YaninaVera
Usuario (Argentina)

Emilio, o De la educación es un tratado filosófico sobre la naturaleza del hombre escrito por Jean-Jacques Rousseau en 1762, quien la creía la “mejor y más importante de todas sus obras”.Aborda temas políticos y filosóficos concernientes a la relación del individuo con la sociedad, particularmente señala cómo el individuo puede conservar su bondad natural (Rousseau sostiene que el hombre es bueno por naturaleza), mientras participa de una sociedad inevitablemente corrupta. En el Emilio, Rousseau propone, mediante la descripción del mismo, un sistema educativo que permita al “hombre natural” convivir con esa sociedad corrupta.Rousseau acompaña el tratado de una historia novelada del joven Emilio y su tutor, para ilustrar cómo se debe educar al ciudadano ideal. Sin embargo, Emilio no es una guía detallada, aunque sí incluye algunos consejos sobre cómo educar a los niños. Hoy se considera el primer tratado sobre filosofía de la educación en el mundo occidental. VER O DESCARGAR LIBRO Wikipedia

Dibujarte Guia Basica 1 - Manga Vanguardia editores | 2008 | 64 pages | PDF | 7.4 Mb Descargar

Alcina - Idioma: Alemán. Alcina: Emma Bell. Ruggiero: Christiane Oertel. Morgana: Mojca Erdmann Bradamante: Caren van Oijen. Oronte: Kerem Kurk. Oberto: Johannette Zomer. Melisso: Oliver Zwarg. Orchestra of the Komische Oper. Dir: Paul McCreesh Descargar Argumento La historia transcurre en la isla de la hechicera Alcina. Prólogo El telón de fondo de la ópera proviene del poema Orlando Furioso. El heroico caballero Ruggiero está destinado a una vida breve pero gloriosa, y un benevolente mago siepre lo está sacando de los brazos de su amada, Bradamante. Bradamante no es el tipo que tolere la constante desaparición de su amante, y ella pasa grandes partes del poema en armadura integral yendo a buscarlo detrás de él. Justo antes de que la ópera empieza ella lo ha rescatado de un castillo encantado, sólo para que su caballo volador (un hipogrifo) le coja gusto a Ruggiero y se marche volando con él. Ruggiero y el hipogrifo aterrizan en una isla en medio del océano. Mientras el hipogrifo empieza a comer las hojas de unmirto, Ruggiero se sorprende al oír al arbusto que empieza a hablar. El arbusto revela que fue una vez un alma viva llamado Sir Astolfo, y la isla pertenece a las hermanas hechiceras Alcina y Morgana. La bella Alcina seduce a todos los caballeros que llegan a su isla, pero pronto se cansa de sus amantes y los transforma en piedras, animales, plantas, o cualquier otra cosa que se le ocurra. A pesar de la advertencia de Astolfo, Ruggiero sale al encuentro de la hechicera— y cae bajo su embrujo. Acto I Bradamante, amante de Ruggiero, lo está buscando, y llega a la isla de la hechicera Alcina con el anterior tutor de Ruggiero, Melisso. Vestida con armadura, Bradamante parece un joven y hace que le llamen por el nombre de su propio hermano, Ricciardo. La primera persona a la que encuentran es a la hechicera Morgana. A duras penas humana y sin comprender el verdadero amor, ella inmediatamente abandona a su propio amante Oronte en favor del guapo 'Ricciardo.' Morgana los lleva a la corte de Alcina, donde Bradamante descubre que Ruggiero está perdidamente enamorado de Alcina y ha olvidado por completo su vida anterior. Oronte descubre que Morgana se ha enamorado de 'Ricciardo,' y lo desafía a duelo, pero Morgana detiene la lucha. Oronte le dice al joven exactamente cómo trata Alcina a sus anteriores amantes y añade que, hasta donde él puede decirlo, Alcina se ha enamorado del recién llegado, 'Ricciardo'. Ruggiero está horrorizado y abruma a Alcina con su furia celosa. Las cosas empeoran cuando entra 'Ricciardo' y pretende admirar a Alcina. Alcina calma a Ruggiero, pero Bradamante está tan disgustada al ver a su prometido cortejado delante de ella misma que revela su verdadera identidad a Ruggiero. Melisso rápidamente la contradice y Ruggiero queda muy confundido. Alcina le dice a Morgana que está planeando convertir a 'Ricciardo' en un animal, sólo para demostrar a Ruggiero cuánto le quiere a él. Morgana le ruega a 'Ricciardo' que se marche de la isla pero dice que prefiere quedarse, pues ama a otra. Morgana cree que esta otra persona es ella misma, y el acto finaliza con su triunfante aria "Tornami a vagheggiar." Acto II Melisso hace que Ruggiero recobre la razón gracias a un anillo mágico: bajo su influencia, Ruggiero ve la isla tal como es realmente, un desierto, habitado por monstruos. Asombrado, se da cuenta de que debe irse, y canta el famoso aria "Verdi prati" ("Verdes prados" ) donde admite que incluso sabiendo que la isla y Alcina son meras ilusiones, su belleza le perseguirá el resto de su vida. Ruggiero, perplejo por la magia y la ilusión que lo rodea, no cree sus propios ojos cuando al final ve a Bradamante como ella misma, creyendo que ella puede ser otra de las ilusiones de Alcina. Bradamante está desesperada, lo mismo que Alcina. Convencida de la indiferencia de Ruggiero, entra para convertir a 'Ricciardo' en animal, y Ruggiero tiene que calmarse rápidamente y convencer a la maga de que él no necesita ninguna prueba de su amor. Oronte se da cuenta de que 'Ricciardo', Melisso y Ruggiero tienen algún tipo de relación, y Morgana y Alcina se dan cuenta de que están siendo engañadas, pero es demasiado tarde porque los poderes de Alcina dependen de la ilusión y, al haber entrado en su vida el verdero amor, ha perdido sus poderes. Acto III Morgana y Oronte intentan reconstruir su relación; ella vuelve a él y ella le rechaza pero (una vez que ella ha abandonado el escenario) admite que la ama todavía. Bradamante y Ruggiero deciden que necesitan destruir la fuente de la magia de Alcina, normalmente representada como una urna. Alcina les ruega, pero Ruggiero es sordo a sus llamadas y rompe la urna. Al hacerlo, todo queda a la vez arruinado y restaurado. El palacio mágico de Alcina se derrumba y ella y Morgana se hunden en el suelo, pero los amantes de Alcina que habían sido transformados en rocas y animales, vuelven a ser ellos mismos.
