InicioArteParque de la Memoria, Buenos Aires, Argentina.



Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez, Claudia Fontes, 1999-2009


Lo secuestraron cuando tenía 14 años.
Al saber este tipo de datos me pregunto: ¿en qué están pensando aquellos que boquean cosas como "era una guerra", "fue una lucha contra los guerrilleros", "mirá que no eran ningunos santos, eh" y demás animaladas. Porque a ver, decime qué tan "guerrillero" podía ser un pibe de 14 años. O qué tan "no santo". O en qué guerra se secuestra gente -ya no importa la edad- y se los tortura hasta el cansancio o hasta la muerte, y se violan mujeres, y se secuestran bebés, y se roban bienes y pertenencias.

Este nene estuvo detenido en la ESMA durante un mes. Después lo trasladaron, no se sabe adónde.
Hoy continúa desaparecido.
Lo que sigue es parte del testimonio de una compañera de detención. Gracias a Dios, ella sí pudo zafar con vida para contarnos esta historia, que es una manera de que Pablo no haya muerto tan en vano.

"Cuando lo conocí, Pablo tenía 14 años pero no representaba más de doce con su carita de pibe travieso, sus pecas junto a la nariz, sus ojos de chispazos, su cuerpo esmirriado. Era tan chico, tan vivaz, aparecía tan indefenso en ese mundo alucinante, que no pocos guardias se conmovían por su presencia. Le habían puesto un “tabique” sobre los ojos que casi siempre usó como vincha y cada vez que podía se las arreglaba para salir de la cucheta, servir el mate cocido, leer una revista. En ese largo y fugaz mes que estuvimos juntos, Pablo me contó del Vesubio, de los presos trasladados desde allí, de su mamá, de quien no se despidió (”ella estaba en la cocina” ), de la esperanza de que lo llevaran con su padre, de su vida en el mundo de afuera –el colegio, la natación, los hermanos, la abuela, los primos y el turf–, de sus amores y sus miedos. Habíamos encontrado una forma para hablar sin que se notara y con los ojos cubiertos, cada uno tirado boca abajo en la cucheta o arrodillándonos contra el tabique de madera que nos separaba. Lo doblaba en años pero nos cuidábamos mutuamente. Yo intentaba protegerlo, sobre todo alguna noche que despertaba lloroso, “soñé con mi mamá”. El también intentaba protegerme: cuando me contó que lo habían picaneado y me descontrolé, se desesperó por tranquilizarme. "Tanto no me dolió”, decía.
Mientras estuvo allí, nadie apareció haciéndose cargo de su caso. Eso lo angustiaba. No sabía quién era “dueño” de su vida, a quién rogarle su libertad.
Se lo llevaron una tarde de fines de septiembre del 77. Yo venía del baño cuando en un instante vi que la puerta se cerraba tras él, que caminaba a ciegas, de la mano del jefe de guardia. Pensé que se trataba de algún trámite. Arriba, en “capuchita”, los otros presos me dijeron que no, que se lo habían llevado y que Pablo pedía verme. Quise creer entonces que lo liberarían. ¿Quién podía enviar a la muerte a un chico de 14 años? El día antes del Juicio a las Juntas, en Tribunales, alguien me dio un volante con su foto. “Pablo Míguez, desaparecido”, decía".

Lila, sobreviviente de la ESMA
Fuente user @Tuqui1989


Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez, Claudia Fontes, 1999-2009


La artista Claudia Fontes se planteó reconstruir el posible retrato de Pablo Míguez, un adolescente de catorce años secuestrado y desaparecido en 1977. La figura distante está de pie sobre el agua, en el Rio de La Plata, a unos setenta metros de la costa, brillando en colores espejados, reflejando, siempre imnóvil, los colores cambiantes de las corrientes acuáticas y los cambios de luz.

El Parque de la Memoria abarca 14 hectáreas frente al Río de la Plata. En él se encuentra el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado y varias esculturas conmemorativas. Dicho monumento es un sendero-rampa con la forma de una herida gigantesca en el césped en dirección al río en donde están los nombres de cada uno de los desaparecidos y asesinados. Muchos de ellos fueron asesinados en los denominados vuelos de la muerte, mediante los cuales los detenidos-desaparecidos eran arrojados al río y al mar.




