LA NOCHE SIN SUEÑOS. Era una calurosa noche de verano, el calor asfixiante y los recuerdos de amores pasados, hacían imposible conciliar el sueño, me vestí sin ganas y salí a dar un paseo, unos perros se alimentaban de las bolsas de residuos, una pareja de enamorados intercambiaban besos y abrazos en un callejón, yo simplemente los observaba al pasar, quizás con cierta envidia. Continué con mi travesía, ya el sudor cubría por completo mi rostro, el ruido de la música y la gran luz roja atrajeron mi atención, unas chicas en la puerta ligeras de ropa lograron hacerme ingresar. Decidí tomar una copa, para apaciguar mi sediento cuerpo, una bella chica de cabellos rojizos, se sentaba sola en una de las mesas del rincón, me atreví a acercarme y le pregunte su nombre, Alma es mi nombre me dijo, con voz suave apenas perceptible. Unos instantes después accedí a ir con ella a una de las habitaciones de aquel Burdel, lentamente se quito la ropa, la note algo nerviosa, de repente se sentó sobre la cama en silencio, extendí mi mano para acariciar su pelo, inesperadamente comenzó a llorar, intente tranquilizarla, le pregunte la razón por la cual se sentía mal. Ella como una niña empezó a hablar de su vida, que había sido un verdadero infierno, su padre había muerto cuando ella era muy pequeña, su madre se había vuelto a casar con otro hombre que abuso de ella. Huyo de su casa cuando tenía apenas doce años, se entrego por completo a las drogas y a los quince años quedo embarazada. Desgarrada de dolor y solo por amor a su hijo, acepto el empleo de prostituta en aquel burdel, esta era su primera noche, y no contaba con el coraje de hacerlo. La abrase como un padre abraza a una hija, y llore junto a esa niña con el alma herida, lloré por mi soledad, lloré por nuestras vidas desdichadas, lloré por todas las injusticias de este mundo. La noche iba llegando a su fin, aquella noche de verano, aquella maldita noche sin sueños.