"Entremés" de .
Desde el océano puedo ver como se mueve todo, las plantas, los animales, los hombres, el sol, la luna, los planetas, las estrellas. Fragilmente entre las cuerdas de un contrabajo se mueven, como si nada los fuera a detener, como si nada los fuera a calmar. Repitiendo los mismos pasos vuelven a danzar enfrente de mis ojos cerrados, delante de mi limbo. En ese lugar escucho suaves voces que me hablan y conversan. Sus palabras son ininteligibles, las trato de comprender pero caigo otra vez en el fondo del océano. Estado de indiferencia, actúo según mi instinto. Rocas lunares caen sobre mi. Nado en aguas infinitas que se multiplican. Encuentro cuerpos inertes y descompuestos que me impiden pasar, sin embargo siempre hallo una salida.
La salida a otro océano cuyas aguas infinitas se multiplican. Bebo el líquido y me mantengo extasiado. ¿Estaré en el útero materno? ¿Todos los hombres regresamos indefectiblemente a él? Me refugio en mi locura, fuente de sabiduría y verdad. Ordeno mis recuerdos y me ahogo en alcohol. Quemo mis heridas y ataco las llagas de mi conciencia. Entierro mis sentidos y se apaga mi razón.
Escapo del océano y la playa de cemento me conduce a interminables intersecciones de calles, semáforos en rojo, bebés llorando, un tipo robando, ruidos de sirenas, sentimientos vacíos. Recorro la ciudad de hombres sombra. Creo en la nada, amo a la nada, muero en la nada. Camino en el lado más oscuro de la belleza. Me pierdo en el raciocinio de la bestia moderna y con traje. Yo en cambio, animal no domesticado, visto de una bata blanca. Las suturas de mi cabeza se desprenden y dejan salir una lluvia de plomo. Miro hacia el poste de la calle y me hipnotiza con sus luces estroboscópicas. Una y otra vez. Círculo, cuadrado y círculo. Una y otra vez.
Un destello de luz vuelve a redimirme. Resucito al tercer día.