El Gaucho Martin Fierro (Continuacion)
Capitulo 8

Otra vez en un boliche
estaba haciendo la tarde;
cayó un gaucho que hacia alarde
de guapo y peliador;
a la llegada metió
el pingo hasta la ramada,
y yó sin decirle nada
me quedé en el mostrador.
Era un terne de aquel pago
que naides lo reprendía,
que sus enriedos tenía
con el señor comendante;
y como era protegido,
andaba muy entonao,
y a cualquier desgraciao
lo llevaba por delante.
!Ah pobre! si el mismo creiba
que la vida le sobraba;
ninguno diría que andaba
aguaitandolo la muerte.
pero ansí pasa en el mundo,
es ansí la triste vida:
pa todos esta escondida
la güena o la mala suerte.
Se tiró al suelo; al dentrar
e dio un empellon a un vasco,
y me alargó un medio frasco
diciendo: -Beba cuñao.-
-Por su hermana-, contesté.
-Que por la mia no hay cuidao.-
-!Ah, gaucho!, me respondió;
-De que pago será crioyo?
lo andará buscando el hoyo?
deberá tener gutilde;en cuero?
pero ande bala este toro
no bala ningún ternero.
Y ya salimos trenzaos
porque el hombre no era lerdo,
mas como el tino no pierdo,
y soy medio ligerón,
le dejé mostrando el sebo
de un revez con el facón.
Y como con la justicia
no andaba bien por allí,
cuanto pataliar lo ví,
y el pulpero pegó el grito,
ya pa el palenque salí
como haciendome chiquito.
Monté y me encomendé a Dios,
rumbiando para otro pago,
que el gaucho que llaman vago
no puede tener querencia,
y ansí de estrago en estrago
vive llorando la ausencia.
El andaba siempre juyendo,
siempre pobre y perseguido,
no tiene cueva ni nido
como si juera maldito;
porque el ser gaucho... !barajo!,
el ser gaucho es un delito.
Es como el patrio de posta;
lo larga este, aquel lo toma,
nunca se acaba la broma;
dende chico se parece
al arbolito que crece
desamparao en la loma.
Le echan la agua del bautismo
aquel que nació en la selva;
-busca madre que te envuelva-,
le dice el flaire y lo larga.
y dentra a cruzar el mundo
como burro con la carga.
Y se cria viviendo al viento
como oveja sin trasquila;
mientras su padre en las filas
anda sirviendo al gobierno,
aunque tirite en invierno,
naides lo ampara ni asila.
Le llaman -gaucho mamao-
si lo pillan divertido,
y que es mal entretenido
si en un baile lo sorprienden;
hace mal si se defiende
y si nó, se ve... fundido.
No tiene hijos ni mujer,
ni amigos ni protetores,
pues todos son sus señores
sin que ninguno lo ampare:
tiene la suerte del güey,
y donde irá el güey que no are?
Su casa es el pajonal,
su guarida es el desierto;
y si de hambre medio muerto
le echa el lazo a algun mamóm,
lo persiguen como a plaito,
porque es un gaucho ladrón.
Y si de un golpe por ahi
lo dan güelta panza arriba,
no hay un alma compasiva
que le rece una oración;
tal vez como cimarrón
en una cueva lo tiran.
El nada gana en la paz
y es el primero en la guerra;
no le perdonan si yerra,
que no saben perdonar,
porque el gaucho en esta tierra
solo sirve pa votar.
Para el son los calabozos,
para el las duras prisiones,
en su boca no hay razones
aunque la razon le sobre;
que son campanas de palo
las razones de los pobres.
Si uno aguanta, es gaucho bruto;
si no aguanta es gaucho malo.
!dele azote, dele palo,
porque es lo que el necesita!
de todo el que nació gaucho
esta es la suerte maldita.
Vamos suerte, vamos juntos
dende que juntos nacimos;
y ya que juntos vivimos
sin podernos dividir...
yo abriré con mi cuchillo
el camino pa seguir.