PrólogoJuan, 1, 14HeráclitoCambridgeNew England, 1967James JoyceThe Unending GiftMayo 20, 1928Ricardo GüiraldesEl laberintoLaberintoA cierta sombra, 1940Las cosasRubaiyatA IsraelIsraelJunio, 1968El guardián de los librosLos gauchosAcevedoInvocación a JoyceIsrael, 1969Dos versiones de Rítter, Tod und TeufelBuenos AiresFragmentos de un evangelio apócrifoUn lectorElogio de la sombraJuan, I, 14No será menos un enigma esta hojaque la de Mis libros sagradosni aquellas otras que repitenlas bocas ignorantes,creyéndolas de un hombre, no espejososcuros del Espíritu.Yo que soy el Es, el Fue y el Será,vuelvo a condescender al lenguaje,que es tiempo sucesivo y emblema.Quien juega con un niño juega con algocercano y misterioso;yo quise jugar con Mis hijos.Estuve entre ellos con asombro y ternura.Por obra de una magianací curiosamente de un vientre.Viví hechizado, encarcelado en un cuerpoy en la humildad de un alma.Conocí la memoria,esa moneda que no es nunca la misma.Conocí la esperanza y el temor,esos dos rostros del incierto futuro.Conocí la vigilia, el sueño, los sueños,la ignorancia, la carne,los torpes laberintos de la razón,la amistad de los hombres,la misteriosa devoción de los perros.Fui amado, comprendido, alabado y pendí de una cruz.Bebí la copa hasta las heces.Vi por Mis ojos lo que nunca había visto:la noche y sus estrellas.Conocí lo pulido, lo arenoso, lo desparejo, lo áspero,el sabor de la miel y de la manzana,el agua en la garganta de la sed,el peso de un metal en la palma,la voz humana, el rumor de unos pasos sobre la hierba,el olor de la lluvia en Galilea,el alto grito de los pájaros.Conocí también la amargura.He encomendado esta escritura a un hombre cualquiera;no será nunca lo que quiero decir,no dejará de ser su reflejo.Desde Mi eternidad caen estos signos.Que otro, no el que es ahora su amanuense, escriba el poema.Mañana seré un tigre entre los tigresy predicaré Mi ley a su selva,o un gran árbol en Asia.A veces pienso con nostalgiaen el olor de esa carpintería.HeráclitoEl segundo crepúsculo.La noche que se ahonda en el sueño.La purificación y el olvido.El primer crepúsculoLa mañana que ha sido el alba.El día que fue la mañana.El día numeroso que será la tarde gastada.El segundo crepúsculo.Ese otro hábito del tiempo la noche.La purificación y el olvido.El primer crepúsculo...El alba sigilosa y en el albala zozobra del griego.¿Qué trama es estadel será, del es y del fue?¿Qué río es éstepor el cual corre el Ganges?¿Qué río es éste cuya fuente es inconcebible?¿Qué río es ésteque arrastra mitologías y espadas?Es inútil que duerma.Corre en el sueño, en el desierto, en un sótano.El río me arrebata y soy ese río.De una materia deleznable fuí hecho, de [misterioso tiempo.Acaso el manantial está en mí.Acaso de mi sombrasurgen, fatales e ilusorios, los días.CambridgeNueva Inglaterra y la mañana.Doblo por Craigie.Pienso (yo lo he pensado)que el nombre Craigie es escocésy que la palabra crag es de origen celta.Pienso (ya lo he pensado)que en este invierno están los antiguos inviernosde quienes dejaron escritoque el camino esta prefijadoy que ya somos del Amor o del Fuego.La nieve y la mañana y los muros rojospueden ser formas de la dicha,pero yo vengo de otras ciudadesdonde los colores son pálidosy en las que una mujer, al caer la tarde,regará las plantas del patio.Alzo los ojos y los pierdo en el ubicuo azul.Más allá están los árboles de Longfellowy el dormido río incesante.Nadie en las calles, pero no es un domingo.No es un lunes,el día que nos depara la ilusión de empezar.No es un martes,el día que preside el planeta rojo.No es un miércoles,el día de aquel dios de los laberintosque en el Norte fue Odin.No es jueves,el día que ya se resigna al domingo.No es un viernes,el día regido por la divinidad que en las selvasentreteje los cuerpos de los amantes.No es un sábado.No está en el tiempo sucesivosino en los reinos espectrales de la memoria.Como en los sueñosdetrás de las altas puertas no hay nada,ni siquiera el vacío.Como en los sueños,detrás del rostro que nos mira no hay nadie.Anverso sin reverso,moneda de una sola cara, las cosas.Esas miserias son los bienesque el precipitado tiempo nos deja.Somos nuestra memoria,somos ese quimérico museo de formas inconstantes,ese montón de espejos rotos.New England, 1967Han cambiado las formas de mi sueño;ahora son laterales casas rojasy el delicado bronce de las hojasy el casto invierno y el piadoso leño.Como en el día séptimo, la tierraes buena. En los crepúsculos persistealgo que casi no es, osado y triste;un antiguo rumor de Biblia y guerra.Pronto (nos dicen) llegará la nievey América me espera en cada esquina,pero siento en la tarde que declinael hoy tan lento y el ayer tan breve.Buenos Aires, yo sigo caminandopor tus esquinas, sin por qué ni cuando.Cambridge, 1967.James JoyceEn un día del hombre están los díasdel tiempo, desde aquel inconcebibledía inicial del tiempo, en que un terribleDios prefijó los días y agoníashasta aquel otro en que el ubicuo ríodel tiempo terrenal torne a su fuente,que es lo Eterno, y se apague en el presente,el futuro, el ayer, lo que ahora es mío.entre el alba y la noche está la historiauniversal. Desde la noche veoa mis pies los caminos del hebreo,Cartago aniquilada, Infierno y Gloria.Dame, Señor, coraje y alegríapara escalar la cumbre de este día.Cambridge, 1968The unending giftUn pintor nos prometió un cuadro.Ahora, en New England, sé que ha muerto. Sentí como otras veces, latristeza y la sorpresa de comprender que somos como un sueño. Pensé en elhombre y en el cuadro perdidos.(Sólo los dioses pueden prometer, porque son inmortales.)Pensé en el lugar prefijado que la tela no ocupará.Pensé después: si estuviera ahí, sería con el tiempo esa cosa más, una cosa,una de las vanidades o hábitos de mi casa; ahora es ilimitada, incesante,capaz de cualquier forma y cualquier color y no atada a ninguno.Existe de algún modo. Vivirá y crecerá como una música, y estará conmigohasta el fin. Gracias, Jorge Larco.(También los hombres pueden prometer, porque en la promesa hay algoinmortal).Mayo 20, 1928Ahora es invulnerable como los dioses.Nada en la tierra puede herirlo, ni el desamor de una mujer, ni la tisis, ni lasansiedades del verso, ni esa cosa blanca, la luna, que ya no tiene que fijar enpalabras.Camina lentamente bajo los tilos; mira las balaustradas y las puertas, nopara recordarlas.Ya sabe cuántas noches y cuántas mañanas le faltan.Su voluntad le ha impuesto una disciplina precisa. Hará determinados actos,cruzará previstas esquinas, tocará un árbol o una reja, para que el porvenirsea tan irrevocable como el pasado.Obra de esa manera para que el hecho que desea y que teme no sea otracosa que el término final de una serie.Camina por la calle 49; piensa que nunca atravesará tal o cual zaguán lateral.Sin que lo sospecharan, se ha despedido ya de muchos amigos.Piensa lo que nunca sabrá, si el día siguiente será un día de lluvia.Se cruza con un conocido y le hace una broma. Sabe que este episodio será,durante algún tiempo, una anécdota.Ahora es invulnerable como los muertos.En la hora fijada, subirá por unos escalones de mármol. (Esto perdurará en lamemoria de otros.)Bajará al lavatorio; en el piso ajedrezado el agua borrará muy pronto lasangre. El espejo lo aguarda.Se alisará el pelo, se ajustará el nudo de la corbata (siempre fue un pocodandy, como cuadra a un joven poeta) y tratará de imaginar que el otro, eldel cristal, ejecuta los actos y que él, su doble, los repite. La mano no letemblará cuando ocurra el último. Dócilmente, mágicamente, ya habráapoyado el arma contra la sien.Así, lo creo, sucedieron las cosas.LaberintoNo habrá nunca una puerta. Estás adentroY el alcázar abarca el universoY no tiene ni anverso ni reversoNi externo muro ni secreto centro.No esperes que el rigor de tu caminoQue tercamente se bifurca en otro,Que tercamente se bifurca en otro,Tendrá fin. Es de hierro tu destinoComo tu juez. No aguardes la embestidaDel toro que es un hombre y cuya extrañaForma plural da horror a la marañaDe interminable piedra entretejida.No existe. Nada esperes. Ni siquieraEn el negro crepúsculo la fiera.El laberintoZeus no podría desatar las redesde piedra que me cercan. He olvidadolos hombres que antes fui; sigo el odiadocamino de monótonas paredesque es mi destino. Rectas galeríasque se curvan en círculos secretosal cabo de los años. Parapetosque ha agrietado la usura de los días.En el pálido polvo he descifradorastros que temo. El aire me ha traídoen las cóncavas tardes un bramidoo el eco de un bramido desolado.Sé que en la sombra hay Otro, cuya suertees fatigar las largas soledadesque tejen y destejen este Hadesy ansiar mi sangre y devorar mi muerte.Nos buscamos los dos. Ojalá fueraéste el último día de la espera.Las cosasEl bastón, las