De cómo aprovecharse de los que tienen fe
Buenas tardes señora, me presento, mi nombre es Marcelo Federico Herrera, le comento que vengo a ofrecerle un paso más. Usted se preguntara un paso a donde, o que tipo de paso ofrezco. Pues bien, es algo muy simple de explicar. Este paso que le ofrezco es un gran paso hacia la eternidad. Le comento:
He notado que tiene una figura tallada en madera en su puerta, más precisamente una cruz que intenta representar la resurrección de cristo y con ello la salvación de toda la humanidad, aunque realmente ese sea el momento en que muere, bueno, en fin, eso no me compete a mí, me estoy alejando de la proposición primigenia.
Presumo que usted ansía la vida eterna y me pregunto. ¿Cómo es que se llega a esa presunta vida eterna?. Entonces me contesto, pues rezando, siendo bueno. ¿Y como se es bueno? Ayudando al necesitado vuelvo a contestarme, y he aquí que surge mi proposición. Le ofrezco darme algo de comer, le confieso que tengo mucha hambre y realmente no pido la gran cosa simplemente cualquier cosa que le sobre.
Esta oportunidad es simplemente única:
Juzgue por si misma señora, la gente que pide en las iglesias con niños en sus regazos no piden comida, piden dinero, y ya uno sabe que lo que la gente puede hacer con el dinero es muy relativo.
Cuando usted me alimente a mí notara que comeré con voracidad lo que me ofrezca por que realmente me hallo hambriento. ¿Y que recibirá usted a cambio?; Paz, tranquilidad.
Cuando apoye la cabeza en la almohada a la noche se dirá: Hoy he alimentado a un hambriento.
Seguramente habrá hecho muchas cosas hoy a lo largo del día, no dudo además de la bondad que ha sembrado a lo largo de sus años, pero cuando su marido retorne del trabajo hoy usted podrá decirle orgullosa: ¡Mira la buena esposa que tienes! ¡Hoy he alimentado a un hambriento!. Quien sabe las cosas que haré mañana.
Pues bien, que opina. ¿Alimentará al hambriento?