Elevación
Sobre los lagos, sobre los valles,
de las montañas, de los bosques, de las nubes, de los mares,
más allá del sol, más allá del espacio,
más allá de los confines de las esferas estrelladas.
Espíritu mío, te mueves tan ágilmente,
y, como un buen nadador que se solaza en la ola,
surcas alegremente la inmensidad profunda
con indecible y vigorosa voluptuosidad.
Vuela bien lejos de estos efluvios malignos ;
y ve a purificarte en el aire elevado
y bebe, como un puro y divino licor,
el fuego claro que habita los espacios limpios.
Detrás de los enojos y los enormes disgustos
que cargan con su peso la existencia opaca,
dichoso aquel que puede con un ala vigorosa
lanzarse hacia los campos luminosos y serenos;
aquel cuyos pensamientos, como las alondras,
por la mañana emprende hacia el cielo su vuelo libre,
que se abraza a la vida y comprende sin esfuerzo
el lenguaje de las flores y el de las flores mudas
La vida anterior
[/i] de las montañas, de los bosques, de las nubes, de los mares,
más allá del sol, más allá del espacio,
más allá de los confines de las esferas estrelladas.
Espíritu mío, te mueves tan ágilmente,
y, como un buen nadador que se solaza en la ola,
surcas alegremente la inmensidad profunda
con indecible y vigorosa voluptuosidad.
Vuela bien lejos de estos efluvios malignos ;
y ve a purificarte en el aire elevado
y bebe, como un puro y divino licor,
el fuego claro que habita los espacios limpios.
Detrás de los enojos y los enormes disgustos
que cargan con su peso la existencia opaca,
dichoso aquel que puede con un ala vigorosa
lanzarse hacia los campos luminosos y serenos;
aquel cuyos pensamientos, como las alondras,
por la mañana emprende hacia el cielo su vuelo libre,
que se abraza a la vida y comprende sin esfuerzo
el lenguaje de las flores y el de las flores mudas
La vida anterior
Yo he habitado mucho tiempo en vastos pórticos
que los soles marinos teñían de mil fuegos,
y que sus grandes pilares, fuertes y majestuosos,
parecían, al anochecer, las grutas basálticas.
Las olas , espejando las imágenes de los cielos,
mezclaban de una manera ritual y mística
los poderosos acordes de su rica música
a los colores del ocaso reflejados por mis ojos.
Es allá que yo he vivido en las voluptuosidades serenas,
en medio del azul, de las olas, de los esplendores
y de esclavos desnudos, todo impregnado de aromas,
que me refrescaban la frente con palmas,
y cuyo único cuidado era profundizar
el doloroso secreto que me hacía languidecer.
Los búhos
que los soles marinos teñían de mil fuegos,
y que sus grandes pilares, fuertes y majestuosos,
parecían, al anochecer, las grutas basálticas.
Las olas , espejando las imágenes de los cielos,
mezclaban de una manera ritual y mística
los poderosos acordes de su rica música
a los colores del ocaso reflejados por mis ojos.
Es allá que yo he vivido en las voluptuosidades serenas,
en medio del azul, de las olas, de los esplendores
y de esclavos desnudos, todo impregnado de aromas,
que me refrescaban la frente con palmas,
y cuyo único cuidado era profundizar
el doloroso secreto que me hacía languidecer.
Los búhos
Bajo los tejos negros que los protegen,
los búhos meditan alineados,
como dioses extraños,
arrojando chispas coloradas.
Inmóviles permanecerán
hasta la hora melancólica
en que , empujando el sol oblicuo,
las tinieblas se desparramarán.
Enseñan al sabio su actitud:
que es necesario en este mundo huir
del tumulto y del movimiento ;
el hombre embriagado por las sombras que pasan
carga siempre con la condena
de haber querido cambiar de lugar.
El gato
los búhos meditan alineados,
como dioses extraños,
arrojando chispas coloradas.
Inmóviles permanecerán
hasta la hora melancólica
en que , empujando el sol oblicuo,
las tinieblas se desparramarán.
Enseñan al sabio su actitud:
que es necesario en este mundo huir
del tumulto y del movimiento ;
el hombre embriagado por las sombras que pasan
carga siempre con la condena
de haber querido cambiar de lugar.
El gato
Acércate, mi bello gato, a mi amante corazón:
guarda las uñas de tus patas,
y deja que me sumerja en tus bellos ojos ,
matizados con metal y ágata.