Capitulo 9
Matreriando lo pasaba
ya a las casas no venía;
solía arrimarme de día,
mas, lo mesmos que el carancho,
siempre estaba sobre el rancho
espiando a la polecía.
Viva el gaucho que ande mal,
como zorro perseguido,
hasta que al menor descuido
se lo atarasquen los perros,
pues nunca le falta un yerro
al hombre mas alvertido.
Y en esa hora de la tarde
en que tuito se adormece,
que el mundo dentrar parece
a vivir en pura calma,
con las tristezas del alma
al pajonal enderiece.
Bala el tierno corderito
al lao de la blanca oveja,
y a la vaca que se aleja
llama el ternero amarrao;
pero el gaucho desgraciao
no tiene a quien dar su oveja.
Ansí es que al venir la noche
iba a buscar mi guarida,
pues ande el tigre se anida
tmbién el hombre lo pasa,
y no quería que en las casas
me rodiara la partida.
Pues aun cuando vengan ellos
cumpliendo con su deberes,
yo tengo otros pareceres,
y en esa conduta vivo:
que no debe un gaucho altivo
peliar entre las mujeres.
Y al campo me iba solito,
más matrero que el venao,
como perro abandonao
a buscar una tapera,
o en alguna vizcachera
pasar la noche tirao.
Sin punto ni rumbo fijo
en aquella inmensidá,
entre tanta escuridá
anda el gaucho como duende;
alli jamás lo sorpriende
dormido, la autoridá.
Su esperanza es el coraje,
su guardia es la precaución,
su pingo es la salvación,
y pasa uno en su desvelo,
sin más amparo que el cielo
ni otro amigo que el facón.
..............................
Ansí me hallaba una noche
contemplando las estrellas,
que le parecen más bellas
cuanto uno es más desgraciao,
y que Dios las haiga criao
para consolarse en ellas.
Les tiene el hombre cariño
y siempre con alegría
ve salir las Tres Marías;
que si llueve, cuanto escampa,
las estrellas son la guía
que el gaucho tiene en la pampa.
Aqui no valen dotores,
sólo vale la esperiencia;
aquí verían su inocencia
esos que todo lo saben,
porque esto tiene otra llave
y el gaucho tiene su cencia.
Es triste en medio del campo
pasarse noches enteras
contemplando en sus carreras
las estrellas que Dios cría,
sin tener mas compañía
que su delito y las fieras.
Me encontraba como digo,
en aquella soledá,
entre tanta escuridá,
echando al viento mis quejas,
cuando el grito del chajá
me hizo parar las orejas.
Como lunbriz me pegué
al suelo para escuchar;
pronto sentí retumbar
las pisadas de los fletes,
y que eran muchos jinetes
conocí sin vacilar.
Cuando el hombre está en peligro
no debe tener confianza;
ansí tendido de panza
puse toda mi atención
y ya escuche sin tardanza
como el ruido de un latón.
Se venían tan calladitos
que yo me puse en cuidao;
tal vez me hubieran bombiao
y ya me venían a buscar;
mas no quise disparar,
que eso es de gaucho morao.
Al punto me santigüé
y eché de giñebra un taco;
lo mesmito que el mataco
le arroyé con el porrón;
-si han de darme pa tabaco-,
dije,-ésta es güena ocasión-.
Me refalé las espuelas,
para no peliar con grillos;
me arremangué el calzoncillo,
y me ajusté bien la faja,
y en una mata de paja
probé el filo del cuchillo.
Para tenerlo a la mano
el flete en el pasto até,
la cincha le acomodé,
y, en un trance como aquél,
haciendo espaldas en él
quietito los aguardé.
Cuando cerca los sentí,
y que ahi no más se pararon,
los pelos se me erizaron
y,aunque nada vían mis ojos,
-no se han de morir de antojo-,
les dije, cuando llegaron.
Yo quise hacerles saber
que alli se hallaba un varón;
les conocí la intención
y solamente por eso
es que les gané el tirón,
sin aguardar voz de preso.
-Vos sos un gaucho matrero-
dijo uno, haciéndose el güeno.