monedas, el llavero,La dócil cerradura, las tardíasNotas que no leerán los pocos díasQue me quedan, los naipes y el tablero,Un libro y en sus páginas la ajadaVioleta, monumento de una tardeSin duda inolvidable y ya olvidada,El rojo espejo occidental en que ardeUna ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,Limas, umbrales, atlas, copas, clavos,Nos sirven como tácitos esclavos,Ciegas y extrañamente sigilosasDurarán más allá de nuestro olvido;No sabrán nunca que nos hemos ido.IsraelUn hombre encarcelado y hechizado,un hombre condenado a ser la serpienteque guarda un oro infame,un hombre condenado a ser Shylockun hombre que se inclina sobre la tierray que sabe que estuvo en el Paraíso,un hombre viejo y ciego que ha de romperlas columnas del templo,un rostro condenado a ser una máscara,un hombre que ha pesar de los nombreses Spinoza y el Baal Shem y los cabalistas,un hombre que es el Libro,una boca que alaba desde el abismola justicia del firmamento,un procurador o un dentistaque diálogo con Dios en una montaña,un hombre condenado a ser el escarnio,la abominación, el judío,un hombre lapidado, incendiadoy ahogado en cámaras letales,un hombre que se obstina en ser inmortaly que ahora ha vuelto a su batalla,a la violenta luz de la victoria,hermoso como un león al mediodía.Junio, 1968En la tarde de oroo en una serenidad cuyo símbolopodría ser la tarde de oro,el hombre dispone los librosen los anaqueles que aguardany siente el pergamino, el cuero, la telay el agrado que danla previsión de un hábitoy el establecimiento de un orden.Stevenson y el otro escocés, Andrew Lang,reanudarán aquí, de manera mágica,la lenta discusión que interrumpieronlos mares y la muertey a Reyes no le desagradará ciertamentela cercanía de Virgilio.(Ordenar bibliotecas es ejercer,de un modo silencioso y modesto,el arte de la crítica.)El hombre, que está ciego.sabe que ya no podrá descifrarlos hermosos volúmenes que manejay que no le ayudarán a escribirel libro que lo justificará ante los otros,pero en la tarde que es acaso de orosonríe ante el curioso destinoy siente esa felicidad peculiarde las viejas cosas queridas.El guardián de los librosAhí están los jardines, los templos y la justificación de los templos,La recta música y las rectas palabras,Los sesenta y cuatro hexagramas,Los ritos que son la única sabiduríaQue otorga el Firmamento a los hombres,El decoro de aquel emperadorCuya serenidad fue reflejada por el mundo, su espejo,De suerte que los campos daban sus frutosY los torrentes respetaban sus márgenes,El unicornio herido que regresa para marcar el fin,Las secretas leyes eternas,El concierto del orbe;Esas cosas o su memoria están en los librosQue custodio en la torre.Los tártaros vinieron del NorteEn crinados potros pequeños;Aniquilaron los ejércitosQue el Hijo del Cielo mandó para castigar su impiedad,Erigieron pirámides de fuego y cortaron gargantas,Mataron al perverso y al justo,Mataron al esclavo encadenado que vigila la puerta,Usaron y olvidaron a las mujeresY siguieron al Sur,Inocentes como animales de presa,Crueles como cuchillos.En el alba dudosaEl padre de mi padre salvó los libros.Aquí están en la torre donde yazgo,Recordando los días que fueron de otros,Los ajenos y antiguos.En mis ojos no hay días. Los anaquelesEstán muy altos y no los alcanzan mis años.Leguas de polvo y sueño cercan la torre.¿A qué engañarme?La verdad es que nunca he sabido leer,Pero me consuelo pensandoQue lo imaginado y lo pasado ya son lo mismoPara un hombre que ha sidoY que contempla lo que fue la ciudadY ahora vuelve a ser el desierto.¿Qué me impide soñar que alguna vezDescifré la sabiduríaY dibujé con aplicada mano los símbolos?Mi nombre es Hsiang. Soy el que custodia los libros,Que acaso son los últimos,Porque nada sabemos del ImperioY del Hijo del Cielo.Ahí están en los altos anaqueles,Cercanos y lejanos a un tiempo,Secretos y visibles como los astros.Ahí están los jardines, los templos.Los gauchosQuién les hubiera dicho que sus mayores vinieron por un mar, quién leshubiera dicho lo que son un mar y sus aguas.Mestizos de la sangre del hombre blanco, lo tuvieron en poco, mestizos de lasangre del hombre rojo, fueron sus enemigos.Muchos no habrán oído jamás la palabra gaucho, o la habrán oído como unainjuria.Aprendieron los caminos de las estrellas, los hábitos del aire y del pájaro,las profecías de las nubes del Sur y de la luna con un cerco.Fueron pastores de la hacienda brava, firmes en el caballo del desierto quehabían domado esa mañana, enlazadores, marcadores, troperos, capataces,hombres de la partida policial, alguna vez matreros; alguno, el escuchado,fue el payador.Cantaba sin premura, porque el alba tarda en clarear, y no alzaba la voz.Había peones tigreros; amparado en el poncho el brazo izquierdo, el derechosumía el cuchillo en el vientre del animal, abalanzado y alto.El diálogo pausado, el mate y el naipe fueron las formas de su tiempo.A diferencia de otros campesinos, eran capaces de ironía.Eran sufridos, castos y pobres. La hospitalidad fue su fiesta.Alguna noche los perdió el pendenciero alcohol de los sábados.Morían y mataban con inocencia.No eran devotos, fuera de alguna oscura superstición, pero la dura vida lesenseño el culto del coraje.Hombres de la ciudad les fabricaron un dialecto y una poesía de metáforasrústicas.Ciertamente no fueron aventureros, pero un arreo los llevaba muy lejos ymás lejos las guerras.No dieron a la historia un sólo caudillo. Fueron hombres de López, deRamírez, de Artigas, de Quiroga, de Bustos, de Pedro Campbell, de Rosas, deUrquiza, de aquel Ricardo López Jordán que hizo matar a Urquiza, dePeñaloza y de Saravia.No murieron por esa cosa abstracta, la patria, sino por un patrón casual, unaira o por la invitación de un peligro.Su ceniza está perdida en remotas regiones del continente, en repúblicas decuya historia nada supieron, en campos de batalla, hoy famosos.Hilario Ascasubi los vio cantando y combatiendo.Vivieron su destino como en un sueño, sin saber quienes eran o qué eran.Tal vez lo mismo nos ocurre a nosotros.Invocación a JoyceDispersos en dispersas capitales,solitarios y muchos,jugábamos a ser el primer Adánque dio nombre a las cosas.Por los vastos declives de la nocheque lindan con la aurora,buscamos (lo recuerdo aún) las palabrasde la luna, de la muerte, de la mañanay de los otros hábitos del hombre.Fuimos el imagismo, el cubismo,los conventículos y sectasque las crédulas universidades veneran.Inventamos la falta de puntuación,la omisión de mayúsculas,las estrofas en forma de palomade los bibliotecarios de Alejandría.Ceniza, la labor de nuestras manosy un fuego ardiente nuestra fe.Tú, mientras tanto, forjabasen las ciudades del destierro,en aquel destierro que fuetu aborrecido y elegido instrumento,el arma de tu arte,erigías tus arduos laberintos,infinitesimales e infinitos,admirablemente mezquinos,más populoso que la historia.Habremos muerto sin haber divisadola biforme fiera o la rosaque son el centro de tu dédalo,pero la memoria tiene sus talismanes,sus ecos de Virgilio,y así en las calles de la noche perdurantus infiernos espléndidos,tantas cadencias y metáforas tuyas,los oros de tu sombra.Qué importa nuestra cobardía si hay en la tierraun sólo hombre valiente,qué importa la tristeza si hubo en el tiempoalguien que se dijo feliz,que importa mi perdida generación,ese vago espejo,si tus libros la justifican.Yo soy los otros. Yo soy todos aquellosque ha rescatado tu obstinado rigor.Soy los que no conoces y los que salvas.Israel 1969Temí que en Israel acecharíacon dulzura insidiosala nostalgia que las diásporas secularesacumularon como un triste tesoroen las ciudades del infiel, en las juderías,en los ocasos de la estepa, en los sueños,la nostalgia de aquellos que te anhelaron,Jerusalén, junto a las aguas de Babilonia,¿Qué otra cosa eras, Israel, sino esa nostalgia,sino esa voluntad de salvar,entre las inconstantes formas del tiempo,tu viejo libro mágico, tus liturgias,tu soledad con Dios?No así. La más antigua de las nacioneses también la más joven.No has tentado a los nombres con jardines,con el oro y su tediosino con el rigor, tierra última.Israel les ha dicho sin palabras:olvidarás quién eres.Olvidarás al otro que dejaste.Olvidarás quién fuiste en las tierrasque te dieron sus tardes y sus mañanasy a las que no darás tu nostalgia.Olvidarás la lengua de tus padres y aprenderás la lengua del Paraíso.Serás un israelí, serás un soldado.Edificarás la patria con ciénagas: la levantarás con desiertos.Trabajará contigo tu hermano, cuya cara no has visto nunca.Una sola cosa te prometemos:tu puesto en la batalla.Buenos Aires¿Qué será Buenos Aires?Es la Plaza de Mayo a la que volvieron, después de haber guerreado en elcontinente, hombres cansados y felices.Es el dédalo creciente de luces que