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San Martín: Un grande de verdad

Info4/8/2012
LA MEDALLA DE BAILÉN Era un día cómo cualquier otro en Boulogne-Sur-Mer (Francia) cuándo María Mercedes, "Merceditas", cómo todos la llamaban, entró llorando en la habitación donde se encontraba su abuelo, Don José de San Martín. La niña se lamentaba de que su otra hermana, Josefa Dominga, le había roto su muñeca preferida y de que ésta tenía frío. San Martín se levantó, sacó del cajón de un mueble una medalla de la que pendía una cinta amarilla y, dándosela a su nieta, le dijo: − Tomá, ponéle esto a tu muñeca para que se le quite el frío. La niña dejó de llorar y salió de la habitación muy contenta. Un rato después entró la hija del prócer (Mercedes Tomasa) y dijo a San Martín: − Padre, ¿No se ha fijado usted en lo que le dio a la niña? Es la condecoración que el gobierno de España le otorgó cuando vencieron a los franceses en Bailén. San Martín, observó un instante a su hija y replicó: − ¿Y qué hay con eso? ¿Cuál es el valor de todas las cintas y condecoraciones del mundo si no alcanzan para detener con ellas las lágrimas de un niño? ENCUENTRO CON NAPOLEÓN Es conocida la destacada actuación de San Martín en la batalla de Bailén ( su bautismo de fuego) en las inmediaciones de Andalucía (España). Tal mérito le valió no sólo una condecoración, sino también su ascenso a Teniente Coronel. Más haya de dicha victoria, Francia logra tomar posesión de toda España y cuenta la historia que ingresando triunfante Napoleón Bonaparte a una de las ciudades conquistadas, logra ver entre las filas de soldados españoles, al jóven futuro libertador portando con orgullo la concedoración de Bailén colgada de su chaqueta militar, descendiendo el conquistador de su corcel, se dirigió con paso firme hacia él. Todos temieron que ordenara arrestarlo o lo peor, fusilarlo, pero el famoso General Corso, lo miró a los ojos al jóven San Martín y tocándole con el dedo índice la medalla, le dijo: -“Bailén”, asintiendo con la cabeza, reconociendo de esta manera la bravía conque se había batido el batallón español que integraba San Martín contra sus propios granaderos franceses, a los que habían derrotado en esa batalla. QUIERO HABLAR CON EL SEÑOR SAN MARTIN! El capitán Toribio Reyes, pagador de los sueldos del regimiento de granaderos a caballo, llega a la casa que ocupaba el General San Martín, en Mendoza, con un mensaje personal y una petición algo extraña: -Vengo a esta casa a hablar con el Señor San Martín y no con el General. -Muy bien, contestó el Libertador, - Ud. está hablando con el Señor San Martín. El capitán entonces le refiere que acude a su presencia, porque ha cometido una grave acción, para la que no tiene excusa: Se ha gastado todo el dinero de la paga destinada a los soldados, para saldar deudas personales acusiantes, y que ahora necesita un préstamo para contar nuevamente con el dinero. El General le pregunta: - ¿Cuánto dinero necesita Ud.? − 20 onzas, que pienso devolver en cuanto me sea posible, responde el capitán. - San Martín, medita un instante y a continuación le hace entrega del dinero, no sin antes hacerle una recomendación: - Que no se entere de esto el General San Martín, porque de hecho, a Ud. lo hará pasar por las armas y a mí, seguro me encarcela por ayudar a un infractor. UN EJÉRCITO NUMEROSO Encontrándose San Martín y Belgrano en la Ciudadela, espacio fortificado que San Martín había decidido construir en las inmediaciones de la ciudad de Tucumán, el Libertador le dice al creador de nuestra enseña patria, que en esos muros pensaba adiestrar a las tropas para que pudieran estar a la altura de enfrentar a un ejército profesional y a sabiendas que había espías en la ciudad, que estos informaran a los mandos realistas de la gran fuerza libertadora que estaba gestándose, para