-Vos mataste un moreno
y otro en una pulpería,
y aquí está la polecía
que viene a ajustar tus cuentas;
te va alzar por las cuarenta
si te resistís hoy día.
-No me vengan-, contesté,
-con relación de dijuntos;
esos son otros asuntos;
vean si me pueden llevar,
que yo no me he de entregar,
aunque vengan todos juntos-.
Pero no aguardaron más
y se apiaron en montón;
como a perro cimarrón
me rodiaron entre tantos;
ya me encomendé a los Santos,
y eche mano a mi facón.
Y ya vide el fogonazo
de un tiro de garabina,
mas quiso la suerte indina
de aquel maula, que me errase,
y ahi no más lo levantase
lo mesmo que una sardina.
A otro que estaba apurao
acomodando una bola,
le hice una dentrada sola
y le hice sentir el fierro,
y ya salió como el perro
cuando le pisan la cola.
Era tanta la aflición
y la angurria que venían,
que tuitos se me venían,
donde yo los esperaba;
uno al otro se estorbaba
y con las ganas no vían.
Dos de ellos que traiban sables
mas garifos y resueltos,
en las hilachas envueltos
enfrente se me pararon,
y a un tiempo me atropellaron
lo mesmo que perros sueltos.
Me fuí reculando en falso
y el poncho adelante eché,
y en cuanto le puso el pie
uno medio chapetón,
de pronto le di un tirón
y de espaldas lo largué
Al verse sin compañero
el otro se sofrenó;
entonces le dentré yo,
sin dejarlo resollar,
pero ya empezó a aflojar
y a la pu...n...ta disparó.
Uno que en una tacuara
hbía atao una tijera,
se vino como si juera
palenque de atar terneros,
pero en dos tiros certeros
salió aullando campo ajuera.
Por suerte en aquel momento
venía coloriando el alba
y yo dije: -Si me salva
la Virgen en este apuro,
en adelante le juro
ser más güeno que una malva-.
Pegué un brinco y entre todos
sin miedo me entreveré;
hecho ovillo me quedé
y ya me cargo una yunta,
y por el suelo la punta
de mi facón les jugué.
El más engolosinao
se me apió con un hachazo;
se lo quité con el brazo;
de no, me mata los piojos;
y antes de uqe diera un paso
le eché tierra en los dos ojos.
Y mientras se sacudiá
refregándose la vista,
yo me le fuí como lista
y ahi no más me le afirmé,
diciéndole: -Dios te asista-,
y de un revés lo voltié.
Pero en ese punto mesmo
sentí que por las costillas
un sable me hacía cosquillas
y la sangre me heló;
dende ese momento yo
me salí de mis casillas.
Di para atrás unos pasos
hasta que pude hacer pie;
por delante me lo eché
de punta y tajos a un criollo;
metió la pata en un hoyo,
y yo al hoyo lo mandé.
Tal vez en el corazón
le tocó un Santo bendito
a un gaucho, que pegó el grito
y dijo:-!Cruz no consiente
que se cometa el delito
de matar a un valiente!-
Y ahi no más se me aparió,
dentrándole a la partida;
yo les hice otra embestida
pues entre dos era robo;
y el Cruz era como lobo
que defiende su guarida.
Uno despachó al infierno
de dos que lo atropellaron;
los demás remoliniaron,
pues íbamos a la fija,
y a poco andar dispararon
lo mesmo que sabandija.
Ahí quedaron largo a largo
los que estiaron la jeta;
otro iba como maleta,
y Cruz de atrás les decia:
-Que venga otra polecia
a llevarlos en carreta-.
Yo junté las osamentas,
me hinqué y les recé un Bendito,
hice una cruz de un palito
y pedí a mi Dios clemente
me perdonara el delito
de haber muerto tanta gente.
Dejamos amotonaos
a los pobres que murieron;
no sé si los recogieron,
porque nos fuimos a un rancho,
o si tal vez los caranchos
ahi no más se los comieron.
