De a poco, lentamente, a intervalos que parecían siglos, así procedía. Algunos quizá hubiesen considerado a sus cavilaciones como exageradas; ¿pero quien seria capaz de interpretar las tribulaciones, las emociones, sentimientos o pensamientos, que dentro de él fluían? Suponer o mejor dicho interpretar su accionar como cobarde, era mas bien un acto de ignorancia; significaba alejarse totalmente de cualquier sensación que se acercara a la empatía.
Pocas cosas entonces podrían haberlo distraído de su labor, parecía que el segundero de un reloj avanzaba mas rápido y con mas euforia que sus apenas perceptibles movimientos. Comparando a sus dedos con la relativa lentitud del ocaso, este ultimo parecía presa de un nauseabundo frenesí. Y así prosiguió, meticuloso, precavido agudizando cada uno de sus sentidos. Miro al cielo; apenas quedaban unos rayos de un sol de mediados de junio y el frió calante, se hacia sentir como nunca. Bajo la vista, miro sus pies, los que parecían tener vida propia, ya no lo podía evitar, la suerte, si es que existe, estaba echada.
Sera que el penúltimo rayo de sol le nublo la vista, sera que los demonios intervinieron, o simplemente sera que no pensó en verdad mucho su fútil movimiento. Lo cierto es que lo que debió haber sido un acto milagroso y de salvación, se convirtió en una patada que termino pasando a tres metros del travesaño.
-Dale animalito! ¿Que tenes? ¿Dos piernas izquierdas?- Le grito Luis desde atrás.
El penal horriblemente ejecutado significo, por un lado un suspiro de alivio y las carcajadas del equipo contrario a y por otro lado la desazón de sus compañeros, segundeada con claras referencias y saludos a la madre de Pablo.
El partido termino y el pobre hombre en vez de ser héroe fue verdugo. Pocas cosas se podrían comparar con la tristeza e impotencia que el jugador debe haber experimentado cuando veía que su tiro era un insulto a lo futbolistico. De un segundo a otro parecio que su corazon dejo de latir.
Pablo, también conocido como “poponcho” siempre fue una persona insegura, se le notaba desde lejos. Era un ser dotado de gran inteligencia y una magnifica humanidad, pero bajo presion tenia la misma utilidad que la bocina de un avión.
Resignado a ser el jugador mas criticado de la tarde, accedió sin chistar a recuperar la pelota que había quedado entre las turbias enredaderas del solar vecino.
-Dale muerto de frio! Anda a buscar la pelota!- Replicaban sus compañeros
-Perdón muchachos, pero es que no veía el arco.
-Si, se noto quedate tranquilo
Atravesó el área, paso por al lado del arquero contrario el cual le dedico un gesto que consistía en formar un montoncito con los dedos de su mano derecha y moverlo de arriba a abajo.Tomo carrera y trepo la medianera que dividía las sombras y enredaderas vírgenes, de la cancha del barrio.
Cuando hubo apoyado los dos pies en el desconocido lugar, una extraña expresión se apodero de su rostro, algo que no podría identificarse. Permaneció ahí estático frente a la oscuridad del ya avanzado atardecer, el ultimo rayo de luz había desaparecido.
-¿Quien me manda a mi a patear el ultimo penal? No veo un soto- dijo en voz alta
Empezó a escudriñar por entre la vegetación, de apoco parecía que una sombra iba adueñándose de él, poco tiempo paso para que se dejaran de escuchar las voces de festejos del equipo contrario. Ahora parecía hallarse en medio de la nada.
Tardo aproximadamente diez minutos en encontrar la pelota, y para aumentar su tragedia estaba pinchada. Cuando se dispuso a volver sobre sus pasos, un ruido que no aparentaba ser humano hizo que girara inmediatamente. Nada veía en medio de la noche y las plantas. Decidió volver a caminar, cuando retrocedió dos pasos sus torpes pies se encontraron con alguna raíz, y de un momento a otro el se encontraba en el suelo.
Levantándose magullado y quien sabe si con algún corte de consideración, descubrió un pequeño claro, un pequeño blanco o agujero entre la densa enredadera. De éste provenía una luz blanca cegadora e hipnotizante. Se acerco con la misma velocidad con que había pateado aquel penal minutos antes y del que estaba totalmente arrepentido. Coloco su ojo izquierdo y lo que vio le asombro tanto que tambaleo y amago a desmayarse: Ahí estaban todos! Luis, Marquitos, El zurdo, El piojo, y todos sus compañeros de fútbol, y desde la cancha a punto de empezar la tanda de penales lo llamaban con los brazos diciéndole que se apure. Todos ellos se encontraban de buen humor y parecía que ya no lo criticaban. Poco tiempo después Pablo descubriría que de alguna extraña manera, había logrado desafiar las leyes de la lógica, del tiempo y del espacio. Poco tiempo después Poponcho se encontraría nuevamente frente al arquero, solo el y la pelota. Mucho o poco tiempo después (vaya a saber uno) Pablo apoyaría por enésima vez sus torpes pies en el solar de al lado.
Nadie sabe que fue de Pablo, después de haber errado ese penal, sus compañeros y amigos no habían vuelto a verlo. Algunos dicen que no soporto la vergüenza y decidió marcharse a lugares que ni el mismo conocia. Otros dicen que desapareció misteriosamente, obra de algun extraño ente. Lo cierto es que sus amigos ya dejaron de buscarlo hace años. Lo cierto es que en este momento Pablo debe estar ejecutando otro penal Quizá Dios no dejara que escape de ese mundo hasta que convierta un gol y salga de ese partido victorioso y en andas de sus compañeros.