Cuando mis dedos acarician lentamente
tu cabeza y tu lomo elástico,
mi mano se embriaga de placer
deslizándose por tu cuerpo eléctrico,
percibo el espíritu de mi mujer. Su mirada,
como la tuya, amable y bestial,
profunda y fría, corta y hiere como un dardo,
y, de los pies hasta la cabeza,
un aire sutil, un peligroso perfume
irradia de su cuerpo moreno
¿Qué dirás esta tarde, pobre y solitaria alma...
guarda las uñas de tus patas,
y deja que me sumerja en tus bellos ojos ,
matizados con metal y ágata.
Cuando mis dedos acarician lentamente
tu cabeza y tu lomo elástico,
mi mano se embriaga de placer
deslizándose por tu cuerpo eléctrico,
percibo el espíritu de mi mujer. Su mirada,
como la tuya, amable y bestial,
profunda y fría, corta y hiere como un dardo,
y, de los pies hasta la cabeza,
un aire sutil, un peligroso perfume
irradia de su cuerpo moreno
¿Qué dirás esta tarde, pobre y solitaria alma...
¿Qué dirás esta tarde, pobre y solitaria alma,
qué dirás, corazón mío, corazón en otro tiempo herido,
a la muy bella, a la muy buena, a la muy querida,
de cuya divina mirada de súbito has reflorecido?
-Nuestro orgullo cantará alabanzas:
nada vale la dulzura de su autoridad;
su carne espiritual tiene el perfume de los ángeles,
y su mirada nos envuelve en un ropaje de luz.
Ya sea en la oscuridad y solitario,
ya sea en la calle y entre la multitud,
su espectro en el aire danza como una antorcha.
A veces, habla y dice: ''Yo soy bella, y ordeno
que por mi amor sólo ames lo bello;
soy el ángel guardián, la musa y la madonna''
Epígrafe para un libro condenado
qué dirás, corazón mío, corazón en otro tiempo herido,
a la muy bella, a la muy buena, a la muy querida,
de cuya divina mirada de súbito has reflorecido?
-Nuestro orgullo cantará alabanzas:
nada vale la dulzura de su autoridad;
su carne espiritual tiene el perfume de los ángeles,
y su mirada nos envuelve en un ropaje de luz.
Ya sea en la oscuridad y solitario,
ya sea en la calle y entre la multitud,
su espectro en el aire danza como una antorcha.
A veces, habla y dice: ''Yo soy bella, y ordeno
que por mi amor sólo ames lo bello;
soy el ángel guardián, la musa y la madonna''
Epígrafe para un libro condenado
Lector tranquilo y apacible,
sobrio e ingenuo hombre de bien,
arroja este libro saturnal,
orgíastico y melancólico.
Si tú no has aprendido tu retórica
con Satán, el sagas decano,
¡arrójalo! pues no lo comprenderías,
o me tomarías por un loco.
Pero si no te dejas hechizar,
y tu ojo sabe sumirse en los abismos,
léeme, para aprender a quererme;
alma curiosa que sufres
y vas en busca de tu paraíso,
¡compadéceme!... si no, ¡te maldigo!
La oración de un pagano
sobrio e ingenuo hombre de bien,
arroja este libro saturnal,
orgíastico y melancólico.
Si tú no has aprendido tu retórica
con Satán, el sagas decano,
¡arrójalo! pues no lo comprenderías,
o me tomarías por un loco.
Pero si no te dejas hechizar,
y tu ojo sabe sumirse en los abismos,
léeme, para aprender a quererme;
alma curiosa que sufres
y vas en busca de tu paraíso,
¡compadéceme!... si no, ¡te maldigo!
La oración de un pagano
¡Ay, no detengas tus llamas!
Enciende mi corazón entumecido,
¡voluptuosidad, verduga de las almas!
diva! supplicem exaudi!
Diosa recostada en el aire,
brilla en nuestro pozo.
consuela a un alma muerta de frío,
que te consagra este canto hondo.
¡Voluptuosidad, sé siempre mi soberana!
Toma la máscara de una sirena
hecha de piel y terciopelo,
o derrámame tus sueños profundos
en el vino virtual y místico,
¡voluptuosidad, fantasma infinito!
El muerto jubiloso
Enciende mi corazón entumecido,
¡voluptuosidad, verduga de las almas!
diva! supplicem exaudi!
Diosa recostada en el aire,
brilla en nuestro pozo.
consuela a un alma muerta de frío,
que te consagra este canto hondo.
¡Voluptuosidad, sé siempre mi soberana!
Toma la máscara de una sirena
hecha de piel y terciopelo,
o derrámame tus sueños profundos
en el vino virtual y místico,
¡voluptuosidad, fantasma infinito!
El muerto jubiloso
En la tierra fértil llena de caracoles
cavaría una fosa profunda,
donde pueda placenteramente mostrar mis cansados huesos
y dormir en el olvido como un tiburón en la onda.