Lo agarramos mano a mano
entre los dos al porrón:
en semejante ocasión
un trago a cualquiera encanta;
y Cruz no era remolón
ni pijotiaba garganta.
Calentamos los gargueros
y nos largamos muy tiesos,
siguiendo siempre los besos
al pichel, y por mas señas,
ibamos como cigüeñas
estirando los pescuezos.
-Yo me voy-, le dije,-amigo,
donde la suerte me lleve,
y si es que alguno se atreve,
a ponerse en mi camino,
yo seguiré mi destino,
que el hombre hace lo que debe.
-Soy un gaucho desgraciao,
no tengo donde ampararme,
ni un palo donde rascarme,
ni un árbol que me cubije:
pero ni aun esto me aflige
porque yo sé manejarme.
-Antes de cair al servicio,
tenia familia y hacienda;
cuando volví, ni la prenda
me la habian dejao ya.
Dios sabe en lo que vendrá
a parar esta contienda.
Capitulo 10

C R U Z
-Amigazo, pa sufrir
an nacido los varones;
estas son las ocasiones
de mostrarse un hombre juerte,
hasta que venga la muerte
y lo agarre a coscorrones.
El andar tan despilchao
ningun mérito me quita;
sin ser un alma bendita
me duelo del mal ajeno:
soy un pastel con relleno
que parece torta frita.
Tampoco me faltan males
y desgracias, le prevengo;
también mis desdichas tengo,
aunque esto poco me aflige:
yo se hacerme el chango rengo
cuando la cosa lo esige.
Y con algunos ardiles
voy viviendo, aunque rotoso;
a veces me hago el sarnoso
y no tengo ni un granito,
pero al chifle voy ganoso
como panzón al maíz frito.
A mí no me matan penas
mientras tenga el cuero sano;
venga el sol en el verano
y la escarcha en el invierno
por qué afligirse el cristiano?
Hagámosle cara fiera
a los males, compañero,
porque el zorro más matrero
suele cair como un chorlito;
viene por un corderito
y en la estaca deja el cuero.
Hoy tenemos que sufrir
males que no tienen nombre,
pero esto a nadies lo asombre
porque ansina es el pastel,
y tiene que dar el hombre
mas güeltas que un carretel.
Yo nunca me he de entregar
a los brazos de la muerte;
arrastro mi triste suerte
paso a paso y como pueda,
que donde el débil se queda
se suele escapar el juerte.
Y ricuerde cada cual
lo que cada cual sufrió,
que lo que es, amigo, yo,
hago ansí la cuenta mía:
ya lo pasado pasó;
mañana sera otro dia.
Yo también tuve una pilcha
que me enllenó el corazón,
y si en aquella ocasión
alguien me hubiera buscao,
siguro que me había hallao
más prendido que un botón.
En la güeya del querer
no hay animal que se pierda...
las mujeres no son lerdas,
y todo gaucho es dotor
si pa cantarle al amor
tiene que templar las cuerdas.
!Quien es de una alma tan dura
que no quiera una mujer!
lo alivia en su padecer:
si no sale calavera
es la mejor compañera
que el hombre puede tener.
Si es güena, no lo abandona
cuando lo ve desgraciao,
lo asiste con su cuidao,
y con afán cariñoso,
y usté tal vez ni un rebozo
ni una pollera le ha dao.
!Grandemente lo pasaba
con aquella prenda mía,
viviendo con alegría
como la mosca en la miel!
!amigo, qué tiempo aquél!
!la pucha, que la quería!
Era la águila que a un árbol
dende las nubes bajó;
era mas linda que el alba
cuando va rayando el sol;
era la flor deliciosa
que entre el trebolar creció.
Pero, amigo, el Comendante
que mandaba la milicia,
como que no desperdicia
se fué refalando a casa;
yo le conocí en la traza
que el hombre traiba malicia.
El me daba voz de amigo,
pero no le tenía fe;
era el jefe, y ya se ve,
no podía competir yo;
en mi rancho se pegó
lo mesmo que un saguaipé.
