


Este post es sobre un músico que admiro. Es un tipo muy talentoso, con una voz hermosa, y una gran calidad de composición, sumada a su capacidad de interpretar y adaptar temas de otros músicos, con un estilo personal muy presente. Él es Pedro Aznar, y para quien no lo conozca, o no le suene de algún lado, hago una especie de breve biografía.

Nació en Buenos Aires, en 1959. Formó parte de Serú Girán (una de las bandas más importantes en la historia del rock argentino), compuso la música de muchas películas, escribió dos libros de poemas - "Pruebas de Fuego" (1992) y "Dos pasajes a la noche" (2009) - y fue parte del Pat Metheny Group como multiinstrumentista y vocalista. Colaboró con muchos músicos como productor, compositor, arreglador, instrumentista y cantante en sesiones de grabación y conciertos. Como solista tiene catorce discos. Sus trabajos abarcan estilos como el Rock, el Jazz y la música popular de raíz argentina y latinoamericana.

Algunos temas

Un DVD completo (son dos discos) "Quebrado Vivo"

Entrevista en el programa "¿Qué fue de tu vida?" de TV Pública, el 10-06-11 (está en cuatro partes)

Algunos poemas

Noviembre
Tu boca me empuja al éxtasis.
Arrojo pétalos
sobre tu noble cabeza.
Caigo en el abismo
igual que la lluvia
atrás de la ventana.
Paseo dos jazmines por tu justa espalda.
Bebes mi esencia.
Muero
como las frágiles flores
que destrozo contra tu cuerpo.

Hasta hoy
Muy bien,
he aquí lo que he visto
hasta hoy:
Cada cuerpo un bastión de "lo mío-que jamás será
lo tuyo ni lo nuestro";
miedo incontrolable: miedo ciego
a abrir la puerta y dejarnos ver
unos a otros
que estamos desnudos;
procesiones incontables
corriendo atrás del amor ideal, un fantasma que siempre se disuelve,
siempre,
al dar vuelta a la esquina;
inventos infructuosos de cualquier tenor y alcance
para convencerse de que la felicidad pueda ser alguna otra cosa
que entregarse a los demás;
reglas, dictámenes, teorías y credos inútiles
(porque no le dan cabida al alma,
bendita en su repulsión a los encierros;
porque son el Olimpo de los necios que creen en llegar
a alguna parte enviando al amor al destierro
por ser indefinible);
multitudes de hipócritas apedreando a los que muestran
sus manos vacías;
pesimistas sin ningún motivo;
optimistas sin ningún motivo;
lo-que-sea-istas subidos al carro de turno;
la desconfianza, alimentada de saber que el otro esconde en sí
fianza, alimentada de saber que el otro esconde en sí
los mismos monstruos;
el odio, nacido de no reconocer los monstruos
en nosotros mismos;
la máquina de forjar hombres a imagen y semejanza
de un dios perverso, vengativo e ignorante;
separación, separación por todas partes: esto no es aquello no es
lo otro ni lo de más allá (y el doloroso precio
de la soledad);
los muertos echando tierra estéril sobre la divina semilla
de la infancia en las escuelas;
la mirada impotente y mezquina de los padres
que se proclaman dueños de los Hijos de la Vida,
(¡la Vida!, ¡que jamás espera nada de nadie!);
los que quieren que todo quede como está
saqueando con gritos, balas o vergüenza
los dones de la juventud;
¡un océano tan vasto de dolor
cuando todo podría ser tan distinto!
He visto, también,
los que no cejan:
buscando a tientas;
aferrándose (o soltándose) al centro en las mareas cambiantes;
dejando un tenue rastro del perfume inconfundible en los vientos furiosos;
librando, cada día, la batalla más difícil, la única noble,
la de adentro;
borrando con su propia sangre los dictados negros (propios
y ajenos);
equivocándose, equivocándose y volviendo a empezar;
dudando de su fuerza, pero ofreciendo el pecho;
sabiendo que está todo por hacer, y que tendrá que ser hecho
cada vez
por cada uno;
templando su coraje en la negrura más espesa de la noche.

