Un cacho de cultura
Tuve el agrado de darle un beso en el estreno de " Vuelo a Capistrano " obra que dirige mi Maestro.
Nota "La Nación" sobre la obra.
1920
Nace en Buenos Aires.
"Gorostiza nos habla de su infancia en el barrio de Palermo, junto a sus padres vascos y un hermano mayor. No eran ricos pero disfrutaban de una situación que les permitió en 1926 realizar un viaje por la tierra de los ancestros. Al regreso, la familia se topó con los primeros síntomas de una crisis económica que los golpearía fuertemente. El padre, piloto comercial, con el pretexto de ir a vender cosas en las provincias, levantó vuelo y abandonó el hogar. La madre debió sostenerlo haciendo labores de modista y los hijos ponerse a trabajar.", escribió Antonio Requeni para La Nación, Buenos Aires, 5 de diciembre de 2004.
1943
Escribe la obra para títeres "La clave encantada".
1949
"El puente" es estrenada en el Teatro La Máscara de Buenos Aires.
1950
El 1 de septiembre se estrena, en Buenos Aires, el film "El puente", con guión y dirección de Carlos Gorostiza y Arturo Gemmiti.
1956
El 17 de agosto se estrena el film "Marta Ferrari", con dirección de Julio Saraceni y guión de Carlos Gorostiza.
1958
En Buenos Aires, se estrena la obra de teatro "El pan de la locura".
Recibe el Primer Premio Municipal de Teatro.
1960
Hasta 1962, trabajará como Profesor de Arte Dramático en Caracas, Venezuela.
1964
De regreso en Argentina, trabajará, hasta 1976, como Profesor de Arte Dramático en Buenos Aires.
1966
Se estrena, en Buenos Aires, la obra de teatro "Los prójimos".
Obtiene la beca otorgada por la Fundación Fullbright.
1967
Recibe el Primer Premio Nacional de Teatro.
1968
La obra de teatro "¿A qué jugamos?" es estrenada en Buenos Aires.
1970
En Buenos Aires, se estrena la obra de teatro "El lugar".
1976
Su novela "Los cuartos oscuros" gana el Primer Premio Nacional de Novela y es publicado por la editorial Sudamericana.
1978
Se estrena, en Buenos Aires, "Los hermanos queridos".
Recibe el Primer Premio Nacional de Literatura y el Primer Premio Municipal de Novela.
1981
Es miembro clave de Teatro Abierto, movimiento de resistencia cultural durante la dictadura 1976-1983. Allí se estrena su obra de teatro "El acompañamiento".
"Los movimientos teatrales nacen por necesidad. Hay que defenderse de algo. Leónidas Barletta (1902-75), por ejemplo, hacía malos espectáculos, pero se aventuró a poner cosas como Shakespeare y Gogol, y el Teatro del Pueblo marcó una época. Así nació Teatro Abierto, en 1981, para defenderse de la comercialización y la banalización.[...] Teatro Abierto fue una reacción. En este momento no está claro ’reacción contra qué’. Quizá falte el estímulo de una herida clara, que obliga a la defensa. Lo que hay es formal, con nuevas experiencias. Por suerte hay muchos que quieren hacer teatro y se lanzan a hacerlo.", expresó Carlos Gorostiza en Página/12, Buenos Aires, lunes 5 de enero de 2004.
La Fundación Editorial De Belgrano publica, en Buenos Aires, el libro de relatos "Cuerpos presentes".
1982
En Buenos Aires, se estrenan las obras de teatro "Matar el tiempo" y "Hay que apagar el fuego".
Recibe el Gran Premio de Honor de Argentores y el Laurel de Plata otorgado por el Ateneo del Rotary Club.
1984
Recibe los Premios Konex de Platino y Diploma al Mérito en la categoría "Teatro".
Hasta 1986, se desempeñará como Secretario de Cultura de la Nación del gobierno de Raúl Alfonsín.
La editorial Gedisa publica, en Buenos Aires, el libro "Páginas de Carlos Gorostiza".
1988
La editorial Sudamericana, de Buenos Aires, publica la novela breve "El basural", por la que recibe el Premio Meridiano de Plata.
1990
Se estrena la obra de teatro "Aeroplanos".
"’Mi padre, Fermín Gorostiza, fue uno de los primeros pilotos del país’. En otra foto, a bordo del avión, aparece un niño de traje oscuro y mirada seria. Es Carlos Gorostiza a los cuatro años, al cabo de su primer vuelo: ’Fue un vuelo corto, hecho seguramente a escondidas de mi madre. Recuerdo que me pusieron antiparras y un gorro. Estaba nublado y para aterrizar debíamos guiarnos por la visión de unos molinos de viento’ [...]
’¡Qué casualidad! ¿no? Aeroplanos... Papá era gerente de la empresa de bebidas Bilz, y como era piloto, usaba los vuelos en aeroplano para arrojar volantes publicitarios. Salía de San Fernando y con mi hermano lo veíamos pasar desde la vereda de casa, en Santa Fe y Ecuador. Para nosotros era un paseíto... Como podían serlo el paseo por el Balneario Municipal o por el Jardín Japonés. Conocer el mundo era viajar en un barco como el Infanta Isabel de Borbón, en el que hice, a los seis años, mi primer viaje a Europa, a España.’ [...] ’Escribí muy rápido Aeroplanos, hace doce años. Ya era viejo: tenía 70. Mi amigo Pedro Doril, que tiene mi misma edad, había venido a visitarme, como todas las semanas. Ese día, cuando se fue, yo estaba tosiendo. Cuidate, me dijo. Sin humor. Y se fue. Evidentemente yo tampoco recibí su comentario con humor porque al día siguiente me apareció la obra —en la cual la tos es signo de una dolencia más grave—, escrita como en un brote’", comentó Carlos Gorostiza en una entrevista de Ivana Costa, Clarín, Buenos Aires, 18 de agosto de 2002.
Recibe el Premio Argentores al Mejor Drama Teatral y el Premio Estrella de Mar al mejor drama.
1991
El 23 de mayo se estrena el film "El acompañamiento", sobre la obra teatral de Carlos Gorostiza.
Ediciones de La Flor publica, en Buenos Aires, el volumen "Teatro 1" que incluye las obras "Aeroplanos", "El frac rojo", "Papi", "Hay que apagar el fuego" y "El acompañamiento".
1992
Ediciones de La Flor publica, en Buenos Aires, el volumen "Teatro 2" que incluye las obras "Matar el tiempo", "Los hermanos queridos", "Juana y Pedro", "Los cinco sentidos capitales" y "El lugar".
1993
Ediciones de La Flor publica, en Buenos Aires, el volumen "Teatro 3" que incluye las obras "A qué jugamos", "Los prójimos", "El pan de la locura", "El caso del hombre de la valija negra", y "El puente".
1990
El 26 de abril se estrena, en Buenos Aires, el film "País cerrado, teatro abierto", en el que participa como entrevistado.
1994
"El patio de atrás" es estrenada en Buenos Aires y publicada por Cántaro Editores.
1996
Ediciones de La Flor publica, en Buenos Aires, "Teatro 4" que incluye "El patio de atrás".
1998
Se publica, en Buenos Aires, "Teatro 5", que incluye "Los otros papeles", "A propósito del tiempo" y "Doble historia de amor". (Ediciones de La Flor).
1999
Es ganador del Premio Planeta por su novela "Vuelan las palomas".
"El tratamiento de la relación entre los destinos individuales y los grandes acontecimientos históricos permite asimilar esta novela, en cierto modo, a ’El siglo de las luces’ (1962) de Alejo Carpentier. Como la célebre novela del cubano, ’Vuelan las palomas’, publicada casi cuatro décadas más tarde, es un texto de un prolijo clasicismo. Dicha cualidad se advierte tanto en la carga alegórica de la que están investidos ciertos elementos (las palomas, la imprenta, los borceguíes) como en el criterio a partir del cual Gorostiza construye los personajes, basándose en tipologías sociales.[...] Se destaca la intención autoral de apuntalar con énfasis el sentido de lo narrado, un sentimiento vinculado a los valores que el protagonista defiende desde el episodio del fusilamiento hasta su vejez: el derecho a ser libre y la posibilidad de preservar la integridad personal frente a la alienación a la que puede conducir el sacrificio ciego a una doctrina. [...] Reticente a las teorías del azar y la multicausalidad que signan los tiempos presentes, ’Vuelan las palomas’ sugiere que la Historia determina al individuo, que éste es lo que las circunstancias han hecho de él. "Fue en ese momento cuando Ignacio, envuelto en un remolino de crudas y aventuradas ideas, contagiado tal vez por las circunstancias que lo acompañaban, intuyó que todas esas cualidades tal vez habían nacido a la par de un requisito histórico convertido en sentimiento: la primaria necesidad de vivir en libertad.", escribió Florencia Abbate para La Nación, Buenos Aires, 26 de enero de 2000.
2001
La editorial Planeta publica, en Buenos Aires, la novela "La buena gente".
"Como cierto tipo de teatro, como cierta música, podría decirse que ’La buena gente’ es una novela de cámara. El patetismo y la intensidad de la historia están referidos con sobriedad y sus protagonistas se mueven, aunque prácticamente inmóviles, en un ámbito de incertidumbres y silencios que se cargan de desasosegadas preguntas o descubrimientos esclarecedores. [...] El logrado dibujo de los personajes, los certeros apuntes psicológicos y el sugestivo clima intimista de ’La buena gente’ contribuyen a situar al reconocido autor teatral que es Carlos Gorostiza, también, entre nuestros mejores novelistas.", escribió Antonio Requeni para La Nación, Buenos Aires, 8 de mayo de 2002.
2004
Aparece, en Buenos Aires, "El merodeador enmascarado" publicado por la editorial Seix Barral.