A poco andar, conocí
que ya me había desbancao,
y el siempre muy entonao,
aunque sin darme ni un cobre,
me tenía de lao a lao
como encomienda de pobre.
A cada rato, de chasque
me hacía dir a gran distancia;
ya me mandaba a una estancia,
ya al pueblo, ya a la frontera;
pero él en la comendancia
no ponía los pies siquiera.
Es triste a no poder más
el hombre en su padecer,
si no tiene una mujer
que lo ampare y lo consuele:
mas pa que otro se la pele
lo mejor es no tener.
No me gusta que otro gallo
le cacaree a mi gallina;
yo andaba ya con la espina,
hasta que en una ocasión
lo pille junto al jogón
abrazándome a la china.
Tenía el viejito una cara
de ternero mal lamido,
y al verle tan atrevido
le dije:-!Que le aproveche!...
que había sido pa el amor
como gaucho pa la leche.
Peló la espalda y se vino
como a quererme ensartar,
pero yo sin tutubiar
le volví al punto a decir:
-!Cuidado!, no te vas a per...tigo;
poné cuarta pa salir.
Un puntazo me largó,
pero el cuerpo le saqué,
y en cuanto se lo quité,
para no matar un viejo,
con cuidado, medio de lejos
un palazo le asenté.
Y como nunca al que manda
le falta algún adulón,
uno que en esa ocasión
se encontraba allí presente,
vino apretando los dientes
como perrito mamón.
Me hizo un tiro de revuélver
que el hombre creyó siguro;
era confiado y le juro
que cerquita se arrimaba,
pero, siempre en un apuro
se desentumen mis tabas.
El me siguió menudiando
mas sin poderme acertar,
y yo, déle culebriar,
hasta que al fin le dentré
y ahi no más lo despaché
sin dejarlo resollar.
Dentré a campiar en seguida
al viejito enamorao...
el pobre se había ganao
en un noque de lejía.
!Quién sabe cómo estaría
del susto que había llevao!
!Es zonzo el cristiano macho
cuando el amor lo domina!
el la miraba a la indina,
y una cosa tan jedionda
sentí yo, que ni en la fonda
he visto tal jedentina
Y le dije:-Pa su agüela
han de ser esas perdices.
Yo me tapé las narices,
y me salí esternudando,
y el viejo quedó olfatiando
como chico con lumbrices.
Cuando la mula recula,
señal que quiere cociar,
ansí se suele portar
aunque ella lo disimula;
recula como la mula
la mujer, para olvidar.
Alcé mis ponchos y mis prendas
y me largué a padecer
por culpa de una mujer
que quiso engañar a dos;
al rancho le dije adiós,
para nunca más vover.
Las mujeres, dende entonces, conocí a todas en una;
ya no he de probar fortuna
con carta tan conocida:
mujer y perra parida,
!No se me acerca ninguna!.
Capitulo 11

A otros les brotan las coplas
como agua de manantial;
pues a mí me pasa igual;
aunque las mías nada valen,
de la boca se me salen
como ovejas de corral.
Que en puertiando la primera,
ya la siguen los demás,
y en montones las de atrás
contra los palos se estrellan,
y saltan y se atropellan
sin que se corten jamás.
Y anunque yo por mi inorancia
con gran trabajo me esplico,
cuando llego a abrir el pico,
tengaló por cosa cierta,
sale un verso y en la puerta
ya asoma el otro el hocico.
Y empresteme su atención;
me oirá relatar las penas
de que traigo la alma llena;
porque en toda circustancia,
paga el gaucho su inorancia
con la sangre de sus venas.
Despues de aquella desgracia
me refugié en los pajales;
anduve entre los cardales
como bicho sin guarida;
pero, amigo, es esa vida
como vida de animales.
Y son tantas las miserias
en que me he salido ver,
que con tanto padecer
y sufrir tanta aflición,
malicio que he de tener
un callo en el corazón.
Ansí andaba como guacho
cuando pasa el temporal;
supe una vez por mi mal
de una milonga que había,
y ya pa la pulpería
enderece mi bagual.
