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Rayman Origins [Análisis]

Info2/12/2012


Rayman ha sido siempre para mí un plataformas de un nivel tan sobresaliente que, junto a Beyond Good & Evil, expresa la maestría que justifica el hecho de que Michel Ancel fuera nombrado Caballero de las Artes y las Letras junto a Shigeru Miyamoto, Fréderick Raynal y Peter Molyneux. Sin embargo, esa calidad tan superior siempre me ha dado la sensación de que lo convierten en uno de los “sleepers” del año cada vez que aparece. Por poner un ejemplo, siempre recordaremos a Mario y Sonic como los baluartes de las plataformas, y les siguieron las demás creaciones de cosecha propia de Nintendo y Sega que bautizaron aquellos héroes. Son pocos los que sin ser exclusividades se recuerdan con destacada grandeza, pudiendo mencionar aquí juegos de excepción como Mega Man o Earthworm Jim.

No es que Rayman no estuviera a la altura, para mí lo estaba y más. Pero si él hubiera sido la mascota de una consola, estoy seguro de que sería el tercero en discordia que hubiese competido con Mario y Sonic en la época dorada del género plataformas. Con permiso de la primera parte, Rayman 2 fue tan extraordinario con su perfecta cohesión de aventura y plataformas (siempre me divirtió más que cualquier Mario y Sonic), que podía guardar algo tan especial e impactante como cuando apareció Mario 64. ¿Exagerado? Puede parecerlo, y tampoco es que lo crea, para mí no marcó una era, pero sí poseía sensaciones de ese algo que ocurre una vez en la vida y difícilmente vuelve a repetirse. Lo cierto es que seguramente no habréis oído nunca tal afirmación, he ahí ese sentimiento “sleeper” que siempre lo acompaña (fama no le falta, pero ventas y buenas palabras ya es otra cosa). Pero siendo justos, tras su trilogía inicial, a Rayman le han rodeado unos altibajos que lo han hecho perderse por el camino con sus raras “parties” de Rabbits y algún que otro excelente título aparecido en portátiles. Vamos, un síndrome Sonic a la espera de volver a encontrarse a sí mismo.





Rayman Origins no ha sido la vía fácil precisamente, sino la vía inteligente. La eminencia de Ancel convenció a la propia Ubisoft (y eso es toda una hazaña) de que se olvidaran de vender el juego por episodios como ocurrió con Sonic 4, no se podía infravalorar la obra sólo por su estética y costearlo como algo barato y desprestigiado, devaluando el producto. Ancel tomó las riendas y decidió concebir el juego de una sola tanda. El jugador no ve con muy buenos ojos estas particiones, Sonic 4 es el mejor ejemplo, pues ahora parece que su segunda parte mejorará lo suficiente como para dejar a la primera en algo anecdótico, casi un juego mucho mejor. No hablamos de una progresión de experiencias en un mismo juego, sino de una inconexión en el mismo juego, pudiendo desembocar en un error de política antológico al dejar sensaciones de juegos beta.

Si pensamos que hemos de pagar los 60€ de turno por obras de construcción 3D, cuerpos realistas y anabolizados, armaduras molonas, aquí mi fusil aquí mi pistola, mal vamos para apreciar el videojuego como se debe, estaremos subestimando muchas cosas de este apasionante mundillo. Si pensamos que el 2D ahora pasa por los juegos Indie vía DLC y tiene que costar un precio entre lo irrisorio y lo “comprensible” es que hemos evolucionado mal. Entiendo que pueda ser difícil apreciarlo, pero cabe preguntarse, además de apartados que rozan la perfección y cotas altísimas, si pagamos por tecnicismos o por ideas. Rayman Origins es la viva imagen del clásico, tanto para el personaje como el añejo concepto del género de plataformas, atreviéndome a afirmar que si dicho género estuviera a la orden del día y nos hubiera seguido con la misma persistencia que antes, estaríamos ante la evolución natural del género. Quien iba a pensar que este tipo de juegos aún podían demostrar tanto y que no habían tocado techo todavía.





Como indica el título, Rayman Origins nos sitúa en los orígenes del universo del personaje creado por Ancel, en el Claro de los Sueños, el mundo creado por el Soñador de Burbujas. Es entonces cuando el plano de las pesadillas ocupa el mundo de Rayman, curiosamente por culpa del protagonista y sus amigos de la forma más absurda. El humor del juego, en esta ocasión, alcanza niveles de lo más irreverentes, podría tener cabida en un episodio de Bob Esponja por situaciones, además de como se han caricaturizado los personajes en ciertas escenas, con algún que otro guiño a Angry Birds (personalmente, pocas veces me he reído en un juego sólo con el apartado audiovisual). Rayman y sus amigos deberán liberar su mundo de la oscuridad rescatando a los Elecktoons, los habitantes del mundo de sueños que dan vida al entorno y el colorido de ese plano. El propio Rayman y el resto de protagonistas están hechos de Elecktoons, así se forma el universo Rayman además de otras particularidades como las Diosas que deberemos rescatar y que nos otorgaran distintas habilidades a medida que vayamos avanzando.

