InicioArteElogio de la sombra (1969) - Jorge Luis Borges
PrólogoJuan, 1, 14HeráclitoCambridgeNew England, 1967James JoyceThe Unending GiftMayo 20, 1928Ricardo GüiraldesEl laberintoLaberintoA cierta sombra, 1940Las cosasRubaiyatA IsraelIsraelJunio, 1968El guardián de los librosLos gauchosAcevedoInvocación a JoyceIsrael, 1969Dos versiones de Rítter, Tod und TeufelBuenos AiresFragmentos de un evangelio apócrifoUn lectorElogio de la sombraJuan, I, 14No será menos un enigma esta hojaque la de Mis libros sagradosni aquellas otras que repitenlas bocas ignorantes,creyéndolas de un hombre, no espejososcuros del Espíritu.Yo que soy el Es, el Fue y el Será,vuelvo a condescender al lenguaje,que es tiempo sucesivo y emblema.Quien juega con un niño juega con algocercano y misterioso;yo quise jugar con Mis hijos.Estuve entre ellos con asombro y ternura.Por obra de una magianací curiosamente de un vientre.Viví hechizado, encarcelado en un cuerpoy en la humildad de un alma.Conocí la memoria,esa moneda que no es nunca la misma.Conocí la esperanza y el temor,esos dos rostros del incierto futuro.Conocí la vigilia, el sueño, los sueños,la ignorancia, la carne,los torpes laberintos de la razón,la amistad de los hombres,la misteriosa devoción de los perros.Fui amado, comprendido, alabado y pendí de una cruz.Bebí la copa hasta las heces.Vi por Mis ojos lo que nunca había visto:la noche y sus estrellas.Conocí lo pulido, lo arenoso, lo desparejo, lo áspero,el sabor de la miel y de la manzana,el agua en la garganta de la sed,el peso de un metal en la palma,la voz humana, el rumor de unos pasos sobre la hierba,el olor de la lluvia en Galilea,el alto grito de los pájaros.Conocí también la amargura.He encomendado esta escritura a un hombre cualquiera;no será nunca lo que quiero decir,no dejará de ser su reflejo.Desde Mi eternidad caen estos signos.Que otro, no el que es ahora su amanuense, escriba el poema.Mañana seré un tigre entre los tigresy predicaré Mi ley a su selva,o un gran árbol en Asia.A veces pienso con nostalgiaen el olor de esa carpintería.HeráclitoEl segundo crepúsculo.La noche que se ahonda en el sueño.La purificación y el olvido.El primer crepúsculoLa mañana que ha sido el alba.El día que fue la mañana.El día numeroso que será la tarde gastada.El segundo crepúsculo.Ese otro hábito del tiempo la noche.La purificación y el olvido.El primer crepúsculo...El alba sigilosa y en el albala zozobra del griego.¿Qué trama es estadel será, del es y del fue?¿Qué río es éstepor el cual corre el Ganges?¿Qué río es éste cuya fuente es inconcebible?¿Qué río es ésteque arrastra mitologías y espadas?Es inútil que duerma.Corre en el sueño, en el desierto, en un sótano.El río me arrebata y soy ese río.De una materia deleznable fuí hecho, de [misterioso tiempo.Acaso el manantial está en mí.Acaso de mi sombrasurgen, fatales e ilusorios, los días.CambridgeNueva Inglaterra y la mañana.Doblo por Craigie.Pienso (yo lo he pensado)que el nombre Craigie es escocésy que la palabra crag es de origen celta.Pienso (ya lo he pensado)que en este invierno están los antiguos inviernosde quienes dejaron escritoque el camino esta prefijadoy que ya somos del Amor o del Fuego.La nieve y la mañana y los muros rojospueden ser formas de la dicha,pero yo vengo de otras ciudadesdonde los colores son pálidosy en las que una mujer, al caer la tarde,regará las plantas del patio.Alzo los ojos y los pierdo en el ubicuo azul.Más allá están los árboles de Longfellowy el dormido río incesante.Nadie en las calles, pero no es un domingo.No es un lunes,el día que nos depara la ilusión de empezar.No es un martes,el día que preside el planeta rojo.No es un miércoles,el día de aquel dios de los laberintosque en el Norte fue Odin.No es jueves,el día que ya se resigna al domingo.No es un viernes,el día regido por la