Demonio…
¡Aléjate de mí, Demonio Mortífero!
¿Cómo hiciste para escabullirte del ígneo infierno? O ¿Sería el mismo Lucifer quien te envió desde su trono sombrío?
Realmente el tiempo de mi reloj se ha detenido con tu visita ominosa, ¡Qué hora más lóbrega! Y ciertamente me azoras cuando mi mente se siente desmedrada. ¿Es esto una trampa de Luzbel?
¡Aléjate de mí, Demonio Descarado!
Y realmente ves mi cuerpo maltrecho y mi mirar ausente y cansado. Pero te advierto algo, sombra del averno umbrío, ya he luchado antes, y varios demonios probaron el temible corte de mi acero. Acaso, ¿deseas perecer, muerte precaria, en esta hora lóbrega?
¡Ah, qué sofisma más ingrato y lánguido!
Pareces la tierna llama de un cirio acabado y olvidado, temblando por el viento gélido de la noche vacía.
¡Aléjate de mí, Demonio Cobarde!
Eres canalla, canalla inoportuno. Te pasé por el mismo Lucifer; pero ante mi espada divina, abandonas tu misión. ¡Cirio, cirio acabado y olvidado! El alba se acerca con su ebúrneo manto, y tú vuelas despavorido como un cuervo medroso.
¡Pero, qué sofisma más ingrato y lánguido!
¿No olvidas algo, Fantasmita Delirante? Pues ciertamente mi alma está cansada, cuasi desangrada. ¡¿Pero, qué delirios?! Mi alma es santa, santa y maldita, y no merece ser arredrada por tu precariedad, por tus patas de cuervo medroso.
¡Aléjate de mí, Triste Fantasma Infantil!
Y prefiere mis palabras a tu azote Luzbel:
-“Mi alma está cansada, cuasi moribunda y desangrada; pero la noche aún es bella y su desatino me atropella.
¡Qué venga él mismo para sentir su azufre!
¡Qué venga él mismo para temblar de pavor!
¡Qué venga él mismo para mostrar su esplendor!”-
¡Pero, qué sofisma más ingrato y lánguido!
LUIS ESTEBAN T.
¡Aléjate de mí, Demonio Mortífero!
¿Cómo hiciste para escabullirte del ígneo infierno? O ¿Sería el mismo Lucifer quien te envió desde su trono sombrío?
Realmente el tiempo de mi reloj se ha detenido con tu visita ominosa, ¡Qué hora más lóbrega! Y ciertamente me azoras cuando mi mente se siente desmedrada. ¿Es esto una trampa de Luzbel?
¡Aléjate de mí, Demonio Descarado!
Y realmente ves mi cuerpo maltrecho y mi mirar ausente y cansado. Pero te advierto algo, sombra del averno umbrío, ya he luchado antes, y varios demonios probaron el temible corte de mi acero. Acaso, ¿deseas perecer, muerte precaria, en esta hora lóbrega?
¡Ah, qué sofisma más ingrato y lánguido!
Pareces la tierna llama de un cirio acabado y olvidado, temblando por el viento gélido de la noche vacía.
¡Aléjate de mí, Demonio Cobarde!
Eres canalla, canalla inoportuno. Te pasé por el mismo Lucifer; pero ante mi espada divina, abandonas tu misión. ¡Cirio, cirio acabado y olvidado! El alba se acerca con su ebúrneo manto, y tú vuelas despavorido como un cuervo medroso.
¡Pero, qué sofisma más ingrato y lánguido!
¿No olvidas algo, Fantasmita Delirante? Pues ciertamente mi alma está cansada, cuasi desangrada. ¡¿Pero, qué delirios?! Mi alma es santa, santa y maldita, y no merece ser arredrada por tu precariedad, por tus patas de cuervo medroso.
¡Aléjate de mí, Triste Fantasma Infantil!
Y prefiere mis palabras a tu azote Luzbel:
-“Mi alma está cansada, cuasi moribunda y desangrada; pero la noche aún es bella y su desatino me atropella.
¡Qué venga él mismo para sentir su azufre!
¡Qué venga él mismo para temblar de pavor!
¡Qué venga él mismo para mostrar su esplendor!”-
¡Pero, qué sofisma más ingrato y lánguido!
LUIS ESTEBAN T.