HOMBRES SIN SOMBRA
Y sucedió algo, y las estrellas giraron velozmente, y una magia extraña cubrió todo el salón…
Las sombras reflejadas en las blancas paredes empezaron a danzar con ímpetu, y poco a poco se fueron entregando a un inefable frenesí; poseídas, delirantes, enfermas por una inusitada fiebre, cada una de ellas abandonó a su amo, y todas se lanzaron en tropel a un salón totalmente oscuro. Se perdieron en un reino sombrío, en un mundo de tiniebla y silencio abrumador…
-¡Sois extraños!- gritaba la gente.
-¡Estáis desnudos!- gritaba la gente.
-¡No tenéis sombras!- gritaba la gente.
Y los hombres sin sombra fueron rechazados, injuriados y perseguidos por los pudibundos de cada pueblo, muchos fueron torturados, quemados, enterrados vivos.
-¡Son demonios!- exclamaba la muchedumbre.
Treinta mujeres y cuarenta hombres lograron escapar, temerosos y enfermos por una locura inusual, despojados, desabrigados ante el mundo…
¡Ah, pero los setenta se atrevieron a visitar el salón oscuro!
¡El Reino del Silencio Abrumador!
Los hombres y las mujeres fueron entrando uno por uno al salón, temerosos, resueltos a encontrar y someter a su respectiva sombra. Nadie gemía, nadie gritaba en el interior, así que continuaron ingresando, sumergiéndose en un piélago de ébano infernal. Hasta que finalmente todos ellos, los setenta sin sombra, se encontraron en el interior del salón sombrío… nadie gimió, nadie gritó.
¡El Reino de las Sombras!
¡El Reino del Silencio Abrumador!
L. ESTEBAN TORRES
Y sucedió algo, y las estrellas giraron velozmente, y una magia extraña cubrió todo el salón…
Las sombras reflejadas en las blancas paredes empezaron a danzar con ímpetu, y poco a poco se fueron entregando a un inefable frenesí; poseídas, delirantes, enfermas por una inusitada fiebre, cada una de ellas abandonó a su amo, y todas se lanzaron en tropel a un salón totalmente oscuro. Se perdieron en un reino sombrío, en un mundo de tiniebla y silencio abrumador…
-¡Sois extraños!- gritaba la gente.
-¡Estáis desnudos!- gritaba la gente.
-¡No tenéis sombras!- gritaba la gente.
Y los hombres sin sombra fueron rechazados, injuriados y perseguidos por los pudibundos de cada pueblo, muchos fueron torturados, quemados, enterrados vivos.
-¡Son demonios!- exclamaba la muchedumbre.
Treinta mujeres y cuarenta hombres lograron escapar, temerosos y enfermos por una locura inusual, despojados, desabrigados ante el mundo…
¡Ah, pero los setenta se atrevieron a visitar el salón oscuro!
¡El Reino del Silencio Abrumador!
Los hombres y las mujeres fueron entrando uno por uno al salón, temerosos, resueltos a encontrar y someter a su respectiva sombra. Nadie gemía, nadie gritaba en el interior, así que continuaron ingresando, sumergiéndose en un piélago de ébano infernal. Hasta que finalmente todos ellos, los setenta sin sombra, se encontraron en el interior del salón sombrío… nadie gimió, nadie gritó.
¡El Reino de las Sombras!
¡El Reino del Silencio Abrumador!
L. ESTEBAN TORRES