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Hebe Serebrisky-Federico Herrero-El Hipopótamo blanco

Arte7/22/2013


Federico Herrero, recuerda su puesta en escena de la obra -El Hipopótamo Blanco- en el Teatro Escuela Central, de la autora Hebe Serebrisky, autora clave en el teatro Argentino, entre los títulos relevantes de la autora citada se destaca:
-Redes-.


Nos cuenta Federico Herrero: Hebe Serebrisky es una autora de gran importancia dentro del contexto social y cultural de su época, tanto dentro del panorama teatral como narrativo.

Hebe Serebrisky nació en 1942 de provincia de Buenos Aires.es una autora de una novela, obras teatrales, cuentos y novelas para niños y textos periodísticos.

Comenzó con la narrativa y pronto la alternó con la dramaturgia.

Federico Herrero opina qué el teatro de de la autora tiene una doble vertiente: debe ser válido como literatura dramática y, a la vez, como hipótesis teatral.

El escenario impone reglas bastante rigurosas. Por ejemplo conocer los tiempos, porque una representación teatral tiene un tiempo determinado y un espacio preciso.
El texto va a tener cuerpos y voces, un lenguaje fónico y mímico. Una de las condiciones básicas para escribir dramaturgia es saber visualizar la corporeidad de ese fenómeno que produce la escritura dramática. El autor es todos los personajes a los que mira moverse en el escenario y tiene todos los tonos de las voces de esos personajes.

A grandes rasgos, la obra de Serebrisky esquiva el realismo para criticar la docilidad del ser humano, para expresar la imposibilidad de comunicación y la dependencia de los débiles hacia sus propios opresores.

En la obra -El hipopótamo blanco- están presentes elementos que caracterizan el teatro de Hebe.

Las piezas de Hebe están construidas desde el conflicto dramático que genera una situación de crisis; en el momento en que los personajes se muestran ante el espectador, atraviesan una situación límite cuyo proceso de resolución, positivo o negativo (a favor de la víctima o a favor del victimario), va a tener lugar ante nuestros ojos.
En este proceso, los personajes se encuentran con unos antagonistas que anulan o intentan impedir el deseo de realización personal de los otros; representan la incomprensión frente a una nueva forma de entender el mundo.
Sus personajes, generalmente perdedores y débiles por naturaleza, se ven ante la dura dicotomía de elegir entre seguir dejándose dominar o rebelarse; de ahí la dureza y valentía de sus decisiones, que contrastan con la debilidad de su condición y que genera una lucha continua contra lo que los domina y los convierte en víctimas.

Se trata de obras construidas desde una mirada personal, que impregna todas sus piezas y que condiciona la recepción del público, ya que los personajes han pasado en un primer momento por el prisma de la autora, que desde tal punto los mira y los muestra al espectador.
En el desarrollo dramático tiene gran importancia la palabra, por presencia o por ausencia; es un elemento que Serebrisky considera fundamental para el teatro.

Se trata de un lenguaje actual, adecuado a cada uno de los personajes, coloquial y plagado de modismos y frases hechas, adecuado también a la realidad cultural del público al que se enfrenta, el argentino. De ahí la decantación por el uso del voseo y algunas expresiones tomadas directamente del lunfardo.

Serebrisky utiliza diálogos precisos y densos que a veces se apoyan en un juego lingüístico establecido entre los personajes y destinado a ocultar o declarar la verdad, dependiendo de las necesidades de cada obra. Se trata de un lenguaje que en muchos casos, se revela como incapaz para el entendimiento entre opresores y oprimidos, entre vencedores y vencidos. De ahí que la palabra no sea el único protagonista de sus textos, sino que también cuenten de manera muy importante los silencios y los gritos, que en muchos personajes se revelan como el único arma de que dispone el débil, la víctima, para enfrentarse al opresor, al victimario. Muchas de sus obras acabarán con el grito desgarrador de sus protagonistas, gritos que acaban convirtiéndose en un alarido, un aullido que animaliza a sus personajes para mostrar la fuerza de los condenados al silencio.

Hebe Serebriski al igual que otros autores de teatro, entre ellos: Pier Heller, practica un -teatro ético-, donde la preocupación por la condición humana (la justicia, la dignidad, el perdón) es planteada no a través de interrogaciones abstractas sino de las relaciones humanas. En sus textos, los vínculos tradicionales de la sociedad (familia, amigos, patrones) engendran humillaciones, odios y rencores, pero también hay lugar para la esperanza.
En 2005 pronunció el discurso inaugural de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
Fue la primera vez que la Feria (en ese momento en su trigésima primera edición) fue inaugurada por una mujer.
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