divinidad que en las selvasentreteje los cuerpos de los amantes.No es un sábado.No está en el tiempo sucesivosino en los reinos espectrales de la memoria.Como en los sueñosdetrás de las altas puertas no hay nada,ni siquiera el vacío.Como en los sueños,detrás del rostro que nos mira no hay nadie.Anverso sin reverso,moneda de una sola cara, las cosas.Esas miserias son los bienesque el precipitado tiempo nos deja.Somos nuestra memoria,somos ese quimérico museo de formas inconstantes,ese montón de espejos rotos.New England, 1967Han cambiado las formas de mi sueño;ahora son laterales casas rojasy el delicado bronce de las hojasy el casto invierno y el piadoso leño.Como en el día séptimo, la tierraes buena. En los crepúsculos persistealgo que casi no es, osado y triste;un antiguo rumor de Biblia y guerra.Pronto (nos dicen) llegará la nievey América me espera en cada esquina,pero siento en la tarde que declinael hoy tan lento y el ayer tan breve.Buenos Aires, yo sigo caminandopor tus esquinas, sin por qué ni cuando.Cambridge, 1967.James JoyceEn un día del hombre están los díasdel tiempo, desde aquel inconcebibledía inicial del tiempo, en que un terribleDios prefijó los días y agoníashasta aquel otro en que el ubicuo ríodel tiempo terrenal torne a su fuente,que es lo Eterno, y se apague en el presente,el futuro, el ayer, lo que ahora es mío.entre el alba y la noche está la historiauniversal. Desde la noche veoa mis pies los caminos del hebreo,Cartago aniquilada, Infierno y Gloria.Dame, Señor, coraje y alegríapara escalar la cumbre de este día.Cambridge, 1968The unending giftUn pintor nos prometió un cuadro.Ahora, en New England, sé que ha muerto. Sentí como otras veces, latristeza y la sorpresa de comprender que somos como un sueño. Pensé en elhombre y en el cuadro perdidos.(Sólo los dioses pueden prometer, porque son inmortales.)Pensé en el lugar prefijado que la tela no ocupará.Pensé después: si estuviera ahí, sería con el tiempo esa cosa más, una cosa,una de las vanidades o hábitos de mi casa; ahora es ilimitada, incesante,capaz de cualquier forma y cualquier color y no atada a ninguno.Existe de algún modo. Vivirá y crecerá como una música, y estará conmigohasta el fin. Gracias, Jorge Larco.(También los hombres pueden prometer, porque en la promesa hay algoinmortal).Mayo 20, 1928Ahora es invulnerable como los dioses.Nada en la tierra puede herirlo, ni el desamor de una mujer, ni la tisis, ni lasansiedades del verso, ni esa cosa blanca, la luna, que ya no tiene que fijar enpalabras.Camina lentamente bajo los tilos; mira las balaustradas y las puertas, nopara recordarlas.Ya sabe cuántas noches y cuántas mañanas le faltan.Su voluntad le ha impuesto una disciplina precisa. Hará determinados actos,cruzará previstas esquinas, tocará un árbol o una reja, para que el porvenirsea tan irrevocable como el pasado.Obra de esa manera para que el hecho que desea y que teme no sea otracosa que el término final de una serie.Camina por la calle 49; piensa que nunca atravesará tal o cual zaguán lateral.Sin que lo sospecharan, se ha despedido ya de muchos amigos.Piensa lo que nunca sabrá, si el día siguiente será un día de lluvia.Se cruza con un conocido y le hace una broma. Sabe que este episodio será,durante algún tiempo, una anécdota.Ahora es invulnerable como los muertos.En la hora fijada, subirá por unos escalones de mármol. (Esto perdurará en lamemoria de otros.)Bajará al lavatorio; en el piso ajedrezado el agua borrará muy pronto lasangre. El espejo lo aguarda.Se alisará el pelo, se ajustará el nudo de la corbata (siempre fue un pocodandy, como cuadra a un joven poeta) y tratará de imaginar que el otro, eldel cristal, ejecuta los actos y que él, su doble, los repite. La mano no letemblará cuando ocurra el último. Dócilmente, mágicamente, ya habráapoyado el