«Papa Doc» y Los Zombies
La idea de salir de la tumba convertidos en zombies preocupa a los gobernantes de Haití y a su clase dirigente, además de aterrorizar al pueblo llano. Pero puede que los zombies descritos por tantos testigos no hayan estado muertos jamás.

La tumba de Papa Doc, que permanece bajo custodia armada para evitar las actividades de los magos vudúes.
La gran dificultad con que se enfrenta el investigador interesado en cualquier aspecto de la vida haitiana, y especialmente del vudú, es que durante casi 14 años el país padeció una de las dictaduras más crueles de la historia. François Duvalier -«Papa Doc» para amigos y enemigos- odiaba y recelaba de todo lo que podía recordar la época colonial. Después de proclamarse presidente vitalicio, prohibió las actividades comerciales a norteamericanos, franceses e ingleses, y prohibió también las actividades políticas a sus compatriotas. Duvalier era negro, y se transformó en un azote para miles de comerciantes haitianos de sangre mixta.
Papa Doc se jactaba de ser un poderoso bokor o hechicero. Sus guardaespaldas personales, siempre con gafas negras y cargados con un arsenal de armas cortas, recibían el nombre de tontons macoutes, heredado de los hechiceros ambulantes que eran las figuras más temidas del vudú. Papa Doc alentaba la creencia en el vudú y en sus propios poderes mágicos, de modo que los campesinos y parte de la clase media lo creían un dios poderoso. Su hijo, «Bébé Doc», aunque también es presidente vitalicio, parece haber atenuado las restricciones de su padre -sobre todo para favorecer el comercio-, pero la decisiva influencia del credo vudú es demasiado profunda para que desaparezca fácilmente. Cualquier extranjero que busque información en estas circunstancias debe, por lo tanto, separar el grano de la paja con mucho cuidado.

El cadáver de François Duvalier -apodado «Papa Doc» por amigos y enemigos-,que fue dictador de Haití durante casi catorce años. Era católico practicante y se le tenía por un hombre cultivado, pero además, según los rumores, practicaba personalmente la hechicería vudú.
Pero circulan historias y fragmentos de hechos que harán meditar hasta a los escépticos más endurecidos. Por ejemplo, durante años se creyó que Papa Doc explotaba el «poder» vudú por puro cinismo. Se decía que era un hombre culto y que, por lo tanto, sabía que era una superstición. Pero de hecho, desde su muerte en 1971, su gran mausoleo azul y crema, coronado por una cruz y perpetuamente rodeado de flores frescas, que se levanta en el mejor barrio de Puerto Príncipe, es custodiado día y noche por hombres armados. Ningún bokor -es decir, ningún mago negro- tendrá la oportunidad de robar el cadáver de Duvalier para transformarlo en zombie.
Un corresponsal de la revista africana Drum que visitó Haití a finales de los años 60 resumió de este modo la actitud ambivalente de las autoridades:
Un turista y, en especial, un periodista, no encontrará dificultades para ser invitado a un houmfort (templo vudú) de la selva para la ceremonia del sábado por la noche. El hungan (sacerdote vudú) y sus seguidores parecen entrar en trance, danzan en estado de éxtasis y todo resulta muy pintoresco. Pero si se mencionan los zombies o el Culte des morts, que se centra en el Barón Samedi y se realiza en los cementerios, no se obtiene respuesta. Quedé convencido de que existen las prácticas negras y las ceremonias secretas simplemente a causa de la vehemencia con que las autoridades niegan que hayan existido nunca.
El vudú siempre ha sido un negocio importante, y no son sólo los periodistas extranjeros los que resultan engañados. Con frecuencia se descubren fraudes. El antropólogo británico Francis Huxley cuenta que un magistrado observó cómo un hungan sacaba un cuerpo de una tumba, murmuraba invocaciones, lo sacudía y finalmente lo reanimaba. El magistrado, menos asustado que sus compañeros, buscó en la «tumba» vacía y encontró un tubo de respiración. El «cadáver» era un cómplice del hungan.

Los zombies, pintura del artista naif haitiano Hector Hippolite, que era él mismo sacerdote vudú. Aquí dos cadáveres reanimados son sacados de la tumba por un mago, que les obligará a trabajar como esclavos semivivos.
Pero el fraude no explica todas las inquietantes historias de zombies que se cuentan. Una de estas le fue narrada a Huxley por un sacerdote católico. En 1959 se encontró a un zombie vagando por las calles de un pueblo. Fue conducido a la comisaría de policía, pero la policía, prudentemente, prefirió no hacer nada y lo dejó de pie en la puerta. Al cabo de unas horas le dieron a beber un poco de agua salada, para restaurar aunque fuera parcialmente sus funciones mentales. El zombie dijo tartamudeando un nombre que alguien reconoció como el de una mujer que vivía en el pueblo. La fueron a buscar e identificó al zombie como su sobrino, que había muerto y había sido enterrado en 1955. El sacerdote católico se enteró de lo ocurrido, entrevistó al zombie y averiguó el nombre del bokor que lo había embrujado. El sacerdote dijo su nombre a la policía que, muy alarmada, se limitó a enviar un mensaje al bokor, ofreciendo devolverle a su zombie perdido. Dos días después el zombie fue hallado asesinado; el bokor fue detenido, pero posteriormente la policía le puso en libertad.
Los testigos de otro caso de posesión zombie, ocurrido en los años 50 y narrado por Alfred Métraux, contó con varios testigos fidedignos. Una joven había rechazado las proposiciones de un hungan. Pocos días después de echar a su indeseable pretendiente contrajo unas fuertes fiebres y murió en un hospital por causas desconocidas. El cuerpo de la muchacha fue llevado a su casa, donde había un ataúd, comprado en Puerto Príncipe, preparado para enterrarla. Desgraciadamente, resultó ser demasiado corto para su ocupante y hubo que torcer violentamente el cuello del cadáver para que cupiera.
Otro contratiempo ocurrió durante el velatorio, en el que, como es habitual en aquellas tierras, hubo abundancia de bailes y también de ron. Un cirio que iluminaba el ataúd abierto cayó sobre el cadáver, quemándole el pie izquierdo.
Recuerdos Del Ataúd
Pocos meses después del entierro corrió el rumor de que la joven supuestamente muerta había sido vista en compañía del hungan a quien había rechazado. Su familia consideró el relato como un cotilleo supersticioso. Sin duda -razonaron- el hungan se sentía atraído por mujeres del mismo tipo físico de la difunta y tenía ahora una amante que se le parecía.
Pero pocos años después, un hijo de la familia vio a una mujer que se parecía a su hermana fallecida trabajando en tareas domésticas. Le preguntó cómo se llamaba. Ella no lo sabía, ni recordaba nada de su pasado. Pero tenía el cuello torcido y la cicatriz de una grave quemadura en el pie izquierdo.
Fue llevada a casa de sus supuestos padres pero, pese a los cariñosos cuidados que éstos le prodigaron, nunca pudo dar cuenta de su persona, y siguió siendo una virtual idiota hasta su (¿segunda?) muerte.
Otro relato bien autentificado es el que contó el escritor Stephen Bonsal en 1912:
Un hombre... cayó enfermo. Tenía intervalos de fiebre muy alta, que los médicos no lograban reducir. Era miembro de una iglesia misionera extranjera y el director de la misión lo visitó. Durante su segunda visita este clérigo vio morir al paciente... y ayudó a ponerle la mortaja. Al día siguiente asistió al funeral, cerró el ataúd y presenció cómo era enterrado.
El cartero que iba a Jacmel encontró, unos días más tarde, a un hombre envuelto en una mortaja, atado a un árbol, que se quejaba. Liberó al pobre desgraciado que pronto recuperó la voz, pero no la lucidez. Luego fue identificado por su esposa, por el médico que lo había declarado muerto y por el clérigo. El reconocimiento no fue mutuo; la víctima no conocía a nadie y pasaba los días y las noches farfullando palabras inarticuladas que nadie entendía. El presidente Nord Alexis le dio un empleo en una granja del gobierno, cerca de Gonaives, donde le cuidaban.