"Este libro de "algunas memorias", como se lo califica en el subtítulo, comienza desde antes de que el autor tuviese memoria, cuando flotaba "en turbios líquidos dentro del vientre de mi madre", y finaliza más de ochenta años después, en los primeros tramos de este siglo XXI que sugiere a Carlos Gorostiza un epílogo entre melancólico y esperanzado. En el medio, a lo largo de más de 300 páginas, el reconocido dramaturgo y novelista incursiona en un género nuevo para él y, de pasada, ofrece testimonios de otra forma literaria que le desconocíamos, ya que en una y otra página reproduce varios poemas de su autoría. La atracción de estos recuerdos deriva no sólo de las múltiples y ricas experiencias de la vida personal de Gorostiza sino también de la recreación del escenario histórico, social y costumbrista en que esa vida se desarrolló. [...] Las páginas de El merodeador enmascarado nos revelan, con lograda y atractiva amenidad, la personalidad de un creador comprometido y un ser humano cuyas obras y ejemplo personal constituyen un testimonio de amor a la literatura, a la vida y a sus semejantes." (Antonio Requeni, La Nación, Buenos Aires, 5 de diciembre de 2004).
2005
Es nombrado Socio de Honor de la Asociación de Autores de Teatro (Madrid, España).
2006
Su obra "El alma de papá" es estrenada en Montevideo y luego representada en todo el interior de la República Argentina.
2007
Se publican "Teatro 6" (Ediciones de la Flor) y "La clave encantada" (Colihue).
La editorial Planeta reedita las novelas "Vuelan las Palomas" y "La Buena Gente".
Reportaje a Carlos Gorostiza
Militancia, política y teatro: juntos pero no revueltos
12/02/2011 | Por María Natacha Koss |

Esta vez un maestro de maestros, historia viviente del teatro argentino, nos abrió las puertas de su casa. Señoras y señores, con ustedes Carlos Gorostiza.
¿Con qué veterano de las letras y de las artes suponen que puedo encarar una conversación sobre hologramas y platos voladores? No es Carl Sagan. Tampoco Steven Spielberg. Es Carlos Gorostiza que, a sus más de 90 años, nos abre las puertas de su departamento en la Av. Santa Fe, justito frente al Botánico, para recordar con una memoria privilegiada su pasado y presente en la escena argentina. Invita a que nos sentemos en el mismísimo sillón donde, 30 años atrás, se gestaba Teatro Abierto, y empezamos a hablar de OVNIS. Es que Goro es así: da vueltas, se mete por caminos sinuosos para responder algunas preguntas, bifurca, toma atajos, pero siempre vuelve. Y con un humor y una lucidez a prueba de balas.
- ¿No le sale la veta Isaac Asimov o Ray Bradbury? Digo, de ponerse a escribir ciencia ficción sobre estas cosas. Porque usted tiene ya varias novelas escritas, aunque no sobre esto.
- No. Me gusta el tema, pero no escribirlo. Es que me gusta mucho más la realidad circundante; por eso amo tanto al teatro, que está ahí. El que trabajó alguna vez en teatro seriamente, sabe que en cierto momento hay una relación con el espectador que casi es concreta, casi se puede cortar con una tijera o con un cuchillo. Cuando no hay esa relación, es un fracaso. Y el actor se inspira en esa onda que mandan los espectadores. Es hermoso el teatro en ese sentido, incomparable.
- ¿Por eso empezó a hacer teatro? Porque usted venía de la publicidad.
- La publicidad (risas), la publicidad fue la vía que encontré para poder vivir divirtiéndome. Lo que me gustaba a mí desde siempre era escribir.
- Es que cuando uno le decía a los padres “quiero ser escritor”, supongo que era difícil.
- Pero yo no tenía padres a quienes decírselo. Yo tenía que trabajar para llevar dinero para el puchero. Empecé a trabajar a los 13 años en Bunge & Born.
- ¿Haciendo?
- A los 12 años me recibí de taquígrafo y además sabía mecanografía. Es más: si vas ahora al padrón electoral que siempre pegan en las puertas de las escuelas los días de votación y buscás mi nombre, vas a ver que dice “Carlos Gorostiza. Profesión taquígrafo”. Tuve la suerte de emplearme en Bunge & Born, aunque no entré como taquígrafo sino como cadete. Me pagaban 60 pesos, de los cuales le daba 40 a mi madre y me quedaba con 20. Calculá que valía 10 centavos el viaje en ómnibus, lo que sumaba 40 centavos por día, 12 pesos por mes. Me quedaban 8 pesos.
- ¿Y hacía como mi abuelo, que se lo gastaba en cigarrillos?
- No. Fumaba, pero muy poco. Lo que sí me acuerdo muy bien es que los sábados íbamos con mis amigos al centro y gastábamos 1 peso. Éramos un grupo al que le gustaba la literatura, el cine, el teatro. Entonces eran 20 centavos de tranvía, 40 centavos del cine, y después nos quedaban 20 centavos que eran para el “Cinco y Cinco”. Vos ibas a una pizzería, pedías “Cinco y Cinco” y te daban 5 de fugazza y 5 de fainá. Y después de eso pedíamos un moscato para acompañar.
- Supongo que también podían ir al teatro. Por lo menos al teatro comercial, que era muy barato.
- No. El teatro era prácticamente inasequible para nosotros. Por eso el éxito que tuvo el Teatro del Pueblo, que costaba 20 centavos.
- Pero yo pensé que las entradas para los sainetes eran muy baratas.
- Sí, pero el teatro por secciones costaban por lo menos 1 peso. Además no era nuestro gusto. Estábamos leyendo a los mejores poetas.
- ¿Y de dónde los leía? Porque si estaba trabajando
- Te cuento. Yo jugaba mucho al futbol, hacía muchísimo deporte. Por eso los músculos todavía me funcionan. Y por eso hice el chiste el año pasado cuando me dieron el premio en el Rojas(*): subí las escaleras con el bastón a propósito, así después, para cuando bajara sin nada, pensaran que había hecho una proeza. Teresa, mi mujer, cuando me vio con el bastón me dijo. “¿Te ayudo?”. No, qué me iba a ayudar, si tenía que hacer una escena.
- La veta actoral sigue vigente.
- Si, claro. Fue muy gracioso. Yo tengo un amigo joven, tendrá unos 48 años, que cada vez que vamos a Argentores me quiere ayudar y yo le digo “¡No me ayudes más! ¿Qué te pensás?, ¿que soy un viejo de mierda?”. Creo que los músculos me dan por todo el deporte que he practicado. Como te contaba, en un club de barrio los muchachos, que eran siempre mayores que yo 6 o 7 años, formaban la 5ta división de futbol. Yo jugaba en el 6ta división.
- ¿En qué club?
- Era uno que estaba aquí, en Peña y Charcas. Un club que ni existía, una barra de muchachos. Yo me acuerdo que cuando formamos la 6ta (tendría unos 12 años), hicimos una rifa (siempre fui iniciador de estas cosas) y recuerdo muy bien que, con lo que recaudamos, fui a la casa Testai en Av. Callao para comprar 11 camisetas, 11 pantaloncitos y 11 pares de medias. Y llegamos al barrio con los compañeros con esas camisetas de un azul extraño, un azul con un fondo rojizo. Sabés que un día estaba en Venezuela (pasé 2 años allá). Iba manejando y de pronto pasa un camión de costado. Sentí una gran emoción y no supe por qué, hasta que recordé que ese color del camión era el color de la camiseta aquella. ¡Qué cosa la memoria!
Lo que estudié es porque tuve la suerte de tener esa barra de amigos, que eran casi todos estudiantes del colegio Manuel Belgrano, que estaba en la Av. Santa Fe. Todos estudiantes secundarios que después fueron ingenieros, abogados. Yo era uno de los pocos que no iba al colegio. Había otro que era pintor de paredes. Pero yo les pedía los libros y estudiaba de noche en casa. Historia, geografía, literatura, química, francés, lo que hubiese. Necesitaba eso. Estaba en la oficina desde las 8 de la mañana hasta las 7 de la tarde, con un período libre para almorzar rápidamente. Salía volando para ir al Teatro del Pueblo, donde conocí a William Shakespeare, a Nikolai Gogol (no muy bien representados, pero los conocí). Por qué me pasaba esto, la verdad es que no sé. Yo no sólo no tenía consejos en casa, tampoco tenía libros. Pero me gustaba. Me paraba en los stands de diarios y revistas y me quedaba leyendo.
-¿Pudo alguna vez cursar el secundario?
- No. Hice hasta 6to superior de primaria, porque tuve que trabajar. Un día mi madre y mi hermano me pusieron contra la pared y me dijeron: “Si vos querés estudiar, nosotros trabajamos para que estudies”. “Gracias -les dije- prefiero trabajar”.
Poco a poco iba leyendo esos libros, los de mis amigos y los que me compraba en los puestos de usados. Pero en el club, los muchachos que estaban en el secundario habían alquilado una sala en una de esas casa viejas, donde se hacían bailes todos los domingos con chicas amigas. Se ponía una vitrola, se jugaba a las damas y al ajedrez. Club Social y Deportivo Laprida Juniors. Entonces, un día trajeron un armario, y un muchacho que tenía un poco de inquietud propuso ir a pedirle libros a Ricardo Rojas, que vivía ahí nomás, a media cuadra. Y yo no sé muy bien cómo (tantas cosas me han pasado así en la vida), me metí con ellos.
- Digamos que de caradura, nomás.
- Sí, exactamente. Y fuimos un 2 de enero del ´34. Porque yo lo conocía a él, a Ricardo Rojas, por ser profesor del Manuel Belgrano, lo veía pasar inhiesto, cuello duro, blanco, con corbata negra y unos bigotes duros. Era más que formal. Y yo siempre lo veía porque en esa época ya era un intelectual conocido. Debe ser por eso que cuando dijeron de ir para su casa me colé enseguida. Y sabés que nos trajo un montón de libros de regalo. Pero me vio a mí y me dijo: “Vos, esperá”. Fue adentro. Nosotros nos miramos. Y cuando salió venía con dos libros más para mí: uno era el Siripo de Manuel José de Labardén y el otro eran los poemas de Ramón de Campoamor. La poesía y el teatro. Fue una especie de puntapié inicial.