El proyecto de Claudia Fontes, titulado “Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez”, fue concebido específicamente para el lugar de su emplazamiento: el Río de la Plata, sitio donde fueron arrojadas muchas de las víctimas y referente simbólico del monumento.
La obra propone una operación conceptual que articula la aparición/desaparición y se basa en el retrato de un individuo determinado, Pablo Míguez, un adolescente desaparecido. La elección de Míguez por parte de Fontes respondió a que ambos tendrían la misma edad, articulando una identificación concreta que se aleja de resoluciones alegóricas. Para la concreción conceptual y material de su proyecto, Fontes emprendió un trabajo de investigación que incluyó el contacto con la familia Míguez, entrevistas con sobrevivientes que compartieron el cautiverio en la ESMA con Pablo, un trabajo colectivo con niños en edad escolar y consultas con el Equipo Argentino de Antropología Forense que le permitieron sortear obstáculos técnicos en el proceso de reconstrucción del rostro del niño. Sin embargo, el trabajo minucioso de reconstrucción de los rasgos físicos de la figura no puede ser observado en detalle porque la pieza se encuentra emplazada “de espaldas” al espectador, a unos 70 metros de la costa. ¿Qué sentido tiene entonces la búsqueda de tanta precisión? La aspiración responde al deseo de captar la tensión que provoca una idea más allá de su materialización. Así lo expresa la artista: 'Me gusta creer que la imagen defintiva, la que me interesa comunicar como objeto de memoria, en tanto está cargada de la motivación e intención del trabajo, es visualmente inaccesible y se crea en la mente del espectador, mediante la evocación de su rastro (…) Para mí ésta es la representación de la condición del desaparecido: está presente, pero se nos está vedado verlo'.
Ciertamente las marcas del discurso de Fontes no sólo expresan el andamiaje conceptual de su proyecto sino que revelan su toma de posición frente al concepto mismo de “memoria”, una práctica que adquiere sentido sólo a través del trabajo de todos los agentes involucrados. (texto de la Lic. Florencia Battiti).



Las fotografías disponibles de Pablo Míguez no le proporcionaban a Fontes toda la información que ella consideraba necesaria para el modelado de la figura, por lo que realizó un trabajo colectivo con alumnos de una escuela platense. “A mí me interesaban varias cosas, recuperar la actitud corporal (…) y lo que aportaron estos chicos, que fue muy importante, es la energía de alguien de esa edad”, señaló Fontes.
En la memoria descriptiva de la obra puede leerse, en palabras de Fontes: "Propongo reconstruir un posible retrato de Pablo Míguez a los catorce años, edad en la que fue secuestrado.
Concibo la figura de tamaño real, de pie sobre el agua, de cara al horizonte.
La escultura estaría vaciada en acero inoxidable, pulida espejo, de tal manera que refleje el color del agua del Río de la Plata en su superficie. Se ubicaría a aproximadamente 30 metros de la costa, sobre una plataforma flotante anclada al suelo del río, de tal manera que el oleaje le imprimiría un tenue balanceo. Desde la costa sería visible sólo de espaldas como una presencia a distancia que se descubre por los destellos de luz del sol que pueda reflejar. Tendría así la función metafórica de un faro, anticipándose a cualquier viajero desprevenido que decidiera desembarcar de este lado del río. Este es mi proyecto: nominal, explícito, particular, figurativo, descriptivo, personalizado, oportuno y puntual, fechado, anclado a una hora y lugar, y es en ese metro cuadrado de río donde puede adquirir significado. Participo en este concurso con este proyecto porque anhelo que al recordar que el día 12 de mayo de 1977 a las 3 de la mañana Pablo Míguez, de catorce años de edad, fue privado de su libertad y de su futuro, se mantenga en pie la verdad irreductible de que por lo menos esta tremenda injusticia sí tuvo y sigue teniendo lugar. Participo porque quisiera que nadie se atreviera a desvirtuarlo", concluye la artista.
La obra se ubica en el Parque de la Memoria, Buenos Aires, Argentina.





Claudia Fontes, su autora, así lo describe: «Propongo reconstruir un posible retrato de Pablo Míguez a los catorce años, edad en la que fue secuestrado. Concibo la figura de tamaño real, de pie sobre el agua, de cara al horizonte sosteniendo un megáfono. La escultura estaría vaciada en acero inoxidable, pulida espejo, de tal manera que refleje el color del agua del Río de la Plata en su superficie. Se ubicaría a aproximadamente 30 metros de la costa, sobre una plataforma flotante anclada al suelo del río, de tal manera que el oleaje le imprimiría un tenue balanceo. Desde la costa sería visible sólo de espaldas como una presencia a distancia que se descubre por los destellos de luz del sol que pueda reflejar. Tendría así la función metafórica de un faro, anticipándose a cualquier viajero desprevenido que decidiera desembarcar de este lado del río. Este es mi proyecto: nominal, explícito, particular, figurativo, descriptivo, personalizado, oportuno y puntual, fechado, anclado a una hora y lugar, y es en ese metro cuadrado de río donde puede adquirir significado. Participo en este concurso con este proyecto porque anhelo que al recordar que el día 12 de mayo de 1977 a las 3 de la mañana Pablo Míguez, de catorce años de edad, fue privado de su libertad y de su futuro, se mantenga en pie la verdad irreductible de que por lo menos esta tremenda injusticia sí tuvo y sigue teniendo lugar. Participo porque quisiera que nadie se atreviera a desvirtuarlo.»