Una muñeca utilizada en la magia negra haitiana. Representa a la persona a quien el hechicero quiere dañar, por maldad personal o porque un enemigo de la víctima le ha pagado para que lo haga.
¿Una Muerte Falsificada?
¿Existe una explicación racional, no sobrenatural, de estos y otros casos similares de «cadáveres» que son enterrados y meses o años más tarde son encontrados, vivos pero estúpidos? Entre quienes lo creen se encuentra el doctor Antoine Villers, un distinguido médico francés que ejerció la medicina en Haití durante muchos años. No creía que nadie hubiese resucitado, pero, como dijo al periodista William Seabrook, no estaba seguro de que algunos hombres y mujeres, idiotas en apariencia, que trabajaban en los campos no hubiesen sido «sacados de las tumbas en las que habían sido realmente enterrados en sus ataúdes por sus familias».
Villiers sugería que algunos hechiceros haitianos conocían drogas capaces de provocar un coma tan profundo que podía ser confundido con la muerte, y que después de la «muerte» y el entierro, la víctima del veneno podía recobrar la vida pero no, según parece, la salud, ya que el funcionamiento del cerebro y la memoria sufrían daños irreversibles.
Existen algunas pruebas de que el conocimiento de esas drogas era corriente en las zonas de África occidental de las que procedían la mayoría de los esclavos, y también, aunque en menor grado, en los países del Caribe habitados por descendientes de esclavos: Haití, Jamaica y otros.
A. W. Cardinall, por ejemplo, que había pasado muchos años en Costa de Oro (la actual Ghana), informó en 1927 que los jóvenes de algunas tribus con frecuencia pasaban por una especie de muerte temporal. Cuando un joven deseaba ingresar en una de las sociedades secretas de la tribu era iniciado por medio de unos cortes hechos con un cuchillo. Se ponía «medicina» en las heridas y eso provocaba un coma prolongado. «Muere durante cinco días» fue la expresión usada por Cardinall. Al cabo de los cinco días, al joven se le daba otra medicina y volvía a la vida.
Está claro que el conocimiento de «medicinas» de ese tipo fue llevado a las Américas por esclavos que conocían bien la magia de su tierra natal. En 1789, un comité del gobierno británico se enteró de que los «hechiceros esclavos» impresionaban a los extraños con sus poderes mágicos «mostrándoles un negro aparentemente muerto que, gracias a su arte, pronto se recuperaba».

La lápida de una «reina del vudú», Marie Laveau, que fue sacerdotisa en vida. Este memorial se halla en una de las capitales norteamericanas del vudú: Nueva Orleans, el gran puerto del Mississippi.
Más detalles de este «levantarse de entre los muertos» fueron suministrados por el escritor inglés M. G. Lewis -autor de El monje-, quien fue testigo del procedimiento hace un siglo y medio:
El hechicero espolvorea varios polvos sobre la devota víctima, sopla sobre él y danza a su alrededor, la obliga a beber un licor preparado para la ocasión y, finalmente, el hechicero y su ayudante la cogen y la hacen girar rápidamente una y otra vez hasta que pierde el sentido y cae al suelo, con la apariencia -según creen los espectadores- de un perfecto cadáver. El jefe... profiere entonces fuertes chillidos, sale corriendo de la casa con gestos frenéticos y se oculta en un bosque de las cercanías. Al cabo de dos o tres horas retorna con un gran manojo de hierbas, algunas de las cuales exprime, dejando caer el jugo en la boca del muerto; con otras unge sus ojos y tiñe la punta de sus dedos, acompañando la ceremonia con una gran variedad de acciones grotescas y entonando todo el rato algo que está entre el cántico y el aullido... Pasa un tiempo considerable antes de que el efecto deseado se produzca pero, finalmente, el cadáver gradualmente recobra la animación y se levanta del suelo...

Magia negra moderna. Esta imagen haitiana de vudú, con un alfiler clavado en el pecho para que la víctima sufra o quizá muera, es una simple muñeca de plástico
La planta que, supuestamente, producía ese trance cataléptico era llamada callaloo. Si se usaba para eso tendría que haber sido preparada de una forma especial o mezclada con drogas, ya que el callaloo es, en sí mismo, inofensivo y, de hecho a veces se hierve hasta convertirlo en una pulpa y se come como una verdura.
La belladona y la fruta del espino son dos venenos vegetales que, según suelen creerlos haitianos, son mezclados con otras sustancias mágicas -por ejemplo, tres gotas de fluido de la nariz de un cadáver- para fabricar las medicinas con que los hechiceros controlan a los zombies.
La verdad es que la farmacología moderna conoce varias drogas que pueden producir un estado de catalepsia o «animación suspendida». La mayoría de ellas, si se las utiliza mal, pueden provocar daños cerebrales. Y aunque cualquier hospital moderno es capaz de diagnosticar rápidamente, a partir del estado de la víctima, lo que le ha sucedido y qué sustancias tóxicas se le han administrado, Haití cuenta con pocos hospitales modernos. Y el omnipresente miedo al zombie determina que muy pocos campesinos -por no decir ninguno-, al encontrar un «cadáver» vagabundo, le acompañarán a ver a un médico que le pueda aplicar un tratamiento apropiado.
De modo que podría suceder que la creencia en los zombies se base en la superstición, la credulidad y los fraudes, en los que el «zombie» es un cómplice. Podría ser que los «zombies» hallados por algunos observadores extranjeros no fueran más que débiles mentales. Pero también es posible que haya hombres malvados que tengan los conocimientos farmacológicos necesarios para simular la muerte en vida.
Los legisladores haitianos, por cierto, tuvieron en cuenta esta posibilidad. El doctor Villiers llamó la atención de William Seabrook sobre el Código Penal del país. El artículo 249 dice:
También se considerará intento de asesinato el empleo contra cualquier persona de sustancias que, sin causar una muerte real, produzcan un coma letárgico más o menos prolongado. Si, después de la administración de esas sustancias, la víctima ha sido enterrada, el acto será considerado asesinato, sin tomar en cuenta sus posibles consecuencias.
Después de todo, tal vez los remotos campos y colinas de Haití estén siendo labrados en este mismo momento por hombres y mujeres «muertos», condenados a trabajar sin saberlo hasta que una muerte real les libere de su esclavitud.
Una Fe Ardiente
El psicólogo William Sargant ha formulado la relación existente entre el ritual del vudú y las técnicas del lavado de cerebro. El lavado de cerebro consiste en someter a los prisioneros a un prolongado e intenso stress, a un agotamiento físico y psíquico y a un bombardeo ideológico. Las víctimas pueden resistirse enérgicamente ante las creencias que se les pretende imponer, pero, invariablemente, llega un punto en que se derrumban. Cuando se recuperan, adoptan con entusiasmo las doctrinas de sus captores, por quienes pasan a sentir, a menudo, devoción y amor.
Sargant decía que las espectaculares conversiones de la gente que escucha a predicadores cristianos tremendistas se deben al stress del terror religioso y a la exaltación, combinadas con la fatiga. Y en el ritual vudú las cantilenas, los tambores rítmicos, el agotamiento y el miedo a siniestros dioses podrían tener también como consecuencia un cambio de personalidad, cuando los participantes son «poseídos» e imitan hábilmente la conducta de algún dios. Por lo menos un antropólogo extranjero, atrapado en la frenética danza, experimentó un «renacimiento espiritual», al que siguió un sentimiento de «admiración por los principios y la práctica» del vudú. Estos poderosos procesos de sugestión pueden explicar la intensidad con que los haitianos creen en las deidades vudú, en los poderes de los hechiceros... y en los zombies.

