El horror de la oscuridad
Una caja abierta,
tirada en el suelo,
una llave sin dueño,
manos temblorosas.
El filo de la noche,
la ominosa luna,
el espanto profundo,
la fe más tenebrosa.
Desdichado recuerdo,
lúgubres recintos,
pavorosa vigilia,
el olvido será calma.
Iré hacia el valle,
a nadar en dolor,
rojo como la sangre,
frío e inexorable.
Extiendo mis dedos,
toco algo abominable,
reflejos en la noche,
adormecido y helado.
Cementerios y laberintos,
estrechos y retorcidos,
y una iglesia extraña,
abigarrada construcción.
Las alas grises del tiempo,
reflejos de estrellas primordiales,
sobre el agitado mar del que surgió
nuestro pueblo en tiempos remotos.
Flores Negras N°41
Una caja abierta,
tirada en el suelo,
una llave sin dueño,
manos temblorosas.
El filo de la noche,
la ominosa luna,
el espanto profundo,
la fe más tenebrosa.
Desdichado recuerdo,
lúgubres recintos,
pavorosa vigilia,
el olvido será calma.
Iré hacia el valle,
a nadar en dolor,
rojo como la sangre,
frío e inexorable.
Extiendo mis dedos,
toco algo abominable,
reflejos en la noche,
adormecido y helado.
Cementerios y laberintos,
estrechos y retorcidos,
y una iglesia extraña,
abigarrada construcción.
Las alas grises del tiempo,
reflejos de estrellas primordiales,
sobre el agitado mar del que surgió
nuestro pueblo en tiempos remotos.
Flores Negras N°41