Cuatro jazmines
Corto cuatro jazmines
de la planta que me regaló
mi amigo.
Lleno de agua clara
una vasija de barro que,
muerta de sueño,
sorprendí en la alacena.
Me quedo viendo, encadenado a la fragancia,
la inconcebible explosión
del blanco sobre el verde
flotando, abandonada,
por el diminuto mar
de exacta calma.
Pero no,
al fin descubro un tenue latido
en el velo transparente.
Mis brazos, apoyados en la mesa
en la que escribo,
le transmiten el ritmo
de mi sangre.
Y así entiendo:
Yo también soy recipiente
de barro
lleno de agua destinada a secarse
alguna vez
Mi flor aún se está abriendo

A Mishima
¡Hunde la espada en tu vientre!
y deja que la sangre brote
sublevada
como el primer semen
frente a la hermosa imagen
del mártir cristiano.
Creo saber lo que querías:
La grandeza del hombre,
dibujada, irrenunciable,
en los hombros del atleta que amaste
a la distancia;
La vida
hecha un aterrador punto brillante,
colgando del hilo transparente de la desesperación
de Yasue,
sus sobrinos tragados por el mar
frente a sus ojos
de vigía impotente;
El amor indomable
que te mate siete veces:
devorado,
atravesado por espadas,
ahogado en sus aguas turbulentas,
abrasado por su fuego incontrolable,
borracho de veneno, mordido por serpientes,
aplastado en una lluvia torrencial
de piedras, hasta darte la inmortalidad
que desdeñabas; y
La muerte, al fin,
como el orgasmo verdadero
de la liberación.
Ningún otro beso podría haber saciado
tu casta boca,
hambrienta del sabor olvidado
de la carne humana.
¿Qué hiciste,
griego loco,
encarnando en samurai?

Demolición
Hoy pasé por la demolición.
Está casi terminada; queda
sólo el basamento (coronado de chapas protectoras
como espinas) de los cinco pisos
que vieron pasar casi un siglo,
incluídos vos y yo.
Tenías razón: sobre el hombro indiferente
de la mole impersonal que alguien plantó a su lado
(y que parece haber llegado
justo a tiempo de escoltar la muerte)
quedó la huella del color durazno que elegiste
para el corredor de tu casa.
¡Ay, las coordenadas!
¡La geometría que voló a mis ojos
para calcular aquel lugar
que amamos!
Hoy en ese punto hay puro espacio,
cielo virgen, miradas perdidas
esperando el semáforo,
nada.
Y aún estás allí
conmigo, muerta de frío
mirando las estrellas de la alineación
como si de veras fueran a hacerle algo
al mundo.
Aún estoy allí,
en mi arrogancia veinteañera;
la vista clavada sobre el río,
un nudo de silencio en la garganta.
Estás ahí:
corrida por la magia
que tu corazón no se atrevía.
Aún me veo
dejándote una y otra vez,
volviendo siempre.
Fuimos ahí, más que en otras partes,
vos y yo, tanto,
que tal vez no imaginamos
nunca, nosotros en otro
lugar.
Por eso,
ese nuevo punto que ganó el vacío
se nos parece tanto. Está lleno del horror
de no tener olvido.

Estambul
Rostro cubierto
Piel de color oliva
Ojos antiguos
Ríos de gente
salvajemente bella
Conozco a todos
Sudor paisaje
de parra y aceitunas
por los tejados
Carros de fruta
Los pájaros insisten
en ser el cielo
Un laberinto
de luz enloquecida
Las piedras saben
El mar no miente
Un rayo en mi cabeza
Yo ya estuve aquí

Dos pasajes a la noche
afuera
se calló la gritería
el pueblo se acurruca temeroso
contra las montañas
a no poder contar la enormidad
de estrellas
de lejos el viento trae música borracha
sacudida en la coctelera
de un galpón
que de día ha de servir de fábrica
de cosas inservibles
más plástico
para que arrastre el río
somos dos en esta habitación
y sobran camas
incómoda presencia
que parece burlarse del peso
de la corporeidad
la altura da un perpetuo
dolor de cabeza
de esos que ni cesan
ni alcanzan para desesperar
como una pregunta sin respuesta
alguien sopla una quena lastimera
a la distancia y todo se detiene
las constelaciones
la harina en las veredas
el olor a comino y a chicha
y tu cara y la mía
mañana cenizas
igual que el carnaval

