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El Malo - cuento propio

Arte7/21/2012
Silencio.
Tenía la respiración agitada.
Silencio, y el blanco del techo del consultorio del Doctor Failebogen.
Sentía su presencia detrás mío, lo intuía pensando en todo lo que le acababa de decir.
Yo no entendía muy bien que hacía allí, recostado en el diván, hablando con un desconocido.

Mi madre había decidido traerme después de la historia con el gato.
El gato de nuestra vecina.
Y lo que yo le había hecho al gato.

Eso era lo que conté al Doctor Failebogen, de un tirón, sin poder parar, como en esas películas que veía en la tele donde un mafioso disparaba una ametralladora y la ametralladora parecía dominarlo a él.

El doctor me pidió que saliera y le dijera a mi madre que entrara, que tenía que hablar con ella.
Cuando salió del consultorio, lloraba.






Nos sentamos a cenar.
Mi padre, mi padre... era como mirar a un Rey Serio y Callado, presidía la mesa.

- Qué dijo el médico ese? Habló, tronó, con tono de desprecio a mi madre. Mi padre no creía en los psiquiatras.
- Que puede ser pasajero. Un síntoma de la pubertad.
- Pubertá?
- De la edad, viejo.
- Y que más?
- Que el chico tiene que hacer algo. Que está muy solo y que eso a esta edad lo hace fantasear... con cosas...
- Lo hace fantasear con mutilar gatos? Gritó mi padre.

Cuando dijo la palabra "mutilar" sentí unas cosquillas en la espalda, y sentí como la saliva me llenaba la boca.
Mi madre miró el plato de comida, y siguió hablando como si no hubiera escuchado.

- Dijo que sería bueno que lea menos. Que no está mal que lea, que eso es bueno. Pero que deberíamos mandarlo a hacer algo para que descargue y se relacione con otra gente.
- Algo... cómo que?
- No se, viejo. Teatro, artes marciales. O que aprenda a tocar algún instrumento. Eso le va a hacer mas fácil... las cosas.
- No, de ninguna manera. No tenemos dinero para eso. Y punto.







Me gustaba leer.
De chico leí "Viaje al corazón de las tinieblas", cuando mis compañeritos leían manga.
Y Fausto. Siempre quise ser Fausto. Llamarme Fausto.
Yo sentía que tenía un trato con el diablo.
Por eso me encantaba mirar ilustraciones del Infierno. Me gustaban especialmente esos grabados terribles de Doré.
Me ayudaban a calmar al "malo".
Es algo que le conté al Doctor Failebogen.
Cuando pasó lo del gato, fué El Malo.
El Malo me dominaba a veces, por un tiempo, y hacía esas cosas horribles.





Mi padre me ignoraba, por lo general.
No hacíamos nada juntos, excepto ir a la cancha.
El viejo era socio de Newells, fanático, y los seguía en las buenas y en las malas.
Por herencia, yo también era hincha del equipo.
Recuerdo la última vez que fuimos juntos.
Gritamos el gol de Newells con toda la tribuna.
Y como gritaba. No podía dejar de gritar.
-Gooooooooooooooollllllllllllllllllllll!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
El sonido me penetraba y yo gritaba y seguía hasta que la palabra perdió sentido, pero yo seguía y seguía y seguía.
El grito lo cortó el sopapo de mi padre.
Yo me quedé con la boca abierta, pero ya no emitía ningún sonido.
La gente, desconocidos, me miraban también.
Algunos se reían o se codeaban entre ellos.
Pero lo peor fué la mirada de mi padre.
Nunca antes había visto tanta tristeza en ellos.






Mis padres eran, son, gente humilde.
Decentes, trabajadores.
No teníamos mucho.
Pero a la semana de lo de la cancha, y a un mes de lo del gato, me encontré aprendiendo guitarra.

Por un tiempo, todo anduvo bien.
Hasta que El Malo volvió.
Yo tenía ya quince años.
Y lo que pasó con ese chico, no fué culpa mía.


Esta vez el Doctor Failebogen parecía realmente preocupado.
Le dió a mi madre una receta de pastillitas para mi, y le recomendó que buscara alguna actividad donde pudiera canalizar mi violencia, y pudiera socializar. Sugirió teatro y algún deporte físico.
No podíamos permitirnos pagar las sesiones, así que por lo menos eso...


Pero tampoco ayudaba.
Tenía períodos en que me sentía bien.
Tranquilo.
Hasta tenía amigos.
Pero El Malo... lo sentía gritar desde adentro, arañarme las entrañas.
Las mutilaciones me hipnotizaban morbosamente.
Tenía erecciones de solo pensar en ellas.
Como cuando pasó lo del gato y lo de aquel chico.
Y de vez en cuando, a pesar de todo, El Malo salía afuera.






Cuando la familia de mi madre insistía con circuncidarme a los trece años según las costumbres religiosas de su pueblo, mi padre estalló, contaba mi abuela.
- No voy a marcar a mi hijo con esas mutilaciones del diablo!!!!
De mas está decir que no se habló mas del tema.
Mi padre y mi madre no pertenecían al mismo culto, y sus discusiones me llevaron a odiarlos a todos por igual.








Descubrí el internet en el ciber de la esquina.
Decidí aprender todo lo que podía sobre computadoras.
Especialmente Unix.
Pero descubrí otras cosas también.
Que en los forums podía soltar a El Malo sin graves consecuencias.
Ah!!!! Que tiempos!!!
Elegí mis víctimas.
No gatos ni chicos del barrio.
Que mejor que toda una comunidad?
Todo un grupo humano, al que de todas maneras tanta gente despreciaba?
Podía ser El Malo con total impunidad, y que por primera vez en mi vida me aplaudieran.
Y otra bonificación mas... podía ser Fausto y El Diablo al mismo tiempo.
Podía crearme varias personalidades.
Una Buena... y varias para El Malo






Todo cambió cuando conocí a Liliana.
Yo ya era un hombre de 21 años.
Fuimos novios por doce meses.
Hasta que El Malo me dominó.
Así, sin previo aviso.
Después de esa noche, no volví a verla.






Ahora vivo deseando que El Malo tome control.
Porque cuando el no está, pienso.
Y cuando pienso, recuerdo... y El Bueno es muy flan y se pone triste y siente remordimientos.
Entonces El vuelve, y con el, la alegría rabiosa, la ferocidad... esta violenta muestra de amor.

Todo terminó mal.
No se si fué el maldito mutilado, el Doctor Failebogen.
O esa reventada, Liliana.
A la vieja que se hartó de las misteriosas desapariciones de sus gatos.
O mis padres, que ya no podían mas.
En este lugar me dan inyecciones que duermen a El Malo.
Y yo me siento solo sin el.
Tampoco hay internet, ni gatos.
Solo estas paredes blancas, acolchadas.
Solo estas paredes blancas y yo.



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