PEQUEÑA MUÑECA DE PORCELANA PÚTRIDA



Otra vez, el mundo se niega a mí. Marginalidad en la vida. Paz en la muerte. Deseo tenerte a mi lado y el destino prohibido me lo impide. ¿Quién ha de escribir las hojas de tal cruel destino? Marioneta me he de sentir, sentada en mi fétido sillón, corroído por el tiempo y las polillas. He de ver el mundo con otros ojos, odio hacia aquellos inconscientes q habitan estas tierras. Mientras, sentada, veo la habitación en penumbras. Se siente un vaho pestilente. Comida pútrida ha de estar desparramada por todo el recinto. Colapsé mentalmente y en este estado destruí mí alrededor solo para lograr salir del juego.
Llegaste a mi puerta. Con desilusión en tu mirada observaste mi cuerpo destrozado por el huracán de mi mente.
Yacía con la televisión prendida, miraba perdidamente esa televisión llena de polvos. Hacía semanas q no salía de mi “hogar”. No quedaba alimentos. El agua no era necesidad alguna. Sólo estaba sentada, hundida en mis excrementos y orín. Veía ratas y gatos muertos a mí alrededor, sin lograr comprender q sucedió en mí…
Te acercaste a pesar de la pestilencia. Nunca encontré tu mirada… algo impedía q te mirara. Tu pasión por volver a mí sobrepasaba todo. Me levantaste. La piel se hundía en mí, y sólo esquelética estaba. Sin fuerza alguna.
Me llevaste a rastras hasta el baño intacto y polvoriento. Me dejaste a un lado mientras llenabas la bañera con agua tibiamente maternal q limpiaría mi alma.
Me desvestiste lentamente y me ayudaste a entrar en aquel lugar, yo no me resistía… sólo era una marioneta. Te remangaste me enjabonaste el cuerpo… el agua tomaba un color amarronado… suciedad. Mientras estaba dentro, vaciaste dos veces la bañera y la llenaste otra vez, hasta q el agua límpida saliera.
Te quedaste a mi lado, hasta q por fin reaccioné. Lástima q demasiado tarde…

Tu cuerpo yacía junto a mí en esa bañera, cuna de tu muerte. El agua era sangre y tu palidez brillaba en el cuarto. Sin asco te abrace. Sin entender q sucedió, te besé, amada mía. No fuiste mía en la vida… pero ahora lo eres en la muerte…
Saqué tu frágil cuerpo del agua ensangrentada. Tu cuerpo apenas mostraba señales de rigor mortis. Caminé por el departamento contigo en brazos. Estaba pulcramente arreglado. Te dejé en mi cama. Parecías morbosamente dormida. Sequé tu cabello, te quité la ropa mojada y te vestí con ropas limpias. Así fue q te convertiste en mi marioneta… te mantuve a mi lado por siempre. Nunca nadie vino a preguntar por ti. Jamás supe porqué. Ahora casi un año ha pasado, sigues durmiendo en mi cama, tu palidez ahora transformada en verdusca podredumbre habitaba en mí. Tu descomposición me llenaba cada día con las ganas de seguir… y así me liberé. Durmiendo a tu lado hasta q te extingas completamente… mi pequeña, podrida y corrompida por el destino… mi dulce muñeca amada…
He perdido la cuenta de cuantas veces te he desnudado por las noches oscuras y te he hecho más mía q nunca. Observaba tu cuerpo desnudo y rígido ante mí. Una y otra vez te acaricie hasta lo más profundo de tu débil cuerpo, mientras tu hedor se impregnaba en mi piel. Las noches a tu lado han sido las más hermosas. Ni la luna ha sido testigo de nuestro pútrido amor. Prohibido en vida, alabado en muerte. Era nuestro secreto, nuestro placer, nuestro amor, nuestra vida. El mundo no comprende este sentimiento. Si lo doy a conocer te quietarán de mi lado y no podré vivir así.

¿Cómo dejarte si quiero q seas mía por siempre? Simplemente mantendré nuestro secreto. Mi espíritu ya se ha casado contigo. Ya te he expresado mi amor. Ahora sólo descansemos mi amada mía, así hemos de disfrutar más mañana por la noche. Sólo recuerda q en el otro mundo eres mi amada fiel pero en este eres mi pequeña muñeca de porcelana pútrida.