Me encontraba sentado como cada noche en el pequeño pupitre que acomodaron en mi humilde habitación del hospital psiquiátrico. Estaba leyendo un libro de filosofía muy interesante que encontré esa tarde en la biblioteca pública. Entrada la madrugada mientras todos se encontraban ya en el mundo de los sueños, sentí que una mirada pesada estaba dirigida contra mí, de esas miradas tan penetrantes que pueden inquietar hasta a un ciego, dejándolo tan turbado que pierde el sentido de la orientación. Al voltearme no encontré a nadie, solo estaba tras de mi espalda el gran y elegante espejo estilo barroco que me regaló hace algún tiempo un extraño señor que encontré en el parque que suelo concurrir a menudo (No encuentro que sea necesario profundizar mucho sobre aquel extraño señor, solo comentar que cuando me entregó el espejo aquel día, me advirtió que tuviera cuidado y se alejó corriendo). No le di importancia a este hecho y continué leyendo pero nuevamente me detuvo la mirada que sentía dirigida hacia mí, solo que ahora estaba ya seguro que se trataba del espejo. Me levanté del pupitre y me paré frente al espejo, pero lo que allí observe me perturbó tanto que me quedé allí sin decir nada, no salían de mi boca las palabras ni tampoco podía gesticular movimiento alguno: Era yo mismo, pero sentado en mi pupitre leyendo el libro.
<< ¡¿Qué mierda?! >> grité y un ataque de cólera comenzó a manipular la situación. Quería destruir aquel espejo, con lo cual saqué un revolver que pude entrar prófugamente al hospital, apunté al centro del espejo y disparé. El espejo no se rompió, solo estaba el agujero de la bala que lo atravesó y ahora, lo que estaba reflejado en él, era yo mismo de pie ensangrentado completamente por el balazo que llegó en mi corazón…
<< ¡¿Qué mierda?! >> grité y un ataque de cólera comenzó a manipular la situación. Quería destruir aquel espejo, con lo cual saqué un revolver que pude entrar prófugamente al hospital, apunté al centro del espejo y disparé. El espejo no se rompió, solo estaba el agujero de la bala que lo atravesó y ahora, lo que estaba reflejado en él, era yo mismo de pie ensangrentado completamente por el balazo que llegó en mi corazón…