Ritual vudú, donde se realizan cánticos, danzas y sacrificios.
Fotos de Zombies Reales

François Duvalier

François Duvalier (Puerto Príncipe, Haití, 14 de abril de 1907 - 21 de abril 1971), conocido con el sobrenombre de Papa Doc fue un médico y político haitiano, presidente constitucional de su país a partir de 1957 y posteriormente, desde 1964 hasta su muerte en 1971, dictador de Haití, en calidad de presidente vitalicio.
François Duvalier nació en la capital haitiana, Puerto Príncipe, de una familia humilde de agricultores negros originarios de la Martinica. A pesar de ello, consiguió empezar sus estudios de Medicina (lo que justifica su apodo de "Papa Doc" y realizó sus prácticas en el campo. Debido a sus labores médicas en la lucha contra el tifus, paludismo y otras enfermedades tropicales con la gente más desfavorecida alcanzó una gran consideración y notoriedad. En 1939 se casa con Simone Ovide y en 1946 llega a ser director general del Servicio Sanitario Nacional. En 1949 pasó a ser Ministro de Sanidad y de Trabajo. Tras oponerse al golpe de Estado que lleva a cabo Paul Eugène Magloire, se ve obligado a esconderse y a pasar a la clandestinidad hasta que se proclama una amnistía en 1956
En 1957 las circunstancias cambian, se promulga una nueva constitución y François Duvalier, apoyado por el Ejército, triunfa en las elecciones presidenciales haitianas, para un período de 6 años. Llevó a cabo una campaña electoral de tipo populista, preconizando una estrategia pro negritud, en la que apelaba a la mayoría afrohaitiana y que se oponía a la élite mulata que estaba en el poder. Duvalier renovó la tradición del vudú y posteriormente lo usó para consolidar su poder, afirmando que él mismo era un hougan (es decir, un sacerdote del vudú). Duvalier imitó de modo deliberado la imagen del Barón Samedi (dios de la muerte y los cementerios en el panteón Vudú) en su intento de resultar aún más convincente. Usaba frecuentemente gafas de sol y hablaba con un fuerte tono nasal.
El 22 de diciembre de 1958 en la frontera dominicohaitiana entre Jimaní y Mal Pase, Trujillo y el dictador François Duvalier firmaron un acuerdo de mutua protección. El acuerdo establecía entre otras cosas que ninguno de los dos gobiernos permitiría en sus respectivos territorios actividades subversivas en contra de alguno de ello, ni que los exiliados políticos realizaran propaganda sistemática incitando al empleo de la violencia en contra de sus estados.
19 de abril de 1963 se descubre en Haití una conjura militar contra François Duvalier, encabezada por el teniente Francois Benoit, En el acto fallido fue asesinado el sargento Paulin Montrouis, chofer de los hijos de Duvalier, el caporal Morille Mirville, el sargento Luc Azor, y un miembro del Voluntariado de la Seguridad Nacional (Tontons-Macoutes), Richemond Poteau. Sus hijos resultaron ilesos, Duvalier reacciono violentamente. La policía haitiana fue en busca de Francois Benoit, principal sospechoso del atentado. Los Tontons-Macoutes entraron a su residencia y al no encontrar a Benoit, asesinaron a su padre, Joseph Benoit, un anciano juez, a su madre, a un visitante y a las tres empleadas domésticas.
Al sospechar los Tontons-Macoutes que Benoit estaba escondido en la embajada dominicana, penetran en la legación dominicana rodean la casa del embajador exigiendo la entrega del militar, pero la abandonó cuando el presidente de este país Juan Bosch amenazó con mandar a las fuerzas armadas contra ellos,.
En una alocución por radio y televisión, el presidente Bosch afirmo El pueblo dominicano sabe ya que al embajada y la cancillería de nuestro país han sido violadas por la policía haitiana, esa acción es una bofetada en la cara de la república dominicana, una afrenta que nosotros no estamos dispuestos a pasar por alto, hemos sufrido con gran paciencia los ultrajos del gobierno haitiano, pero esos ultrajos tienen que terminar ya de manera terminante, si no terminan en un plazo de 24 horas le pondremos punto final con los medios que se hallan en nuestro alcance escuchar discurso sobre el incidente en el Minuto 40:35
Al día siguiente el ejército dominicano movilizo las tropas hacia la frontera con Haiti y parte de la artillería pesada de las fuerzas armadas fue enviada por vía marítima hasta el puerto de Barahona cercana a la frontera.
Luego de acusaciones y contra acusaciones El Consejo de Seguridad condenó la actitud de Haití, con 16 votos y dos abstenciones. Una comisión llegó a Puerto Príncipe para investigar la situación, el Gobierno haitiano se comprometió a respetar las garantías diplomáticas.
Duvalier trabajó para consolidar su posición política; tras sobrevivir a un atentado contra su vida en el año 1958, depuró el ejército para deshacerse de elementos que le pudieran ser hostiles. Su mandato pasó a ser mucho más brutal y represivo. En 1959, inspirado por los camisas negras del fascismo italiano creó una milicia que se conoció como VSN Voluntarios de la Seguridad Nacional para proteger su poder fuera de la capital. Los miembros de la VSN pasaron a ser conocidos posteriormente como los Tonton Macoute, y se convirtieron de algún modo en el espinazo del país. Dado que estas milicias no recibían remuneración alguna, ellos mismos inventaban sus propios medios de financiación a través del crimen y de la extorsión. Para proteger su propia integridad, Duvalier utilizaba la Guardia Presidencial.
as presiones internacionales contra François Duvalier se hicieron más fuertes durante la presidencia estadounidense de Kennedy debido a la evidente apropiación de las ayudas internacionales recibidas por Haití. Esta ayuda se suspendió oficialmente en 1962, pero tras la muerte del presidente Kennedy (que Duvalier achacaba a una maldición que él mismo había lanzado) la tensión se aflojó bastante. La administración norteamericana opinó que era necesaria la presencia de un estado claramente anticomunista para contrarrestar la influencia de la vecina Cuba.
A mediados de los años 1960 estaba bastante claro que Duvalier no tenía ninguna intención de dejar el poder. Modificó personalmente la Constitución y en 1961 volvió a resultar elegido en las elecciones por seis años más: el escrutinio oficial señaló 1.320.000 votos a favor de Duvalier y ni uno solo en contra. Se autoproclamó Presidente vitalicio en 1964 con poderes absolutos haciendo votar una nueva Constitución en una Asamblea Nacional compuesta por diputados que él mismo nombraba. Un mes después, en junio de 1964 fue refrendado por el pueblo como Presidente vitalicio con derecho a sucesión.
En 1966, consiguió que el Vaticano le permitiera elegir a los miembros de la jerarquía católica haitiana. Al perpetuar este nacionalismo negro, pudo reforzar también su control de la isla, al controlar las instituciones religiosas.
En esa época se inició también el culto a la personalidad alrededor de la imagen del dictador haitiano como emblema físico de su propia nación. Como ya había sucedido con alguno de sus predecesores, se sospecha que Duvalier trató de convertirse en emperador de Haiti y de trasformar el país en una monarquía. También creó una tasa obligatoria para la población para financiar la construcción de Duvalierville, la ciudad de Duvalier que se diseñó de modo ostentoso. El dinero de este impuesto sólo se utilizó anecdóticamente en la construcción de dicha ciudad, yendo a parar en su mayor parte a las cuentas corrientes de Duvalier.
El reinado del terror
En su país, Duvalier utilizó tanto el asesinato como la expulsión para eliminar a sus adversarios políticos. Se calcula que fueron más de 30.000 las personas asesinadas. Los ataques llevados a cabo contra Duvalier por algunos militares fueron reprimidos con una especial dureza; en 1967 la explosión de algunas bombas en las cercanías del Palacio Presidencial o Nacional acarreó la ejecución de veinte oficiales de la Guardia Presidencial. En esta oportunidad, los barcos de la marina bombardearon durante casi todo el día el Palacio Nacional. Eran barcos viejos, tres en total que armados con cañones obsoletos hicieron su mejor esfuerzo por sublevarse y derrocar a Duvalier. En el transcurso de dicho día la única oposición que hubo de parte de las fuerzas leales a Duvalier fue el intento de repeler a los marinos sublevados con el único avión de la Fuerza Aérea, un P-54 reliquia de la Segunda Guerra Mundial. El avión al filo del medio día intentó ametrallar a uno de los barcos fallando todas las ráfagas de ametralladora disparadas. Las trazadoras hicieron impacto únicamente en el mar azul profundo de la bahía. La refriega entre barcos y el P-54 duró unos cuantos segundos. Acto seguido el avión aterrizó y no volvió a despegar más, por lo que es probable que hubiese recibido algún daño. Al filo del atardecer los barcos tomaron rumbo a Cuba llegando a Guantánamo en donde recibieron asilo. En tierra quedaron docenas de marinos que por una u otra razón no pudieron abordar. Sus casas fueron saqueadas y luego quemadas. Aquellos que corrieron con mejor suerte lograron refugiarse en las embajadas. La Embajada de Guatemala recibió a la familia de uno de los Capitanes que participó en el ataque. Aquellas familias que no lograron huir en los barcos y que no pudieron obtener asilo en alguna embajada, sin duda corrieron con una suerte terrible. Su reinado del terror mantuvo el país bajo su control directo hasta el momento de su muerte en 1971.
Fue glorificado por sus seguidores casi como un dios y a su muerte, según su voluntad, y la Constitución que él mismo había diseñado, le sucedió su hijo, Jean-Claude Duvalier, Baby Doc, que pasó a ser Presidente vitalicio cuando sólo contaba con 19 años de edad. A la muerte de François Duvalier, Haití era el país más pobre de América, ocupaba el primer puesto en analfabetismo y la salud pública estaba en un estado desastroso.
Al ser derrocado su hijo quince años más tarde, en 1986, el cuerpo de François Duvalier fue desenterrado y apaleado ritualmente.
Tonton Macoute