Claudia Fontes biografía

Nació en Buenos Aires en 1964.
Realizó estudios de pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón de esa ciudad y de Historia de las Artes en la Universidad de Buenos Aires durante la época de transición de la dictadura a la democracia. Se entrenó como escultora practicando acrobacia con Luis Zembrosky y Osvaldo Bermúdez. Participó de la beca Taller de Barracas, Buenos Aires, en 1994 y 1995. Realizó una residencia de post grado en la Rijksakademie van beeldende kunsten en Amsterdam, Holanda durante el período 1996-1997. Obtuvo becas de perfeccionamiento profesional en Argentina (Fundación Antorchas) y en Holanda (Ministerio de Relaciones Exteriores Holandés/Cooperación y Desarrollo).
Realizó exposiciones individuales en el I.C.I. (Instituto de Cooperación Iberoamericana), de Buenos Aires, en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de Buenos Aires, y en la galería de arte Luisa Pedrouzo. Su obra Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez será emplazada sobre las aguas del Río de la Plata como parte del Parque de la Memoria, en la costanera norte de la ciudad de Buenos Aires.
A través de su práctica artística se ha comprometido en el desarrollo y cuestionamiento de la comunidad artística en la que se inscribe su trabajo, no sólo a través de su obra individual, sino de manera comunitaria a través de distintos proyectos de estímulo y cooperación con sus pares, siendo el más importante Trama, del cual es responsable final y coordina desde su creación en 2000.
Desde 2002 vive en Brighton, Inglaterra, y trabaja en Argentina.


Comencé mi práctica artística a través de la escultura, tomando como punto de partida la relación corporal entre los objetos y el espectador y la construcción de un concepto a partir de la evidencia física del objeto. El material, la forma, el volumen, yel punto de equilibrio del objeto son elegidos en esta primera etapa como metáforas de una sensación física específica que evoco para representar cuestionamientos existenciales que me importan, en un intento por capturar el momento previo a que una situación en tensión se resuelva de manera irreversible.

Paulatinamente surge en mi práctica la necesidad de tomar el proceso de transformación del material como parte constitutiva de la obra

En 1996 y 1997 desarrollo el proyecto "Plan de Invasión a Holanda" durante un período de residencia en Amsterdam en la Rijksakademie van beeldende kunsten. El "Plan de invasión a Holanda" es un conjunto de acciones que funcionan entre sí con la estructura narrativa del cuento clásico: introducción, nudo y desenlace. Pertenecen a este grupo de acciones: A good wooden dog (un perro de madera que funcionó de señuelo para contactar colaboradores), The giving tree (un árbol tallado en madera que funcionó como objeto mágico) y About sinking (el hundimiento de un bote a manera de despedida).

Mi llegada a Amsterdam, y la necesidad de apropiarme de un espacio de trabajo público para confrontar mis propias referencias culturales en este nuevo contexto, fueron la motivación inicial del proyecto. Coincidentemente, estas mismas motivaciones dieron impulso a mi regreso a Buenos Aires a la creación del programa Trama.

En "Plan de invasión a Holanda" también me guió un particular interés por impulsar dentro de la realidad estructuras de sentido correspondientes a la ficción, poniendo en duda la identidad de ambas. En la instalación "Tres días antes" de 1999 aparece este impulso en tres piezas que exploran distintos niveles de representación de una misma inquietud existencial.

Finalmente, "Plan de invasión a Holanda" también fue guiado por una creciente necesidad personal de acortar la distancia emocional con el espectador, para involucrar activamente su visión del mundo en el proceso creativo, otorgándole a esta relación emotiva un sentido de verdad irreductible.

Esta necesidad me guió también en años posteriores a realizar "Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez", proyecto escultórico de reconstrucción de la imagen de Pablo Míguez, niño detenido desaparecido durante la última dictadura militar en Argentina, dedicado a su padre sobreviviente, Juan Carlos Míguez.

Las tres líneas de trabajo aquí expuestas son las que atraviesan el cuerpo de mi obra.


Proyectos ganadores es el Retrato de Pablo Míguez, una fundición de acero inoxidable de 1,60 x 0,50 x 0,70 m
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