divisamos desde el avión y bajo el cualestán la azotea, la vereda, el último patio, las cosas quietas.Es el paredón de la Recoleta contra el cual murió, ejecutado, uno de mismayores.Es un gran árbol de la calle Junín que, sin saberlo, nos depara sombra yfrescura.Es una larga calle de casas bajas, que pierde y transfigura el poniente.Es la Dársena Sur de la que zarpaban el Saturno y el Cosmos.Es la vereda de Quintana en la que mi padre, que había estado ciego, lloróporque veía las antiguas estrellas.Es una puerta numerada, detrás de la cual, en la oscuridad, pasé diez días ydiez noches, inmóvil, días y noches que no son en la memoria un instante.Es el jinete de pesado metal que proyecta desde lo alto su serie cíclica desombras.Es el mismo jinete bajo la lluvia.Es una esquina de la calle Perú, en la que Julio César Dabove nos dijo que elpeor pecado que puede cometerun hombre es engendrar un hijo y sentenciarlo a esta vida espantosa.Es Elvira de Alvear, escribiendo en cuidadosos cuadernos una larga novela,que al principio estaba hecha depalabras y al fin de vagos rasgos indescifrables.Es la mano de Norah, trazando el rostro de una amiga que es también el deun ángel.Es una espada que ha servido en las guerras y que es menos un arma queuna memoria.Es una divisa descolorida o un daguerrotipo gastado, cosas que son deltiempo.Es el día en que dejamos a una mujer y el día en que una mujer nos dejó.Es aquel arco de la calle Bolívar desde el cual se divisa la Biblioteca.Es la habitación de la Biblioteca, en la que descubrimos, hacia 1957, lalengua de los ásperos sajones, lalengua del coraje y de la tristeza.Es la pieza contigua, en la que murió Paul Groussac.Es el último espejo que repitió la cara de mi padre.Es la cara de Cristo que vi en el polvo, deshecha a martillazos, en una de lasnaves de la Piedad.Es una alta casa del Sur en la que mi mujer y yo traducimos a Whitman,cuyo gran eco ojalá resuene en esta página.Es Lugones, mirando por la ventanilla del tren las formas que se pierden ypensando que ya no lo abruma el deber de traducirlas para siempre enpalabras, porque este viaje será el último.Es, en la deshabitada noche, cierta esquina del Once en la que MacedonioFernández, que ha muerto, sigueexplicándome que la muerte es una falacia.No quiero proseguir; estas cosas son demasiado individuales, son demasiadolo que son, para ser también Buenos Aires.Buenos Aires es la otra calle, la que no pisé nunca, es el centro secreto delas manzanas, los patios últimos,es lo que las fachadas ocultan, es mi enemigo, si lo tengo, es la persona aquien le desagradan mis versos(a mí me desagradan también), es la modesta librería en que acasoentramos y que hemos olvidado, es esaracha de milonga silbada que no reconocemos y que nos toca, es lo que se haperdido y lo que será, es loulterior, lo ajeno, lo lateral, el barrio que no es tuyo ni mío, lo queignoramos y queremos.Fragmentos de un evangelio apócrifo3. Desdichado el pobre en espíritu, porque bajo la tierra será lo que ahoraes en la tierra.4. Desdichado el que llora, porque ya tiene el hábito miserable del llanto.5. Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria.6. No basta ser el último para ser alguna vez el primero.7. Feliz el que no insiste en tener razón, porque nadie la tiene o todos latienen.8. Feliz el que perdona a los otros y el que se perdona a si mismo.Bienaventurados los mansos, porque no condescienden a la discordia.10. Bienaventurados los que no tienen hambre de justicia, porque saben quenuestra suerte, adversa o piadosa, es obra del azar, que es inescrutable.11. Bienaventurados los misericordiosos, porque su dicha esta en el ejerciciode la misericordia y no en la esperanza de un premio.12. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ven a Dios.13. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia,porque les importa más la justicia que su destino humano.14. Nadie es la sal de la tierra, nadie, en algún momento de su vida, no lo es.15. Que la luz de una lámpara se encienda, aunque ningún hombre la vea. Diosla verá.16. No hay mandamiento que no pueda ser infringido, y también los que digoy los que los profetas dijeron.17. El que matare por la causa de la justicia, o por la causa que el cree justa,no tiene culpa.18. Los actos de los hombres no merecen ni el fuego ni los cielos.19. No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo.Tu odio nunca será mejor que tu paz.20. Si te ofendiere tu mano derecha, perdónala; eres tu cuerpo y eres tualma y es arduo, o imposible, fijar la frontera que los divide.24. No exageres el culto de la verdad; no hay hombre que al cabo de un día,no haya mentido con razón muchas veces. 25. No jures, porque todojuramento es un énfasis.26. Resiste al mal, pero sin asombro y sin ira. A quien te hiriere en la mejilladerecha, puedes volverle la otra, siempre que no te mueva el temor.27. Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza yel único perdón.28. Hacer el bien a tu enemigo puede ser obra de justicia y no es arduo;amarlo, tarea de ángeles y no de hombres.29. Hacer el bien a tu enemigo es el mejor modo de complacer tu vanidad.30. No acumules oro en la tierra, porque el oro es padre del ocio, y este, dela tristeza y del tedio.31. Piensa que los otros son justos o lo serán, y si no es así, no es tuyo elerror.32. Dios es mas generoso que los hombres y los medirá con otra medida.33. Da lo santo a los perros, echa tus perlas a los puercos; lo que importa esdar.34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar . . .39. La puerta es la que elige, no el hombre.40. No juzgues al árbol por sus frutos ni al hombre por sus obras; puedenser peores o mejores.41. Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deberes edificar como si fuera piedra la arena...47. Feliz el pobre sin amargura o el rico sin soberbia.48. Felices los valientes, los que aceptan con animo parejo la derrota o laspalmas.49. Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo,porque éstas darán luz a sus días.50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.51. Felices los felices.Un lectorQue otros se jacten de las páginas que han escrito;a mí me enorgullecen las que he leído.No habré sido un filólogo,no habré inquirido las declinaciones, los modos, la laboriosa mutación de las letras,la de que se endurece en te,la equivalencia de la ge y de la ka,pero a lo largo de mis años he profesadola pasión del lenguaje.Mis noches están llenas de Virgilio;haber sabido y haber olvidado el latínes una posesión, porque el olvidoes una de las formas de la memoria, su vago sótano,la otra cara secreta de la moneda.Cuando en mis ojos se borraronlas vanas apariencias queridas,los rostros y la página,me di al estudio del lenguaje de hierroque usaron mis mayores para cantarespadas y soledades,y ahora, a través de siete siglos,desde la Última Thule,tu voz me llega, Snorri Sturluson.El joven, ante el libro, se impone una disciplina precisay lo hace en pos de un conocimiento preciso;a mis años, toda empresa es una aventuraque linda con la noche.No acabaré de descifrar las antiguas lenguas del Norte,no hundiré las manos ansiosas en el oro de Sigurd;la tarea que emprendo es ilimitaday ha de acompañarme hasta el fin,no menos misteriosa que el universoy que yo, el aprendiz.Elogio de la sombraLa vejez (tal es el nombre que los otros le dan)puede ser el tiempo de nuestra dicha.El animal ha muerto o casi ha muerto.Quedan el hombre y su alma.Vivo entre formas luminosas y vagasque no son aún la tiniebla.Buenos Aires,que antes se desgarraba en arrabaleshacia la llanura incesante,ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,las borrosas calles del Oncey las precarias casas viejasque aún llamamos el Sur.Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;el tiempo ha sido mi Demócrito.Esta penumbra es lenta y no duele;fluye por un manso declivey se parece a la eternidad.Mis amigos no tienen cara,las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,las esquinas pueden ser otras,no hay letras en las páginas de los libros.Todo esto debería atemorizarme,pero es una dulzura, un regreso.De las generaciones de los textos que hay en la tierrasólo habré leído unos pocos,los que sigo leyendo en la memoria,leyendo y transformando.Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,convergen los caminos que me han traídoa mi secreto centro.Esos caminos fueron ecos y pasos,mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,días y noches,entresueños y sueños,cada ínfimo instante del ayery de los ayeres del mundo,la firme espada del danés y la luna del persa,los actos de los muertos,el compartido amor, las palabras,Emerson y la nieve y tantas cosas.Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,a mi álgebra y mi clave,a mi espejo.Pronto sabré quién soy.