Tonton Macoute (Tonton macut) es el término utilizado para designar a los hombres próximos al dictador de Haití François Duvalier (Papa Doc) organizados en forma de grupos de paramilitares que le prestaban apoyo a su régimen. Su hijo y también dictador, Jean-Claude Duvalier (Baby Doc), también hizo uso de ellos para perpetuarse en el poder. Se estima que durante su actividad, el Tonton Macoute pudo haber asesinado y hecho desaparecer a más de 150.000 personas, en su mayoría civiles y opositores a los regímenes Duvalier.
Duvalier padre creó estos cuerpos tras sobrevivir a un atentado contra su vida en el año 1958, luego del cual su gobierno se volvió más represivo y depuró el ejército para deshacerse de elementos que le pudieran ser hostiles. En 1959, inspirado por los camisas negras del fascismo italiano creó una milicia que se conoció como VSN Voluntarios de la Seguridad Nacional para proteger su poder fuera de la capital. Los miembros de la VSN pasaron a ser conocidos posteriormente como los Tonton Macoute, y se convirtieron de algún modo en el espinazo del país. Dado que estas milicias no recibían remuneración alguna, ellos mismos inventaban sus propios medios de financiación a través del crimen y de la extorsión. Diversas estimaciones hablan de que en su punto máximo estas milicias llegaron a ser integradas por 15.0001 a 300.000 hombres2
El término proviene del cuento popular haitiano con el que se amenaza a los niños con la visita del "Hombre del Saco", o en creole el Tonton Macoute, tradición que se repite en muchos lugares del mundo.
Influencia vudú
En los años en los que el legendario Papa Doc lideraba la resistencia contra el presidente Paul Eugène Magloire, en compañía de otros intelectuales haitianos editó un periódico nacionalista: Les Griots. Fiel conocedor y defensor del vudú, en la publicación lo reivindicaba como religión y animaba a la rebelión contra los colonos americanos, en una época en que el gobierno quemaba los sagrados tambores vudú y cualquier objeto de culto, y obligaba al pueblo a jurar lealtad a la iglesia católica de Roma. De esta forma Papa Doc fue ganándose el apoyo de las sociedades secretas tradicionales, incluso casas de algunos houngan o brujos le sirvieron de cuarteles generales a su partido durante su campaña electoral de 1957.
Tras la caída de Jean-Claude Duvalier, el macutismo es utilizado igualmente para designar todo sistema político caracterizado por la corrupción y que toma la violencia y el uso del terror contra el adversario político y la población civil.
Aún hoy continúa la actividad de estos grupos como paramilitares en defensa de mafias locales o poderosos en el país.
Pelicula recomedada sobre este tema

La idea de salir de la tumba convertidos en zombies preocupa a los gobernantes de Haití y a su clase dirigente, además de aterrorizar al pueblo llano. Pero puede que los zombies descritos por tantos testigos no hayan estado muertos jamás.

