La loli tiene una belleza innata, que enternece a todo aquel que llegue su imagen. Decimos que hay que temer a las armas, pero yo temería más a las lágrimas de una loli. Porque un arma puede matarte, pero la loli puede ponerte a su disposición con sólo llorar.
Las lolis tienen algo que no sabemos decir en castellano, y la única palabra que nos queda es "kawaii". No hay otra que exprese mejor lo que sentimos.
No es posible comprender lo que nunca has sentido. Así, el que no haya amado a las lolis, no puede hablar, por la simple razón de que abriría la boca sólo para decir boludeces.
Como los caballeros de la Edad Media, estamos dispuestos a dar la vida por las lolis y a morir por ellas, pero si vamos a morir, nos llevaremos un buen puñado de villanos con nosotros por protegerla (es el camino del caballero). Sin embargo, ¡qué hermosa es la vida junto a las lolis! ¡Cuánta alegria nos colma al contemplar su inocencia y ponernos a jugar con ellas! ¡Qué lindo cuando desean verte llegar, cuando sienten una amistad tan fuerte por uno!
Esta es la historia de una loli, que quería ser princesa. Pero era plebeya.
La voz dulce de la loli se dejó oír
—¡Ohajo!
El criador de puercos, un viejo flaco y alto, le contestó:
—¡Ohajo, Loli-Chan!
—Quiero ser una Hime. ¿Cómo hago?
—No puedes, pequeña Loli.
Las lágrimas se asomaron en sus grandes ojitos dulces, y sus manos suavecitas se cruzaron, delante del vestidito sencillo de campesina.
—¿Por qué no?
—Ah... te llevaré al Palacio Imperial. Así, al menos, podrás ver de lejos a la princesa.
—¿Por qué? ¿Es porque no soy bastante linda?
—Eres hermosa, Loli-chan, tan bella como no podría serlo la princesa, pero cuida que nadie se entere de lo que dije...
—Entonces, ¿por qué?
—Porque naciste aquí, para alegrar el campo. Los heimini no tenemos todas las joyas, viviendas y banquetes que tienen los kazoku y los emperadores, así que Dios te trajo aquí, entre nosotros, para que seas nuestra felicidad.
La rosada boquita de la loli esbozó una sonrisa.
—¿Pero podemos ver a la princesa?
—Sí, pequeña.
Loli-chan se puso a saltar para todos lados, dando vueltas en círculo, como si hiciera una danza de felicidad, mientras su voz preciosa se hacía oír en grititos alegres.
El criador de puercos sonrió también.
Espero que les haya gustado. Quizás, haga segunda parte y tercera y así sucesivamente. Pero por hoy es esto todo lo que tengo ganas de compartir y escribir.