larga parábola en la que incluyó a Justo José de Urquiza y Bartolomé Mitre sólo para pedir a los televidentes que votaran a Carlos Menem y no cometieran el error de hacerlo por Kirchner, el profesor colocó al Presidente en la vitrina de “políticos del montón, que sólo aspiran a manejarse con astucia en el mundo de las apariencias, para despertar la ovación de la tribuna”.
No es que Grondona no tenga derecho a criticar a uno de los jefes de Estado que más ataca, presiona y menosprecia a los periodistas críticos. Tampoco parece desacertada la idea de advertir a la sociedad que debe tener los ojos bien abiertos y evitar ser engañada, como sucedió durante la convertibilidad. Pero sus argumentos pierden autoridad al recordar que él mismo apoyó la ficticia estabilidad de Domingo Cavallo durante el menemismo y de manera evidente. Al escriba se le vuelve a notar su rencor político cuando ya, hacia el final, pregunta: “¿Quién votará de aquí hasta octubre contra los que alimentan este optimismo desde el gobierno?”, como lo harían Mauricio Macri o Elisa Carrió en tono de campaña.
De la misma manera en que quedó patente su evidente apoyo a la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet, cuando sentenció, el año pasado, que el carnicero de Chile lo decepcionó sólo después de que se enteró que tenía una fortuna malhabida en Suiza –como si no importara que hubiese mandando a matar y secuestrar a niños, estudiantes y miles de personas-, a Grondona se le nota demasiado su animosidad ideológica contra un Presidente al que más de una vez presentó como un importante cuadro montonero, cuando todo el mundo sabe que durante la dictadura Kirchner no tuvo una participación política trascendental.
Mariano tituló su comentario El combate entre las apariencias y la realidad. Citó, como siempre, un par de veces a Nicolás Maquiavelo. También recordó a César Borgia como uno de los grandes simuladores de la historia (otra manera rebuscada de opinar, en vez de decir, sin tanta vuelta, que el Presidente y Guillermo Moreno mienten).
Con sólo cerrar los ojos e imaginarse a Grondona leyendo su editorial con esos modos suaves y aparentemente inofensivos, cualquiera podría hacerse una idea bastante aproximada de cómo se esfuerza el analista para simular su parcialidad y su odio contra el objeto de su análisis.
Es obvio que no tiene éxito: la máscara que se pone no alcanza para taparlo.
a continuación ,lo que pensabe luis majul de su ahora amigo / socio / colega golpista Mariano Grondona
El gran simulador
En el último editorial que escribió para La Nación, Mariano Grondona puso en evidencia su antikirchnerismo recalcitrante. También su rencor contra el Presidente y su manera de gobernar. Mariano intenta ser suave, diplomático y sutil, pero su resentimiento es más fuerte y al final queda impreso en el papel, por más que intente disimularlo.
El periodista vivo que más golpes de Estado apoyó, eligió como tema de su comentario la gravísima manipulación que hizo el gobierno de las estadísticas del INDEC con el objetivo de mentir a la opinión pública para hacerle creer que la inflación mensual era del 1.2 por ciento, cuando en realidad habría superado el 2.5 por ciento (*).
Igual que durante mayo de 2003, cuando hizo una larga parábola en la que incluyó a Justo José de Urquiza y Bartolomé Mitre sólo para pedir a los televidentes que votaran a Carlos Menem y no cometieran el error de hacerlo por Kirchner, el profesor colocó al Presidente en la vitrina de “políticos del montón, que sólo aspiran a manejarse con astucia en el mundo de las apariencias, para despertar la ovación de la tribuna”.
No es que Grondona no tenga derecho a criticar a uno de los jefes de Estado que más ataca, presiona y menosprecia a los periodistas críticos. Tampoco parece desacertada la idea de advertir a la sociedad que debe tener los ojos bien abiertos y evitar ser engañada, como sucedió durante la convertibilidad. Pero sus argumentos pierden autoridad al recordar que él mismo apoyó la ficticia estabilidad de Domingo Cavallo durante el menemismo y de manera evidente. Al escriba se le vuelve a notar su rencor político cuando ya, hacia el final, pregunta: “¿Quién votará de aquí hasta octubre contra los que alimentan este optimismo desde el gobierno?”, como lo harían Mauricio Macri o Elisa Carrió en tono de campaña.
De la misma manera en que quedó patente su evidente apoyo a la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet, cuando sentenció, el año pasado, que el carnicero de Chile lo decepcionó sólo después de que se enteró que tenía una fortuna malhabida en Suiza –como si no importara que hubiese mandando a matar y secuestrar a niños, estudiantes y miles de personas-, a Grondona se le nota demasiado su animosidad ideológica contra un Presidente al que más de una vez presentó como un importante cuadro montonero, cuando todo el mundo sabe que durante la dictadura Kirchner no tuvo una participación política trascendental.
Mariano tituló su comentario El combate entre las apariencias y la realidad. Citó, como siempre, un par de veces a Nicolás Maquiavelo. También recordó a César Borgia como uno de los grandes simuladores de la historia (otra manera rebuscada de opinar, en vez de decir, sin tanta vuelta, que el Presidente y Guillermo Moreno mienten).
Con sólo cerrar los ojos e imaginarse a Grondona leyendo su editorial con esos modos suaves y aparentemente inofensivos, cualquiera podría hacerse una idea bastante aproximada de cómo se esfuerza el analista para simular su parcialidad y su odio contra el objeto de su análisis.
Es obvio que no tiene éxito: la máscara que se pone no alcanza para taparlo.