Muchos de los oficios relacionados con el cine realmente pasan muchas veces inadvertidos al ojo del espectador medio. El director y los actores suelen ser siempre los más recordados. No obstante tanto el director de fotografía como el de arte son dos manos derecha del director que hacen al efecto visual final de una película. ¿Pero qué hacen cada uno de ellos?. Cierto es que años atrás, muchos años atrás, no había en el detrás de escena tantas manos trabajando y decidiendo como ahora. Cada producción está dividida en muchos departamentos que a su vez poseen tanto directores como miembros de equipo que trasladan a la pantalla lo que finalmente quiere transmitir visualmente un director o un guión en particular.
La responsabilidad fundamental del director es la puesta en escena de la película, mientras que la del director de fotografía es la de colaborar en la planificación, composición de los diferentes encuadres y en la iluminación de cada plano. De cómo trabajen juntos es lo que logrará que por ejemplo un decorado o locación no quede sumida y perdida bajo una pésima iluminación.
A su vez a la par de estos dos, existe un director de arte que será quien supervise cada detalle involucrado no sólo en la fotografía sino en el vestuario, locación, etc del film en cuestión. Son tres cabezas que si se fusionan bien, surge un producto visualmente virtuoso y logrado. Como en una melodía, si uno desentona, el oído se da cuenta sepa o no de música; en cine pasa otro tanto con el aspecto visual que no sólo busca impacto estético sino además verosímilitud.
Para ejemplificar un extraordinario trabajo de equipo decidí recurrir a El curioso caso de Benjamin Button, film que particularmente a mí no me gustó desde lo argumental pero al que no puedo negarle un fantástico trabajo estéticamente impecable. La fotografía en particular de esta película, en manos del chileno Claudio Miranda y de la dirección artística en manos de Tom Reta son imperdibles. Los contraluces, los interiores de luces cálidas y los exteriores saturados son una maravilla visual. Fue difícil elegir de entre tantas tomas maravillosas que tiene esta obra, pero creo que las que verán a contiuación no tienen desperdicio!.
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La responsabilidad fundamental del director es la puesta en escena de la película, mientras que la del director de fotografía es la de colaborar en la planificación, composición de los diferentes encuadres y en la iluminación de cada plano. De cómo trabajen juntos es lo que logrará que por ejemplo un decorado o locación no quede sumida y perdida bajo una pésima iluminación.
A su vez a la par de estos dos, existe un director de arte que será quien supervise cada detalle involucrado no sólo en la fotografía sino en el vestuario, locación, etc del film en cuestión. Son tres cabezas que si se fusionan bien, surge un producto visualmente virtuoso y logrado. Como en una melodía, si uno desentona, el oído se da cuenta sepa o no de música; en cine pasa otro tanto con el aspecto visual que no sólo busca impacto estético sino además verosímilitud.
Para ejemplificar un extraordinario trabajo de equipo decidí recurrir a El curioso caso de Benjamin Button, film que particularmente a mí no me gustó desde lo argumental pero al que no puedo negarle un fantástico trabajo estéticamente impecable. La fotografía en particular de esta película, en manos del chileno Claudio Miranda y de la dirección artística en manos de Tom Reta son imperdibles. Los contraluces, los interiores de luces cálidas y los exteriores saturados son una maravilla visual. Fue difícil elegir de entre tantas tomas maravillosas que tiene esta obra, pero creo que las que verán a contiuación no tienen desperdicio!.
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