Origins tiene un doble sentido en Rayman, haciendo alusión a su debut, al origen del juego cuando nació el personaje en su estreno. El apartado multicolor, las plataformas de antaño, enemigos que ya habíamos visto si hacemos uso de la memoria, las habilidades del personaje (ahora con nuevas), y la forma de movernos por ese mapa, es un claro calco del primer Rayman. Nos moveremos por distintos mundos con sus propios paisajes y una gama cromática asombrosa, y en cada mundo habrá varios niveles que superar, tal y como era el primer Rayman. Es fácil ver que en el fondo hay un claro homenaje al juego original, de ahí que, en parte, la mitad del significado de “Origins” sea ese, volver a las raíces. Ese avance es tan nostálgico que incluso nos indicarán de la misma forma que se hizo antes, qué es lo que nos falta encontrar en cada fase (12 mundos y más de 60 niveles sin desperdicio).





Superar cada nivel es bastante fácil si nos dedicamos a avanzar sin más, pero superar el 100% del juego puede duplicar las 5 o 6 horas que puede durar el juego si no nos dedicamos a hacer lo pendiente. Parte de la grandeza de esta obra sin duda la encontraremos en estos desafíos que, por lo general, consiste en liberar a los Elecktoons. Nada imposible, pero sí atesorada de intensa diversión en un impecable ejercicio de dificultad y progresiva habilidad. Al final de cada nivel encontraremos la jaula que custodia a los Elecktoons apresados, pero en casi todos los niveles se ocultan dos jaulas más que deberemos encontrar explorando un poco y hallar la zonas secretas. También deberemos recoger un número determinado de Lums en cada nivel, equivalentes a las míticas monedas de Mario o las anillas de Sonic, bajo condiciones que iremos aprendiendo a medida que avancemos y entendamos ciertos mecanismos con los elementos presentes. Finalmente, una vez superado cada nivel, nos propondrán superar la fase bajo un límite de tiempo, ganar trofeos y desbloquear skins para cambiar la apariencia de cada personaje. Si vamos superando estos retos, en cada mundo se desbloqueará un divertidísimo nivel que pondrá a prueba nuestra pericia en el mando en un plataformas sin pausa, que consiste en perseguir una caja que guarda cierto tesoro.

Una jugabilidad idílica nos aguarda en los mandos. Rayman, su inseparable y divertido amigo Globox, y los dos Diminutos, responden a la perfección, cada uno con sus propias animaciones (exceptuando los dos últimos), pero con el mismo patrón y las mismas acciones. Nadie dispone de una habilidad distinta. Aporreando el botón de ataque realizaremos una serie de golpes, si mantenemos pulsado recargaremos el ataque; podremos orientarlo en cualquiera de las cuatro direcciones y, también, mientras estamos en el aire en mitad de un salto, lo cual nos mantendrá en suspenso unos instantes. Es muy simple, pero la construcción y arquitectura y las ideas que componen cada nivel nos ponen en situaciones ejemplares y excepcionales, bien diseñadas y planeadas, no dejan de sorprender en ningún momento, sobre todo gracias a un sentido del ritmo que va variando, guiando la experiencia y la intensidad con maestría. Sin olvidarnos de ciertos niveles en los que subiremos a lomos de un mosquito y nos moveremos en horizontal como los antiguos arcades de naves regalándonos distintos matices jugables a lo largo del juego. No hay duda de que las fases del título juegan un papel primordial en esta obra, tienen vida, se mueven, nos divierten, complementan las acciones de los personajes y nada es al azar. Sorprende que de algo tan simple a la vista salgan ideas tan bien hechas y no caiga en rutinas, mientras otros que quieren aparentar grandeza y alardes técnicos de texturas se encasillen sin aportar nada.





Aunque estamos ante un añejo concepto de plataformas 2D de avance horizontal, el apartado audiovisual acaba perfilando los cimientos del juego, decorando toda esa estructura ideada por la ilustre mente de Ancel con un baño multicolor lleno de vida, belleza y simpatía. El motor UbiArt desarrollado por el estudio francés es increíble. Si Ubisoft lo distribuye, y si surgen grandes ideas para este género, podríamos estar hablando de un renacer en esta clase de juegos, ya que lo hace fácil y asequible; algo utópico quizá, ya que no todos tienen el privilegio de ser visionarios del mismo calibre que Ancel, pero podría significar un momento importante y de interés. Quién sabe si incluso para juegos Indie podrían servirse de este ingenio para desarrollar cosas hasta este nivel tan vistoso y resplandeciente que luce Rayman Origins, las ideas harían el resto. Incluso Ancel tiene deseos de compartir este motor de forma gratuita y crear una comunidad a su alrededor para los que quieran desarrollar juegos 2D con esta técnica, pero el tema de licencias queda en manos de Ubisoft. Básicamente esta tecnología permite que los artistas que crean toda la parte creativa sobre papel, sea llevado directamente al juego.