AntigüedadLas virtudes curativas del áloe eran ya muy conocidas enla antigüedad. Hechos auténticos, testimonios y relatoslegendarios salpican su historia.Parecen ser los sumerios quienes, en la época de los reyes deAkkad, hayan aludido por primera vez al uso terapéutico deláloe (musabbar) en unas tablillas de arcilla.El áloe figura también en vasos pintados egipcios de la épocaarcaica. El “Libro egipcio de los remedios” del famoso papiroEbers (siglo XV a. J.C.) menciona igualmente el áloe enfórmulas de curación que remontan quizá al tercer milenarioantes de nuestra era.Para los hindúes el áloe figura como una de las mejoresplantas secretas del Atharvaveda (2), que lo apoda “el curanderosilencioso”.En la Biblia encontramos su rastro en varios Librossagrados: (Números, Cantar de los Cantares, Evangelios).En el Nuevo Testamento nos quedaremos con este pasaje delEvangelio según San Juan :“Llegó también Nicodemo, aquel que anteriormente habíaestado con él por la noche, con unas cien libras de una mezclade mirra y de áloe. Se llevaron el cuerpo de Jesús y loenvolvieron en lienzos con aromas, como acostumbraban asepultar a los judíos”.(2) Atharvaveda: uno de los 4 “Veda” (en sánscrito: conocimiento), textosfundamentales del hinduismo, que contiene fórmulas y conjuras. Estácompuesto por 731 himnos que tienen alrededor de 6000 estrofas: plegariasexpiatorias, conjuras mágicos, encantamientos, plantas o preparacionessecretas destinados a curar todo tipo de enfermedades. Completado por elAyurveda (Veda de la vida), la ciencia hindú de la medicina.En los tiempos de las persecuciones, los romanos obligabana los cristianos a quemar incienso en sus templos comoofrenda a sus dioses. Para substraerse de esta obligación que leshorrorizaba, algunas comunidades cristianas de la Iglesiaprimitiva (Edesa) reemplazaban el incienso oficial extraído dela aquilaria agalochus (madera del áloe) por “incienso sagrado”fabricado con áloe bíblico mezclado con mirra y benjuí (3)Antiguo EgiptoPara los antiguos egipcios el áloe tenía la reputación deconservar la belleza y el esplendor de las mujeres. Los faraoneslo consideraban un elixir de larga vida. La tradición quería quefuese llevado durante las ceremonias funerarias un plantel deáloe, símbolo del renacimiento de la vida, como regalo.Plantado alrededor de las pirámides y a lo largo de los caminosque llegaban al Valle de los Reyes, el áloe acompañaba alfaraón en su tránsito hacia el más allá, con el fin de cuidarlo yalimentarlo durante su viaje. Cuando florecía era señal de queel difunto había alcanzado felizmente la “otra orilla”.Por otra parte los sacerdotes asociaban la planta a sus ritosfunerarios y la incorporaban a la composición de la fórmula delembalsamamiento, bajo el nombre de “planta de lainmortalidad”.Pero el áloe también poseía, según los antiguos, virtudescosméticas. Se dice que el brillo de los ojos de Cleopatra erasobre todo debido a un colirio hecho a base de áloe,confeccionado por una de sus esclavas númidas, y que labelleza de la piel y de la tez de Nefertitis surgía de sus baños deleche de burra y de pulpa de áloe.(3) Reina a menudo una gran confusión en los antiguos escritos entre el áloe(aloe) y la madera del áloe que proviene de la aquilaria agalochus, un árbolcon madera resinosa y aromática del cual también se extraía incienso.Grecia y RomaPara los griegos el áloe era símbolo de belleza, paciencia,fortuna y salud. En uno de sus tratados, Hipócrates describealgunas propiedades curativas del áloe : crecimiento delcabello, curación de tumores, alivio de disenterías y dolores deestómago. Se dice que hacia el año 330 a. J.C., AlejandroMagno, herido en el asedio de Gaza (Palestina) por una flechaenemiga, vio como se infectaba su llaga durante el avanceconquistador a través de Egipto y del desierto de Libia.Proclamado hijo de Zeus en el oasis de Amon, un sacerdoteenviado por el célebre Aristóteles (su preceptor y mentor), lountó con un aceite hecho a base de áloe que provenía de la islade Socotra y que le curó la herida. Parece ser que fue tambiénbajo el estímulo de Aristóteles que Alejandro Magnoemprendió una expedición naval para apoderarse de la isla deSocotra y de sus plantaciones de áloe. En efecto se decía que eljugo de esta planta volvía a los guerreros invulnerables.Para muchos orientales el aceite de áloe tiene la reputaciónde procurar sabiduría e inmortalidad. Los fenicios hacían secarla pulpa extraída de sus hojas en odres de piel de cabra y laexportaban por todo el área de influencia greco-romana.Fue a lo largo de las guerras púnicas que los romanosdescubrieron, sorprendidos, las virtudes del áloe. Susprisioneros cartaginenses lo consumían en gran cantidad paracurar sus heridas.En el siglo primero de nuestra era, Celsius, uno de losprecursores de la medicina, alabó también los méritos del áloe.En lo que se refiere a Dioscorides, médico griego que sirviódurante mucho tiempo en los ejércitos romanos, describía conentusiasmo en su De materia medica las propiedades del áloe.Destacaba entre otras la virtud de hacer coagular la sangre delas heridas, de cicatrizar las desolladuras y las llagas abiertas,de curar los forúnculos, las hemorroides. Pretendía también quela pulpa fresca del áloe frenaba la caída del cabello y deteníalas oftalmias.Plinio el Viejo (23-79 d. J.C.) describe en su “HistoriaNatural” la original manera de curar la disentería inyectandoáloe con una pera para lavativas.Oriente y ÁfricaLos beduínos de la península arábiga y los guerreros tuaregsdel Sahara conocen las virtudes del áloe, que llaman “Lirio delDesierto”, desde la más remota antigüedad. Para proteger susmoradas, los habitantes de Mesopotamia adornaban sus puertascon hojas de áloe. En caso de epidemia o de escasez, los parsisy los escitas tenían la costumbre de alimentarse con pulpa deáloe. Como acabamos de ver, la isla de Socotra, en el océanoÍndico, fue reconocida por sus plantaciones de áloe medicinaldesde el siglo V a. J.C. Sus habitantes exportaban los extractosde esta planta (musabbar) hasta China (alo-hei), pasando por laIndia, Malasia y el Tibet.La iniciación a las virtudes medicinales y a los poderes delcáñamo y del áloe formaba parte de la enseñanza de la sectaismaelita, de la cual uno de los primeros y más ilustresrepresentantes fue el médico y filósofo Avicena, en el que seinspiró Hassan ibn al-Sabbah, el famoso “Viejo de laMontaña”, jefe de la cofradía de los Asesinos. Esta doctrinaincluía el aprendizaje progresivo de los arcanos de los “sietesebayah” o “conocimiento del camino recto”, por medio de lacual los ismaelitas otorgaban poderes mágicos a sus adeptos. Eláloe, que figura junto al cáñamo entre las plantas cultivadasalrededor de la fortaleza de Alamut (norte de Persia), eraconsiderado por los ismaelitas como vulnerario*, antídoto yelixir* de larga vida al mismo tiempo. Se dice que uno de lossecretos de la longevidad de los Templarios residía en elfamoso elixir de Jerusalén, elaborado con hachís, pulpa de áloey vino de palma.Ocho siglos más tarde, Dominique Larrey, cirujano jefe delos ejércitos de Napoleón, iniciado por un marabuto al que veíacurar milagrosamente las heridas más terribles infligidas a susmamelucos, aprendió a curar a los veteranos de la “GrandeArmée” gracias a la pulpa de las hojas de áloe abiertas asablazos. De ahí la expresión militar francesa: “sabrerl'aloès”(4) (Archives du Val-de-Gr"ce).La medicina basada en la Ayurveda (5) de la India siempretuvo en mucha estima al áloe, en tanto que parte integrante dela farmacopea hindú. Al ser considerado como planta sagrada,participaba en los rituales de sacrificios, y algunas de susespecies eran rigurosamente protegidas. Actualmente aún seponen encima de las hogueras funerarias hojas de áloe, símbolode renacimiento y de eternidad.