El ejército estaba constituido por ciudadanos romanos (legionarios) y reclutas auxiliares procedentes de los pueblos conquistados (auxilia). La unidad militar más pequeña era el contubernium, grupo de unos diez soldados que compartían el mismo alojamiento. El oficial que mandaba diez de estos grupos era el centurión. A su vez, 60 centurias formaban una legión, que constaba de 4.500 a 7.000 hombres.
“Un ejército solo avanza con el estómago lleno”, dijo Napoleón Bonaparte. Roma había comprendido esa realidad mucho antes que el emperador francés, y alimentaba bien a sus soldados. La revista Archäologie in Deutschland observa: “El ejército romano jamás se amotinó porque la comida fuera mala”. De hecho, “en algunas zonas del imperio, las tropas comían mejor que la población civil”.
Aunque los soldados recibían una ración diaria de carne fresca, frutas, verduras, pan de trigo y aceite de oliva, no había lujos. “Los cuarteles romanos no tenían cantina”, añade la citada revista. Cada contubernium debía preparar su propia comida.
Tras veinticinco años de servicio, al soldado romano lo licenciaban con honores y, en reconocimiento, recibía un terreno o una retribución económica. A los reclutas auxiliares y a sus hijos se les concedía la ciudadanía romana. “Para muchos, alistarse en el ejército era la vía más rápida de convertirse en ciudadano romano”, explica el libro Der Limes zwischen Rhein und Main (El limes entre el Rin y el Main).
“Un ejército solo avanza con el estómago lleno”, dijo Napoleón Bonaparte. Roma había comprendido esa realidad mucho antes que el emperador francés, y alimentaba bien a sus soldados. La revista Archäologie in Deutschland observa: “El ejército romano jamás se amotinó porque la comida fuera mala”. De hecho, “en algunas zonas del imperio, las tropas comían mejor que la población civil”.
Aunque los soldados recibían una ración diaria de carne fresca, frutas, verduras, pan de trigo y aceite de oliva, no había lujos. “Los cuarteles romanos no tenían cantina”, añade la citada revista. Cada contubernium debía preparar su propia comida.
Tras veinticinco años de servicio, al soldado romano lo licenciaban con honores y, en reconocimiento, recibía un terreno o una retribución económica. A los reclutas auxiliares y a sus hijos se les concedía la ciudadanía romana. “Para muchos, alistarse en el ejército era la vía más rápida de convertirse en ciudadano romano”, explica el libro Der Limes zwischen Rhein und Main (El limes entre el Rin y el Main).