Fulminante.
Autor:Belceboso
Pequeñas gotas de fría lluvia se deslizaban lentamente por las paredes de viejas trincheras, que hace tiempo habían pasado al olvido y cuando los rayos del sol comenzaban a recorrer los rincones de las mismas, el sargento Ruiz comenzaba su día. La guerra se había prolongado más de lo esperado, con melancolía comenzaba a recordar los primeros días de las batallas, como tenían la mente repleta de ideas; patriotismo, honor, deber y valentía, para estos momentos esas palabras carecían de sentido, como carecían el primer día de la batalla, pero su juventud no lograba entenderlo aun. Caminaba lentamente por las trincheras sosteniendo su café y con el fusil al hombro, surcaba los corredores enlodados y mientras tranquilamente escuchaba pájaros cantar con alegría, mas allá de las agrestes colinas. Desde hace mas de 50 años estos pasajes eran su hogar, sus hombres habían muerto hace mucho tiempo, algunos por las balas enemigas, otros por enfermedad y miseria.
Llego al puesto de avanzada, cuando el sol aun brillaba esplendoroso en el amanecer y puso a hervir el agua del café, miro el horizonte y al otro lado de la tierra de nadie, se erguía el último enemigo en pie, levanto lentamente su recipiente con café recién hecho y lo saludo, el enemigo hizo lo mismo. Con un movimiento de manos indico a donde apuntaría los morteros, para que no fuera a ese lugar y su némesis también dio indicaciones sobre el bombardeo, se despidieron cordialmente y cada uno volvió a su rutina habitual. Los morteros apuntaron al lugar pactado y una lluvia de explosivos caía sobre las trincheras vacías, levantando polvo de antiguos combatientes, mientras el sargento Ruiz degustaba su insípido café de campaña. A veces disparaban al aire, para otorgar dramatismo a la sinfonía de sonidos y mientras las explosiones sonaban el sargento Ruiz fue a inventariar las raciones de comida, habían hecho lo que se suponía no caducaban y tomando en cuenta que solo quedaba un soldado, había comida para otros 50 años de lucha.
Muchas veces había pensado en reunirse con su enemigo, pero aun pasaban aviones por encima del campo de batalla, recordándoles que la guerra seguía presente. Prefería un breve saludo matutino, que un encuentro más cercano, tal vez el tiempo había forjado la costumbre. Mientras el sargento Ruiz se sentaba a degustar su alimento procesado, sonó la radio, hace muchos años que no había comunicaciones y apresuradamente contesto, con una voz extraña, debido a los años de silencio dijo -¡Aquí avanzada del Treceavo ejército!- hubo un breve tiempo de espera, cuando respondieron la línea -¡Aquí la central! ¿Usted está al mando?- a lo que rápidamente respondió -¡Afirmativo!- la voz al otro lado, giro ordenes –Mande a todos los soldados a cubierto, vamos a destruir las líneas enemigas- no contestó a las ordenes, solo comenzó a correr hacia el puesto de avanzada, el lodo apresaba sus botas, pero no dejaba de correr y cuando llego, ahí se encontraba su enemigo, él comenzó a mover los brazos desesperadamente, pero no funciono de mucho un avión llego como un rayo y con soltó su destructiva carga. Una luz brillante como sol se alzo en la planicie, fulminando a su único amigo.