InicioArteN x n_ imagen. Jorgelina.E. Rodriguez.

N x n_ imagen. Jorgelina.E. Rodriguez.

ArteFecha desconocida
Bebió la pócima lentamente, sin saberlo, cometió su primer suicidio.
Su vida aparente, ordenada, encuadrada en los cánones de la sociedad; empezó a presentársele de otra forma. Ser para la muerte; entendió.
Esto para los que entienden, saben que es la primera muerte.
Usualmente nos empeñamos en mantener una sincronía que no existe.
Es diacrónica nuestra forma de historizarnos, son dialécticas nuestras acciones, precedidas, a veces, por el pensamiento (cuando hay tiempo).
Quizás no hagamos más que caminar en círculos, repitiendo una única melodía. N “entendía”, por eso recurrió a la química. Algo externo quizás lo sacaría del círculo.
Hablo aquí de reminiscencia. Retorno de huellas, de pasos marcados y que son imposibles de desandar sin que se ponga en juego la voluntad del ser.
Quizás en este momento, en otro espacio, exista otro N tratando de salir del círculo.
N sintió un golpe en el pecho, palpitar de malditas estrellas, que lo hacían extenderse con el universo.
Él tan suave, él todo el universo, extenso, inabarcable.
Ser uno con el todo no es algo imposible, pero sí improbable.
En algún instante, en los puntos que conforman nuestras vidas, aparece un agujero que hace un corte en la prosecución de la recta (una recta en el infinito culmina en círculo).
Ese agujero por los que atraviesa gente como N, hace una explosión que impulsa el cuerpo a estrellarse y unirse con cada partícula del universo.
Entonces ya no se es N.
Se es N y el mar. N y mar y cielo. N x nⁿ , y el resto desaparece. Sentimiento de felicidad inconmensurable, de plenitud absoluta. Los contornos de su cuerpo se desdibujaron y desbordaron, metamorfoseándose con el fuego, el agua, el aire, la tierra.
No hubo ser inerte o vivo que N no poseyera, siendo él mismo parte de la posesión.
Poder y vértigo explotaban en sus venas. Cerró sus ojos en ese, su bosque.
Vio su propia sangre fluir por sus arterias, alocada, en una carrera de galopes que invadía el cerebro. Sintió un único nervio que lo atravesaba desde la médula hasta los pies. Por momentos se hacía tenso, insoportable; y en instantes se tornaba flácido. Se hizo él pura imagen.
¿Acaso somos algo más que una imagen armada por trozos? Sedimentos de lágrimas de otros, de formas de sentir, actuar, pensar, de amar y odiar. Cementerio de nuestros muertos.
N pregunta a otros por su imagen y se equivoca. Cada respuesta que recibe está sesgada de antemano. El que contesta (a la gente le encanta dar respuestas) lo hace desde su propia historia y como ha construido su propia imagen. Entonces las respuestas que recibe N son: “eres cerrado” (el /la que respondió, ¿quería cerrarse a N que pregunta demasiado?); “no eres sociable” (el /la que contesta, ¿desearía ser más sociable?).
Me pregunto si el ser imagen no diera permiso al movimiento, ¿no seríamos de una vez y para siempre?
N podría agregar a su pregunta: ¿qué imagen te doy a ti y en qué momento de tu vida te encuentras?
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