(4) “Dar un sablazo al áloe”. N. de T.(5) Ayurveda o Veda de la vida. Medicina tradicional hindú cuyas recetas yfórmulas formaban parte de los Atharvaveda. Ver : nota página 11.Edad Media y RenacimientoEn la célebre obra de medicina de la escuela de Salerno,Constantino el Africano y sus discípulos reconocen unpuesto de honor a las virtudes terapéuticas del áloe. RobertDehin, en su libro Docteur Aloès (ver bibliografía), refiereestos famosos versos dedicados a la planta fetiche :Fue durante las Cruzadas cuando los guerreros cristianos deOccidente descubrieron las virtudes del áloe, que susadversarios musulmanes consideraban como el remedio porexcelencia. A lo largo de sus conquistas, los árabes aclimataronel áloe en Andalucía. Gracias a la pulpa del áloe los marinosespañoles de la Santa María, diezmados por la enfermedad y lamalnutrición, fueron salvados parcialmente, y aquello incitó aCristóbal Colón a llamarlo el “doctor en maceta”. A partir deentonces los españoles transportaron siempre áloe a bordo desus navíos.Paracelso, el gran médico del Renacimiento, descubrió losméritos del áloe en Salerno, luego en España y en Portugal. Enuna carta dirigida a Amberg, habla en palabras veladas del“misterioso y secreto aloe cuyo jugo de oro cura lasquemaduras y los envenenamientos de la sangre”. Pero fueronen especial los padres jesuitas portugueses y españoles quienes,siguiendo los pasos de los primeros exploradores, cultivaron eláloe en todas las colonias de América, de Africa y de ExtremoOriente, planta de la cual conocían las propiedades curativas.Los Indios convertidos lo llamaban “el árbol de Jesús”.Indios de AméricaEl áloe era junto al agave (6) una de las 16 plantas sagradasde los amerindios.A menudo confundidas, aunque no pertenezcan a la mismafamilia botánica, sus hojas cocidas bajo las cenizas eran comidas,la pulpa fresca frenaba las hemorragias y cicatrizaba las heridas;fermentado, su gel amargo tenía la fama de “calmar” el vientre,limpiar los riñones y la vejiga, disolver los cálculos, quitar la tos,mejorar la expectoración y provocar la menstruación. En laAmérica precolombina, las jóvenes mayas se untaban la cara conjugo de áloe para atraer a los chicos como lo hacía en otrostiempos Cleopatra. Antes de salir a cazar o a la guerra, losguerreros se frotaban el cuerpo con su pulpa. Para los Mazahuasel áloe era la planta mágica por excelencia. Alejaba de todaenfermedad a todo aquel que lo comía, le daba la fuerza“haciéndole venir el dios en él”, concedía la lucidez al loco, alborracho y a todo aquel que no gozaba de buena salud mental.Una curiosa tradición maya afirmaba que si el “pulque” (vino delagave) vuelve loco, el vino del áloe cura la locura. Los Jíbaros lohabían apodado el médico del cielo ya que creían que la plantasagrada les volvía invulnerables.El tictil o curandero era para los Nahuas el hombre un pocobrujo que conocía las plantas poderosas y las plantas que curan.Curaba las heridas, las picaduras de insecto y las mordeduras deserpiente al untar las heridas con la “sangre” del áloe. Los Indiosse quitaban la migraña aplicándolo con cataplasmas alrededor dela cabeza. Pero, como acabamos de ver, fueron los jesuitasquienes relanzaron verdaderamente el áloe en las colonias deAmérica. Conocían las virtudes medicinales de esta planta que secultivaba cuidadosamente en los monasterios de Andalucía.(6) Agave (de agavos, magnífico). Planta de la familia de las amarilidáceas,a menudo confundida con el áloe, y más exactamente con el aloe vera, cuyaflor también es amarilla.El agave de Méjico fue una de las plantas sagradasde los Precolombinos, particularmente para los Mayas y los Toltecas. Sushojas dan el sisal, fibras vegetales, y su “ corazón” da un vino de savia, elpulque, cuya destilación da unos aguardientes muy apreciados: el mezcal yel tequila. El racimo floral del agave puede alcanzar hasta los 12 metros dealto. Solamente da semillas una vez a lo largo de su vida centenaria.Extremo OrienteEn Japón el áloe es una planta reina. Decenas de especies soncultivadas para usos múltiples. Se bebe, se come, seconsume y cura bajo todas sus formas. En otras épocas, antesdel combate, los samurais se untaban el cuerpo con pulpa deáloe para expulsar a los demonios y volverse inmortales.Actualmente, la pulpa del aloe saponaria sirve para hacerjabones y productos cosméticos, el aloe ferox, el aloe thraskii,el aloe marlothii entran en la composición de numerosaspreparaciones farmacéuticas y cosméticas.Los chinos, que no son menos amantes del áloe que susprimos japoneses, lo utilizan bajo todas sus formas. Desde hacesiglos el áloe es considerado como un medicamento específicocontra las quemaduras y enfermedades de la piel.La farmacopea china de Li Shih-Shen (1518-1593) cita eláloe entre las plantas con mayores virtudes terapéuticas y lollama : “remedio de armonía”.Las espinas del aloe ferox servían de agujas de acupunturapara los famosos “médicos descalzos”, terapeutas itinerantes.Notemos que la medicina china tradicional, muy escrupulosa ensus indicaciones farmacológicas y sus formulaciones, prescribíareglas muy estrictas para la administración de losmedicamentos. Las fases lunares, la altura del sol, el momentodel día formaban parte de las recetas, conceptos hoy díarecuperados por algunos adeptos de las medicinas alternativas.La medicina china moderna utiliza la pulpa del aloe sinensisen el tratamiento de la arteriosclerosis.De la Leyenda a la CienciaEn numerosos países donde la medicina occidental no haexpulsado del todo las medicinas tradicionales, el áloepermanece la planta medicinal por excelencia. Las tradicioneslocales atribuyen a esta planta mágica virtudes de protección yde buen augurio. Al regreso de una peregrinación, losmusulmanes cuelgan hojas de áloe traídas de la Meca en lapuerta de sus moradas, dando así testimonio de que hancumplido bien su deber para que el Profeta venga a su vez avisitarlos. Para los africánders y los zulús, el áloe es “la plantaque lo cura todo”. Algunas tribus del desierto hacen con él unjabón líquido con el cual se untan el cuerpo y el cabello. Estoles proporciona una piel resplandeciente y una cabelleraabundante y frondosa. Carol Miller Kent, en su libro Aloe vera,refiere que un ungüento contra las quemaduras hecho a base deáloe formó parte del botiquín llevado a bordo de la cápsulaespacial que llegó a la luna en 1969. Los trabajos del biólogosoviético Israël Brekhman, que durante años permanecieronsecretos, demuestran la eficacia del áloe en los casos deirradiación atómica. Fue Brekhman quien propuso el conceptode “adaptógeno” para explicar su efecto regulador en elorganismo.La reputación secular del áloe y la fama de sus virtudeslegendarias han incitado lógicamente a innumerablescientíficos a estudiar sus propiedades medicinales y sus efectosterapéuticos. Sin embargo, a pesar de su prevención frente aeste remedio de “andar por casa”, tuvieron que admitir, muysorprendidos, que muchas de sus virtudes legendarias no eranen absoluto imaginarias, sino que, además, le han descubiertootras de inéditas.FUENTE: Marc Schweizer. Aloe Vera La planta que cura. Tradución: Anna-Maria Ascolies.Links de Productos Recomendados:http://www.facebook.com/pages/Productos-de-Aloe-Vera/135147759833087http://www.facebook.com/pages/Make-Up-de-Aloe-Vera/115079535249775http://aloe-vera-productos.blogspot.com/http://barracas.olx.com.ar/productos-de-aloe-vera-iid-223358714