Era la casa del baile
un rancho de mala muerte,
y se enllenó de tal suerte
que andabamos a empujones:
nunca faltan encontrones
cuando un pobre se divierte.
Yo tenía unas medias botas
con tamaños verdugones;
me pusieron los talones
con crestas como gallos:
si viera mis afliciones
pensando yo que eran callos!
Con gato y con fandanguillo
había empezado el changango,
y para ver el fandango
me colé haciendomé bola,
mas metió el diablo la cola,
y todo se volvió pango.
Había sido el guitarrero
un gaucho duro de boca:
yo tengo paciencia poca
pa aguantar cuando no debo;
a ninguno me le atrevo,
pero me halla el que me toca.
A bailar un pericón
con una moza salí,
y cuanto me vido allí
sin duda me conoció;
y estas coplitas cantó
como por rairse de mí:
-Las mujeres son todas
como las mulas;
yo no digo que todas,
pero hay algunas
que a las aves que vuelan
les sacan plumas.
-Hay gauchos que presumen
de tener damas;
no digo que presumen,
pero se alaban,
y a lo mejor los dejan
tocando tablas.
Se secretiaron las hembras,
y yo ya me encocoré;
volié la anca y le grité:
-!Dejá de cantar... chicharra!-
y de un tajo a la guitarra
tuitas las cuerdas corté.
Al punto salió de adentro
un gringo con un jusil;
pero nunca he sido vil,
poco el peligro me espanta;
yo me refalé la manta
y la eché sobre el candil.
Gané en seguida la puerta
gritando:-!Nadies me ataje!-
y alborotado el hembraje,
lo que todo quedo escuro,
empezo a verse en apuro
mesturao con el gauchaje.
El primero que salió
fué el cantor, y se me vino;
pero yo no pierdo el tino
aunque haiga tomao un trago,
y hay algunos por mi pago
que me tienen por ladino.
No ha de haber achocao otro:
le salió cara la broma;
a su amigo cuando toma
se le despeja el sentido,
y el pobrecito habia sido
como carne de paloma.
Para prestar un socorro
las mujeres no son lerdas:
antes que la sangre pierda
lo arrimaron a unas pipas;
Ahi lo dejé con las tripas
como pa que hiciera cuerdas.
Monté y me largé a los campos
mas libre que el pensamiento,
como las nubes al viento
a vivir sin paradero,
que no tiene el que es matrero
nido, ni rancho, ni asiento.
No hay juerza contra el destino
que le ha señalao el Cielo,
y aunque no tenga consuelo,
!aguante el que está en trabajo!
!nadies se rasca pa abajo,
ni se lonjea contra el pelo!
Con el gaucho desgraciao
no hay uno que no se entone
!la menor falta lo espone
a andar con los avestruces
faltan otros con más luces
y siempre hay quien los perdone.
Capitulo 12
Yo no sé qué tantos meses
esta vida me duró;
a veces nos obligó
la miseria a comer potro:
me había acompañao con otros
tan desgraciaos como yo
Mas para qué platicar
sobre esos males, canejos ?
nace el gaucho y se hace viejo,
sin que mejore su suerte,
hasta que por ahi la muerte
sale a cobrarle el pellejo
Pero como no hay desgracia
que no acabe alguna vez,
me aconteció que después
de sufrir tanto rigor,
un amigo, por favor,
me compuso con el Juez.
Le alvertiré que en mi pago
ya no va quedando un criollo:
se los ha tragao el hoyo,
o juido o muerto en la guerra;
porque, amigo, en esta tierra
nunca se acaba el embrollo.
Colijo que jué por eso
que me llamó el Juez un día,
y me dijo que quería
hacerme a su lao venir,
y que dentrase a servir
de soldao de polecía.
Y me largó una proclama
tratandome de valiente;
que yo era un hombre decente,
y que dende aquel momento
me nombraba de sargento
pa que mandara la gente.