arma contra la sien.Así, lo creo, sucedieron las cosas.LaberintoNo habrá nunca una puerta. Estás adentroY el alcázar abarca el universoY no tiene ni anverso ni reversoNi externo muro ni secreto centro.No esperes que el rigor de tu caminoQue tercamente se bifurca en otro,Que tercamente se bifurca en otro,Tendrá fin. Es de hierro tu destinoComo tu juez. No aguardes la embestidaDel toro que es un hombre y cuya extrañaForma plural da horror a la marañaDe interminable piedra entretejida.No existe. Nada esperes. Ni siquieraEn el negro crepúsculo la fiera.El laberintoZeus no podría desatar las redesde piedra que me cercan. He olvidadolos hombres que antes fui; sigo el odiadocamino de monótonas paredesque es mi destino. Rectas galeríasque se curvan en círculos secretosal cabo de los años. Parapetosque ha agrietado la usura de los días.En el pálido polvo he descifradorastros que temo. El aire me ha traídoen las cóncavas tardes un bramidoo el eco de un bramido desolado.Sé que en la sombra hay Otro, cuya suertees fatigar las largas soledadesque tejen y destejen este Hadesy ansiar mi sangre y devorar mi muerte.Nos buscamos los dos. Ojalá fueraéste el último día de la espera.Las cosasEl bastón, las monedas, el llavero,La dócil cerradura, las tardíasNotas que no leerán los pocos díasQue me quedan, los naipes y el tablero,Un libro y en sus páginas la ajadaVioleta, monumento de una tardeSin duda inolvidable y ya olvidada,El rojo espejo occidental en que ardeUna ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,Limas, umbrales, atlas, copas, clavos,Nos sirven como tácitos esclavos,Ciegas y extrañamente sigilosasDurarán más allá de nuestro olvido;No sabrán nunca que nos hemos ido.IsraelUn hombre encarcelado y hechizado,un hombre condenado a ser la serpienteque guarda un oro infame,un hombre condenado a ser Shylockun hombre que se inclina sobre la tierray que sabe que estuvo en el Paraíso,un hombre viejo y ciego que ha de romperlas columnas del templo,un rostro condenado a ser una máscara,un hombre que ha pesar de los nombreses Spinoza y el Baal Shem y los cabalistas,un hombre que es el Libro,una boca que alaba desde el abismola justicia del firmamento,un procurador o un dentistaque diálogo con Dios en una montaña,un hombre condenado a ser el escarnio,la abominación, el judío,un hombre lapidado, incendiadoy ahogado en cámaras letales,un hombre que se obstina en ser inmortaly que ahora ha vuelto a su batalla,a la violenta luz de la victoria,hermoso como un león al mediodía.Junio, 1968En la tarde de oroo en una serenidad cuyo símbolopodría ser la tarde de oro,el hombre dispone los librosen los anaqueles que aguardany siente el pergamino, el cuero, la telay el agrado que danla previsión de un hábitoy el establecimiento de un orden.Stevenson y el otro escocés, Andrew Lang,reanudarán aquí, de manera mágica,la lenta discusión que interrumpieronlos mares y la muertey a Reyes no le desagradará ciertamentela cercanía de Virgilio.(Ordenar bibliotecas es ejercer,de un modo silencioso y modesto,el arte de la crítica.)El hombre, que está ciego.sabe que ya no podrá descifrarlos hermosos volúmenes que manejay que no le ayudarán a escribirel libro que lo justificará ante los otros,pero en la tarde que es acaso de orosonríe ante el curioso destinoy siente esa felicidad peculiarde las viejas cosas queridas.El guardián de los librosAhí están los jardines, los templos y la justificación de los templos,La recta música y las rectas palabras,Los sesenta y cuatro hexagramas,Los ritos que son la única sabiduríaQue otorga el Firmamento a los hombres,El decoro de aquel emperadorCuya serenidad fue reflejada por el mundo, su espejo,De suerte que los campos daban sus frutosY los torrentes respetaban sus márgenes,El unicornio herido que regresa para marcar el fin,Las secretas leyes