Introducción Desde hace unos años a esta parte, el término Ginseng ha pasado a ser parte del vocabulario común de los occidentales. Mucho se ha hablado, y se sigue hablando, sobre las propiedades curativas del Ginseng; pero pocos son los que realmente saben qué es el Ginseng y porqué se dice que posee propiedades medicinales tan extraordinarias. La mayoría de los productos que contienen Ginseng se adquieren en dietéticas y farmacias. Existe en el mercado innumerable cantidad de remedios y productos afines, en cuyas etiquetas figura el Ginseng como uno de sus componentes. Es más, la palabra Ginseng siempre se destaca de manera especial. ¿Por qué? La respuesta es muy simple: el valor medicinal del Ginseng se ha hecho tan popular que el solo hecho de saber que un determinado producto posee Ginseng juega a favor de la venta de ese producto. Entonces, ¿posee el Ginseng las propiedades que le adjudican, o sólo es un instrumento de valor comercial? En primer lugar, debemos tener en cuenta lo siguiente: en nuestra sociedad- como en la mayoría de las sociedades-, aquello que beneficia a la salud también redunda (y a veces en extremo) en el beneficio económico de quien lo comercializa. Muchas veces, al abuso comercial de determinados productos suele ser tan grande, que en el camino se pierde la noción real de su valor medicinal. En el caso del Ginseng, también ocurre algo parecido: salud y beneficio económico van inseparablemente de la mano. Cuanto más popular es la noción de valor medicinal de un producto, más se lo comercializa y más se encarece. Pero con el Ginseng ocurre a la vez algo particular: su cultivo es tan difícil y la escasez del Ginseng silvestre o natural es tan grande, que un trozo de raíz de Ginseng ha llegado a valer su peso en oro. Más allá de las cuestiones de mercado, el Ginseng se encarece porque su producción es acotada. A través de las páginas de este libro podrán ir conociendo por qué el Ginseng posee un real valor medicinal, pues en su composición se aprecian sustancias que le confieren a la raíz un lugar destacado entre los productos naturales que ofrecen salud y bienestar psicofísico. Y además podrán conocer los orígenes y la historia de esta planta tan particular así como las nociones básicas sobre el mundo de las pantas y hierbas medicinales. Y, por supuesto, encontrarán en el capítulo final, una serie de recetas caseras a base de Ginseng con las que podrán beneficiarse tanto en lo referente a la salud como al embellecimiento general del cuerpo. Tengan en cuenta lo siguiente: Si bien se dice que el Ginseng es la planta curativa, y hasta se le ha adjudicado el valor de ser "la raíz que cura todos los males", recomendamos que sean cautos a este respecto. La raíz del Ginseng posee efectivamente sustancias que le confieren un valor medicinal: pero nunca y en ningún caso debe consumirse Ginseng en forma indiscriminada. La medicina oriental se ha insertado en nuestra sociedad a través de diferentes métodos y terapias, como la acupuntura, la aromaterapia y el consumo de hierbas medicinales, entre las más destacadas, pero que se ofrecen como formas alternativas de la medicina y que acompañan las indicaciones emanadas de la autoridad médica tradicional. Siempre deben consultar al médico de cabecera frente a cualquier trastorno o dolencia, para que él sea quien determine los pasos a seguir en todos los casos. Nunca deben sustituir las indicaciones que el profesional médico receta, por las recetas ofrecidas por las diferentes terapias alternativas. Información general NOMBRE: Ginseng FAMILIA: Araliaceae GÉNERO: Panax ESPECIE ASIÁTICA (CHINA O COREANA): Panax Ginseng ESPECIE AMERICANA: Panax quinquefolium ESPECIE JAPONESA: Panax japonicus ESPECIE SIBERIANA: Eleutherococus senticosus ESPECIE ASIÁTICA TIENCHI: Pseudoginseng Propiedades benéficas: -Funciona como estimulador físico y mental -Tonifica y fortalece el sistema circulatorio y cardiovascular -Energizante general del organismo -Normaliza el sistema nervioso -Fortalece el sistema inmunológico -Posee cualidades afrodisíacas ORIGEN: Continente asiático CARACTERÍSTICA: Raíz medicinal cuya forma se asemeja al cuerpo humano. La reproducción se realiza exclusivamente a través. CAPÍTULO I: ¿Qué es el Ginseng? En los últimos años mucho se ha hablado sobre el Ginseng y hasta se ha recomendado su utilización; pero... ¿qué es realmente el Ginseng? Descubramos en este capítulo los conceptos básicos sobre esta planta de origen chino tan importante para la salud. Una planta milagrosa El Ginseng es el nombre común con el que se denomina a un género de planta herbácea, que miden entre treinta y setenta centímetros de altura, de la familia de las Araliáceas. El término Ginseng proviene del chino jen shen, que traducido significa "raíz sagrada del hombre". La parte del Ginseng que se utiliza como factor medicinal es la raíz. El origen del Ginseng es chino, aunque se encuentran especies en Corea, en Siberia y en América del Norte. Las flores Se caracterizan por ser de pequeño tamaño y por disponerse en apretadas inflorescencias ramificadas llamadas umbelas compuestas. Cada una de las flores puede llegar a tener cinco sépalos y cinco pétalos, los que se encuentran unidos al ovario. Los estambres se insertan en una especie de disco ubicado por encima del ovario. El ovario consta de cinco carpelos- que son los que portan a los óvulos-, que al madurar generan un fruto que contiene cinco semillas, las que se encuentran envueltas en bayas de color rojo. Las flores suelen comenzar a brotar recién a partir del tercer o cuarto año de la siembra, y su color es verde pálido. Definiciones botánicas -Inflorescencia Dícese del conjunto de las ramificaciones florales en que se divide una planta. -Umbela Grupo de flores y frutos que parten de un mismo punto sobre el pedúnculo principal y se elevan a igual altura. Las hojas y el tallo Las hojas pueden ser lobadas o compuestas, y estas últimas se encuentran divididas en folíolos. Las primeras hojas que brotan de la plata suelen ser pequeñas, alcanzando la planta, en esta instancia, una altura máxima de cinco centímetros. Con el correr del tiempo comienzan a nacer tallos con hojas que pueden llegar a alcanzar una altura de treinta centímetros. Definiciones botánicas -Lobada Dícese de las hojas que se encuentran divididas en gajos, en porciones poco profundas y redondeadas. -Compuesta Aplicase a las plantas dicotiledóneas, herbáceas o arbustivas que se distinguen por sus hojas simples o sencillas y por sus flores agrupadas en cabezuelas. -Folíolo Cada una de las hojuelas en que se encuentra divida una hoja compuesta. La raíz Es la parte medicinal de la planta de Ginseng. La raíz posee una forma muy parecida a la extensión del cuerpo humano, lo que ha hecho que se la asocie directamente al alivio de los trastornos y dolencias del ser humano. Generalmente, las raíces llegan a pesar alrededor de unos 30 gramos; aunque excepcionalmente se han encontrado especies con un peso de 250 a 300 gramos. La edad del Ginseng