En cierto momento, cuando todavía trabajaba en Bunge & Born, salí a caminar. Me gustaba explorar las recovas, porque en aquel momento estaba allí casi todos garitos, llenos de prostitutas, llenos de marineros. Un día, caminando por ahí, descubro una librería de viejos que no había visto y veo un libro raro que se llamaba La calle del agujero en la media, de Raúl González Tuñón. “¿Poemas, con ese nombre? ¡Qué raro!” Además, con un dibujo en la tapa muy extraño. Pero valía 30 centavos, 3 viajes de tranvía Lo compré igual. Y fui a la lechería donde los juntábamos con la barra, que se llamaba La Porteña. En ese tiempo estábamos leyendo cosas más románticas, como las de Rubén Darío, así que al principio, con el primer poema, nos empezamos a reír. Pero de a poco empezamos a ponernos serios y descubrimos una nueva poesía y a un gran poeta. Acá termina ese episodio, en donde yo tenía 14 años.
Pero cuando tenía 29 años, después de haber estrenado El Puente, hice una obra para Narciso Ibáñez Menta que se llamaba El fabricante de piolín, que yo no la tengo editada porque a mí no me gusta (creo que es una obra fallida), Sin embargo fue un éxito de sala llena en el teatro El Nacional. Trabajaba Narciso, Laura Hidalgo, Milagros de la Vega.
- ¿La dirigió usted?
- No, no. Narciso. El tema es que me llaman por teléfono del diario Clarín y me piden una entrevista. Arreglamos cita en un café que no existe más, Pedigrí. Y el hombre me dice, para que lo reconozca, que va a estar con el sombrero puesto y el diario Clarín sobre la mesa. Entro y veo un flaco con esas características. Hablamos un rato y de pronto empezamos a charlar de poesía. Entonces le pregunto si se dedicaba al periodismo o hacía algo más y el tipo me responde “Bueno, en realidad yo soy poeta”. ¿Y quién era? Raúl González Tuñón. Se me cayeron las medias, los calzoncillos. Le dije “Estoy avergonzado. Cómo usted me va a hacer un reportaje a mí”. Y le conté toda la historia, que por su puesto le encantó.
- Pero usted no entró al teatro por el lado de la escritura, sino más bien por la actuación y los títeres.
- Fue paralelo, porque a mí lo que me interesaba era la creación del personaje. Lo primero que yo empecé a hacer fue escribir poemas, y un día apareció con la barra, milagrosamente, la idea de hacer revistas orales. Íbamos por los clubes. La revista consistía en una editorial, alguien que recitaba un poema, alguien que tocaba un instrumento. Incluso descubrí hace poco un artículo que escribí a los 20 años sobre la situación del país que, no en el estilo (está escrito al estilo de José Ingenieros, que era mi referencia en aquel momento) pero sí en el concepto, sirve perfectamente para hoy.
Hacíamos eso.
Y también nos interesamos un día por los títeres. Ahí nos conectamos con Javier Villafañe, que fue mi maestro y amigo hasta su muerte. Fue él quien me dijo un día que, ya que me gustaba tanto escribir y tenía la veta literaria (incluso estaba escribiendo una novela que se iba a llamar Esta gente mía), escribiera obras para títeres, porque siempre terminábamos haciendo las mismas. El caballero de la mano de fuego, por ejemplo. Íbamos por los hospitales, los suburbios y las escuelas haciendo funciones.
- Pero sólo los fines de semana.
- Sí, sí. Todos los días hasta las 7 de la tarde estaba trabajando. Y era bastante trabajador. Pero estábamos muy contentos con los títeres.
- ¿Podríamos, entonces, pensar que Villafañe fue su primer maestro, en términos teatrales?
- No de teatro. Él nos enseñó a hacer los muñecos. Nos enseñó la poesía de su humor. Con la actuación fue intuición pura y ver cine. Veía mucho cine y mucho teatro desde los 8 años. Yo asistí al estreno de Así es la vida, con la compañía Muiño-Alippi, vi el estreno de El conventillo de la paloma, en donde la que hacía el personaje de Doce Pesos, muy jovencita, era Libertad Lamarque, con 17 años y muy pintada.
Los que empezamos a no pintarnos en el teatro y a sacar el telón, el apuntador y las candilejas fuimos nosotros con el teatro independiente.
Pero bueno, tanto me insistió Javier en que yo escribiera (y como por aquella época estaba enamorado de Platero y del Quijote), que escribí El Quijotillo y Platero en titirilandia. Funcionaron muy bien, así que llevamos los títeres al teatro de La Máscara. Allí me hicieron integrar el elenco. Entonces ya era actor y me daban papeles importantes.
- ¿Se acuerda cuál fue la primera obra que hizo como actor?
- Pero es que me estoy salteando cosas. En uno de estos clubes a donde llevábamos la revista oral había un viejo teatrero que quería hacer teatro. Entonces me pidió un viernes que lo salvara porque se le había ido un actor. Leí el texto a la mañana, Ilusiones del viejo y de la vieja, un sainete. Pero la verdad es que no me la sabía, así que miraba todo el tiempo al apuntador. Ese fue mi debut.
Aunque no: mi estreno fue mucho más serio. Recuerdo que monté una obra que se llamaba El hombre que yo maté, que se trataba de un francés que había matado a un alemán y que iba a Alemania a conocer a la familia del muerto. Esa fue mi primera puesta en escena.
Pero incluso antes que esto, mi debut real fue a los 17 años. Ya se había desatado la guerra española y nosotros peleábamos como podíamos, sobre todo en esta zona (Palermo) donde había muchos nazis..., la Liga Nacionalista, la Liga Argentina Desfilaban vestidos de nazi, con el gorrito y la cachiporra. Nosotros recogíamos en la calle los estaños de los paquetes de cigarrillos o de alguna golosina, formábamos pelotas de estaño y las mandábamos a España. Y había un lugar en la calle Victoria (que ahora es Hipólito Yrigoyen), cerca de Once, donde había un organismo llamado Peava: Patronato Español de Ayuda a las Víctimas Antifascista. Muchos republicanos españoles había acá. Un día fuimos allí, inquietos como éramos, queriendo colaborar para la República. Y yo elegí una obra de José González Castillo (cómo la conseguí, no tengo la menor idea) que era anarquista: Diálogo de vanguardia. Pero la obra era sobre la vanguardia teatral, no política. Así y todo era una linda obrita. En esa actué y realicé la puesta en escena. Y después hice otra, no me acuerdo de quién, que se llamaba El condenado a muerte. Ese fue mi debut real . Y opinaron muy bien. Y recién ahí fuimos a La Máscara y me contrataron como actor.
En La Máscara fue donde un día me dijeron: “¿Por qué no escribís una obra de teatro? Porque obras argentinas no hay”. Y escribí El puente. Entonces me convirtieron en dramaturgo.
- El puente fue una revolución. Creo que principalmente por el lenguaje verbal y teatral, más que por el tema en sí mismo.
- El tema con El puente es que habíamos hecho un concurso, porque cada vez que poníamos obras argentinas no venía nadie. Incluso en el Teatro del Pueblo daban obras argentinas, Roberto Arlt por ejemplo, pero tampoco iba gente. Entonces hicimos un concurso. Estábamos reunidos en el café de la esquina del teatro (Maipú y Rivadavia) leyendo las obras. Yo las miraba con mala cara, poniéndome fastidioso porque hablaban de tú, no tomaban nada de la realidad, de lo que nos rodeaba. Era el ´47 y nosotros estábamos sufriendo el peronismo . Eso la gente no lo sabe.
- ¿Por qué lo sufrían?
- Porque no podíamos hablar. Hasta teníamos miedo de hablar en los taxis . Te metían preso. Por ejemplo, en el ´48 estábamos haciendo Crimen y castigo y nos prohibieron porque el autor era ruso. Fuimos a hablar con el censor y tuvimos una conservación muy particular: “Sí, es ruso –le dijimos- pero de antes de la revolución; y además Dostoievski era muy religioso”. “Ya sé -nos dijo-, pero yo fui a ver la obra y era muy sórdida”. “Es que Dostoievski es así -le respondimos”. “Bueno. Tráigame el libro”.
Le llevamos el libro y pasaron los días. Cada día sin función perdíamos plata. Lo leyó y terminó diciendo: “Bueno. Debe ser por cómo ustedes la hacen”. Entonces nos ofrecimos a hacer una función exclusivamente para él y la mujer. Y resulta que había una escena que yo hacía, en donde estaba en un prostíbulo, en la que la madama decía “Sonia: aquí hay un cliente que te busca”. Ellos pusieron “hay un amigo que te espera”. Ese fue más o menos todo el cambio que hicieron. Y luego nos autorizaron.
- Con El puente, que fue un exitazo ¿pudo finalmente empezar a vivir del teatro?
- No, no. Yo publiqué mi primer libro en el ´43, La clave encantada, una obra para títeres. Casualmente hoy lo saqué de la biblioteca.
Y me ojeo lo que es casi una reliquia: la primera edición de la primera obra editada de Gorostiza. Del ´43, se desarma en las manos, pero es tan hermosa.
- Esto es edición del autor.
- Sí. ¿Sabés cómo hacíamos? Vendíamos adelantado 1 peso. Con la plata recaudada publicábamos y después le dábamos el libro a la gente.
- Venta anticipada.
