Viajes interplanetarios II
Aterrice en algún planeta. Su suelo era color naranja, y el cielo estaba lleno de estrellas. Soy nuevamente un visitante. Sólo un turista perdido en una gran urbe. La inmensidad del firmamento estrellado me acongoja. Salto y me dejo llevar por la ausencia de gravedad. Olvidé cuando comenzó este viaje, y desconozco el objetivo. Continúo flotando y me pierdo en pensamientos aleatorios.
Temo que no me recuerden. Han pasado muchos años y aun espero su auxilio. Viajo por el espacio llenando mi mente de experiencias. Mi memoria es mi única compañía, y mi cuerpo el testigo de esta aventura. Me pregunto si me echan de menos.
Mis gritos son inútiles, dudo que alguien más pueda escucharme. Las sierras anaranjadas parecen mirarme con desprecio. El viento se arremolina y arrastra polvo y rocas. Todo el ambiente se ha complotado en hostilidad.
Subo nuevamente a mi nave y parto raudamente hacia una nueva realidad. Observo desde la escotilla ese paisaje inconmensurable. Mi hogar (si es que alguna vez lo fue) es sólo un pequeño punto celeste en la maraña de constelaciones. A pesar de lo mucho que me esfuerzo, a menudo no puedo dejar de pensar que en realidad nunca me fui.