Él mismo mandó a hacer una aclaración pública de su estado de salud el 21 de febrero, por la vía de una inusual carta al correo de lectores de Clarín: “La intervención realizada produce una afectación en la dicción, situación que no altera, en modo alguno, mi tarea al frente del Grupo”
Esta vez es su desafío personal. Vital. Intransferible. Está casi adaptado a la rutina de no comer y no beber. Se alimenta e hidrata a través de sondas. Con la misma tenacidad, se acostumbró a hacerse entender a través de una dura reeducación de sus dañadas cuerdas vocales, que no vibran normalmente desde su crucial operación del 2007. En el último encuentro gerencial del Grupo Clarín, en Mar del Plata, ya no hizo falta subtitular su presentación del Power Point. Los 400 asistentes fueron testigos de la evolución de su enfermedad. Por eso, ahora, Héctor Magnetto (65), el hombre fuerte del Grupo Clarín -el que se ha juramentado pulverizar el poder de los Kirchner-, estaría dispuesto a asumir otra decisión dramática en la que le va la vida: someterse a una compleja cirugía de reconstrucción de su lengua y afrontar así los riesgos de un reto científico con escasos antecedentes en el mundo.
El poderoso CEO, aún herido por el fuego graneado del kirchnerismo, transmitió esa voluntad en la intimidad de sus diálogos con dos poderosos industriales. Aliados sorprendidos y confidentes circunstanciales. Son los que comentan a NOTICIAS haberlo visto “entero” y exhibiendo “más energía que nunca”. Pero él no quiere confirmar la eventual nueva cirugía: “Si tienen un lugar para recomendarme, lo voy a tener en cuenta”, mandó a decir.
Hiperactivo. La verdad es que Magnetto luce recuperado luego de su dramático trance del 2007 y transmite que sólo le quedan secuelas de aquella imprevista cita con la muerte. Terminó el 2009 redoblando su actividad dentro y fuera del Grupo. Movió toda la estantería empresaria para alinear a sus principales referentes en la estrategia de “desarmar” y “aislar” al kirchnerismo en retirada. Apuesta fuerte que retumbó directa e indirectamente en la interna de la Unión Industrial Argentina y de la Asociación de Empresarios Argentinos. En la AEA, por ejemplo, propuso que quedara a cargo de la presidencia Jaime Campos, que no proviene del directorio de ninguna empresa, pese a que la entidad nuclea, precisamente, a los empresarios dueños de holdings que facturan en conjunto 200.000 millones de pesos. “Es para no comprometer a los presidentes de las compañías en los conflictos con el poder que se van a agigantar hasta el 2011 y para que los empresarios no se queden callados ante la negociación que se viene con los partidos políticos”, explicó, clarito, uno de los vocales.
En noviembre pasado, Magnetto volvió a ser uno de los protagonistas centrales del influyente Foro de Iberoamérica que viene sesionando desde hace nueve años en diversas ciudades de Latinoamérica, España y Portugal. Paolo Rocca, CEO de Techint; Eduardo Elsztain, presidente de IRSA y el propio Magnetto recibieron en la Fundación Proa, de La Boca, a los ex presidentes Ricardo Lagos (Chile), Belisario Betancur (Colombia) y Julio María Sanguine-tti (Uruguay) y al secretario general iberoamericano, Enrique Iglesias, ex número uno del BID, y al ex ministro español de Economía, Rodrigo Rato. Según Clarín, pese a que “nada de los contenidos que se debaten en el Foro pueden ser dados a conocer a la prensa, a la que le están vedadas sus sesiones, ciento por ciento a puertas cerradas”, uno de los temas en debate habría sido “la falta de diálogo” en algunas democracias regionales, atribuida a “cierta nostalgia -la experiencia lo está demostrando- por la autocracia”.
Fue en medio de ese febril activismo que afloró esa deuda pendiente que tiene consigo mismo: revertir lo más posible las secuelas del cruel doble cáncer de garganta y faringe que lo afecta desde hace tres años. En el 2006, debió atravesar tres meses de tratamiento de rayos y quimioterapia en una clínica de Chicago y tres meses de ausencia de su oficina de la calle Tacuarí. En enero del 2007, se enteró de que el cáncer insistía y debió operarse. Su biógrafo personal, el periodista José Ignacio López, cuenta en su libro: “Magnetto dice y actúa según lo que reconoce: que no experimenta angustia por no poder comer ni beber con normalidad. Y sobre todo por saber que no podrá hacerlo jamás”.
NOTICIAS ya había revelado la dramática secuela de aquel proceso: el exitoso conductor del grupo de comunicación más importante de la Argentina se había quedado sin voz por un carcinoma de laringe, diagnosticado, afortunadamente, a tiempo, según la escueta versión que ofreció su entorno. La laringectomía se había realizado en enero de ese año en la clínica oncológica de la Universidad de Chicago. Él mismo mandó a hacer una aclaración pública de su estado de salud el 21 de febrero, por la vía de una inusual carta al correo de lectores de Clarín: “La intervención realizada produce una afectación en la dicción, situación que no altera, en modo alguno, mi tarea al frente del Grupo”. Durante un buen tiempo, tuvo que valerse de un pequeño aparato con teclado que convertía su escritura en voz mecánica. Hoy ya casi no apela a ese soporte: sus interlocutores se han acostumbrado a entenderlo. La lengua es justamente la moldeadora, junto al paladar y la cavidad bucal, de los sonidos del habla. Si bien la reconstrucción de ese órgano es científicamente viable, no son muchos los centros internacionales en condiciones de garantizar su extrema complejidad. Tampoco Magnetto completó su raid de consultas médicas aquí y en el exterior.
