Quiromante (Descomposición en 6 actos)
Acto I: La distancia
La distancia inocua
también es relativa,
y ha distorsionado
otra vez el tiempo.
Un desasosiego inmundo,
han contaminado el lago,
la cara de un hombre antiguo
ahora se refleja en el agua.
Los dioses del sueño
han vuelto a alejarse,
pacientes en su universo,
serán el cielo o el mar.
Permanecí en la ciudad
demasiado tiempo,
mis ojos ya ni recuerdan
que bajo el cielo hay mundo.
Tanto azul para contemplar,
tanto silencio abrumador,
tanta niebla sobre el mar,
tanto horroroso caos.
Guardián de la penumbra,
con su risa infernal,
desafía a que me marche
y a que no regrese jamás.
Acto II: El cielo de Dagón
¿Cuál de estos cielos
es el cielo de Dagón?
demasiado tiempo ha pasado,
demasiadas libaciones sacras.
Descargará su ira
furibunda sobre mí,
me hará pedazos,
me hará sufrir.
Si resisto el embate
esperaré paciente
la nueva destrucción
del vengativo Dagón.
Seré carne en esta ciudad,
seré mártir en su esplendor,
seré río en su destrucción,
seré la miseria peor de este cielo.
El espanto del látigo,
caerá sin piedad,
sobre los fieles,
sobre los elegidos.
Yo no puedo creer
ni en quien llenó mi copa,
ni en el que me envenenó,
hoy he soñado con Dagón.
Acto III: La última noche
Se despiden con la certeza
de que no van a regresar,
los últimos rayos de sol,
la llamada de Dagón.
Inmensa cúpula,
brilla en lo alto,
laberinto sin fin,
cruzan los puentes.
Ruido sordo y profundo,
todo lo que hay para oír,
la espesa niebla lo cubre,
llamada de las profundidades.
Ahora veo algo a lo lejos,
y sólo deseo volver a casa,
pero antes intentaré robar el fuego
y entonces mis pupilas serán sol.
Nunca sabré si fue el viento
o las líneas de mis manos,
manchas negras en mis ojos,
inocencia lúcida para mis sueños.
Fenómenos extraños,
ya es la última noche,
mi boca llena de sangre
y un dolor desgarrador.
Acto IV: Quiromancia
Ya nada me puede molestar,
en mis manos está la verdad,
un antiguo sueño ha nacido,
sólo creo en el quiromante.
La pradera se extiende ondulante,
mi boca no deja de sangrar y sangrar,
sangre que jamás he de beber,
la quiromancia es mi puta ciencia.
Sólo supe de la fiebre
justo antes de partir,
bendición de un presagio,
siento el sudor en mi sien.
Muelles totalmente desiertos,
una misteriosa piedra tallada,
restos de un caos primigenio,
el cosmos arde en mi mente.
El musgo se apodera de todo,
acantilados sobre el mar,
la bruma cubrirá lo que queda,
en la quiromancia está la verdad.
La solución es condena,
demasiadas apologías
para tan pocas plagas,
frío y marcas en mi cara.
Acto V: El futuro del fin
Incendio premonitorio,
capas y capas de pintura,
ardiendo para celebrar
el postergado regreso.
El fuego es divino,
arder es lo de menos,
los vestigios inmundos,
el viento azota sin descanso.
Un ataque de espanto,
suplicaré a Dagón
que devore mi alma,
que no haya perdón.
Bosque tenebroso y oscuro,
Dagón me ha dado la vida,
Dagón no puede perecer,
miro el cielo caerse a pedazos.
Humores que huelen a podrido,
los años perdidos ya no cuentan,
Dagón no ignora mi verdad,
el del fuego no he sido yo.
Acto VI: El fin del futuro
Liberación primigenia,
alteradora y antigua,
un cuerpo aún caliente,
inevitables manchas en mis ojos.
Las ruinas ya no me asustan,
elegiré el aire intoxicado,
mejor sería no respirar,
disfrutaré así el temblor.
Huellas antiguas,
sé que no podré
huir eternamente
de las profundidades.
El orgulloso imperio
arrasado por la furia
de los peores elementos,
huida desesperada.
Monstruosas constelaciones,
luces sobrenaturales me llaman,
voy hacia la ciénaga endemoniada,
como lo predijo el quiromante.