eternas,El concierto del orbe;Esas cosas o su memoria están en los librosQue custodio en la torre.Los tártaros vinieron del NorteEn crinados potros pequeños;Aniquilaron los ejércitosQue el Hijo del Cielo mandó para castigar su impiedad,Erigieron pirámides de fuego y cortaron gargantas,Mataron al perverso y al justo,Mataron al esclavo encadenado que vigila la puerta,Usaron y olvidaron a las mujeresY siguieron al Sur,Inocentes como animales de presa,Crueles como cuchillos.En el alba dudosaEl padre de mi padre salvó los libros.Aquí están en la torre donde yazgo,Recordando los días que fueron de otros,Los ajenos y antiguos.En mis ojos no hay días. Los anaquelesEstán muy altos y no los alcanzan mis años.Leguas de polvo y sueño cercan la torre.¿A qué engañarme?La verdad es que nunca he sabido leer,Pero me consuelo pensandoQue lo imaginado y lo pasado ya son lo mismoPara un hombre que ha sidoY que contempla lo que fue la ciudadY ahora vuelve a ser el desierto.¿Qué me impide soñar que alguna vezDescifré la sabiduríaY dibujé con aplicada mano los símbolos?Mi nombre es Hsiang. Soy el que custodia los libros,Que acaso son los últimos,Porque nada sabemos del ImperioY del Hijo del Cielo.Ahí están en los altos anaqueles,Cercanos y lejanos a un tiempo,Secretos y visibles como los astros.Ahí están los jardines, los templos.Los gauchosQuién les hubiera dicho que sus mayores vinieron por un mar, quién leshubiera dicho lo que son un mar y sus aguas.Mestizos de la sangre del hombre blanco, lo tuvieron en poco, mestizos de lasangre del hombre rojo, fueron sus enemigos.Muchos no habrán oído jamás la palabra gaucho, o la habrán oído como unainjuria.Aprendieron los caminos de las estrellas, los hábitos del aire y del pájaro,las profecías de las nubes del Sur y de la luna con un cerco.Fueron pastores de la hacienda brava, firmes en el caballo del desierto quehabían domado esa mañana, enlazadores, marcadores, troperos, capataces,hombres de la partida policial, alguna vez matreros; alguno, el escuchado,fue el payador.Cantaba sin premura, porque el alba tarda en clarear, y no alzaba la voz.Había peones tigreros; amparado en el poncho el brazo izquierdo, el derechosumía el cuchillo en el vientre del animal, abalanzado y alto.El diálogo pausado, el mate y el naipe fueron las formas de su tiempo.A diferencia de otros campesinos, eran capaces de ironía.Eran sufridos, castos y pobres. La hospitalidad fue su fiesta.Alguna noche los perdió el pendenciero alcohol de los sábados.Morían y mataban con inocencia.No eran devotos, fuera de alguna oscura superstición, pero la dura vida lesenseño el culto del coraje.Hombres de la ciudad les fabricaron un dialecto y una poesía de metáforasrústicas.Ciertamente no fueron aventureros, pero un arreo los llevaba muy lejos ymás lejos las guerras.No dieron a la historia un sólo caudillo. Fueron hombres de López, deRamírez, de Artigas, de Quiroga, de Bustos, de Pedro Campbell, de Rosas, deUrquiza, de aquel Ricardo López Jordán que hizo matar a Urquiza, dePeñaloza y de Saravia.No murieron por esa cosa abstracta, la patria, sino por un patrón casual, unaira o por la invitación de un peligro.Su ceniza está perdida en remotas regiones del continente, en repúblicas decuya historia nada supieron, en campos de batalla, hoy famosos.Hilario Ascasubi los vio cantando y combatiendo.Vivieron su destino como en un sueño, sin saber quienes eran o qué eran.Tal vez lo mismo nos ocurre a nosotros.Invocación a JoyceDispersos en dispersas capitales,solitarios y muchos,jugábamos a ser el primer Adánque dio nombre a las cosas.Por los vastos declives de la nocheque lindan con la aurora,buscamos (lo recuerdo aún) las palabrasde la luna, de la muerte, de la mañanay de los otros hábitos del hombre.Fuimos el imagismo, el cubismo,los conventículos y sectasque las crédulas