La operación. En términos generales, y de acuerdo con lo que explican especialistas argentinos de primer nivel, el cáncer de laringe suele ser tratado con radioterapia y quimioterapia, tal como lo hizo Magnetto en Chicago. Cuando esto no es suficiente y el tumor maligno no responde, es cuando se recurre a la cirugía: se extrae la cuerda vocal. Si la que se extirpa es una sola, el enfermo puede seguir comunicándose, no pierde la voz, aunque sí es preciso que la reeduque a través de ejercicios de foniatría. En los casos de cáncer avanzado -cuando la laringectomía es total-, la persona queda imposibilitada de hablar: “Si no hay cuerdas vocales, no hay voz normal”, ratifica el cirujano Julio Moreno, del Servicio de Cirugía Oncológica del Hospital de Clínicas.
Si el cáncer primario apareció en la laringe, existiría un 20% de posibilidades de que la persona afectada (los hombres tienen dos veces más incidencia de este tipo de cánceres, en comparación con las mujeres) sufra un nuevo cáncer en el tracto respiratorio superior. Que bien puede ser la lengua. Es aquí cuando se ven afectados los mecanismos para alimentarse: sin lengua, el paciente corre el riesgo de padecer una neumonía espirativa, que se produce cuando restos de comida van hacia el pulmón en lugar de seguir su camino hacia el aparato digestivo. De allí, la necesidad de alimentación por sonda nasogástrica. También existe la alternativa de realizar una gastrostomía, intervención quirúrgica por la cual se hace un pequeño orificio en el estómago y se coloca una sonda. De este modo, el enfermo puede alimentarse aun cuando no esté capacitado para ingerir durante un tiempo prolongado.
En el caso de que el cáncer obligue a seccionar una parte de la lengua, los especialistas aconsejan reconstruirla uniendo sus extremos, cuando es posible, o reconstituyendo sus pérdidas, a través de procedimientos microquirúrgicos. La lengua nunca recupera su funcionamiento original, es un órgano difícil de reemplazar funcionalmente. Un porcentaje de 1,5 personas por cada mil habitantes sufre tumores en la boca y en la cavidad orofaríngea, de acuerdo con Moreno, que aunque no está involucrado con el tratamiento de Magnetto, sabe muy bien de qué habla: es miembro especialista en instituciones como el FLENI y el Centro Interdiscipliario de Alta Complejidad (CIAC). Hay quienes sueñan desde hace años con la posibilidad de realizar el trasplante de lengua. Pero hasta ahora sólo se han podido concretar ensayos en animales que no han probado ninguna eficacia de larga duración en los seres humanos. “La lengua y sus conexiones dentro de la cavidad orofaríngea es como un tablero de cables donde cada conexión es precisa y exclusiva, uno no puede equivocarse. Un trasplante es una quimera”, observa Gabriel Damiano, especialista en cirugía de cabeza y cuello del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital de Clínicas. Actualmente, sólo se podría intentar una buena reconstrucción del órgano perdido.
El futuro. “Lo que lo mantiene vivo es la política, su pelea con Kirchner. Quiere verlo fuera del poder. Es el único que se atrevió a meterse con sus negocios”, sostiene, enfático, un directivo del Grupo. Las secuelas del cáncer lo limitan, pero se ve que no lo anulan.
En octubre del año pasado, Magnetto y su amigo y vicepresidente del Grupo Clarín, José Antonio Aranda, habrían mantenido una conversación con el juez Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Querían conocer de primera mano la opinión que le merecía al tribunal la Ley de Medios que se tramitaba en el Congreso y que se aprobaría por amplia mayoría tres semanas después. “La Corte no va a resolver los problemas que los políticos no puedan resolver”, atinó a contestar Lorenzetti. Pese a la frialdad de la respuesta, Magnetto despliega por estos días una fuerte presión sobre aquellos magistrados que puedan tener algo que decir sobre el sinfín de desventuras que padece el Grupo, sobre todo las múltiples instancias judiciales que se vienen sobre la intervención estatal en Papel Prensa, el freno a la fusión de Cablevisión y Multicanal, las desinversiones previstas por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, e incluso la causa por la presunta adopción irregular de los hijos de Ernestina Herrera de Noble, Marcela y Felipe. “Vamos a presentar batalla en cada frente que nos abran para destruirnos, pero la solución de fondo es política y consiste en hallar el camino para el surgimiento de un nuevo gobierno democrático”, les planteó, sin ambages, a varios de sus colegas empresarios.
Ésa es su batalla. Por ella está dispuesto a dar la vida.