La tumba de Papa Doc, que permanece bajo custodia armada para evitar las actividades de los magos vudúes.
La gran dificultad con que se enfrenta el investigador interesado en cualquier aspecto de la vida haitiana, y especialmente del vudú, es que durante casi 14 años el país padeció una de las dictaduras más crueles de la historia. François Duvalier -«Papa Doc» para amigos y enemigos- odiaba y recelaba de todo lo que podía recordar la época colonial. Después de proclamarse presidente vitalicio, prohibió las actividades comerciales a norteamericanos, franceses e ingleses, y prohibió también las actividades políticas a sus compatriotas. Duvalier era negro, y se transformó en un azote para miles de comerciantes haitianos de sangre mixta.
Papa Doc se jactaba de ser un poderoso bokor o hechicero. Sus guardaespaldas personales, siempre con gafas negras y cargados con un arsenal de armas cortas, recibían el nombre de tontons macoutes, heredado de los hechiceros ambulantes que eran las figuras más temidas del vudú. Papa Doc alentaba la creencia en el vudú y en sus propios poderes mágicos, de modo que los campesinos y parte de la clase media lo creían un dios poderoso. Su hijo, «Bébé Doc», aunque también es presidente vitalicio, parece haber atenuado las restricciones de su padre -sobre todo para favorecer el comercio-, pero la decisiva influencia del credo vudú es demasiado profunda para que desaparezca fácilmente. Cualquier extranjero que busque información en estas circunstancias debe, por lo tanto, separar el grano de la paja con mucho cuidado.

El cadáver de François Duvalier -apodado «Papa Doc» por amigos y enemigos-,que fue dictador de Haití durante casi catorce años. Era católico practicante y se le tenía por un hombre cultivado, pero además, según los rumores, practicaba personalmente la hechicería vudú.
Pero circulan historias y fragmentos de hechos que harán meditar hasta a los escépticos más endurecidos. Por ejemplo, durante años se creyó que Papa Doc explotaba el «poder» vudú por puro cinismo. Se decía que era un hombre culto y que, por lo tanto, sabía que era una superstición. Pero de hecho, desde su muerte en 1971, su gran mausoleo azul y crema, coronado por una cruz y perpetuamente rodeado de flores frescas, que se levanta en el mejor barrio de Puerto Príncipe, es custodiado día y noche por hombres armados. Ningún bokor -es decir, ningún mago negro- tendrá la oportunidad de robar el cadáver de Duvalier para transformarlo en zombie.
Un corresponsal de la revista africana Drum que visitó Haití a finales de los años 60 resumió de este modo la actitud ambivalente de las autoridades:
Un turista y, en especial, un periodista, no encontrará dificultades para ser invitado a un houmfort (templo vudú) de la selva para la ceremonia del sábado por la noche. El hungan (sacerdote vudú) y sus seguidores parecen entrar en trance, danzan en estado de éxtasis y todo resulta muy pintoresco. Pero si se mencionan los zombies o el Culte des morts, que se centra en el Barón Samedi y se realiza en los cementerios, no se obtiene respuesta. Quedé convencido de que existen las prácticas negras y las ceremonias secretas simplemente a causa de la vehemencia con que las autoridades niegan que hayan existido nunca.
El vudú siempre ha sido un negocio importante, y no son sólo los periodistas extranjeros los que resultan engañados. Con frecuencia se descubren fraudes. El antropólogo británico Francis Huxley cuenta que un magistrado observó cómo un hungan sacaba un cuerpo de una tumba, murmuraba invocaciones, lo sacudía y finalmente lo reanimaba. El magistrado, menos asustado que sus compañeros, buscó en la «tumba» vacía y encontró un tubo de respiración. El «cadáver» era un cómplice del hungan.

Los zombies, pintura del artista naif haitiano Hector Hippolite, que era él mismo sacerdote vudú. Aquí dos cadáveres reanimados son sacados de la tumba por un mago, que les obligará a trabajar como esclavos semivivos.
Pero el fraude no explica todas las inquietantes historias de zombies que se cuentan. Una de estas le fue narrada a Huxley por un sacerdote católico. En 1959 se encontró a un zombie vagando por las calles de un pueblo. Fue conducido a la comisaría de policía, pero la policía, prudentemente, prefirió no hacer nada y lo dejó de pie en la puerta. Al cabo de unas horas le dieron a beber un poco de agua salada, para restaurar aunque fuera parcialmente sus funciones mentales. El zombie dijo tartamudeando un nombre que alguien reconoció como el de una mujer que vivía en el pueblo. La fueron a buscar e identificó al zombie como su sobrino, que había muerto y había sido enterrado en 1955. El sacerdote católico se enteró de lo ocurrido, entrevistó al zombie y averiguó el nombre del bokor que lo había embrujado. El sacerdote dijo su nombre a la policía que, muy alarmada, se limitó a enviar un mensaje al bokor, ofreciendo devolverle a su zombie perdido. Dos días después el zombie fue hallado asesinado; el bokor fue detenido, pero posteriormente la policía le puso en libertad.
Los testigos de otro caso de posesión zombie, ocurrido en los años 50 y narrado por Alfred Métraux, contó con varios testigos fidedignos. Una joven había rechazado las proposiciones de un hungan. Pocos días después de echar a su indeseable pretendiente contrajo unas fuertes fiebres y murió en un hospital por causas desconocidas. El cuerpo de la muchacha fue llevado a su casa, donde había un ataúd, comprado en Puerto Príncipe, preparado para enterrarla. Desgraciadamente, resultó ser demasiado corto para su ocupante y hubo que torcer violentamente el cuello del cadáver para que cupiera.
Otro contratiempo ocurrió durante el velatorio, en el que, como es habitual en aquellas tierras, hubo abundancia de bailes y también de ron. Un cirio que iluminaba el ataúd abierto cayó sobre el cadáver, quemándole el pie izquierdo.
Recuerdos Del Ataúd
Pocos meses después del entierro corrió el rumor de que la joven supuestamente muerta había sido vista en compañía del hungan a quien había rechazado. Su familia consideró el relato como un cotilleo supersticioso. Sin duda -razonaron- el hungan se sentía atraído por mujeres del mismo tipo físico de la difunta y tenía ahora una amante que se le parecía.
Pero pocos años después, un hijo de la familia vio a una mujer que se parecía a su hermana fallecida trabajando en tareas domésticas. Le preguntó cómo se llamaba. Ella no lo sabía, ni recordaba nada de su pasado. Pero tenía el cuello torcido y la cicatriz de una grave quemadura en el pie izquierdo.
Fue llevada a casa de sus supuestos padres pero, pese a los cariñosos cuidados que éstos le prodigaron, nunca pudo dar cuenta de su persona, y siguió siendo una virtual idiota hasta su (¿segunda?) muerte.
Otro relato bien autentificado es el que contó el escritor Stephen Bonsal en 1912:
Un hombre... cayó enfermo. Tenía intervalos de fiebre muy alta, que los médicos no lograban reducir. Era miembro de una iglesia misionera extranjera y el director de la misión lo visitó. Durante su segunda visita este clérigo vio morir al paciente... y ayudó a ponerle la mortaja. Al día siguiente asistió al funeral, cerró el ataúd y presenció cómo era enterrado.
El cartero que iba a Jacmel encontró, unos días más tarde, a un hombre envuelto en una mortaja, atado a un árbol, que se quejaba. Liberó al pobre desgraciado que pronto recuperó la voz, pero no la lucidez. Luego fue identificado por su esposa, por el médico que lo había declarado muerto y por el clérigo. El reconocimiento no fue mutuo; la víctima no conocía a nadie y pasaba los días y las noches farfullando palabras inarticuladas que nadie entendía. El presidente Nord Alexis le dio un empleo en una granja del gobierno, cerca de Gonaives, donde le cuidaban.