Todos los años, en la época de verano, tanto el tallo como las hojas mueren, Cuando el tallo muere, en el lugar en el que estaba asentado sobre la raíz, deja una huella o cicatriz. Al mismo tiempo, la raíz se contrae bajo tierra formando un anillo a su alrededor. Cada una de estas cicatrices y cada uno de los anillos significan un año de vida del Ginseng. Estudios realizados dan cuenta de que algunas raíces llegan a tener una antigüedad de aproximadamente medio siglo de vida. Cuanto más antigua es la raíz mayor es su precio en el mercado. Una curiosidad En 1976 se descubrió una raíz de Ginseng de aproximadamente 400 años de antigüedad. La onza de esta raíz se vendió en diez mil dólares. El cultivo del Ginseng Incluimos el cultivo de esta plata como una punto más entre las características del Ginseng, y no como un ítem destacado, pues la dificultad de su cultivo hace que difícilmente pueda ser realizado en forma casera. Cada planta de Ginseng tarda aproximadamente entre cinco y seis años para crecer unos diez centímetros. Las semillas deben sembrarse en tierras elevadas, preferentemente cerca de árboles como el roble o el arce (tal como crece en forma silvestre el Ginseng), en una tierra poco húmeda y en un clima frío. El terreno debe ser preparado como mínimo dos años antes de comenzar la siembra, y sólo deberán utilizarse abonos y fertilizantes naturales. Luego de la primera cosecha, hay que esperar unos quince años para poder volver a utilizar el mismo terreno. Debido a la dificultad de su cultivo y al extremado tiempo que se necesita para que la planta se asiente y su raíz sea consistente, es que el Ginseng es una de las plantas medicinales más caras. Capítulo 2: La medicina de herbolario Conocer las nociones básicas sobre platas y hierbas medicinales nos ayudará a comprender más acabadamente el lugar que ocupa el Ginseng dentro de la medicina de herbolario. Plantas y hierbas medicinales La llamada medicina de herbolario- es decir, la rama científica que se ocupa del estudio de las plantas y hierbas medicinales- ha sido practicada desde la antigüedad. Plantas y hierbas fueron los primeros remedios con los que contó la humanidad. Hierbas y plantas Si bien la definición de hierba proveniente de la botánica es "cualquiera de las plantas de pequeño tamaño, sean anuales o perennes, cuyo tallo carece o no forma tejido leñoso permanentes por encima del suelo", debemos tener en cuenta que para los fines de las llamadas hierbas medicinales, el término hierba se define como "cualquier planta que posea la propiedad de aliviar trastornos y dolencias". En este sentido, plantas y hierbas medicinales conforman una unidad de la que la medicina se vale como agente benéfico para el alivio de las dolencias psicofísicas, sin tener en cuenta la distinción que la botánica realiza de ellas. Dependiendo del tipo de planta y hierba y del fin medicinal buscado, las partes que se emplean como remedio son: Los métodos más utilizados para aprovechar las virtudes medicinales de las platas son: Compresas Resultan de la aplicación de un paño suave embebido con agua de cocción de la planta. Para realizar una compresa, es aconsejable colocar dos tazas de agua en una cacerola y poner a hervir. Al llegar a ese punto, apagar el fuego y añadir dos cucharadas grandes de la planta o hierba medicinal elegida. Dejar reposar durante diez minutos como mínimo. Embeber un paño suave o una tela de algodón y escurrir un poco. Aplicar el paño sobre la zona afectada durante una hora como mínimo. De ser necesario, repetir la operación una vez más dejando trascurrir tres horas entre cada aplicación. Cataplasma Las platas y hierbas medicinales pueden aplicarse directamente al natural, lo ideal es machacarlas o humedecerlas un poco para que la aplicación sea más afectiva. Baños Hay dos maneras de realizar un baño con hierbas: 1) Colocar dos cucharadas de hierba- o mezcla de hierbas- elegida en un litro de agua hirviente. Dejar reposar durante diez minutos y a continuación agregar el preparado al agua del baño. 2) Colocar las hierbas en una tela porosa- de modo de formar una bolsita-, cerrarla y sumergirla en el agua del baño. Inhalaciones Colocar dos cucharadas de la planta o hierba medicinal elegida en una cacerola con un litro de agua. Calentar el agua hasta que llegue a su punto de hervor. Retirar la cacerola del fuego. A continuación, tomar una toalla limpia y cubrir la cabeza con ella. Inclinar el rostro sobre la cacerola y aspirar el vapor durante el mayor tiempo posible (mantener siempre una distancia prudencial para que el vapor caliente no llegue a quemar el rostro). Máscaras Las máscaras se aplican sobre el cutis y sirven para relajar, higienizar y tonificar. Lo ideal es agregar las hierbas machacadas a la crema base que se utiliza habitualmente como mascarilla. La proporción ideal es una cucharadita de la hierba o planta machacada por cada 30 gramos de la mascarilla.

El áloe puede ser utilizado de distintas formas: pulpafresca para uso externo: primeras curas en casos deinsolación, quemaduras, irradiación, heridas diversas. Eláloe es un buen hemostático* y desinfectante.Uso externo: primeras curas en casos de insolación, quemaduras, irradiación, heridas diversas. El aloe es un buen hemostático* y desinfectante.Uso interno: El áloe bebible es un buen regulador del tránsito intestinal y un excelente complemento alimenticio que contiene numerosas vitaminas y oligoelementos.El aloe vera cicatriza y desinfecta las heridas, facilita la digestión, activa el riego sanguíneo, la circulación linfática, las funciones renales, hepáticas y biliares, atenúa los dolores artríticos y reumáticos.Alergias: Está demostrado que el aloe vera combate los picores de origen alérgico, las picaduras de insectos y sus secuelas, tanto en el hombre como en los animales de compañía.Artritis, reumatismos, dolores de espalda: Los baños* de áloe alivian los dolores de origen artrítico o reumático. Algunos terapeutas recomiendan frotar ligeramente las zonas doloridas con el gel estabilizado o con un ungüento hecho a base de áloe.Dermatología: Uno de los campos de acción privilegiado del aloe vera es la dermatología. Tiene fama por su eficacia contra la seborrea, el herpes, el acné rosácea, la psoriasis, los eczemas y las micosis, los herpes febriles...Estómago e intestinos: El aloe vera protege el organismo contra las úlceras gástricas, elimina las dificultades digestivas y favorece el tránsito intestinal.Infecciones del hígado: El gel de aloe vera estabilizado bebible es un gran remedio contra las infecciones del hígado. Mejora las funciones hepáticas y demuestra ser un excelente antídoto contra el exceso de consumición de alcohol. Se recomienda en la prevención de la cirrosis del hígado.Quemaduras: Es probablemente en la reparación de las quemaduras de la piel donde el áloe da resultados más espectaculares. Como lo muestran los resultados de los estudios del Dr. Martin C. Robson y John P. Heggers en el Burn Center - centro de grandes quemados de Chicago - “indistintamente que las quemaduras sean provocadas por el fuego, el frío, el agua hirviendo, el sol, una descarga eléctrica o por radiaciones, el aloe alivia el dolor, impide la infección, evita las complicaciones”. Por otra parte, su capacidad de regeneración de los tejidos irradiados es la que ha valido al aloe vera, tanto en los EE.UU. como en la URSS, su fama de planta milagro.