Infidelidad.
¿Sabes una cosa? Hoy vine a verte y no estabas, a la casa de tu amiga fui a buscarte, pero allí tampoco te encontrabas. Me sentí preocupado por tu llamado de esta mañana, me dijiste que no te sentías bien, que quizás con un día en la cama se te pasaría, me pediste que hoy no fuera a buscarte, porque no tenías ganas de ver a nadie. No pude evitarlo e intente darte una sorpresa, un ramo de flores te compre para que te hicieran compañía. He dado varios golpes a la puerta de tu casa, pero nadie respondió.
Me sentí algo confundido al no saber sobre tu paradero, a un bar decidí entrar, café de por medio intentaría recordar, algún lugar en el que vos podrías estar. Tal vez por cosas del destino, te encontré, estabas en unas de las mesas de aquel bar, acompañada por un hombre, te veías tan interesada en lo que él te decía que no notaste mi presencia. Inmediatamente del bar me fui, en la esquina me dispuse a esperar, después de treinta minutos según mi reloj, saliste junto a él, subiste a su auto y emprendieron la marcha, casi al instante a un taxi detuve, como si se tratara de una película de espías, te seguí los pasos.
Mis sospechas lamentablemente, fueron confirmadas, al verte ingresar a un hotel junto a aquel hombre, a mi casa regrese, con el rostro cubierto de lágrimas, con un inmenso dolor en el alma.
Después de haber reflexionado, esta carta te escribí, para contarte que hoy fui hasta tu casa, preocupado por el malestar que dijiste sentir. Hoy descubrí que lo tuyo era una enfermedad, la enfermedad llamada infidelidad, a la que miles de hombres y mujeres en todo el mundo atrapa, una enfermedad que afecta solamente, a quienes como vos, no tienen corazón.
¿Sabes una cosa? Hoy vine a verte y no estabas, a la casa de tu amiga fui a buscarte, pero allí tampoco te encontrabas. Me sentí preocupado por tu llamado de esta mañana, me dijiste que no te sentías bien, que quizás con un día en la cama se te pasaría, me pediste que hoy no fuera a buscarte, porque no tenías ganas de ver a nadie. No pude evitarlo e intente darte una sorpresa, un ramo de flores te compre para que te hicieran compañía. He dado varios golpes a la puerta de tu casa, pero nadie respondió.
Me sentí algo confundido al no saber sobre tu paradero, a un bar decidí entrar, café de por medio intentaría recordar, algún lugar en el que vos podrías estar. Tal vez por cosas del destino, te encontré, estabas en unas de las mesas de aquel bar, acompañada por un hombre, te veías tan interesada en lo que él te decía que no notaste mi presencia. Inmediatamente del bar me fui, en la esquina me dispuse a esperar, después de treinta minutos según mi reloj, saliste junto a él, subiste a su auto y emprendieron la marcha, casi al instante a un taxi detuve, como si se tratara de una película de espías, te seguí los pasos.
Mis sospechas lamentablemente, fueron confirmadas, al verte ingresar a un hotel junto a aquel hombre, a mi casa regrese, con el rostro cubierto de lágrimas, con un inmenso dolor en el alma.
Después de haber reflexionado, esta carta te escribí, para contarte que hoy fui hasta tu casa, preocupado por el malestar que dijiste sentir. Hoy descubrí que lo tuyo era una enfermedad, la enfermedad llamada infidelidad, a la que miles de hombres y mujeres en todo el mundo atrapa, una enfermedad que afecta solamente, a quienes como vos, no tienen corazón.