Una muñeca utilizada en la magia negra haitiana. Representa a la persona a quien el hechicero quiere dañar, por maldad personal o porque un enemigo de la víctima le ha pagado para que lo haga.
¿Una Muerte Falsificada?
¿Existe una explicación racional, no sobrenatural, de estos y otros casos similares de «cadáveres» que son enterrados y meses o años más tarde son encontrados, vivos pero estúpidos? Entre quienes lo creen se encuentra el doctor Antoine Villers, un distinguido médico francés que ejerció la medicina en Haití durante muchos años. No creía que nadie hubiese resucitado, pero, como dijo al periodista William Seabrook, no estaba seguro de que algunos hombres y mujeres, idiotas en apariencia, que trabajaban en los campos no hubiesen sido «sacados de las tumbas en las que habían sido realmente enterrados en sus ataúdes por sus familias».
Villiers sugería que algunos hechiceros haitianos conocían drogas capaces de provocar un coma tan profundo que podía ser confundido con la muerte, y que después de la «muerte» y el entierro, la víctima del veneno podía recobrar la vida pero no, según parece, la salud, ya que el funcionamiento del cerebro y la memoria sufrían daños irreversibles.
Existen algunas pruebas de que el conocimiento de esas drogas era corriente en las zonas de África occidental de las que procedían la mayoría de los esclavos, y también, aunque en menor grado, en los países del Caribe habitados por descendientes de esclavos: Haití, Jamaica y otros.
A. W. Cardinall, por ejemplo, que había pasado muchos años en Costa de Oro (la actual Ghana), informó en 1927 que los jóvenes de algunas tribus con frecuencia pasaban por una especie de muerte temporal. Cuando un joven deseaba ingresar en una de las sociedades secretas de la tribu era iniciado por medio de unos cortes hechos con un cuchillo. Se ponía «medicina» en las heridas y eso provocaba un coma prolongado. «Muere durante cinco días» fue la expresión usada por Cardinall. Al cabo de los cinco días, al joven se le daba otra medicina y volvía a la vida.
Está claro que el conocimiento de «medicinas» de ese tipo fue llevado a las Américas por esclavos que conocían bien la magia de su tierra natal. En 1789, un comité del gobierno británico se enteró de que los «hechiceros esclavos» impresionaban a los extraños con sus poderes mágicos «mostrándoles un negro aparentemente muerto que, gracias a su arte, pronto se recuperaba».

La lápida de una «reina del vudú», Marie Laveau, que fue sacerdotisa en vida. Este memorial se halla en una de las capitales norteamericanas del vudú: Nueva Orleans, el gran puerto del Mississippi.
Más detalles de este «levantarse de entre los muertos» fueron suministrados por el escritor inglés M. G. Lewis -autor de El monje-, quien fue testigo del procedimiento hace un siglo y medio:
El hechicero espolvorea varios polvos sobre la devota víctima, sopla sobre él y danza a su alrededor, la obliga a beber un licor preparado para la ocasión y, finalmente, el hechicero y su ayudante la cogen y la hacen girar rápidamente una y otra vez hasta que pierde el sentido y cae al suelo, con la apariencia -según creen los espectadores- de un perfecto cadáver. El jefe... profiere entonces fuertes chillidos, sale corriendo de la casa con gestos frenéticos y se oculta en un bosque de las cercanías. Al cabo de dos o tres horas retorna con un gran manojo de hierbas, algunas de las cuales exprime, dejando caer el jugo en la boca del muerto; con otras unge sus ojos y tiñe la punta de sus dedos, acompañando la ceremonia con una gran variedad de acciones grotescas y entonando todo el rato algo que está entre el cántico y el aullido... Pasa un tiempo considerable antes de que el efecto deseado se produzca pero, finalmente, el cadáver gradualmente recobra la animación y se levanta del suelo...

Magia negra moderna. Esta imagen haitiana de vudú, con un alfiler clavado en el pecho para que la víctima sufra o quizá muera, es una simple muñeca de plástico
La planta que, supuestamente, producía ese trance cataléptico era llamada callaloo. Si se usaba para eso tendría que haber sido preparada de una forma especial o mezclada con drogas, ya que el callaloo es, en sí mismo, inofensivo y, de hecho a veces se hierve hasta convertirlo en una pulpa y se come como una verdura.
La belladona y la fruta del espino son dos venenos vegetales que, según suelen creerlos haitianos, son mezclados con otras sustancias mágicas -por ejemplo, tres gotas de fluido de la nariz de un cadáver- para fabricar las medicinas con que los hechiceros controlan a los zombies.
La verdad es que la farmacología moderna conoce varias drogas que pueden producir un estado de catalepsia o «animación suspendida». La mayoría de ellas, si se las utiliza mal, pueden provocar daños cerebrales. Y aunque cualquier hospital moderno es capaz de diagnosticar rápidamente, a partir del estado de la víctima, lo que le ha sucedido y qué sustancias tóxicas se le han administrado, Haití cuenta con pocos hospitales modernos. Y el omnipresente miedo al zombie determina que muy pocos campesinos -por no decir ninguno-, al encontrar un «cadáver» vagabundo, le acompañarán a ver a un médico que le pueda aplicar un tratamiento apropiado.
De modo que podría suceder que la creencia en los zombies se base en la superstición, la credulidad y los fraudes, en los que el «zombie» es un cómplice. Podría ser que los «zombies» hallados por algunos observadores extranjeros no fueran más que débiles mentales. Pero también es posible que haya hombres malvados que tengan los conocimientos farmacológicos necesarios para simular la muerte en vida.
Los legisladores haitianos, por cierto, tuvieron en cuenta esta posibilidad. El doctor Villiers llamó la atención de William Seabrook sobre el Código Penal del país. El artículo 249 dice:
También se considerará intento de asesinato el empleo contra cualquier persona de sustancias que, sin causar una muerte real, produzcan un coma letárgico más o menos prolongado. Si, después de la administración de esas sustancias, la víctima ha sido enterrada, el acto será considerado asesinato, sin tomar en cuenta sus posibles consecuencias.
Después de todo, tal vez los remotos campos y colinas de Haití estén siendo labrados en este mismo momento por hombres y mujeres «muertos», condenados a trabajar sin saberlo hasta que una muerte real les libere de su esclavitud.
Una Fe Ardiente
El psicólogo William Sargant ha formulado la relación existente entre el ritual del vudú y las técnicas del lavado de cerebro. El lavado de cerebro consiste en someter a los prisioneros a un prolongado e intenso stress, a un agotamiento físico y psíquico y a un bombardeo ideológico. Las víctimas pueden resistirse enérgicamente ante las creencias que se les pretende imponer, pero, invariablemente, llega un punto en que se derrumban. Cuando se recuperan, adoptan con entusiasmo las doctrinas de sus captores, por quienes pasan a sentir, a menudo, devoción y amor.
Sargant decía que las espectaculares conversiones de la gente que escucha a predicadores cristianos tremendistas se deben al stress del terror religioso y a la exaltación, combinadas con la fatiga. Y en el ritual vudú las cantilenas, los tambores rítmicos, el agotamiento y el miedo a siniestros dioses podrían tener también como consecuencia un cambio de personalidad, cuando los participantes son «poseídos» e imitan hábilmente la conducta de algún dios. Por lo menos un antropólogo extranjero, atrapado en la frenética danza, experimentó un «renacimiento espiritual», al que siguió un sentimiento de «admiración por los principios y la práctica» del vudú. Estos poderosos procesos de sugestión pueden explicar la intensidad con que los haitianos creen en las deidades vudú, en los poderes de los hechiceros... y en los zombies.