- Éramos unos cuantos que nos habíamos reunido. Y terminamos publicando, cerca del ´47, Nueve Cantos de José Pedroni. Podíamos. Cuando me fui a Venezuela en el ´54 me llegó una citación, porque tenía que sacar certificado de buena conducta para el pasaporte. Tuve que presentarme al Comité de Actividades Antidemocráticas (creo que se llamaba algo así), la sección especial de represión al comunismo. Me citaron a las 7 de la mañana en el mes de agosto. Me hicieron pasar al patio para esperar; mientras, baldeaban. Una vez se lo comenté a Saulo Benavente y me dijo que a él le hicieron lo mismo. Cuando entré, la persona que me atendió me preguntó por El puente, si era comunista, si era profesor, un montón de preguntas absurdas; y al final me preguntó cuánto ganaba. Yo les expliqué que dependía del porcentaje que tenía de las obras en cartel, más lo que ganaba en la empresa de publicidad en la que trabajaba. Le hice la cuenta rápidamente, la miró, y despectivamente dijo solamente “¡Bah!”. No sé, esperaba que estuviera muerto de hambre . Las cosas que hemos pasado. Mirá: por más que hayamos pasado cosas muy desagradables del ´83 a esta parte, no tiene nada que ver con aquello.
Un amigo mío, en el ´48 más o menos (cuando estaba prohibido el comunismo), era comunista y quería que yo me incorporara. Yo nunca me afilié porque no me seducía del todo. Había una puerta que no cerraba . Y tuve razón.
En esa época cualquier tipo de manifestación estaba prohibida, así que los del partido hacían actos relámpago. Nos reuníamos en una esquina, empezaban a hablar, y apenas venían los vigilantes empezábamos a correr. ¡Sabés que había libros, periódicos, que yo no podía llevar a mi casa! Cerca había una vecina que tenía un balcón, cerrado siempre; entonces yo dejaba un paquete ahí a la noche y lo pasaba a buscar a la mañana.
Así que con el ´83, con todo lo que se pueda decir, no hay punto de comparación.
- Usted encabezó varios movimientos culturales de resistencia, como el caso de Teatro Abierto.
- Cuando nos quemaron el teatro; no sabés lo que fue eso. Chacho Dragún me llamó a las tres de la mañana para avisarme de la quema del Picadero. Llovía. El agua de los bomberos. El fuego. Pero como tiraron la bomba adelante quemaron solamente la escenografía, que era poca porque debía ser funcional a 20 obras distintas. Todo muy precario. No hubo mayor problema. La música y el vestuario estaban al fondo arriba y hasta ahí el fuego no llegó. Por eso pudimos, en una semana, volver a las funciones en el Tabaris. Era un desafío.
- No sé si querrá responderme esto, pero le pregunto igual. Usted fue muy militante, políticamente hablando, encabezó luchas sindicales, etc. Incluso fue Secretario de Cultura del gobierno de Raúl Alfonsín.
- Sabés que siempre me preguntaban si tenía miedo. Es raro, porque no tenía, a pesar de que tuvimos que evacuar la Secretaría más de una vez por amenaza de bomba.
- Incluso Alfonsín tuvo el levantamiento carapintada.
- Claro. Te cuento una anécdota. Como Secretario de Cultura tenía varias atribuciones. Un día me llama el juez Gil Lavedra para avisarme que quería guardar todos los videos originales del juicio a la Junta en ATC, el viejo Canal 7, que estaba a mi cargo. Yo veía en la Casa de Gobierno que había mucha gente que no quería seguir con los juicios (no Alfonsín; él sí quería seguir), así que desde la Casa de Gobierno lo llamé a Gil Lavedra y le dije que sería conveniente que los sacara. Me preguntó si había oído algo, la verdad que no, pero olí, olí algo. Enseguida me hizo sacar todo y llevarlo a Tribunales. Una copia la mandaron a Suecia, por las dudas. El miedo era que se acabara toda esa renovación . Eso la gente hoy no lo comprende.
- Para los que crecimos en democracia es difícil de entender. Por eso yo le quería preguntar (y le repito que si no quiere responder, no responda): con toda la militancia que tuvo, con toda la participación política activa en el gobierno de Alfonsín, ¿qué visión tiene hoy de la política en general y de la UCR en particular? ¿Qué le pasa a usted, un hombre tan político, con la política de hoy en día?
- Yo nunca participé en militancias partidarias, pero sí tuve participación política. Cuando se veía el final de la dictadura de Jorge Rafael Videla y toda esa gente, y ya se anunciaba que iba a haber elecciones, se veía la Multipartidaria, yo pensé que no tenía derecho a no participar. Fui a visitar a todos los partidos políticos con posibilidades, a toda la gente, para verlos. No me importaba el partido, me importaba la gente. Entonces conocí a Alfonsín y vi que era una buena persona, cosa que hasta ahora no se me ha negado nunca, excelente tipo, aunque, como todos nosotros, no era perfecto. Tenía lo suyo, era un político de Chascomús. Un día que lo fui a visitar, cuando ya había concluido el mandato, le pregunté por la mujer, María Lorenza, que estaba enferma. Me interesé por cómo seguía y él me respondió: “Bien. Sabe que ayer se fue solita en micro a Chascomús”. Era de una humildad y de una profundidad . El mayor regalo que tuve fue cuando yo me fui, porque me agarré un pico de estrés. Teresa me dijo: “o renunciás o me divorcio”. Y cuando voy a decirle, él me retruca que estaba disponible el cargo de agregado cultural en Washington: “Vaya un año, descanse bien, y vuelva”. No me quería largar.
Me gustó lo que él hacía, me gustó él, la gente que lo rodeaba, aunque nunca fui radical.
- ¿Afiliado a algún partido?
- Me afilié al radicalismo porque en la interna estaban Alfonsín y De la Rúa. Había votación y De la Rúa no aflojaba. Me afilié solamente para poder votar.
Y ahora.
Durante la época de la I Guerra había un socialista llamado Henri Barbusse, que escribió una gran obra. Las obras de la guerra son dos: Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque y El fuego de Barbusse. Y otro socialista, amigo de Barbusse, era Romain Rolland, quien escribió un texto titulado Au-dessus de la mêlée (que viene a ser algo así como Por encima de la contienda) en donde retoma la correspondencia que habían mantenido Rolland y Barbusse durante la guerra.
Cuando me preguntan ahora por la política, yo respondo Au-dessus de la mêlée. Porque no puedo estar con Hugo Biolcati, pero tampoco puedo estar con Hugo Moyano. Es terrible, es penoso. Entonces, Au-dessus de la mêlée.
- Y finalmente, con respecto a su estética, yo veo que más o menos desde los ´90 a esta parte sus obras han dando un giro en el nivel temático: antes estaban más enfocadas hacia lo social y ahora más hacía el drama intimista individual, en el problema de la muerte. ¿Está de acuerdo?
- Cuando veas Vuelo a Capistrano vas a confirmar tu hipótesis. Y con El aire del río también.
- ¿Por qué este giro?
- Uno puede especular . En realidad no sé. Pero puedo encontrar un punto bisagra: hace unos años me dijeron que yo tenía leucemia, pero que de eso no me iba a morir porque parece ser que es una deficiencia en la sangre que tengo desde hace mucho y que me descubrieron de casualidad. El médico me preguntó “¿Cuántos años quiere vivir?”. Cagamos. Me puso el techo. De eso hará 25 años y el cuadro se me agudizó cuando Carlos Menem llegó al poder.
(*) Se refiere a la Mención Especial a la Trayectoria de los Premios Teatro del Mundo, entregados por la Universidad de Buenos Aires en el Centro Cultural Ricardo Rojas, en noviembre de 2010.
Bibliografía hasta 2007
"Los cuartos oscuros". Novela. Carlos Gorostiza, Sudamericana, Buenos Aires, 1976.
"Cuerpos presentes". Relatos. Novela. Carlos Gorostiza, Fundación Editorial De Belgrano, Buenos Aires, 1981.
"Páginas de Carlos Gorostiza". Carlos Gorostiza, Gedisa, Buenos Aires, 1984.
"El basural". Novela. Carlos Gorostiza, Sudamericana, Buenos Aires, 1988.
"Teatro 1". Teatro. Incluye "Aeroplanos", "El frac rojo", "Papi", "Hay que apagar el fuego" y "El acompañamiento". Carlos Gorostiza, Ediciones de La Flor, Buenos Aires, 1991.
"Teatro 2". Teatro. Incluye "Matar el tiempo", "Los hermanos queridos", "Juana y Pedro", "Los cinco sentidos capitales" y "El lugar". Carlos Gorostiza, Ediciones de La Flor, Buenos Aires, 1992.
"Teatro 3". Teatro. Incluye "A qué jugamos", "Los prójimos", "El pan de la locura", "El caso del hombre de la valija negra", y "El puente".Carlos Gorostiza, Ediciones de La Flor, Buenos Aires, 1993.
"Teatro 4". Teatro. Incluye "El patio de atrás". Carlos Gorostiza, Ediciones de La Flor, Buenos Aires, 1996.
"Teatro 5". Teatro. Incluye "Los otros papeles", "A propósito del tiempo" y "Doble historia de amor". Carlos Gorostiza, Ediciones de La Flor, Buenos Aires, 1998.
"El patio de atrás". Teatro. Carlos Gorostiza, Cántaro Ediciones, Buenos Aires, 1994.
"Vuelas las palomas". Novela. Carlos Gorostiza, Planeta, Buenos Aires, 1999.
"La buena gente". Novela. Carlos Gorostiza, Planeta, Buenos Aires, 2001.
"El merodeador enmascarado". Memorias. Carlos Gorostiza, Seix Barral, Buenos Aires, 2004.
"Teatro 6" (incluye "Toque de Queda", "El Alma de Papá" y "Un testamento para Juan". Carlos Gorostiza, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, julio de 2007.
"Vuelan las Palomas". Novela. Carlos Gorostiza, Planeta, Buenos Aires, 2007.
"La Buena Gente". Novela. Carlos Gorostiza, Planeta, Buenos Aires, 2007.
"La Clave Encantada" (Cinco obras de títeres para niños). Carlos Gorostiza, Colihue, Buenos Aires, 2007.
