¿Se acuerdan del calor?
Mil pequeñas flamas
Por cada centímetro
Ardiendo todo instante
Entre piel y piel
¿Se acuerdan del temblor?
Sacudiendo cada fibra
Cada emoción
Cerrando la garganta
Y llenando de sudor
¿Se acuerda de esos ojos?
En los que uno se ahogaba
Y cuando en los besos
Había que cerrarlos
Para que no se devoraran
Esperando cada segundo
Para escapar de la realidad
Encontrarse con el cuerpo de la fantasía
Y hacer el amor, viendo el mundo, desde ahí arriba
En una cama que a lo terrenal no le pertenecía
Pero a todos nos llegó el momento de bajarnos, de no tener nada que esperar. De perder el fuego en la piel, la vibración en el alma y el hambre de mirar.
Y convertimos el hacer el amor en el oficio de fornicar. El decir te amo en algo protocolar. Barnizamos nuestra intimidad con casualidad y perdimos toda fe en la eternidad.
Y así los años pasan, en soledad. Con la puerta del corazón siempre abierta pero sin dejar que nadie se pueda quedar. Se pone frío, seco y el sol azota y desgasta los pliegues vacíos de emoción.
Pero yo veo a esos chicos, de camisas sueltas y corbatas sucias. Con jeanes gastados y zapatos sin lustrar. Están hirviendo por dentro, cuando se besan parecieran estar en presencia de algo más. Yo también lo estuve, pero no lo puedo recordar.
Así que a vos, que tenés los pies cansados de tanto andar.
Tirate de espalda, mirando al cielo y ponete a soñar.
Que este es un camino que no tiene final.
No caigamos en la mediocridad.
Que en el amor lo importante es el instante donde uno puede volar.
Mil pequeñas flamas
Por cada centímetro
Ardiendo todo instante
Entre piel y piel
¿Se acuerdan del temblor?
Sacudiendo cada fibra
Cada emoción
Cerrando la garganta
Y llenando de sudor
¿Se acuerda de esos ojos?
En los que uno se ahogaba
Y cuando en los besos
Había que cerrarlos
Para que no se devoraran
Esperando cada segundo
Para escapar de la realidad
Encontrarse con el cuerpo de la fantasía
Y hacer el amor, viendo el mundo, desde ahí arriba
En una cama que a lo terrenal no le pertenecía
Pero a todos nos llegó el momento de bajarnos, de no tener nada que esperar. De perder el fuego en la piel, la vibración en el alma y el hambre de mirar.
Y convertimos el hacer el amor en el oficio de fornicar. El decir te amo en algo protocolar. Barnizamos nuestra intimidad con casualidad y perdimos toda fe en la eternidad.
Y así los años pasan, en soledad. Con la puerta del corazón siempre abierta pero sin dejar que nadie se pueda quedar. Se pone frío, seco y el sol azota y desgasta los pliegues vacíos de emoción.
Pero yo veo a esos chicos, de camisas sueltas y corbatas sucias. Con jeanes gastados y zapatos sin lustrar. Están hirviendo por dentro, cuando se besan parecieran estar en presencia de algo más. Yo también lo estuve, pero no lo puedo recordar.
Así que a vos, que tenés los pies cansados de tanto andar.
Tirate de espalda, mirando al cielo y ponete a soñar.
Que este es un camino que no tiene final.
No caigamos en la mediocridad.
Que en el amor lo importante es el instante donde uno puede volar.