Necronomicón
Extraños
dibujos y jeroglíficos,
grandes piedras
cubiertas de señales.
Hoy voy a arrastrarme
desde el fondo del mar
hasta la ciudad,
sangre fría.
Antigüedad que asusta,
únicamente el cielo
debe saber,
detalles poco agradables.
Emerger de las
profundidades oceánicas,
volver a la vida,
a la vida anterior.
El reino de la más
absoluta desolación,
semienterrados bloques,
fragmentos de cantería ciclópea.
Mi cuerpo cubierto de algas
de un millón de años,
una civilización al borde
de la sexta extinción.
Megalitos labrados,
mudo relato
de ciclos vertiginosos
de tiempo y sismos geológicos
de un salvajismo cósmico.
Los ojos sin mundo,
mundo de seres
vegetales-animales,
trepanadores.
Dunas iluminadas,
curiosa palidez lunar,
vagando mas allá de los
límites de lo ordinario.
Busqué en los mundos
con ansia y terror,
busqué sin saber qué
y encontré lo indecible.
El ceremonial
Versión I (primigenia o única): Nyarlathotep
En la tumba donde
se funden el espacio y el tiempo
reposa en su instante eterno
el que era antes del (primer) hombre.
El caos que repta,
se arrastra por la fría y húmeda
tierra del abismo
que separa los mundos.
El caos inevitable,
será el fuego,
será el agua,
será el llanto.
Y la peste
como un manto
cubrirá todo
con su halo de muerte.
Versión II (aberrante o desesperante): "La búsqueda de Iranon"
El crepitar constante
proveniente de las mas hondas tinieblas,
esas tinieblas que invadirán todo,
que serán todo.
No habrá refugio
para los espíritus buenos,
no habrá descanso entre
el llanto de las almas en pena.
La fuerza oscura
puja por emerger,
el terror será inhumano,
el refugio será divino.
Y la nada cubrirá todo
y todo será la nada.
Polaris
Brillaba en el cielo
antes del primer hombre,
lúgubre y parpadeante,
iluminando a los antiguos moradores.
Los innombrables
saben de su poder,
de su cruel mensaje,
de su ominoso parpadeo.
Los antiguos emergerán
bañados por su luz,
ansiosos de oír las palabras,
de ser los dueños otra vez.
El grito del hombre
será infinito
cuando vuelvan a la vida
los nombres muertos.
La morada del caos primigenio
en el centro del infinito,
sin forma e incognocible,
el Primer Motor de la oscuridad.
El vehículo del Caos,
la Puerta al Vacío,
el pecho del león celestial,
el sur inmediato.
El caos reptante,
mensajero y ciervo,
torrente de pálida luz,
Gran Serpiente.
La Voz de los Antiguos,
Vengador y Destructor,
Caminante sobre el Viento
que no debe ser nombrado.
El Poder de los Antiguos,
Dios del Aquelarre de las Brujas,
naturaleza de tierra,
un toro en el cielo.
El fulgor de la estrella polar,
un mal sueño,
casa de piedra y ladrillos,
al sur del cementerio.
La Estrella Polar,
siniestra y terrorífica,
mira desde la bóveda negra
sin recordar nada.
Con parpadeos siniestros
de un ojo insensato
que quiere dar un mensaje extravagante,
pero que no recuerda nada.
No recuerda nada,
excepto que un día tuvo
un mensaje que comunicar.