Actualmente se puede ver en cartel:
Link con la info:


Fuente:
http://www.alternativateatral.com/
Tuve el agrado de darle un beso en el estreno de " Vuelo a Capistrano " obra que dirige mi Maestro.
Nota "La Nación" sobre la obra.
1920
Nace en Buenos Aires.
"Gorostiza nos habla de su infancia en el barrio de Palermo, junto a sus padres vascos y un hermano mayor. No eran ricos pero disfrutaban de una situación que les permitió en 1926 realizar un viaje por la tierra de los ancestros. Al regreso, la familia se topó con los primeros síntomas de una crisis económica que los golpearía fuertemente. El padre, piloto comercial, con el pretexto de ir a vender cosas en las provincias, levantó vuelo y abandonó el hogar. La madre debió sostenerlo haciendo labores de modista y los hijos ponerse a trabajar.", escribió Antonio Requeni para La Nación, Buenos Aires, 5 de diciembre de 2004.
1943
Escribe la obra para títeres "La clave encantada".
1949
"El puente" es estrenada en el Teatro La Máscara de Buenos Aires.
1950
El 1 de septiembre se estrena, en Buenos Aires, el film "El puente", con guión y dirección de Carlos Gorostiza y Arturo Gemmiti.
1956
El 17 de agosto se estrena el film "Marta Ferrari", con dirección de Julio Saraceni y guión de Carlos Gorostiza.
1958
En Buenos Aires, se estrena la obra de teatro "El pan de la locura".
Recibe el Primer Premio Municipal de Teatro.
1960
Hasta 1962, trabajará como Profesor de Arte Dramático en Caracas, Venezuela.
1964
De regreso en Argentina, trabajará, hasta 1976, como Profesor de Arte Dramático en Buenos Aires.
1966
Se estrena, en Buenos Aires, la obra de teatro "Los prójimos".
Obtiene la beca otorgada por la Fundación Fullbright.
1967
Recibe el Primer Premio Nacional de Teatro.
1968
La obra de teatro "¿A qué jugamos?" es estrenada en Buenos Aires.
1970
En Buenos Aires, se estrena la obra de teatro "El lugar".
1976
Su novela "Los cuartos oscuros" gana el Primer Premio Nacional de Novela y es publicado por la editorial Sudamericana.
1978
Se estrena, en Buenos Aires, "Los hermanos queridos".
Recibe el Primer Premio Nacional de Literatura y el Primer Premio Municipal de Novela.
1981
Es miembro clave de Teatro Abierto, movimiento de resistencia cultural durante la dictadura 1976-1983. Allí se estrena su obra de teatro "El acompañamiento".
"Los movimientos teatrales nacen por necesidad. Hay que defenderse de algo. Leónidas Barletta (1902-75), por ejemplo, hacía malos espectáculos, pero se aventuró a poner cosas como Shakespeare y Gogol, y el Teatro del Pueblo marcó una época. Así nació Teatro Abierto, en 1981, para defenderse de la comercialización y la banalización.[...] Teatro Abierto fue una reacción. En este momento no está claro ’reacción contra qué’. Quizá falte el estímulo de una herida clara, que obliga a la defensa. Lo que hay es formal, con nuevas experiencias. Por suerte hay muchos que quieren hacer teatro y se lanzan a hacerlo.", expresó Carlos Gorostiza en Página/12, Buenos Aires, lunes 5 de enero de 2004.
La Fundación Editorial De Belgrano publica, en Buenos Aires, el libro de relatos "Cuerpos presentes".
1982
En Buenos Aires, se estrenan las obras de teatro "Matar el tiempo" y "Hay que apagar el fuego".
Recibe el Gran Premio de Honor de Argentores y el Laurel de Plata otorgado por el Ateneo del Rotary Club.
1984
Recibe los Premios Konex de Platino y Diploma al Mérito en la categoría "Teatro".
Hasta 1986, se desempeñará como Secretario de Cultura de la Nación del gobierno de Raúl Alfonsín.
La editorial Gedisa publica, en Buenos Aires, el libro "Páginas de Carlos Gorostiza".
1988
La editorial Sudamericana, de Buenos Aires, publica la novela breve "El basural", por la que recibe el Premio Meridiano de Plata.
1990
Se estrena la obra de teatro "Aeroplanos".
"’Mi padre, Fermín Gorostiza, fue uno de los primeros pilotos del país’. En otra foto, a bordo del avión, aparece un niño de traje oscuro y mirada seria. Es Carlos Gorostiza a los cuatro años, al cabo de su primer vuelo: ’Fue un vuelo corto, hecho seguramente a escondidas de mi madre. Recuerdo que me pusieron antiparras y un gorro. Estaba nublado y para aterrizar debíamos guiarnos por la visión de unos molinos de viento’ [...]
’¡Qué casualidad! ¿no? Aeroplanos... Papá era gerente de la empresa de bebidas Bilz, y como era piloto, usaba los vuelos en aeroplano para arrojar volantes publicitarios. Salía de San Fernando y con mi hermano lo veíamos pasar desde la vereda de casa, en Santa Fe y Ecuador. Para nosotros era un paseíto... Como podían serlo el paseo por el Balneario Municipal o por el Jardín Japonés. Conocer el mundo era viajar en un barco como el Infanta Isabel de Borbón, en el que hice, a los seis años, mi primer viaje a Europa, a España.’ [...] ’Escribí muy rápido Aeroplanos, hace doce años. Ya era viejo: tenía 70. Mi amigo Pedro Doril, que tiene mi misma edad, había venido a visitarme, como todas las semanas. Ese día, cuando se fue, yo estaba tosiendo. Cuidate, me dijo. Sin humor. Y se fue. Evidentemente yo tampoco recibí su comentario con humor porque al día siguiente me apareció la obra —en la cual la tos es signo de una dolencia más grave—, escrita como en un brote’", comentó Carlos Gorostiza en una entrevista de Ivana Costa, Clarín, Buenos Aires, 18 de agosto de 2002.
Recibe el Premio Argentores al Mejor Drama Teatral y el Premio Estrella de Mar al mejor drama.
1991
El 23 de mayo se estrena el film "El acompañamiento", sobre la obra teatral de Carlos Gorostiza.
Ediciones de La Flor publica, en Buenos Aires, el volumen "Teatro 1" que incluye las obras "Aeroplanos", "El frac rojo", "Papi", "Hay que apagar el fuego" y "El acompañamiento".
1992
Ediciones de La Flor publica, en Buenos Aires, el volumen "Teatro 2" que incluye las obras "Matar el tiempo", "Los hermanos queridos", "Juana y Pedro", "Los cinco sentidos capitales" y "El lugar".
1993
Ediciones de La Flor publica, en Buenos Aires, el volumen "Teatro 3" que incluye las obras "A qué jugamos", "Los prójimos", "El pan de la locura", "El caso del hombre de la valija negra", y "El puente".
1990
El 26 de abril se estrena, en Buenos Aires, el film "País cerrado, teatro abierto", en el que participa como entrevistado.
1994
"El patio de atrás" es estrenada en Buenos Aires y publicada por Cántaro Editores.
1996
Ediciones de La Flor publica, en Buenos Aires, "Teatro 4" que incluye "El patio de atrás".
1998
Se publica, en Buenos Aires, "Teatro 5", que incluye "Los otros papeles", "A propósito del tiempo" y "Doble historia de amor". (Ediciones de La Flor).
1999
Es ganador del Premio Planeta por su novela "Vuelan las palomas".
"El tratamiento de la relación entre los destinos individuales y los grandes acontecimientos históricos permite asimilar esta novela, en cierto modo, a ’El siglo de las luces’ (1962) de Alejo Carpentier. Como la célebre novela del cubano, ’Vuelan las palomas’, publicada casi cuatro décadas más tarde, es un texto de un prolijo clasicismo. Dicha cualidad se advierte tanto en la carga alegórica de la que están investidos ciertos elementos (las palomas, la imprenta, los borceguíes) como en el criterio a partir del cual Gorostiza construye los personajes, basándose en tipologías sociales.[...] Se destaca la intención autoral de apuntalar con énfasis el sentido de lo narrado, un sentimiento vinculado a los valores que el protagonista defiende desde el episodio del fusilamiento hasta su vejez: el derecho a ser libre y la posibilidad de preservar la integridad personal frente a la alienación a la que puede conducir el sacrificio ciego a una doctrina. [...] Reticente a las teorías del azar y la multicausalidad que signan los tiempos presentes, ’Vuelan las palomas’ sugiere que la Historia determina al individuo, que éste es lo que las circunstancias han hecho de él. "Fue en ese momento cuando Ignacio, envuelto en un remolino de crudas y aventuradas ideas, contagiado tal vez por las circunstancias que lo acompañaban, intuyó que todas esas cualidades tal vez habían nacido a la par de un requisito histórico convertido en sentimiento: la primaria necesidad de vivir en libertad.", escribió Florencia Abbate para La Nación, Buenos Aires, 26 de enero de 2000.
2001
La editorial Planeta publica, en Buenos Aires, la novela "La buena gente".
"Como cierto tipo de teatro, como cierta música, podría decirse que ’La buena gente’ es una novela de cámara. El patetismo y la intensidad de la historia están referidos con sobriedad y sus protagonistas se mueven, aunque prácticamente inmóviles, en un ámbito de incertidumbres y silencios que se cargan de desasosegadas preguntas o descubrimientos esclarecedores. [...] El logrado dibujo de los personajes, los certeros apuntes psicológicos y el sugestivo clima intimista de ’La buena gente’ contribuyen a situar al reconocido autor teatral que es Carlos Gorostiza, también, entre nuestros mejores novelistas.", escribió Antonio Requeni para La Nación, Buenos Aires, 8 de mayo de 2002.
2004
Aparece, en Buenos Aires, "El merodeador enmascarado" publicado por la editorial Seix Barral.