Ritual vudú, donde se realizan cánticos, danzas y sacrificios.
Fotos de Zombies Reales

François Duvalier

François Duvalier (Puerto Príncipe, Haití, 14 de abril de 1907 - 21 de abril 1971), conocido con el sobrenombre de Papa Doc fue un médico y político haitiano, presidente constitucional de su país a partir de 1957 y posteriormente, desde 1964 hasta su muerte en 1971, dictador de Haití, en calidad de presidente vitalicio.
François Duvalier nació en la capital haitiana, Puerto Príncipe, de una familia humilde de agricultores negros originarios de la Martinica. A pesar de ello, consiguió empezar sus estudios de Medicina (lo que justifica su apodo de "Papa Doc" y realizó sus prácticas en el campo. Debido a sus labores médicas en la lucha contra el tifus, paludismo y otras enfermedades tropicales con la gente más desfavorecida alcanzó una gran consideración y notoriedad. En 1939 se casa con Simone Ovide y en 1946 llega a ser director general del Servicio Sanitario Nacional. En 1949 pasó a ser Ministro de Sanidad y de Trabajo. Tras oponerse al golpe de Estado que lleva a cabo Paul Eugène Magloire, se ve obligado a esconderse y a pasar a la clandestinidad hasta que se proclama una amnistía en 1956
En 1957 las circunstancias cambian, se promulga una nueva constitución y François Duvalier, apoyado por el Ejército, triunfa en las elecciones presidenciales haitianas, para un período de 6 años. Llevó a cabo una campaña electoral de tipo populista, preconizando una estrategia pro negritud, en la que apelaba a la mayoría afrohaitiana y que se oponía a la élite mulata que estaba en el poder. Duvalier renovó la tradición del vudú y posteriormente lo usó para consolidar su poder, afirmando que él mismo era un hougan (es decir, un sacerdote del vudú). Duvalier imitó de modo deliberado la imagen del Barón Samedi (dios de la muerte y los cementerios en el panteón Vudú) en su intento de resultar aún más convincente. Usaba frecuentemente gafas de sol y hablaba con un fuerte tono nasal.
El 22 de diciembre de 1958 en la frontera dominicohaitiana entre Jimaní y Mal Pase, Trujillo y el dictador François Duvalier firmaron un acuerdo de mutua protección. El acuerdo establecía entre otras cosas que ninguno de los dos gobiernos permitiría en sus respectivos territorios actividades subversivas en contra de alguno de ello, ni que los exiliados políticos realizaran propaganda sistemática incitando al empleo de la violencia en contra de sus estados.
19 de abril de 1963 se descubre en Haití una conjura militar contra François Duvalier, encabezada por el teniente Francois Benoit, En el acto fallido fue asesinado el sargento Paulin Montrouis, chofer de los hijos de Duvalier, el caporal Morille Mirville, el sargento Luc Azor, y un miembro del Voluntariado de la Seguridad Nacional (Tontons-Macoutes), Richemond Poteau. Sus hijos resultaron ilesos, Duvalier reacciono violentamente. La policía haitiana fue en busca de Francois Benoit, principal sospechoso del atentado. Los Tontons-Macoutes entraron a su residencia y al no encontrar a Benoit, asesinaron a su padre, Joseph Benoit, un anciano juez, a su madre, a un visitante y a las tres empleadas domésticas.
Al sospechar los Tontons-Macoutes que Benoit estaba escondido en la embajada dominicana, penetran en la legación dominicana rodean la casa del embajador exigiendo la entrega del militar, pero la abandonó cuando el presidente de este país Juan Bosch amenazó con mandar a las fuerzas armadas contra ellos,.
En una alocución por radio y televisión, el presidente Bosch afirmo El pueblo dominicano sabe ya que al embajada y la cancillería de nuestro país han sido violadas por la policía haitiana, esa acción es una bofetada en la cara de la república dominicana, una afrenta que nosotros no estamos dispuestos a pasar por alto, hemos sufrido con gran paciencia los ultrajos del gobierno haitiano, pero esos ultrajos tienen que terminar ya de manera terminante, si no terminan en un plazo de 24 horas le pondremos punto final con los medios que se hallan en nuestro alcance escuchar discurso sobre el incidente en el Minuto 40:35
Al día siguiente el ejército dominicano movilizo las tropas hacia la frontera con Haiti y parte de la artillería pesada de las fuerzas armadas fue enviada por vía marítima hasta el puerto de Barahona cercana a la frontera.
Luego de acusaciones y contra acusaciones El Consejo de Seguridad condenó la actitud de Haití, con 16 votos y dos abstenciones. Una comisión llegó a Puerto Príncipe para investigar la situación, el Gobierno haitiano se comprometió a respetar las garantías diplomáticas.
Duvalier trabajó para consolidar su posición política; tras sobrevivir a un atentado contra su vida en el año 1958, depuró el ejército para deshacerse de elementos que le pudieran ser hostiles. Su mandato pasó a ser mucho más brutal y represivo. En 1959, inspirado por los camisas negras del fascismo italiano creó una milicia que se conoció como VSN Voluntarios de la Seguridad Nacional para proteger su poder fuera de la capital. Los miembros de la VSN pasaron a ser conocidos posteriormente como los Tonton Macoute, y se convirtieron de algún modo en el espinazo del país. Dado que estas milicias no recibían remuneración alguna, ellos mismos inventaban sus propios medios de financiación a través del crimen y de la extorsión. Para proteger su propia integridad, Duvalier utilizaba la Guardia Presidencial.
as presiones internacionales contra François Duvalier se hicieron más fuertes durante la presidencia estadounidense de Kennedy debido a la evidente apropiación de las ayudas internacionales recibidas por Haití. Esta ayuda se suspendió oficialmente en 1962, pero tras la muerte del presidente Kennedy (que Duvalier achacaba a una maldición que él mismo había lanzado) la tensión se aflojó bastante. La administración norteamericana opinó que era necesaria la presencia de un estado claramente anticomunista para contrarrestar la influencia de la vecina Cuba.
A mediados de los años 1960 estaba bastante claro que Duvalier no tenía ninguna intención de dejar el poder. Modificó personalmente la Constitución y en 1961 volvió a resultar elegido en las elecciones por seis años más: el escrutinio oficial señaló 1.320.000 votos a favor de Duvalier y ni uno solo en contra. Se autoproclamó Presidente vitalicio en 1964 con poderes absolutos haciendo votar una nueva Constitución en una Asamblea Nacional compuesta por diputados que él mismo nombraba. Un mes después, en junio de 1964 fue refrendado por el pueblo como Presidente vitalicio con derecho a sucesión.
En 1966, consiguió que el Vaticano le permitiera elegir a los miembros de la jerarquía católica haitiana. Al perpetuar este nacionalismo negro, pudo reforzar también su control de la isla, al controlar las instituciones religiosas.
En esa época se inició también el culto a la personalidad alrededor de la imagen del dictador haitiano como emblema físico de su propia nación. Como ya había sucedido con alguno de sus predecesores, se sospecha que Duvalier trató de convertirse en emperador de Haiti y de trasformar el país en una monarquía. También creó una tasa obligatoria para la población para financiar la construcción de Duvalierville, la ciudad de Duvalier que se diseñó de modo ostentoso. El dinero de este impuesto sólo se utilizó anecdóticamente en la construcción de dicha ciudad, yendo a parar en su mayor parte a las cuentas corrientes de Duvalier.
El reinado del terror
En su país, Duvalier utilizó tanto el asesinato como la expulsión para eliminar a sus adversarios políticos. Se calcula que fueron más de 30.000 las personas asesinadas. Los ataques llevados a cabo contra Duvalier por algunos militares fueron reprimidos con una especial dureza; en 1967 la explosión de algunas bombas en las cercanías del Palacio Presidencial o Nacional acarreó la ejecución de veinte oficiales de la Guardia Presidencial. En esta oportunidad, los barcos de la marina bombardearon durante casi todo el día el Palacio Nacional. Eran barcos viejos, tres en total que armados con cañones obsoletos hicieron su mejor esfuerzo por sublevarse y derrocar a Duvalier. En el transcurso de dicho día la única oposición que hubo de parte de las fuerzas leales a Duvalier fue el intento de repeler a los marinos sublevados con el único avión de la Fuerza Aérea, un P-54 reliquia de la Segunda Guerra Mundial. El avión al filo del medio día intentó ametrallar a uno de los barcos fallando todas las ráfagas de ametralladora disparadas. Las trazadoras hicieron impacto únicamente en el mar azul profundo de la bahía. La refriega entre barcos y el P-54 duró unos cuantos segundos. Acto seguido el avión aterrizó y no volvió a despegar más, por lo que es probable que hubiese recibido algún daño. Al filo del atardecer los barcos tomaron rumbo a Cuba llegando a Guantánamo en donde recibieron asilo. En tierra quedaron docenas de marinos que por una u otra razón no pudieron abordar. Sus casas fueron saqueadas y luego quemadas. Aquellos que corrieron con mejor suerte lograron refugiarse en las embajadas. La Embajada de Guatemala recibió a la familia de uno de los Capitanes que participó en el ataque. Aquellas familias que no lograron huir en los barcos y que no pudieron obtener asilo en alguna embajada, sin duda corrieron con una suerte terrible. Su reinado del terror mantuvo el país bajo su control directo hasta el momento de su muerte en 1971.
Fue glorificado por sus seguidores casi como un dios y a su muerte, según su voluntad, y la Constitución que él mismo había diseñado, le sucedió su hijo, Jean-Claude Duvalier, Baby Doc, que pasó a ser Presidente vitalicio cuando sólo contaba con 19 años de edad. A la muerte de François Duvalier, Haití era el país más pobre de América, ocupaba el primer puesto en analfabetismo y la salud pública estaba en un estado desastroso.
Al ser derrocado su hijo quince años más tarde, en 1986, el cuerpo de François Duvalier fue desenterrado y apaleado ritualmente.
Tonton Macoute