universidades veneran.Inventamos la falta de puntuación,la omisión de mayúsculas,las estrofas en forma de palomade los bibliotecarios de Alejandría.Ceniza, la labor de nuestras manosy un fuego ardiente nuestra fe.Tú, mientras tanto, forjabasen las ciudades del destierro,en aquel destierro que fuetu aborrecido y elegido instrumento,el arma de tu arte,erigías tus arduos laberintos,infinitesimales e infinitos,admirablemente mezquinos,más populoso que la historia.Habremos muerto sin haber divisadola biforme fiera o la rosaque son el centro de tu dédalo,pero la memoria tiene sus talismanes,sus ecos de Virgilio,y así en las calles de la noche perdurantus infiernos espléndidos,tantas cadencias y metáforas tuyas,los oros de tu sombra.Qué importa nuestra cobardía si hay en la tierraun sólo hombre valiente,qué importa la tristeza si hubo en el tiempoalguien que se dijo feliz,que importa mi perdida generación,ese vago espejo,si tus libros la justifican.Yo soy los otros. Yo soy todos aquellosque ha rescatado tu obstinado rigor.Soy los que no conoces y los que salvas.Israel 1969Temí que en Israel acecharíacon dulzura insidiosala nostalgia que las diásporas secularesacumularon como un triste tesoroen las ciudades del infiel, en las juderías,en los ocasos de la estepa, en los sueños,la nostalgia de aquellos que te anhelaron,Jerusalén, junto a las aguas de Babilonia,¿Qué otra cosa eras, Israel, sino esa nostalgia,sino esa voluntad de salvar,entre las inconstantes formas del tiempo,tu viejo libro mágico, tus liturgias,tu soledad con Dios?No así. La más antigua de las nacioneses también la más joven.No has tentado a los nombres con jardines,con el oro y su tediosino con el rigor, tierra última.Israel les ha dicho sin palabras:olvidarás quién eres.Olvidarás al otro que dejaste.Olvidarás quién fuiste en las tierrasque te dieron sus tardes y sus mañanasy a las que no darás tu nostalgia.Olvidarás la lengua de tus padres y aprenderás la lengua del Paraíso.Serás un israelí, serás un soldado.Edificarás la patria con ciénagas: la levantarás con desiertos.Trabajará contigo tu hermano, cuya cara no has visto nunca.Una sola cosa te prometemos:tu puesto en la batalla.Buenos Aires¿Qué será Buenos Aires?Es la Plaza de Mayo a la que volvieron, después de haber guerreado en elcontinente, hombres cansados y felices.Es el dédalo creciente de luces que divisamos desde el avión y bajo el cualestán la azotea, la vereda, el último patio, las cosas quietas.Es el paredón de la Recoleta contra el cual murió, ejecutado, uno de mismayores.Es un gran árbol de la calle Junín que, sin saberlo, nos depara sombra yfrescura.Es una larga calle de casas bajas, que pierde y transfigura el poniente.Es la Dársena Sur de la que zarpaban el Saturno y el Cosmos.Es la vereda de Quintana en la que mi padre, que había estado ciego, lloróporque veía las antiguas estrellas.Es una puerta numerada, detrás de la cual, en la oscuridad, pasé diez días ydiez noches, inmóvil, días y noches que no son en la memoria un instante.Es el jinete de pesado metal que proyecta desde lo alto su serie cíclica desombras.Es el mismo jinete bajo la lluvia.Es una esquina de la calle Perú, en la que Julio César Dabove nos dijo que elpeor pecado que puede cometerun hombre es engendrar un hijo y sentenciarlo a esta vida espantosa.Es Elvira de Alvear, escribiendo en cuidadosos cuadernos una larga novela,que al principio estaba hecha depalabras y al fin de vagos rasgos indescifrables.Es la mano de Norah, trazando el rostro de una amiga que es también el deun ángel.Es una espada que ha servido en las guerras y que es menos un arma queuna memoria.Es una divisa descolorida o un daguerrotipo gastado, cosas que son deltiempo.Es el día en que dejamos a una mujer y el día en que una mujer nos dejó.Es aquel arco de la calle Bolívar desde