InicioArteRecopilación de escritos cortos
Y siempre será así. Estamos destinados, si es que el destino existe, a las idas y vueltas. A la espantosa levedad de quien dice que no ama y al instante se arrepiente de haberlo pronunciado, porque cuando las palabras emergieron sintió lo que había afirmado no padecer, y con miedo se lo escondió, ya había hablado, no podía retractarse. Es nuestra historia, es esa duda que no nos permite dormir de noche, que solo deja de ser un dilema cuando se materializa, se pone en palabras frente a un otro, un ente cualquiera que solo sirve para escuchar verdades que después de dichas mutan a mentiras. Cambiamos constantemente, pero volvemos siempre al mismo punto, al querernos, odiarnos y amarnos devuelta con más fuerza, buscando escaparnos.



¿Cuántas veces habré observado el precipicio calculando si saltar desde allí me quitaría la vida? ¿Y cuántas otras me privé del goce de intentarlo? Sintiéndome flotar lo miraba, el vacío negro debajo de mis pies. Pensé que ya no necesitaría amigos para dejar de sentirme sola, pensé que si lo concretaba no habría más dolor, más miedo, más yo. Un pequeño salto puede curar todos esos males que padezco. Solo uno. Pero la valentía se escondía, no dejaba verse, se evaporaba más a cada segundo. Pronto me invadió esa absurda sensación de que todavía no era mi hora ¡Qué gran mentira aquella! Cualquier tiempo es bueno para morir, para experimentar eso que se vive una sola vez, que te hace feliz, que te hace nada.
Recordé todo lo bueno que tengo y que no me alcanza. Nunca me bastó nada, jamás algo me hizo feliz por más de segundos. Es lindo tener cosas, pero pronto la sensación se va y te deja con un objeto más que no es distinto a los demás. Y así fluye mi vida, o lo que queda de ella. Llena de cosas que algún día deseé con toda mi alma (si es que esa no es una mentira más) y que hoy no destacan entre aquella gigante pila de cosas obsoletas que no me importaría descartar.



Nunca le dije que lo quería, jamás. Creo que omitir las obviedades es lo mejor que se puede hacer siempre, ahorrar saliva y conservar las calorías que se podrían haber gastado en el acto de hablar. Es que, ¿por qué le diría a alguien que lo aprecio, cuando ya se da por hecho, cuando se expresa en acciones? Además, si es verdadero el afecto, no sería necesario recalcar con palabras algo que sabemos es mutuo, la magia se puede evaporar al pronunciar.
Él es todo lo que tengo, no veo a nadie más, le pertenezco, pero no me pertenece: tiene a otros. Sí, soledad me dicen a veces, cuando se cansan de llamarme con mi nombre. Una sola persona me conoce y ella sabe más de mí que cualquier otro, inclusive yo. No hay amor de la clase que te hace dibujar corazones por las paredes, ni mencionar su nombre a todos. No, nada de eso. Es más bien algo que cualquiera puede percibir, hasta en la forma de mirar.
Desde andenes enfrentados nos miramos, hasta que el tren llega, ¡Tiempo récord ésta vez! Nunca viene más rápido que cuando tengo el placer de observarte, qué honor aquél.



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