"Este libro de "algunas memorias", como se lo califica en el subtítulo, comienza desde antes de que el autor tuviese memoria, cuando flotaba "en turbios líquidos dentro del vientre de mi madre", y finaliza más de ochenta años después, en los primeros tramos de este siglo XXI que sugiere a Carlos Gorostiza un epílogo entre melancólico y esperanzado. En el medio, a lo largo de más de 300 páginas, el reconocido dramaturgo y novelista incursiona en un género nuevo para él y, de pasada, ofrece testimonios de otra forma literaria que le desconocíamos, ya que en una y otra página reproduce varios poemas de su autoría. La atracción de estos recuerdos deriva no sólo de las múltiples y ricas experiencias de la vida personal de Gorostiza sino también de la recreación del escenario histórico, social y costumbrista en que esa vida se desarrolló. [...] Las páginas de El merodeador enmascarado nos revelan, con lograda y atractiva amenidad, la personalidad de un creador comprometido y un ser humano cuyas obras y ejemplo personal constituyen un testimonio de amor a la literatura, a la vida y a sus semejantes." (Antonio Requeni, La Nación, Buenos Aires, 5 de diciembre de 2004).
2005
Es nombrado Socio de Honor de la Asociación de Autores de Teatro (Madrid, España).
2006
Su obra "El alma de papá" es estrenada en Montevideo y luego representada en todo el interior de la República Argentina.
2007
Se publican "Teatro 6" (Ediciones de la Flor) y "La clave encantada" (Colihue).
La editorial Planeta reedita las novelas "Vuelan las Palomas" y "La Buena Gente".
Reportaje a Carlos Gorostiza
Militancia, política y teatro: juntos pero no revueltos
12/02/2011 | Por María Natacha Koss |

Esta vez un maestro de maestros, historia viviente del teatro argentino, nos abrió las puertas de su casa. Señoras y señores, con ustedes Carlos Gorostiza.
¿Con qué veterano de las letras y de las artes suponen que puedo encarar una conversación sobre hologramas y platos voladores? No es Carl Sagan. Tampoco Steven Spielberg. Es Carlos Gorostiza que, a sus más de 90 años, nos abre las puertas de su departamento en la Av. Santa Fe, justito frente al Botánico, para recordar con una memoria privilegiada su pasado y presente en la escena argentina. Invita a que nos sentemos en el mismísimo sillón donde, 30 años atrás, se gestaba Teatro Abierto, y empezamos a hablar de OVNIS. Es que Goro es así: da vueltas, se mete por caminos sinuosos para responder algunas preguntas, bifurca, toma atajos, pero siempre vuelve. Y con un humor y una lucidez a prueba de balas.
- ¿No le sale la veta Isaac Asimov o Ray Bradbury? Digo, de ponerse a escribir ciencia ficción sobre estas cosas. Porque usted tiene ya varias novelas escritas, aunque no sobre esto.
- No. Me gusta el tema, pero no escribirlo. Es que me gusta mucho más la realidad circundante; por eso amo tanto al teatro, que está ahí. El que trabajó alguna vez en teatro seriamente, sabe que en cierto momento hay una relación con el espectador que casi es concreta, casi se puede cortar con una tijera o con un cuchillo. Cuando no hay esa relación, es un fracaso. Y el actor se inspira en esa onda que mandan los espectadores. Es hermoso el teatro en ese sentido, incomparable.
- ¿Por eso empezó a hacer teatro? Porque usted venía de la publicidad.
- La publicidad (risas), la publicidad fue la vía que encontré para poder vivir divirtiéndome. Lo que me gustaba a mí desde siempre era escribir.
- Es que cuando uno le decía a los padres “quiero ser escritor”, supongo que era difícil.
- Pero yo no tenía padres a quienes decírselo. Yo tenía que trabajar para llevar dinero para el puchero. Empecé a trabajar a los 13 años en Bunge & Born.
- ¿Haciendo?
- A los 12 años me recibí de taquígrafo y además sabía mecanografía. Es más: si vas ahora al padrón electoral que siempre pegan en las puertas de las escuelas los días de votación y buscás mi nombre, vas a ver que dice “Carlos Gorostiza. Profesión taquígrafo”. Tuve la suerte de emplearme en Bunge & Born, aunque no entré como taquígrafo sino como cadete. Me pagaban 60 pesos, de los cuales le daba 40 a mi madre y me quedaba con 20. Calculá que valía 10 centavos el viaje en ómnibus, lo que sumaba 40 centavos por día, 12 pesos por mes. Me quedaban 8 pesos.
- ¿Y hacía como mi abuelo, que se lo gastaba en cigarrillos?
- No. Fumaba, pero muy poco. Lo que sí me acuerdo muy bien es que los sábados íbamos con mis amigos al centro y gastábamos 1 peso. Éramos un grupo al que le gustaba la literatura, el cine, el teatro. Entonces eran 20 centavos de tranvía, 40 centavos del cine, y después nos quedaban 20 centavos que eran para el “Cinco y Cinco”. Vos ibas a una pizzería, pedías “Cinco y Cinco” y te daban 5 de fugazza y 5 de fainá. Y después de eso pedíamos un moscato para acompañar.
- Supongo que también podían ir al teatro. Por lo menos al teatro comercial, que era muy barato.
- No. El teatro era prácticamente inasequible para nosotros. Por eso el éxito que tuvo el Teatro del Pueblo, que costaba 20 centavos.
- Pero yo pensé que las entradas para los sainetes eran muy baratas.
- Sí, pero el teatro por secciones costaban por lo menos 1 peso. Además no era nuestro gusto. Estábamos leyendo a los mejores poetas.
- ¿Y de dónde los leía? Porque si estaba trabajando
- Te cuento. Yo jugaba mucho al futbol, hacía muchísimo deporte. Por eso los músculos todavía me funcionan. Y por eso hice el chiste el año pasado cuando me dieron el premio en el Rojas(*): subí las escaleras con el bastón a propósito, así después, para cuando bajara sin nada, pensaran que había hecho una proeza. Teresa, mi mujer, cuando me vio con el bastón me dijo. “¿Te ayudo?”. No, qué me iba a ayudar, si tenía que hacer una escena.
- La veta actoral sigue vigente.
- Si, claro. Fue muy gracioso. Yo tengo un amigo joven, tendrá unos 48 años, que cada vez que vamos a Argentores me quiere ayudar y yo le digo “¡No me ayudes más! ¿Qué te pensás?, ¿que soy un viejo de mierda?”. Creo que los músculos me dan por todo el deporte que he practicado. Como te contaba, en un club de barrio los muchachos, que eran siempre mayores que yo 6 o 7 años, formaban la 5ta división de futbol. Yo jugaba en el 6ta división.
- ¿En qué club?
- Era uno que estaba aquí, en Peña y Charcas. Un club que ni existía, una barra de muchachos. Yo me acuerdo que cuando formamos la 6ta (tendría unos 12 años), hicimos una rifa (siempre fui iniciador de estas cosas) y recuerdo muy bien que, con lo que recaudamos, fui a la casa Testai en Av. Callao para comprar 11 camisetas, 11 pantaloncitos y 11 pares de medias. Y llegamos al barrio con los compañeros con esas camisetas de un azul extraño, un azul con un fondo rojizo. Sabés que un día estaba en Venezuela (pasé 2 años allá). Iba manejando y de pronto pasa un camión de costado. Sentí una gran emoción y no supe por qué, hasta que recordé que ese color del camión era el color de la camiseta aquella. ¡Qué cosa la memoria!
Lo que estudié es porque tuve la suerte de tener esa barra de amigos, que eran casi todos estudiantes del colegio Manuel Belgrano, que estaba en la Av. Santa Fe. Todos estudiantes secundarios que después fueron ingenieros, abogados. Yo era uno de los pocos que no iba al colegio. Había otro que era pintor de paredes. Pero yo les pedía los libros y estudiaba de noche en casa. Historia, geografía, literatura, química, francés, lo que hubiese. Necesitaba eso. Estaba en la oficina desde las 8 de la mañana hasta las 7 de la tarde, con un período libre para almorzar rápidamente. Salía volando para ir al Teatro del Pueblo, donde conocí a William Shakespeare, a Nikolai Gogol (no muy bien representados, pero los conocí). Por qué me pasaba esto, la verdad es que no sé. Yo no sólo no tenía consejos en casa, tampoco tenía libros. Pero me gustaba. Me paraba en los stands de diarios y revistas y me quedaba leyendo.
-¿Pudo alguna vez cursar el secundario?
- No. Hice hasta 6to superior de primaria, porque tuve que trabajar. Un día mi madre y mi hermano me pusieron contra la pared y me dijeron: “Si vos querés estudiar, nosotros trabajamos para que estudies”. “Gracias -les dije- prefiero trabajar”.
Poco a poco iba leyendo esos libros, los de mis amigos y los que me compraba en los puestos de usados. Pero en el club, los muchachos que estaban en el secundario habían alquilado una sala en una de esas casa viejas, donde se hacían bailes todos los domingos con chicas amigas. Se ponía una vitrola, se jugaba a las damas y al ajedrez. Club Social y Deportivo Laprida Juniors. Entonces, un día trajeron un armario, y un muchacho que tenía un poco de inquietud propuso ir a pedirle libros a Ricardo Rojas, que vivía ahí nomás, a media cuadra. Y yo no sé muy bien cómo (tantas cosas me han pasado así en la vida), me metí con ellos.
- Digamos que de caradura, nomás.
- Sí, exactamente. Y fuimos un 2 de enero del ´34. Porque yo lo conocía a él, a Ricardo Rojas, por ser profesor del Manuel Belgrano, lo veía pasar inhiesto, cuello duro, blanco, con corbata negra y unos bigotes duros. Era más que formal. Y yo siempre lo veía porque en esa época ya era un intelectual conocido. Debe ser por eso que cuando dijeron de ir para su casa me colé enseguida. Y sabés que nos trajo un montón de libros de regalo. Pero me vio a mí y me dijo: “Vos, esperá”. Fue adentro. Nosotros nos miramos. Y cuando salió venía con dos libros más para mí: uno era el Siripo de Manuel José de Labardén y el otro eran los poemas de Ramón de Campoamor. La poesía y el teatro. Fue una especie de puntapié inicial.
