Y una vez más el papel viene a sacarme de la soledad: viene a tenderme un oído y la compañía que no encuentro en vos. Pero no es tu culpa, lo sé. Es imposible que encuentre compañía en vos porque no nos dignamos a presentarnos, mirarnos, ni siquiera encontrarnos. Claro, cuando me destapo de todas las actividades me empiezo a ver. La soledad es un gran espejo que me permite descubrirme y volverme a conocer. Es cómo cuando la pista de baile va quedando vacía y podés distinguir los últimos bailarines. Bueno, esta soledad me permite distinguirme, escuchar mis diferentes momentos anímicos, respirarme, saber qué es lo que quiero, lo que me gusta, lo que no. Sé que soy redundante pero quiero que entiendas que inventarte es lo que mínimamente me va acercando a vos, me permite saber que existís.
Sé que cuando estemos juntos voy a recordar estos años que vivo sin vos. Voy a recordar que estoy sólo conmigo y no me arrepentiré. Sin embargo, me la paso planeando qué haría si estuvieras ahora conmigo en estas crudas vacaciones. Algo me falta, y eso sólo lo alcanzo con vos: un paseo en bici, una charla telefónica, mirarte la luz de los ojos mientras comemos, enroscarme en tu cuerpo o jugar carreras en la calle.
Tengo ganas de dejarme caer en tus brazos y que así se me caigan todos los miedos que voy acumulando mientras no estamos juntos. Básicamente miedo a amar, a sentir y expresar, no medir, el miedo al desnudo, pero no precisamente el físico sino ese que me deja al descubierto y vulnerable. Ese que hace que vos me puedas ver y sentir tal cual soy, sin traducciones. Y así cuando me desprotejo de las defensas, irónicamente me fortalezco porque simplemente soy y ya sabés.
No sé dónde estás, no sé quién o cuál sos, pero espero que el azar, el viento, el río, un país, una música o vaya a saber qué cosa, nos ponga frente a frente. Todo lo demás no importa, lo demás lo sentimos, yo por vos y vos por mí.
Sé que cuando estemos juntos voy a recordar estos años que vivo sin vos. Voy a recordar que estoy sólo conmigo y no me arrepentiré. Sin embargo, me la paso planeando qué haría si estuvieras ahora conmigo en estas crudas vacaciones. Algo me falta, y eso sólo lo alcanzo con vos: un paseo en bici, una charla telefónica, mirarte la luz de los ojos mientras comemos, enroscarme en tu cuerpo o jugar carreras en la calle.
Tengo ganas de dejarme caer en tus brazos y que así se me caigan todos los miedos que voy acumulando mientras no estamos juntos. Básicamente miedo a amar, a sentir y expresar, no medir, el miedo al desnudo, pero no precisamente el físico sino ese que me deja al descubierto y vulnerable. Ese que hace que vos me puedas ver y sentir tal cual soy, sin traducciones. Y así cuando me desprotejo de las defensas, irónicamente me fortalezco porque simplemente soy y ya sabés.
No sé dónde estás, no sé quién o cuál sos, pero espero que el azar, el viento, el río, un país, una música o vaya a saber qué cosa, nos ponga frente a frente. Todo lo demás no importa, lo demás lo sentimos, yo por vos y vos por mí.
31 - 07 - 2013