Ansí estuve en la partida,
pero ?qué había de mandar?
anoche al irlo a tomar
vide güena coyontura,
y a mí no me gusta andar
con la lata a la cintura.
..............................
Ya conoce, pues, quién soy;
tenga confianza conmigo:
Cruz le dio mano de amigo,
y no lo ha de abandonar;
juntos podemos buscar
pa los dos un mesmo abrigo.
Andaremos de matreros
si es preciso pa salvar;
nunca nos ha de faltar
ni un güen pingo pa juir,
ni un pajal ande dormir,
ni un matambre que ensartar.
Y cuando sin trapo alguno
nos haiga el tiempo dejao,
yo le pediré emprestao
el cuero a cualquiera lobo,
y hago un poncho, si lo sobo,
mejor que poncho engomao.
Para mí la cola es pecho
y el espinazo es cadera
hago mi nido ande quiera
y de lo que encuentro como;
me echo tierra sobre el lomo
y me apeo en cualquier tranquera.
Y dejo rodar la bola,
que algún día se ha de parar...
tiene el gaucho que aguantar
hasta que lo trague el hoyo,
o hasta que venga algún criollo
en esta tierra a mandar.
Lo miran al pobre gaucho
como carne de cogote:
lo tratan al estricote
y si ansí las cosas andan,
porque quieren los que mandan,
aguantemos los azotes.
!Pucha! si usté los oyera,
como yo en una ocasión
tuita la conversación
que con otro tuvo el Juez;
le asiguro que esa vez
se me achicó el corazon.
Hablaban de hacerse ricos
con campos en la fronteras,
de sacarla más ajuera,
donde habia campos baldidos
y llevar de los partidos
gente que la defendiera.
Todos se güelven proyetos
de colonias y carriles,
y tirar la plata a miles
en los gringos enganchaos,
mientras al pobre soldao
le pelan la cucha... !ah, viles!
Pero si siguen las cosas
como van hasta el presente,
puede ser que redepente
veamos el campo disierto,
y blanquiando solamente
los güesos de los que han muerto.
Hace mucho que sufrimos
la suerte reculativa
trabaja el gaucho y no arriba
porque a lo mejor del caso,
lo levantan de un sogazo
sin dejarle ni saliva.
De los males que sufrimos
hablan mucho los puebleros,
pero hacen como los teros
para esconder sus niditos:
en un lao pegan los gritos
y en otro tienen los güevos.
Y se hacen los que no aciertan
a dar con la coyontura:
Mientras al gaucho lo apura
con rigor la autoridá,
ellos a la enfermedá
le están errando la cura.
Capitulo 13
MARTIN FIERRO
-Ya veo que somos los dos
astillas del mesmo palo:
yo paso por gaucho malo
y usté anda del mesmo modo;
y yo, pa acabarlo todo,
a los indios me refalo.
Pido perdón a mi Dios
que tantos bienes me hizo,
pero dende que es preciso
que viva entre los infeles,
yo seré cruel con los crueles:
ansi mi suerte lo quiso.
Dios formó lindas las flores,
delicadas como son;
le dió toda perfeción
y cuanto él era capaz,
pero al hombre le dió más
cuando le dio el corazón.
Le dió claridá a la luz,
juerza en su carrera al viento,
le dió vida y moviumiento
dende la águila al gusano;
pero más le dio al cristiano
al darle el entendimiento.
Y aunque a las aves les dió,
con otras cosas que inoro,
esos piquitos como oro
y un plumaje como tabla
le dió al hombre mas tesoro
al darle una lengua que habla.
Y dende que dio a las fieras
esa juria tan inmensa,
que no hay poder que las venza
ni nada que las asombre,
?que menos le daría al hombre
que el valor pa su defensa?.
Pero tantos bienes juntos
al darle, malicio yo
que en sus adentros pensó
que el hombre los precisaba
que los bienes igualaba
con las penas que le dió.
Y yo empujao por las mías
quiero salir de este infierno:
ya no soy pichón muy tierno
y sé manejar la lanza,
y hasta los indios no alcanza
la facultá de Gobierno
Yo sé que allá los caciques
amparan a los cristianos,
y que los tratan de
cuando se van por su gusto.
