
Internet es una ventana a mundos desconocidos, que a veces, es preferible no abrir...

A Sebastián, en el colegio donde estudiaba, uno de sus compañeros le comento algo sobre un “chat del infierno” donde si puedes ingresar, te conectas con seguidores del demonio. Obviamente, Sebastián no creía mucho en estas historias, pero la idea de descubrir un mundo nuevo, lleno de cosas desconocidas, hizo que despertara finalmente su curiosidad. Es por eso que una tarde, aprovechando que estaba solo en su departamento, decidió investigar sobre páginas relacionadas con el demonio y el supuesto chat infernal, prometiéndose que si algo no le gustaba, se olvidaría completamente del tema.

Finalmente, luego de haberse suscripto en foros y páginas, recibe la invitación de un sitio que decía: “Bienvenido Sebastián. Eres el Usuario 666”. No bien entró al Chat , comenzó a leer los Nick de los participantes que estaban en línea. Tenían nombres extraños, como por ejemplo “Abaddon” . Ingresó en el buscador y descubrió que ese nombre se refería a una clase de demonio conocido como “El ángel del abismo sin fondo”. Pero su atención se centró en el único participante del chat que lo saludó dándole la bienvenida. Su Nick: Sorath.

Este forero parecía ser el que más conocía sobre el tema, además de percibirse que tenía un rol especial dentro del chat. Por este motivo, Sebastián comienza a chatear con él, preguntándole un sin fín de cosas: sobre el demonio, sobre sus poderes y el de sus adeptos, preguntó también cosas de su vida, su futuro, recibiendo siempre repuestas concretas que lo atrapaban más y más en la trama que iba aconteciendo. En un momento dado Sebastián comprende que Sorath, comienza a revelarle datos que solamente las personas muy allegadas a él podían conocer. Una alarma suena en su mente ¿Cómo podía hacer eso?. Consideró que la situación había llegado demasiado lejos, y le escribe a Sorath que estaba cansado y se iría a dormir. En ese preciso momento percibió una presencia a sus espaldas, un frío recorrió todo su cuerpo, se dio vuelta rápido pero no vio a nadie. Sebastián sintió un miedo instintivo, una sensación que no podía definir pero que claramente le indicaba que tal vez no tendría que haber entrado a aquel chat.

Cómo si algo hubiera adivinado sus pensamientos, la lámpara de la sala se prendió y apagó varias veces. Sebastián se dijo a si mismo que definitivamente tenía que salir de aquel sitio web porque de alguna manera lo estaba sugestionando al punto de ponerlo demasiado nervioso , por eso tomó el mouse para cerrar la página y es en ese preciso instante que su interlocutor Sorath le escribe diciéndole que lo disculpara por lo de la lámpara. Sebastián, presa ya del pánico, se alejó de su Pc, la apagó, la desenchufó y salió corriendo hacia la sala, encendiendo todas las luces y comenzando a caminar de un lado para otro, muy nervioso y asustado, sin saber qué hacer ni explicarse lo que estaba sucediendo. Pero en ese instante se apagan todas las luces quedando absolutamente a oscuras. De repente, en medio de esa angustiosa oscuridad, Sebastián distingue que una especie de flash se enciende e ilumina el cuarto dónde tiene su Pc. Haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, guía sus pasos hacia ese cuarto y descubre horrorizado que la Pc se había encendido, aunque estaba desenchufada. Sin dudarlo y convencido de que el demonio estaba allí, salió corriendo chocándose todo a su paso y aterrorizado huyó de su departamento y del edificio corriendo sin parar sin importarle la dirección que llevaba o cuántas cuadras había transitado. Solo quería huir de aquel fenómeno siniestro.

Ha pasado el tiempo, pero se comenta que Sebastián nunca se queda a solas en su departamento y que jamás volvió a ingresar al Chat del infierno.
Dicen que ese sitio web cambia constantemente de dirección para evitar ser rastreado y mantener su exclusividad. Se ha dicho que el demonio o quién maneje esta página solo a algunos privilegiados les da la oportunidad de conectarse y que existen diferentes niveles de chat, manejados por sus respectivos demonios, quiénes se encargan de calificar a los seguidores y de acuerdo a sus méritos los van “descendiendo” de nivel, y cuánto más profundo se llega, más importante es la jerarquía del demonio con el que se trata. El último nivel es el 666 y quién llegue hasta ahí terminará chateando con el mismo Lucifer.
En definitiva, Internet es un lugar ubicado en ningún lugar y nunca podemos estar seguros/as de quién realmente se encuentra del otro lado.



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