Tonton Macoute (Tonton macut) es el término utilizado para designar a los hombres próximos al dictador de Haití François Duvalier (Papa Doc) organizados en forma de grupos de paramilitares que le prestaban apoyo a su régimen. Su hijo y también dictador, Jean-Claude Duvalier (Baby Doc), también hizo uso de ellos para perpetuarse en el poder. Se estima que durante su actividad, el Tonton Macoute pudo haber asesinado y hecho desaparecer a más de 150.000 personas, en su mayoría civiles y opositores a los regímenes Duvalier.
Duvalier padre creó estos cuerpos tras sobrevivir a un atentado contra su vida en el año 1958, luego del cual su gobierno se volvió más represivo y depuró el ejército para deshacerse de elementos que le pudieran ser hostiles. En 1959, inspirado por los camisas negras del fascismo italiano creó una milicia que se conoció como VSN Voluntarios de la Seguridad Nacional para proteger su poder fuera de la capital. Los miembros de la VSN pasaron a ser conocidos posteriormente como los Tonton Macoute, y se convirtieron de algún modo en el espinazo del país. Dado que estas milicias no recibían remuneración alguna, ellos mismos inventaban sus propios medios de financiación a través del crimen y de la extorsión. Diversas estimaciones hablan de que en su punto máximo estas milicias llegaron a ser integradas por 15.0001 a 300.000 hombres2
El término proviene del cuento popular haitiano con el que se amenaza a los niños con la visita del "Hombre del Saco", o en creole el Tonton Macoute, tradición que se repite en muchos lugares del mundo.
Influencia vudú
En los años en los que el legendario Papa Doc lideraba la resistencia contra el presidente Paul Eugène Magloire, en compañía de otros intelectuales haitianos editó un periódico nacionalista: Les Griots. Fiel conocedor y defensor del vudú, en la publicación lo reivindicaba como religión y animaba a la rebelión contra los colonos americanos, en una época en que el gobierno quemaba los sagrados tambores vudú y cualquier objeto de culto, y obligaba al pueblo a jurar lealtad a la iglesia católica de Roma. De esta forma Papa Doc fue ganándose el apoyo de las sociedades secretas tradicionales, incluso casas de algunos houngan o brujos le sirvieron de cuarteles generales a su partido durante su campaña electoral de 1957.
Tras la caída de Jean-Claude Duvalier, el macutismo es utilizado igualmente para designar todo sistema político caracterizado por la corrupción y que toma la violencia y el uso del terror contra el adversario político y la población civil.
Aún hoy continúa la actividad de estos grupos como paramilitares en defensa de mafias locales o poderosos en el país.
Pelicula recomedada sobre este tema