!A qué andar pasando sustos...!
alcemos el poncho y vamos.
En la cruzada hay peligros,
pero ni aun esto me aterra:
yo ruedo sobre la tierra
arrastrao por mi destino;
y si erramos el camino...
no es el primero que lo erra.
Si hemos de salvar o no,
de esto naides nos responde;
derecho ande el sol se esconde
tierra adentro hay que tirar;
algun día hemos de llegar...
despues sabremos a dónde.
No hemos de perder el rumbo:
los dos somos güena yunta.
el que es gaucho ve ande apunta
aunque inora ande se encuentra;
pa el lao en que el sol se dentra
pueblan los pastos la punta.
De hambre no pereceremos,
pues, sigún otros me han dicho,
en los campos se hallan bichos
de los que uno necesita...
gamas, matacos, mulitas
avestruces y quirquinchos.
Cuando se anda en el desierto
se come uno hasta las colas;
lo han cruzao mujeres solas
llegando al fin con salú,
y ha de ser gaucho el ñandú
que se escape de mis bolas.
Tampoco a la sé le temo;
yo la aguanto muy contento;
busco agua olfatiando el viento
y, dende que no soy manco,
ande hay duraznillo blanco
cavo, y la saco al momento.
Allá habrá siguridá
ya que aquí no la tenemos;
menos males pasaremos
y ha de haber grande alegría
el día que nos descolguemos
en alguna toldería.
Fabricaremos un toldo,
como lo hacen tantos otros,
con unos cueros de potro,
que sea sala y sea cocina.
!Tal vez no falte una china
que se apiade de nosotros!
Allá no hay que trabajar,
vive uno como un señor;
de cuando en cuando un malón,
y si de él sale con vida,
lo pasa echao panza arriba
mirando dar güelta el sol.
Y ya que a juerza de golpes
la suerte nos dejó a flus
puede que allá veamos luz
y se acaben nuestras penas:
todas las tierras son güenas;
vamosnós, amigo Cruz.
El que maneja las bolas,
el que sabe echar un pial
y sentarsele a un bagual
sin miedo de que lo baje,
entre los mesmos salvajes
no puede pasarlo mal.
El amor como la guerra
lo hace el criollo con canciones;
a mas de eso en los malones
podemos aviarnos de algo;
en fin amigo, yo salgo
de estas pelegrinaciones.
En este punto el cantor
buscó un porrón pa consuelo,
echó un trago como un cielo,
dando fin a su argumento;
y de un golpe el instrumento
lo hizo astillas contra el suelo.
-Ruempo -dijo-, la guitarra,
pa no volverme a tentar;
ninguno la ha de tocar,
por siguro tengaló;
pues naides ha de cantar
cuando este gaucho cantó.
Y daré fin a mis coplas
con aire de relación;
nunca falta un preguntón
más curioso que mujer,
y tal vez quiera saber
como jué la conclusión.
Cruz y Fierro de una estancia
una tropilla se arriaron;
por delante se la echaron
como criollos entendidos,
y pronto sin ser sentidos
por la frontera cruzaron.
Y cuando la habían pasao,
una madrugada clara
le dijo Cruz que mirara
las últimas poblaciones,
y a Fierro dos lagrimones
le rodaron por la cara.
Y siguendo el fiel del rumbo
se entraron en el desierto,
no sé si los habrán muerto
en alguna correría,
pero espero que algun día
sabré de ellos algo cierto.
Y ya con estas noticias
mi relacion acabé;
por ser ciertas las conté,
todas la desgracias dichas:
es un telar de desdichas
cada gaucho que usté ve.
Pero ponga su esperanza
en el dios que lo formó;
y aquí me despido yo
que he relatao a mi modo
males que conocen todos,
pero que naides contó.

¿NO HAS VISTO LA PARTE 1 DE ESTE POST? (El Gaucho Martin Fierro Parte 1):