El cielo por refugio
perdidos
ante un horizonte
siempre
a la distancia del deseo
perdidos de esperanza
torrentes de infinito
en este cauce
que un día
todo nos responde
sólo podemos preguntar
allí
donde la sangre
se levanta
qué se lleva de nosotros
el viento que dibuja en las arenas
qué se queda de él
en esta piel herida
perdidos
bajo un manto de luces
hechas danza
por la mano pródiga de formas
corazón abierto al cosmos
doblando la apuesta
de la soledad
perdidos
hasta que unos ojos
desnudos de rumbo
y después

A George
que el sonido tenía colores
bajo el efecto de la pócima del Dr. Robert
almas más pequeñas suelen ver otras cosas
mucho más sangre que un lazo de familia
tu música se grabó en mis células
cómo dejarte ir sin decirte esto
estarías en paz con el mundo?
dicen que no tenías paciencia
para gastar con idiotas
bien por vos
si vieras con lo que se quedan
cuando ya no estás
ves, no lloro esta vez,
como a los ocho años
cuando lo de tu accidente de auto
no me despido tampoco
que no sigas estando
no es que no vayas a ser
sitar de siesta psicotrópica
sol que sale por primera vez
hoy me quedo un poco más huérfano
y aunque tu partida era cuestión de días
me había acostumbrado a no recibir la noticia
como si no fuera a llegar nunca
este momento
el paso al para siempre
siempre duele
pero no hagas caso:
sabé que iluminaste muchas vidas
y aunque en vida quién sabe
si eso te importara o te pudiera hacer feliz
ese pequeño grandioso paraíso
aquí se queda con tu nombre
que lo que en vos nunca lo tuvo
alcanzará
seguro
la fuente de toda dicha


En este pueblo
gritos de niños a la siesta
motos lejanas
motores de dos tiempos
tiempo de destiempos
vida que pasa lenta
intrascendentemente
como ausente de glorias y anhelos
menos promesas donde anestesiarse
más misterio donde desprotejerse
y sin embargo es aquí
en estos pueblos
donde vivir se dice con los verbos más banales
se viste con las ropas más tristes
de vidriera polvorienta
como si se entendiera que vivir
es otra cosa que pender del arte
y sus caireles
o como si no se hubiera entendido
nada

La mañana es un grito
La mañana es un grito de muñecos ahogados
por una infantil mano asesina
gris y pegajosa como hule
para forrar un cuaderno donde escribir
mil veces
la humedad me mata
Las torres de alta tensión
patas de puta malabarista
ofreciendo su entrepierna
a la baba del diablo
Asco en el estómago
asco con hambre insaciable
gesto de cansado desprecio
a un día que mejor hubiera hecho
en no ser
El cielo se quiere abrir a la derecha
y me cago en él
no quiero más luz
que llueva hasta que se ahoguen
los arbustos de las inútiles esperanzas
caminos que salen hacia el medio del campo
porque alguna vez a alguien
se le ocurrió que se podía ser feliz
atrás de aquellos árboles
La zanahoria del burro de la historia
ser feliz
ya bastante es dominar el asco en el estómago
Atención a 500 metros control de cargas
Sáqueme sólo la esperanza de la espalda, inspector
que el asco no me pesa
Para qué estar despierto cuando todo duerme
Que se calle de una vez
el cuerpo y su insistencia
de anhelar caricias
que se ocupe del asco
que no es poco
Que calle de quererse
echado a tu lado
un brazo sobre tu cuerpo desnudo
playa lamida por el deseo de la mañana
saciada
buscando nueva supernova
No te tendrá
porque tu néctar es veneno
porque tu agua es sed
porque tu dulzura es filo
porque tu sueño es decepción
Si siente sueño no siga manejando
La ruta sigue en brumas
y tengo sueños que no duermen
ni dejan dormir
los siento, sí, y manejo entre medio
como un borracho que se felicita
por su destreza al volante
Lo que no viene porque no quiere
o no existe
o no oye ni ve
no lo voy a hacer venir
por mucho que maneje el asco
Quién sabe la respuesta sea
no manejarlo más




