Soy un escritor amateur, espero les agrade este pequeño relato. Julio y Lila Ese día no debió levantarse, lo mismo pensó Julio. Tal vez debió quedarse en cama, ver algunas películas de animación japonesa que tanto le agradan, y relajarse sobradamente. Sin embargo ese día salió para encontrarse con Lila. Días atrás, tal vez años atrás, habían pactado verse los fines de semana, y éste, como los pasados fines de semana de los últimos 7 años, saldrían a ejercitarse y saciar sus ganas de verse. Ese día, como otros tantos, salió con tiempo suficiente para llegar temprano y con un libro en mano – costumbre bastante apreciada por Julio- al encuentro con Lila. El lugar del encuentro era la biblioteca Vasconcelos, lugar bastante significativo para Julio, llegándolo a considerar su segundo hogar. Lugar bastante cuadrado para los gustos arquitectónicos de Julio, pero ciertamente, más acogedor que su propio hogar. Caminaba Julio, envuelto en sus pensamientos y lleno de alegría, ya que vería nuevamente a Lila después de un largo invierno. Moría de ganas de platicar, de escuchar a Lila narrar sus andanzas en Venezuela y darle un abrazo después de tan largo viaje. Sin embargo, ese día, no fue un buen día. Cuando Julio llegó al encuentro con su amada, encontró un mar de personas. Ninguna brillaba como Lila. “Un mar opaco de gente” pensó Julio, y Lila no se veía por ningún lado. “Ella nunca llegó, nunca bajó del avión, es más, nunca partió. Se quedó en Venezuela” Se repite Julio una y otra vez al recordar aquel día. Después de esperar la aparición de Lila, esa aparición siempre sorpresiva y fantasmal, como si el sol asomara en lontananza del mar, brillante y coqueto entre tanto azul opaco, Julio mostró desesperación. Esperar duele, eso lo sabía , desear duele. Deseó tanto la llegada de Lila, que cuando llegó no fue como un sol asomándose a lo lejos. La miró, ella lo miro indiferente y le dijo: -......................................... - dijo Lila. -....................................................... - regreso el saludo Julio, que estaba un poco desconcertado ante la poca brillantez de Lila. Ella se encontraba apagada, sus ojos eran como dos ciruelas, negras y sin brillo. No se leía nada, más que un negro opaco donde uno se puede perder fácilmente tratando de encontrar señal de vida. Con un movimiento de la mano, recuerda Julio, Lila le indicó que se formara porque tenía que resellar su credencial de la biblioteca, una forma de ponerse al tanto en México, después de su viaje por Sudamérica. Julio recordaba fielmente cada detalle de aquel día. Por alguna razón no recordaba las palabras. Cada una de las palabras que vibraron en la linda boca de Lila y que se hicieron átonas en el corazón de Julio. Julio no entendía muy bien lo que sucedía. Terminaron de sellar la credencial de Lila. Ella lucía un poco desvelada y manifestaba malestares. De pronto ella propuso algo: - .................... - dijo Lila- ........................................ - prosiguió después de hacer una pequeña pausa. Julio no entendió nada de lo que Lila enunció, pero aceptó con un movimiento de su cabeza. Lila se ciñó al brazo de Julio y salieron los dos juntos de la biblioteca. Lentamente Julio fue bajando el brazo, como si perdiese su fuerza, sin embargo lo hizo con maña, para tomar la mano de Lila. Así caminaron ese día, agarrados de la mano, los dos, juntos, pero no unidos. A pesar de estar tomados de la mano se sentían indiferentes. Con indiferencia llegó el autobús que esperaban, se sentaron indiferentemente, Lila se recostó agotada y soltó la mano de Julio. Uno mirando a la gente y otro a la ventana. Distintas formas de ver la vida y distintas direcciones, ambos tan indiferentes. Julio se sintió un poco ahogado y recurrió a una pregunta para tomar aire. -¿........................... ?- Preguntó Julio con tono cariñoso. -......................... - Contestó un poco azorada Lila. El resto del camino fue silencioso y vertiginoso. Por la ventana se veía el pasar de figuras que se distorsionaban, poco reales y concisas, justo como el momento que vivían Julio y Lila, esos minutos que se convirtieron en horas, tan diferentes a lo que había sido años atrás cuando su amor ardía. Esos minutos insoportables que no tenían razón. Ese camino fue como subirse en un columpio y dar la vuelta completa ,rápidamente una y otra vez. Mareado bajó Julio, Lila mostraba pasos firmes y con la misma firmeza le hizo una señal de alto a Julio antes de bajar del autobús. Julio no entendió el repentino movimiento. Lila permanecía impávida frente a el, cuando de su boca se escuchó un murmullo, como si quisiera salir de ella una palabra atorada. - ¡Ya no te amo, no me sigas!- enunció Lila. Julio enmudeció, pero comprendía todo. Se escuchó el agudo sonido que anunciaba el cierre de las puertas del autobús. Las puertas se cerraron entre el y Lila. Claramente, Julio entendía todo, no entendía palabra de Lila, porque no estaba en la misma frecuencia que el. El la amaba, ella ya no. Las últimas palabras sinceras de ella las logró entender. Fue su último gesto de amor. Ese día no debió levantarse de la cama, lo mismo pensó Julio... La imagen la tome de este blog http://evafajardo.blogspot.mx/2011/03/dos-manos-dos-lecturas.html Mis demás escritos http://www.taringa.net/Ivanflowers/posts
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