ir minando su moral. Belgrano, soprendido, le pregunta cómo haría esto San Martín, ya que contaban con un reducido contingente que no impresionaría al enemigo. -Tendremos pocas tropas, mi estimado general - contestó San Martín - pero nos sobra viveza criolla. A partir del día siguiente, ordenó a sus capitanes que reunieran a los soldados disponibles y que hicieran el mayor ruido posible, para simular el entrenamiento de una gran división. Por las noches, hacía salir sigilosamente de la guarnición a sus granaderos a caballo, con bolsas en los cascos de los corceles para amortiguar el ruido, con la órden de regresar por las mañanas, cabalgando en formación, con bombos y platillos, simulando ser refuerzos nuevos. Para que el efecto fuera más contundente: hacía que las mujeres patriotas cosieran banderas con nuevos números de regimientos (ficticios) que enarbolaban las tropas a su regreso. Cómo era de esperar, los espías corrieron a decirle a los realistas que San Martín preparaba una gran ofensiva, por la gran cantidad de tropas que estaba acantonando en Tucumán. Esta estratagema del libertador, hizo que los realistas desistieran de atacar la ciudadela (muy vulnerable) y a su vez, los obligó a retirarse a líneas más fortificadas, muy por detrás del frente, ganando San Martín de esta manera, tiempo y espacio para preparar realmente a sus granaderos. EL PASO DE LOS INDIOS PEHUENCHES Corrían los días en que el General San Martín disponía su ejército, en el Sur de Mendoza, para el cruce de los Andes y llevar la libertad a Chile y el Perú. Uno de los pasos estaba en dominio de los indios "Pehuenches", por lo que San Martín va a conferenciar con el Cacique de esta tribu para poder pasar por sus tierras con el ejército libertador y en agradecimiento le entrega todo tipo de víveres y regalos. El jefe indio acepta los obsequios y le da su anuencia. El problema fué que los indios fueron con el cuento a los realistas, los cuáles así advertidos, mandaron a la mitad de su ejército al otro lado del cruce, para emboscar y destruir a las tropas Argentinas. Hasta ahí perfecto para los enemigos, pero lo que no adviertieron los realistas, es que el General San Martín contaba conque los indios fueran a avisarles de sus planes, por lo que hizo cruzar el grueso del ejército de los Andes por otro lado de la cordillera y cuándo los realistas tuvieron que enfrentarlo sobre territorio chileno, sólo contaban con la mitad de sus efectivos, siendo derrotados, a la vez que el libertador hacía atacar por la retaguadia al resto del ejército enemigo que aún lo esperaba por el paso de los Pehuenches. !!Un genio, San Martín!! EL FRAILE Luego de Chacabuco, San Martín se permitió una venganza humorística. Había llegado a sus oídos, que un fanático fraile agustino, haciendo un juego de palabras, había predicado en su contra desde el púlpito, diciendo: -"¡San Martín! ¡ Su nombre es una blasfemia!", - "No le llaméis San Martín, sino Martín, como a Martín Lutero, el peor y mas detestable de los herejes". No pasó de ese sermón para que el libertador lo llamara a su presencia y con ademán terrible, fulminándolo con su mirada, lo apostrofó: - "¡Cómo! ¡Usted me ha comparado con Lutero, quitándome el San!, ..- ¡Como se apellida usted?"... - "Zapata, señor general", respondió el fraile- .. -Muy bien, contestó San Martín -"A partir de hoy, cómo castigo, le quito el "Za" de por vida y lo fusilo si alguien le da su antiguo apellido". Al salir a la calle el fraile, un parroquiano lo saludó por su nombre. El fraile aterrado, le tapó la boca y prorrumpió en voz baja: "¡No! ¡no soy más el padre Zapata, sino el padre !"PATA"! ¡ Me va en ello la vida!". "De lo que mis Granaderos son capaces sólo yo sé; quien los iguale habrá, quien los exceda no". Gral.Don José de San Martín
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