Sonido y música se unen en armonía con todo lo demostrado visualmente, sin salirse de contexto en ningún momento con lo irreverente y la imaginación que veremos a cada paso, remarcando la personalidad del juego tal y como fue en su día y tal y como es ahora, con melodías perfectamente adheridas a la temática que decora el ambiente de cada mundo. Es esa simbiosis entre lo sonoro y lo visual lo que hará que podamos reírnos en ciertos momentos, que apreciemos la espectacularidad del juego en su totalidad sin que podamos pasar por alto todo lo que nos quieren demostrar. Es como estar jugando con dibujos animados de hilarante creatividad, que exhiben ideas donde la imaginación no parece conocer límites. Ancel y su equipo parece que no se han dejado nada en el tintero y lo melódico no podía ser menos para que acompañara toda esa desbordante fuerza de insigne creatividad. Una demostración de gran hacer que manifiesta el gran trabajo que hay detrás de este título que nos puede parecer tan sencillo a simple vista.





Nos quedaría hablar de la cara y la cruz de este juego, quizá lo mejor y a la vez mal beneficiado. Rayman Origins nos permite jugar en cooperativo con hasta 4 jugadores, sin partición de pantalla. Si el juego, a grandes rasgos, ya es divertidísimo en solitario, jugando en compañía la diversión se dispara hasta niveles insospechados con ese ritmo entre lo frenético y agradable tan bien implementado. Deberemos colaborar para superar las adversidades de cada mundo, llegar a plataformas inalcanzables con la ayuda de los compañeros, abarcar diferentes rutas, superiores e inferiores, o si morimos, que nos hincharemos como un globo y sobrevolaremos el nivel sin poder hacer nada, dependeremos de los compañeros para que nos salven.

No obstante, mientras colaboramos, también competiremos, a priori, involuntariamente. Por así decirlo nos perjudicaremos accidentalmente siempre y cuando no hagamos las cosas a propósito (aquí en Gungnirgames las sospechas serían destacables, nadie estaría libre de pecado, poca credibilidad tienen los accidentes). Así que siempre podemos pasar por alto lo accidental, o vengarnos más adelante. Sea como fuere, será la parte más divertida de este juego. Lo único malo, es que si no estamos para ir a casa de los amigos por temas de pereza o trabajo o falta de tiempo, este juego no dispone de modo online, y es una lástima que un cooperativo tan bien hecho no disponga de esta opción para acomodar a todo tipo de jugadores según sus vidas personales y diarias. Lo cierto es que es algo incomprensible, y eso que yo, personalmente, no soy de online, pero este juego tiene algo en su forma de ser que merece este modo y, desgraciadamente, no lo tiene.





Rayman Origins volverá a pasar, una vez más, increíblemente e incomprensiblemente, por uno de los “sleepers” del año, que para los que no lo sepáis, ya que no lo he mencionado, los sleepers son los juegos en que normalmente las ventas no hacen justicia a la calidad del juego. Aparecido a finales del 2011 y con juegos como Skyrim y Zelda en el mercado en las mismas fechas, ya ha hecho que el juego se vea así, es muy duro enfrentarse a esos colosos. Y seguramente siga siendo así a lo largo del 2012. Quién sabe si mencionando muchas veces que Rayman Origins es un gran “sleeper”, paradójicamente, esa fama acabe cosechando un gran éxito para el juego. Lo cierto es que Ancel y sus chicos ponen a vuestra disposición uno de los juegos más divertidos que podéis llegar a jugar en vuestra vida, y que de sus simples bases se sacan una obra maestra del género. Craso error subestimar su propuesta por lo que se ve a simple vista. Quien diga que este género tan entrañablemente arcaico ya no es para la actualidad, es que no tiene ni idea, este Rayman es para cualquier amante del género como para cualquier jugador. Rayman Origins demuestra que las plataformas puras todavía tienen mucho que decir, que aún pueden evolucionar y despertar de su letargo antiguo mientras se tengan ideas; que lo que parecía retro ya no es tan retro, y que ese sabor a mundo antiguo puede volver a renacer de sus cenizas gracias a este juego junto a otros que han ido apareciendo en la actualidad.
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