Detesto las sepulturas y odio los testamentos,
antes de vivir implorando una lágrima del mundo,
preferiría invitar a los cuervos
a sangrar todas las salientes de mi esqueleto viejo.
¡Oh gusanos! negros compañeros que no ven ni oyen,
he aquí muerto libre y jubiloso;
filósofos disolutos, hijos de la inmundicia,
a través de mi ruina id, pues, sin remordimiento,
y desidme si hay todavía alguna tortura
para este viejo cuerpo sin alma y muerto entre los muertos.
Triztesas de la luna
cavaría una fosa profunda,
donde pueda placenteramente mostrar mis cansados huesos
y dormir en el olvido como un tiburón en la onda.
Detesto las sepulturas y odio los testamentos,
antes de vivir implorando una lágrima del mundo,
preferiría invitar a los cuervos
a sangrar todas las salientes de mi esqueleto viejo.
¡Oh gusanos! negros compañeros que no ven ni oyen,
he aquí muerto libre y jubiloso;
filósofos disolutos, hijos de la inmundicia,
a través de mi ruina id, pues, sin remordimiento,
y desidme si hay todavía alguna tortura
para este viejo cuerpo sin alma y muerto entre los muertos.
Triztesas de la luna
La luna sueña con pereza, esta noche.
Como una bella, encima de blandos almohadones,
con una mano distraída y ligera, acaricia
el contorno de sus pechos antes de dormirse.
Sobre la espalda plateada de melodiosos aludes,
agonizante, se libra a largos desmayos,
y reposa sus ojos por las visiones blancas
que suben en lo azul como floraciones.
Cuando alguna vez sobre este globo, en su languidez ociosa,
deja hilar una lágrima furtiva,
un poeta piadoso, enemigo del sueño,
toma esta lágrima pálida en el hueco de su mano
de reflejos satinados como un fragmento opalino
y la guarda en su corazón lejos de la mirada del sol
Soneto de otoño
Como una bella, encima de blandos almohadones,
con una mano distraída y ligera, acaricia
el contorno de sus pechos antes de dormirse.
Sobre la espalda plateada de melodiosos aludes,
agonizante, se libra a largos desmayos,
y reposa sus ojos por las visiones blancas
que suben en lo azul como floraciones.
Cuando alguna vez sobre este globo, en su languidez ociosa,
deja hilar una lágrima furtiva,
un poeta piadoso, enemigo del sueño,
toma esta lágrima pálida en el hueco de su mano
de reflejos satinados como un fragmento opalino
y la guarda en su corazón lejos de la mirada del sol
Soneto de otoño
En tus ojos, claros como el cristal, escucho:
''Para ti, tosco amante, ¿cuál es mi mérito?''
-¡Sé encantadora y cállate! Mi corazón, al que todo lo irrita
menos el candor de la antigua bestialidad,
no quiera mostrarte su secreto infernal,
arrulladora en que la mano a largos sueños me invita,
ni su negra leyenda con la llama escrita.
Deploro la pasión y el espíritu me hace daño.
Amémonos dulcemente. El amor en su guarida,
tenebroso, emboscado, tiende su arco fatal.
Conozco los lazos de su viejo arsenal:
¡Muerte, horror y locura! ¡Oh, pálida Margarita!
¿No eres como yo un sol otoñal,
oh mi tan blanca, oh mi tan fría Margarita?
El alba espiritual
''Para ti, tosco amante, ¿cuál es mi mérito?''
-¡Sé encantadora y cállate! Mi corazón, al que todo lo irrita
menos el candor de la antigua bestialidad,
no quiera mostrarte su secreto infernal,
arrulladora en que la mano a largos sueños me invita,
ni su negra leyenda con la llama escrita.
Deploro la pasión y el espíritu me hace daño.
Amémonos dulcemente. El amor en su guarida,
tenebroso, emboscado, tiende su arco fatal.
Conozco los lazos de su viejo arsenal:
¡Muerte, horror y locura! ¡Oh, pálida Margarita!
¿No eres como yo un sol otoñal,
oh mi tan blanca, oh mi tan fría Margarita?
El alba espiritual
Cuando en los libertinos el alba clara y roja
entra en sociedad con el Ideal roedor,
por la operación de un misterio vengador
de su habitual modorra un ángel se despierta.
De los cielos espirituales el azul inaccesible,
para el hombre caído que sueña todavía y sufre,
se abre y se hunde con el atractivo de un abismo.
Así, querida diosa, ser lúcido y puro,
sobre los restos humeantes de estúpidas orgías
tu recuerdo más claro, más rosa, más encantador,
gira incesantamente en mis ojos engrandecidos.
El sol ha oscurecido la llama de las lámparas;
¡así, siempre vencedor, tu espectro es semejante,
alma resplandeciente, al inmortal sol!