En cierto momento, cuando todavía trabajaba en Bunge & Born, salí a caminar. Me gustaba explorar las recovas, porque en aquel momento estaba allí casi todos garitos, llenos de prostitutas, llenos de marineros. Un día, caminando por ahí, descubro una librería de viejos que no había visto y veo un libro raro que se llamaba La calle del agujero en la media, de Raúl González Tuñón. “¿Poemas, con ese nombre? ¡Qué raro!” Además, con un dibujo en la tapa muy extraño. Pero valía 30 centavos, 3 viajes de tranvía Lo compré igual. Y fui a la lechería donde los juntábamos con la barra, que se llamaba La Porteña. En ese tiempo estábamos leyendo cosas más románticas, como las de Rubén Darío, así que al principio, con el primer poema, nos empezamos a reír. Pero de a poco empezamos a ponernos serios y descubrimos una nueva poesía y a un gran poeta. Acá termina ese episodio, en donde yo tenía 14 años.
Pero cuando tenía 29 años, después de haber estrenado El Puente, hice una obra para Narciso Ibáñez Menta que se llamaba El fabricante de piolín, que yo no la tengo editada porque a mí no me gusta (creo que es una obra fallida), Sin embargo fue un éxito de sala llena en el teatro El Nacional. Trabajaba Narciso, Laura Hidalgo, Milagros de la Vega.
- ¿La dirigió usted?
- No, no. Narciso. El tema es que me llaman por teléfono del diario Clarín y me piden una entrevista. Arreglamos cita en un café que no existe más, Pedigrí. Y el hombre me dice, para que lo reconozca, que va a estar con el sombrero puesto y el diario Clarín sobre la mesa. Entro y veo un flaco con esas características. Hablamos un rato y de pronto empezamos a charlar de poesía. Entonces le pregunto si se dedicaba al periodismo o hacía algo más y el tipo me responde “Bueno, en realidad yo soy poeta”. ¿Y quién era? Raúl González Tuñón. Se me cayeron las medias, los calzoncillos. Le dije “Estoy avergonzado. Cómo usted me va a hacer un reportaje a mí”. Y le conté toda la historia, que por su puesto le encantó.
- Pero usted no entró al teatro por el lado de la escritura, sino más bien por la actuación y los títeres.
- Fue paralelo, porque a mí lo que me interesaba era la creación del personaje. Lo primero que yo empecé a hacer fue escribir poemas, y un día apareció con la barra, milagrosamente, la idea de hacer revistas orales. Íbamos por los clubes. La revista consistía en una editorial, alguien que recitaba un poema, alguien que tocaba un instrumento. Incluso descubrí hace poco un artículo que escribí a los 20 años sobre la situación del país que, no en el estilo (está escrito al estilo de José Ingenieros, que era mi referencia en aquel momento) pero sí en el concepto, sirve perfectamente para hoy.
Hacíamos eso.
Y también nos interesamos un día por los títeres. Ahí nos conectamos con Javier Villafañe, que fue mi maestro y amigo hasta su muerte. Fue él quien me dijo un día que, ya que me gustaba tanto escribir y tenía la veta literaria (incluso estaba escribiendo una novela que se iba a llamar Esta gente mía), escribiera obras para títeres, porque siempre terminábamos haciendo las mismas. El caballero de la mano de fuego, por ejemplo. Íbamos por los hospitales, los suburbios y las escuelas haciendo funciones.
- Pero sólo los fines de semana.
- Sí, sí. Todos los días hasta las 7 de la tarde estaba trabajando. Y era bastante trabajador. Pero estábamos muy contentos con los títeres.
- ¿Podríamos, entonces, pensar que Villafañe fue su primer maestro, en términos teatrales?
- No de teatro. Él nos enseñó a hacer los muñecos. Nos enseñó la poesía de su humor. Con la actuación fue intuición pura y ver cine. Veía mucho cine y mucho teatro desde los 8 años. Yo asistí al estreno de Así es la vida, con la compañía Muiño-Alippi, vi el estreno de El conventillo de la paloma, en donde la que hacía el personaje de Doce Pesos, muy jovencita, era Libertad Lamarque, con 17 años y muy pintada.
Los que empezamos a no pintarnos en el teatro y a sacar el telón, el apuntador y las candilejas fuimos nosotros con el teatro independiente.
Pero bueno, tanto me insistió Javier en que yo escribiera (y como por aquella época estaba enamorado de Platero y del Quijote), que escribí El Quijotillo y Platero en titirilandia. Funcionaron muy bien, así que llevamos los títeres al teatro de La Máscara. Allí me hicieron integrar el elenco. Entonces ya era actor y me daban papeles importantes.
- ¿Se acuerda cuál fue la primera obra que hizo como actor?
- Pero es que me estoy salteando cosas. En uno de estos clubes a donde llevábamos la revista oral había un viejo teatrero que quería hacer teatro. Entonces me pidió un viernes que lo salvara porque se le había ido un actor. Leí el texto a la mañana, Ilusiones del viejo y de la vieja, un sainete. Pero la verdad es que no me la sabía, así que miraba todo el tiempo al apuntador. Ese fue mi debut.
Aunque no: mi estreno fue mucho más serio. Recuerdo que monté una obra que se llamaba El hombre que yo maté, que se trataba de un francés que había matado a un alemán y que iba a Alemania a conocer a la familia del muerto. Esa fue mi primera puesta en escena.
Pero incluso antes que esto, mi debut real fue a los 17 años. Ya se había desatado la guerra española y nosotros peleábamos como podíamos, sobre todo en esta zona (Palermo) donde había muchos nazis..., la Liga Nacionalista, la Liga Argentina Desfilaban vestidos de nazi, con el gorrito y la cachiporra. Nosotros recogíamos en la calle los estaños de los paquetes de cigarrillos o de alguna golosina, formábamos pelotas de estaño y las mandábamos a España. Y había un lugar en la calle Victoria (que ahora es Hipólito Yrigoyen), cerca de Once, donde había un organismo llamado Peava: Patronato Español de Ayuda a las Víctimas Antifascista. Muchos republicanos españoles había acá. Un día fuimos allí, inquietos como éramos, queriendo colaborar para la República. Y yo elegí una obra de José González Castillo (cómo la conseguí, no tengo la menor idea) que era anarquista: Diálogo de vanguardia. Pero la obra era sobre la vanguardia teatral, no política. Así y todo era una linda obrita. En esa actué y realicé la puesta en escena. Y después hice otra, no me acuerdo de quién, que se llamaba El condenado a muerte. Ese fue mi debut real . Y opinaron muy bien. Y recién ahí fuimos a La Máscara y me contrataron como actor.
En La Máscara fue donde un día me dijeron: “¿Por qué no escribís una obra de teatro? Porque obras argentinas no hay”. Y escribí El puente. Entonces me convirtieron en dramaturgo.
- El puente fue una revolución. Creo que principalmente por el lenguaje verbal y teatral, más que por el tema en sí mismo.
- El tema con El puente es que habíamos hecho un concurso, porque cada vez que poníamos obras argentinas no venía nadie. Incluso en el Teatro del Pueblo daban obras argentinas, Roberto Arlt por ejemplo, pero tampoco iba gente. Entonces hicimos un concurso. Estábamos reunidos en el café de la esquina del teatro (Maipú y Rivadavia) leyendo las obras. Yo las miraba con mala cara, poniéndome fastidioso porque hablaban de tú, no tomaban nada de la realidad, de lo que nos rodeaba. Era el ´47 y nosotros estábamos sufriendo el peronismo . Eso la gente no lo sabe.
- ¿Por qué lo sufrían?
- Porque no podíamos hablar. Hasta teníamos miedo de hablar en los taxis . Te metían preso. Por ejemplo, en el ´48 estábamos haciendo Crimen y castigo y nos prohibieron porque el autor era ruso. Fuimos a hablar con el censor y tuvimos una conservación muy particular: “Sí, es ruso –le dijimos- pero de antes de la revolución; y además Dostoievski era muy religioso”. “Ya sé -nos dijo-, pero yo fui a ver la obra y era muy sórdida”. “Es que Dostoievski es así -le respondimos”. “Bueno. Tráigame el libro”.
Le llevamos el libro y pasaron los días. Cada día sin función perdíamos plata. Lo leyó y terminó diciendo: “Bueno. Debe ser por cómo ustedes la hacen”. Entonces nos ofrecimos a hacer una función exclusivamente para él y la mujer. Y resulta que había una escena que yo hacía, en donde estaba en un prostíbulo, en la que la madama decía “Sonia: aquí hay un cliente que te busca”. Ellos pusieron “hay un amigo que te espera”. Ese fue más o menos todo el cambio que hicieron. Y luego nos autorizaron.
- Con El puente, que fue un exitazo ¿pudo finalmente empezar a vivir del teatro?
- No, no. Yo publiqué mi primer libro en el ´43, La clave encantada, una obra para títeres. Casualmente hoy lo saqué de la biblioteca.
Y me ojeo lo que es casi una reliquia: la primera edición de la primera obra editada de Gorostiza. Del ´43, se desarma en las manos, pero es tan hermosa.
- Esto es edición del autor.
- Sí. ¿Sabés cómo hacíamos? Vendíamos adelantado 1 peso. Con la plata recaudada publicábamos y después le dábamos el libro a la gente.
- Venta anticipada.