Flores Negras N°41
Acto I: La distancia
La distancia inocua
también es relativa,
y ha distorsionado
otra vez el tiempo.
Un desasosiego inmundo,
han contaminado el lago,
la cara de un hombre antiguo
ahora se refleja en el agua.
Los dioses del sueño
han vuelto a alejarse,
pacientes en su universo,
serán el cielo o el mar.
Permanecí en la ciudad
demasiado tiempo,
mis ojos ya ni recuerdan
que bajo el cielo hay mundo.
Tanto azul para contemplar,
tanto silencio abrumador,
tanta niebla sobre el mar,
tanto horroroso caos.
Guardián de la penumbra,
con su risa infernal,
desafía a que me marche
y a que no regrese jamás.
Acto II: El cielo de Dagón
¿Cuál de estos cielos
es el cielo de Dagón?
demasiado tiempo ha pasado,
demasiadas libaciones sacras.
Descargará su ira
furibunda sobre mí,
me hará pedazos,
me hará sufrir.
Si resisto el embate
esperaré paciente
la nueva destrucción
del vengativo Dagón.
Seré carne en esta ciudad,
seré mártir en su esplendor,
seré río en su destrucción,
seré la miseria peor de este cielo.
El espanto del látigo,
caerá sin piedad,
sobre los fieles,
sobre los elegidos.
Yo no puedo creer
ni en quien llenó mi copa,
ni en el que me envenenó,
hoy he soñado con Dagón.
Acto III: La última noche
Se despiden con la certeza
de que no van a regresar,
los últimos rayos de sol,
la llamada de Dagón.
Inmensa cúpula,
brilla en lo alto,
laberinto sin fin,
cruzan los puentes.
Ruido sordo y profundo,
todo lo que hay para oír,
la espesa niebla lo cubre,
llamada de las profundidades.
Ahora veo algo a lo lejos,
y sólo deseo volver a casa,
pero antes intentaré robar el fuego
y entonces mis pupilas serán sol.
Nunca sabré si fue el viento
o las líneas de mis manos,
manchas negras en mis ojos,
inocencia lúcida para mis sueños.
Fenómenos extraños,
ya es la última noche,
mi boca llena de sangre
y un dolor desgarrador.
Acto IV: Quiromancia
Ya nada me puede molestar,
en mis manos está la verdad,
un antiguo sueño ha nacido,
sólo creo en el quiromante.
La pradera se extiende ondulante,
mi boca no deja de sangrar y sangrar,
sangre que jamás he de beber,
la quiromancia es mi puta ciencia.
Sólo supe de la fiebre
justo antes de partir,
bendición de un presagio,
siento el sudor en mi sien.
Muelles totalmente desiertos,
una misteriosa piedra tallada,
restos de un caos primigenio,
el cosmos arde en mi mente.
El musgo se apodera de todo,
acantilados sobre el mar,
la bruma cubrirá lo que queda,
en la quiromancia está la verdad.
La solución es condena,
demasiadas apologías
para tan pocas plagas,
frío y marcas en mi cara.
Acto V: El futuro del fin
Incendio premonitorio,
capas y capas de pintura,
ardiendo para celebrar
el postergado regreso.
El fuego es divino,
arder es lo de menos,
los vestigios inmundos,
el viento azota sin descanso.
Un ataque de espanto,
suplicaré a Dagón
que devore mi alma,
que no haya perdón.
Bosque tenebroso y oscuro,
Dagón me ha dado la vida,
Dagón no puede perecer,
miro el cielo caerse a pedazos.
Humores que huelen a podrido,
los años perdidos ya no cuentan,
Dagón no ignora mi verdad,
el del fuego no he sido yo.
Acto VI: El fin del futuro
Liberación primigenia,
alteradora y antigua,
un cuerpo aún caliente,
inevitables manchas en mis ojos.
Las ruinas ya no me asustan,
elegiré el aire intoxicado,
mejor sería no respirar,
disfrutaré así el temblor.
Huellas antiguas,
sé que no podré
huir eternamente
de las profundidades.
El orgulloso imperio
arrasado por la furia
de los peores elementos,
huida desesperada.
Monstruosas constelaciones,
luces sobrenaturales me llaman,
voy hacia la ciénaga endemoniada,
como lo predijo el quiromante.
Flores Negras N°41