Tengo un problema al escribir, y es que todo lo que redacto se vuelve depresivo, sin ánimo. Ayer, por ejemplo, estaba componiendo un cuento corto. Ese pequeño escrito iba de mal en peor, entonces pensé: "debe ser porque estoy escuchando las canciones más bajoneantes de Radiohead. Capaz esté influenciado por la voz chirriante de Thom y su melancólica guitarra". Cambié la musica, puse algo un poco más colorido, la primera etapa de los Beatles, empezando con "I want to hold your hand".
Pero a los pocos renglones, un personaje se había suicidado y otro se estaba empastillando para encontrar salida en un glorioso coma farmacológico. La lapicera no me sonreía y me encontraba sumamente disgustado.
Desafié mis principios y comencé a escribir una historia llena de los típicos clichés románticos y enredos de un cuento maltrecho. El resultado fue peor: el enamorado mutiló cada parte del cuerpo de su chica y los puso a hervir mientras se masturbaba en su sala de estar.
No sabía que hacer. Parece que mi suerte es escribir como si todos los días fueran domingo y ofrecerle al lector una escapatoria repugnante. Pensé que capaz sea algo del inconsciente, algún trauma o problema no resuelto. Eso sí, soy muy conciente de que muchos de los personajes que creo son producto de personas reales, las cuales detesto. Pero no encuentro explicación a todo esto. ¿El dolor y el sufrimiento son mi única inspiración? Tengo que desafiarme y proponerme escribir algo un poco más alegre, aunque sea soso y estúpido. Aunque se que fallará. Este pesimismo me está matando, lo estoy haciendo otra vez, el presente texto está volviéndose en contra mio, como todos. Me descontrolo, tal vez tenga un trastorno disociativo de identidad. Sin embargo, se que soy un experto hipocondríaco, así que mucha atención no presto a las diversas patologías que aparecen y se van como si vivieran enamorados del viento.
¿Y si es la silla lo que me condiciona? ¿Es que puede ser una silla "depresiva"? Todo, absolutamente todo es subjetivo. Si hay alguien que propone la objetividad no le crean. Todos nuestros pensamientos y recuerdos nos condicionan. Siempre nos veremos obligados con nuestros intereses. No voy a poder escribir un cuento que termine bien, que contenga una moraleja y que se le pueda contar a los nietos. Jamás. Siempre tendrán una que otra triste reflexión y mucha perversión. Invariablemente alguien se va a matar y otro reirá (pero nunca eternamente). El estado natural del hombre es la soledad y la tristeza. No hay religión que lo impida. Te dopan con promesas que jamás viste concretar (ni verás). Lo siento, la vida es gris (te amo, frase hecha).
Las pesadillas son las formas más hermosas del horror.
...y al final murieron, y las perdices se extinguieron...
Pero a los pocos renglones, un personaje se había suicidado y otro se estaba empastillando para encontrar salida en un glorioso coma farmacológico. La lapicera no me sonreía y me encontraba sumamente disgustado.
Desafié mis principios y comencé a escribir una historia llena de los típicos clichés románticos y enredos de un cuento maltrecho. El resultado fue peor: el enamorado mutiló cada parte del cuerpo de su chica y los puso a hervir mientras se masturbaba en su sala de estar.
No sabía que hacer. Parece que mi suerte es escribir como si todos los días fueran domingo y ofrecerle al lector una escapatoria repugnante. Pensé que capaz sea algo del inconsciente, algún trauma o problema no resuelto. Eso sí, soy muy conciente de que muchos de los personajes que creo son producto de personas reales, las cuales detesto. Pero no encuentro explicación a todo esto. ¿El dolor y el sufrimiento son mi única inspiración? Tengo que desafiarme y proponerme escribir algo un poco más alegre, aunque sea soso y estúpido. Aunque se que fallará. Este pesimismo me está matando, lo estoy haciendo otra vez, el presente texto está volviéndose en contra mio, como todos. Me descontrolo, tal vez tenga un trastorno disociativo de identidad. Sin embargo, se que soy un experto hipocondríaco, así que mucha atención no presto a las diversas patologías que aparecen y se van como si vivieran enamorados del viento.
¿Y si es la silla lo que me condiciona? ¿Es que puede ser una silla "depresiva"? Todo, absolutamente todo es subjetivo. Si hay alguien que propone la objetividad no le crean. Todos nuestros pensamientos y recuerdos nos condicionan. Siempre nos veremos obligados con nuestros intereses. No voy a poder escribir un cuento que termine bien, que contenga una moraleja y que se le pueda contar a los nietos. Jamás. Siempre tendrán una que otra triste reflexión y mucha perversión. Invariablemente alguien se va a matar y otro reirá (pero nunca eternamente). El estado natural del hombre es la soledad y la tristeza. No hay religión que lo impida. Te dopan con promesas que jamás viste concretar (ni verás). Lo siento, la vida es gris (te amo, frase hecha).
Las pesadillas son las formas más hermosas del horror.
...y al final murieron, y las perdices se extinguieron...