El vampiro
entra en sociedad con el Ideal roedor,
por la operación de un misterio vengador
de su habitual modorra un ángel se despierta.
De los cielos espirituales el azul inaccesible,
para el hombre caído que sueña todavía y sufre,
se abre y se hunde con el atractivo de un abismo.
Así, querida diosa, ser lúcido y puro,
sobre los restos humeantes de estúpidas orgías
tu recuerdo más claro, más rosa, más encantador,
gira incesantamente en mis ojos engrandecidos.
El sol ha oscurecido la llama de las lámparas;
¡así, siempre vencedor, tu espectro es semejante,
alma resplandeciente, al inmortal sol!
El vampiro
Tú que, como el filo de un cuchillo,
en mi corazón lloroso entraste;
tú que, fuerte como ejército
de demonios, llegaste, loca y engalanada
a mi espíritu humillado
e hiciste de mí tu cama y tu dormitorio;
-infame a quien estoy atado
como el forzado a la cadena
como al juego el jugador empedernido,
como a la botella el borracho,
como a los gusanos la carroña,
-¡maldita, maldita seas!
Yo perdí la espada veloz
para conquistar mi libertad,
y he dicho al veneno pérfido
que socorra mi cobardía.
¡Ay! el veneno y la espada
me han rechazado con desdén y me han gritado:
''Tú no eres digno de que alguien te libere
de tu maldita esclavitud.
¡Imbécil!-del imperio que eres prisionero
si nuestros esfuerzos te libraran
tus besos resucitarían
el cadáver de tu vampiro''
Con sus vestiduras livianas y nacaradas...
en mi corazón lloroso entraste;
tú que, fuerte como ejército
de demonios, llegaste, loca y engalanada
a mi espíritu humillado
e hiciste de mí tu cama y tu dormitorio;
-infame a quien estoy atado
como el forzado a la cadena
como al juego el jugador empedernido,
como a la botella el borracho,
como a los gusanos la carroña,
-¡maldita, maldita seas!
Yo perdí la espada veloz
para conquistar mi libertad,
y he dicho al veneno pérfido
que socorra mi cobardía.
¡Ay! el veneno y la espada
me han rechazado con desdén y me han gritado:
''Tú no eres digno de que alguien te libere
de tu maldita esclavitud.
¡Imbécil!-del imperio que eres prisionero
si nuestros esfuerzos te libraran
tus besos resucitarían
el cadáver de tu vampiro''
Con sus vestiduras livianas y nacaradas...
Con sus vestiduras livianas y nacaradas,
que cuando camina se creería una danza,
como estas serpientes que los junglares sagrados
agitan en el extremo de sus bastones con candencia.
Como la arena triste y el azul de los desiertos,
insensibles al sufrimiento humano,
como las largas redes marinas de las olas,
ella se mueve con indiferencia.
Sus ojos pulidos están hechos de minerales encantadores,
y en esta naturaleza extraña y simbólica
donde el ángel sin mácula se mezcla con la antigua esfinge,
donde todo es sólo oro, acero, luz y diamantes,
resplandece para siempre como un astro vano
la fría , majestad de la mujer estéril.
Te adoro como al cielo nocturno...
que cuando camina se creería una danza,
como estas serpientes que los junglares sagrados
agitan en el extremo de sus bastones con candencia.
Como la arena triste y el azul de los desiertos,
insensibles al sufrimiento humano,
como las largas redes marinas de las olas,
ella se mueve con indiferencia.
Sus ojos pulidos están hechos de minerales encantadores,
y en esta naturaleza extraña y simbólica
donde el ángel sin mácula se mezcla con la antigua esfinge,
donde todo es sólo oro, acero, luz y diamantes,
resplandece para siempre como un astro vano
la fría , majestad de la mujer estéril.
Te adoro como al cielo nocturno...
Te adoro como al cielo nocturno,
oh, copa de tristeza, oh, gran taciturna,
y te amo tanto más, bella, cuando me huyes,
y me pareces ornamento de las noches,
donde irónicamente acumulo palabras
para separar mis brazos de las inmensidades azules.
Me lanzo al ataque, y trepo a los asaltos,
como tras un cadáver un coro de gusanos,
y quiero, ¡oh, deseo implacable y cruel,
hasta esta frialdad por la cual me pareces más bella!
oh, copa de tristeza, oh, gran taciturna,
y te amo tanto más, bella, cuando me huyes,
y me pareces ornamento de las noches,
donde irónicamente acumulo palabras
para separar mis brazos de las inmensidades azules.
Me lanzo al ataque, y trepo a los asaltos,
como tras un cadáver un coro de gusanos,
y quiero, ¡oh, deseo implacable y cruel,
hasta esta frialdad por la cual me pareces más bella!