el cual se divisa la Biblioteca.Es la habitación de la Biblioteca, en la que descubrimos, hacia 1957, lalengua de los ásperos sajones, lalengua del coraje y de la tristeza.Es la pieza contigua, en la que murió Paul Groussac.Es el último espejo que repitió la cara de mi padre.Es la cara de Cristo que vi en el polvo, deshecha a martillazos, en una de lasnaves de la Piedad.Es una alta casa del Sur en la que mi mujer y yo traducimos a Whitman,cuyo gran eco ojalá resuene en esta página.Es Lugones, mirando por la ventanilla del tren las formas que se pierden ypensando que ya no lo abruma el deber de traducirlas para siempre enpalabras, porque este viaje será el último.Es, en la deshabitada noche, cierta esquina del Once en la que MacedonioFernández, que ha muerto, sigueexplicándome que la muerte es una falacia.No quiero proseguir; estas cosas son demasiado individuales, son demasiadolo que son, para ser también Buenos Aires.Buenos Aires es la otra calle, la que no pisé nunca, es el centro secreto delas manzanas, los patios últimos,es lo que las fachadas ocultan, es mi enemigo, si lo tengo, es la persona aquien le desagradan mis versos(a mí me desagradan también), es la modesta librería en que acasoentramos y que hemos olvidado, es esaracha de milonga silbada que no reconocemos y que nos toca, es lo que se haperdido y lo que será, es loulterior, lo ajeno, lo lateral, el barrio que no es tuyo ni mío, lo queignoramos y queremos.Fragmentos de un evangelio apócrifo3. Desdichado el pobre en espíritu, porque bajo la tierra será lo que ahoraes en la tierra.4. Desdichado el que llora, porque ya tiene el hábito miserable del llanto.5. Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria.6. No basta ser el último para ser alguna vez el primero.7. Feliz el que no insiste en tener razón, porque nadie la tiene o todos latienen.8. Feliz el que perdona a los otros y el que se perdona a si mismo.Bienaventurados los mansos, porque no condescienden a la discordia.10. Bienaventurados los que no tienen hambre de justicia, porque saben quenuestra suerte, adversa o piadosa, es obra del azar, que es inescrutable.11. Bienaventurados los misericordiosos, porque su dicha esta en el ejerciciode la misericordia y no en la esperanza de un premio.12. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ven a Dios.13. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia,porque les importa más la justicia que su destino humano.14. Nadie es la sal de la tierra, nadie, en algún momento de su vida, no lo es.15. Que la luz de una lámpara se encienda, aunque ningún hombre la vea. Diosla verá.16. No hay mandamiento que no pueda ser infringido, y también los que digoy los que los profetas dijeron.17. El que matare por la causa de la justicia, o por la causa que el cree justa,no tiene culpa.18. Los actos de los hombres no merecen ni el fuego ni los cielos.19. No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo.Tu odio nunca será mejor que tu paz.20. Si te ofendiere tu mano derecha, perdónala; eres tu cuerpo y eres tualma y es arduo, o imposible, fijar la frontera que los divide.24. No exageres el culto de la verdad; no hay hombre que al cabo de un día,no haya mentido con razón muchas veces. 25. No jures, porque todojuramento es un énfasis.26. Resiste al mal, pero sin asombro y sin ira. A quien te hiriere en la mejilladerecha, puedes volverle la otra, siempre que no te mueva el temor.27. Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza yel único perdón.28. Hacer el bien a tu enemigo puede ser obra de justicia y no es arduo;amarlo, tarea de ángeles y no de hombres.29. Hacer el bien a tu enemigo es el mejor modo de complacer tu vanidad.30. No acumules oro en la tierra, porque el oro es padre del ocio, y este, dela tristeza y del tedio.31. Piensa que los otros son justos o lo serán, y si no es así, no es tuyo elerror.32. Dios es mas generoso que los hombres y los medirá con otra medida.33. Da lo santo a los perros, echa tus perlas a los puercos; lo que importa esdar.34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar . . .39. La puerta es la que elige, no el hombre.40. No juzgues al árbol por sus frutos ni al hombre por sus obras; puedenser peores o mejores.41. Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deberes edificar como si fuera piedra la arena...47. Feliz el pobre sin amargura o el rico sin soberbia.48. Felices los valientes, los que aceptan con animo parejo la derrota o laspalmas.49. Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo,porque éstas darán luz a sus días.50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.51. Felices los felices.Un lectorQue otros se jacten de las páginas que han escrito;a mí me enorgullecen las que he leído.No habré sido un filólogo,no habré inquirido las declinaciones, los modos, la laboriosa mutación de las letras,la de que se endurece en te,la equivalencia de la ge y de la ka,pero a lo largo de mis años he profesadola pasión del lenguaje.Mis noches están llenas de Virgilio;haber sabido y haber olvidado el latínes una posesión, porque el olvidoes una de las formas de la memoria, su vago sótano,la otra cara secreta de la moneda.Cuando en mis ojos se borraronlas vanas apariencias queridas,los rostros y la página,me di al estudio del lenguaje de hierroque usaron mis mayores para cantarespadas y soledades,y ahora, a través de siete siglos,desde la Última Thule,tu voz me llega, Snorri Sturluson.El joven, ante el libro, se impone una disciplina precisay lo hace en pos de un conocimiento preciso;a mis años, toda empresa es una aventuraque linda con la noche.No acabaré de descifrar las antiguas lenguas del Norte,no hundiré las manos ansiosas en el oro de Sigurd;la tarea que emprendo es ilimitaday ha de acompañarme hasta el fin,no menos misteriosa que el universoy que yo, el aprendiz.Elogio de la sombraLa vejez (tal es el nombre que los otros le dan)puede ser el tiempo de nuestra dicha.El animal ha muerto o casi ha muerto.Quedan el hombre y su alma.Vivo entre formas luminosas y vagasque no son aún la tiniebla.Buenos Aires,que antes se desgarraba en arrabaleshacia la llanura incesante,ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,las borrosas calles del Oncey las precarias casas viejasque aún llamamos el Sur.Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;el tiempo ha sido mi Demócrito.Esta penumbra es lenta y no duele;fluye por un manso declivey se parece a la eternidad.Mis amigos no tienen cara,las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,las esquinas pueden ser otras,no hay letras en las páginas de los libros.Todo esto debería atemorizarme,pero es una dulzura, un regreso.De las generaciones de los textos que hay en la tierrasólo habré leído unos pocos,los que sigo leyendo en la memoria,leyendo y transformando.Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,convergen los caminos que me han traídoa mi secreto centro.Esos caminos fueron ecos y pasos,mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,días y noches,entresueños y sueños,cada ínfimo instante del ayery de los ayeres del mundo,la firme espada del danés y la luna del persa,los actos de los muertos,el compartido amor, las palabras,Emerson y la nieve y tantas cosas.Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,a mi álgebra y mi clave,a mi espejo.Pronto sabré quién soy.
Datos archivados del Taringa! original
15puntos
2,199visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
2visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

Y
YaninaVera🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts7
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.