- Éramos unos cuantos que nos habíamos reunido. Y terminamos publicando, cerca del ´47, Nueve Cantos de José Pedroni. Podíamos. Cuando me fui a Venezuela en el ´54 me llegó una citación, porque tenía que sacar certificado de buena conducta para el pasaporte. Tuve que presentarme al Comité de Actividades Antidemocráticas (creo que se llamaba algo así), la sección especial de represión al comunismo. Me citaron a las 7 de la mañana en el mes de agosto. Me hicieron pasar al patio para esperar; mientras, baldeaban. Una vez se lo comenté a Saulo Benavente y me dijo que a él le hicieron lo mismo. Cuando entré, la persona que me atendió me preguntó por El puente, si era comunista, si era profesor, un montón de preguntas absurdas; y al final me preguntó cuánto ganaba. Yo les expliqué que dependía del porcentaje que tenía de las obras en cartel, más lo que ganaba en la empresa de publicidad en la que trabajaba. Le hice la cuenta rápidamente, la miró, y despectivamente dijo solamente “¡Bah!”. No sé, esperaba que estuviera muerto de hambre . Las cosas que hemos pasado. Mirá: por más que hayamos pasado cosas muy desagradables del ´83 a esta parte, no tiene nada que ver con aquello.
Un amigo mío, en el ´48 más o menos (cuando estaba prohibido el comunismo), era comunista y quería que yo me incorporara. Yo nunca me afilié porque no me seducía del todo. Había una puerta que no cerraba . Y tuve razón.
En esa época cualquier tipo de manifestación estaba prohibida, así que los del partido hacían actos relámpago. Nos reuníamos en una esquina, empezaban a hablar, y apenas venían los vigilantes empezábamos a correr. ¡Sabés que había libros, periódicos, que yo no podía llevar a mi casa! Cerca había una vecina que tenía un balcón, cerrado siempre; entonces yo dejaba un paquete ahí a la noche y lo pasaba a buscar a la mañana.
Así que con el ´83, con todo lo que se pueda decir, no hay punto de comparación.
- Usted encabezó varios movimientos culturales de resistencia, como el caso de Teatro Abierto.
- Cuando nos quemaron el teatro; no sabés lo que fue eso. Chacho Dragún me llamó a las tres de la mañana para avisarme de la quema del Picadero. Llovía. El agua de los bomberos. El fuego. Pero como tiraron la bomba adelante quemaron solamente la escenografía, que era poca porque debía ser funcional a 20 obras distintas. Todo muy precario. No hubo mayor problema. La música y el vestuario estaban al fondo arriba y hasta ahí el fuego no llegó. Por eso pudimos, en una semana, volver a las funciones en el Tabaris. Era un desafío.
- No sé si querrá responderme esto, pero le pregunto igual. Usted fue muy militante, políticamente hablando, encabezó luchas sindicales, etc. Incluso fue Secretario de Cultura del gobierno de Raúl Alfonsín.
- Sabés que siempre me preguntaban si tenía miedo. Es raro, porque no tenía, a pesar de que tuvimos que evacuar la Secretaría más de una vez por amenaza de bomba.
- Incluso Alfonsín tuvo el levantamiento carapintada.
- Claro. Te cuento una anécdota. Como Secretario de Cultura tenía varias atribuciones. Un día me llama el juez Gil Lavedra para avisarme que quería guardar todos los videos originales del juicio a la Junta en ATC, el viejo Canal 7, que estaba a mi cargo. Yo veía en la Casa de Gobierno que había mucha gente que no quería seguir con los juicios (no Alfonsín; él sí quería seguir), así que desde la Casa de Gobierno lo llamé a Gil Lavedra y le dije que sería conveniente que los sacara. Me preguntó si había oído algo, la verdad que no, pero olí, olí algo. Enseguida me hizo sacar todo y llevarlo a Tribunales. Una copia la mandaron a Suecia, por las dudas. El miedo era que se acabara toda esa renovación . Eso la gente hoy no lo comprende.
- Para los que crecimos en democracia es difícil de entender. Por eso yo le quería preguntar (y le repito que si no quiere responder, no responda): con toda la militancia que tuvo, con toda la participación política activa en el gobierno de Alfonsín, ¿qué visión tiene hoy de la política en general y de la UCR en particular? ¿Qué le pasa a usted, un hombre tan político, con la política de hoy en día?
- Yo nunca participé en militancias partidarias, pero sí tuve participación política. Cuando se veía el final de la dictadura de Jorge Rafael Videla y toda esa gente, y ya se anunciaba que iba a haber elecciones, se veía la Multipartidaria, yo pensé que no tenía derecho a no participar. Fui a visitar a todos los partidos políticos con posibilidades, a toda la gente, para verlos. No me importaba el partido, me importaba la gente. Entonces conocí a Alfonsín y vi que era una buena persona, cosa que hasta ahora no se me ha negado nunca, excelente tipo, aunque, como todos nosotros, no era perfecto. Tenía lo suyo, era un político de Chascomús. Un día que lo fui a visitar, cuando ya había concluido el mandato, le pregunté por la mujer, María Lorenza, que estaba enferma. Me interesé por cómo seguía y él me respondió: “Bien. Sabe que ayer se fue solita en micro a Chascomús”. Era de una humildad y de una profundidad . El mayor regalo que tuve fue cuando yo me fui, porque me agarré un pico de estrés. Teresa me dijo: “o renunciás o me divorcio”. Y cuando voy a decirle, él me retruca que estaba disponible el cargo de agregado cultural en Washington: “Vaya un año, descanse bien, y vuelva”. No me quería largar.
Me gustó lo que él hacía, me gustó él, la gente que lo rodeaba, aunque nunca fui radical.
- ¿Afiliado a algún partido?
- Me afilié al radicalismo porque en la interna estaban Alfonsín y De la Rúa. Había votación y De la Rúa no aflojaba. Me afilié solamente para poder votar.
Y ahora.
Durante la época de la I Guerra había un socialista llamado Henri Barbusse, que escribió una gran obra. Las obras de la guerra son dos: Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque y El fuego de Barbusse. Y otro socialista, amigo de Barbusse, era Romain Rolland, quien escribió un texto titulado Au-dessus de la mêlée (que viene a ser algo así como Por encima de la contienda) en donde retoma la correspondencia que habían mantenido Rolland y Barbusse durante la guerra.
Cuando me preguntan ahora por la política, yo respondo Au-dessus de la mêlée. Porque no puedo estar con Hugo Biolcati, pero tampoco puedo estar con Hugo Moyano. Es terrible, es penoso. Entonces, Au-dessus de la mêlée.
- Y finalmente, con respecto a su estética, yo veo que más o menos desde los ´90 a esta parte sus obras han dando un giro en el nivel temático: antes estaban más enfocadas hacia lo social y ahora más hacía el drama intimista individual, en el problema de la muerte. ¿Está de acuerdo?
- Cuando veas Vuelo a Capistrano vas a confirmar tu hipótesis. Y con El aire del río también.
- ¿Por qué este giro?
- Uno puede especular . En realidad no sé. Pero puedo encontrar un punto bisagra: hace unos años me dijeron que yo tenía leucemia, pero que de eso no me iba a morir porque parece ser que es una deficiencia en la sangre que tengo desde hace mucho y que me descubrieron de casualidad. El médico me preguntó “¿Cuántos años quiere vivir?”. Cagamos. Me puso el techo. De eso hará 25 años y el cuadro se me agudizó cuando Carlos Menem llegó al poder.
(*) Se refiere a la Mención Especial a la Trayectoria de los Premios Teatro del Mundo, entregados por la Universidad de Buenos Aires en el Centro Cultural Ricardo Rojas, en noviembre de 2010.
Bibliografía hasta 2007
"Los cuartos oscuros". Novela. Carlos Gorostiza, Sudamericana, Buenos Aires, 1976.
"Cuerpos presentes". Relatos. Novela. Carlos Gorostiza, Fundación Editorial De Belgrano, Buenos Aires, 1981.
"Páginas de Carlos Gorostiza". Carlos Gorostiza, Gedisa, Buenos Aires, 1984.
"El basural". Novela. Carlos Gorostiza, Sudamericana, Buenos Aires, 1988.
"Teatro 1". Teatro. Incluye "Aeroplanos", "El frac rojo", "Papi", "Hay que apagar el fuego" y "El acompañamiento". Carlos Gorostiza, Ediciones de La Flor, Buenos Aires, 1991.
"Teatro 2". Teatro. Incluye "Matar el tiempo", "Los hermanos queridos", "Juana y Pedro", "Los cinco sentidos capitales" y "El lugar". Carlos Gorostiza, Ediciones de La Flor, Buenos Aires, 1992.
"Teatro 3". Teatro. Incluye "A qué jugamos", "Los prójimos", "El pan de la locura", "El caso del hombre de la valija negra", y "El puente".Carlos Gorostiza, Ediciones de La Flor, Buenos Aires, 1993.
"Teatro 4". Teatro. Incluye "El patio de atrás". Carlos Gorostiza, Ediciones de La Flor, Buenos Aires, 1996.
"Teatro 5". Teatro. Incluye "Los otros papeles", "A propósito del tiempo" y "Doble historia de amor". Carlos Gorostiza, Ediciones de La Flor, Buenos Aires, 1998.
"El patio de atrás". Teatro. Carlos Gorostiza, Cántaro Ediciones, Buenos Aires, 1994.
"Vuelas las palomas". Novela. Carlos Gorostiza, Planeta, Buenos Aires, 1999.
"La buena gente". Novela. Carlos Gorostiza, Planeta, Buenos Aires, 2001.
"El merodeador enmascarado". Memorias. Carlos Gorostiza, Seix Barral, Buenos Aires, 2004.
"Teatro 6" (incluye "Toque de Queda", "El Alma de Papá" y "Un testamento para Juan". Carlos Gorostiza, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, julio de 2007.
"Vuelan las Palomas". Novela. Carlos Gorostiza, Planeta, Buenos Aires, 2007.
"La Buena Gente". Novela. Carlos Gorostiza, Planeta, Buenos Aires, 2007.
"La Clave Encantada" (Cinco obras de títeres para niños). Carlos Gorostiza, Colihue, Buenos Aires, 2007.
Actualmente se puede ver en cartel:
"Los Prójimos"
Link con la info:


Fuente:
http://www.alternativateatral.com/