Revolución
Muchas soledades se juntan
Muchas soledades a un hombre
Muchas muchas voces, con nombre
Abren las tinieblas… y apuntan.
Muchas soledades a un hombre
Muchas muchas voces, con nombre
Abren las tinieblas… y apuntan.
Cabalgando a pelo y como un rayo, iba abriendo la tormenta a manotazos, que furiosa se cerraba nuevamente a sus espaldas; ese indio cabalgaba endemoniado, tenía que avisarle al General Artigas lo que había visto. El caballo, babeante, murió reventado a diez kilómetros del campamento revolucionario; llegó corriendo y gritando:
—Soldados… ¡soldados!
—¿Dónde, cuántos? –Preguntó el General
—Unos mil, a dos días de a caballo
Sin dudas, alguien había revelado la ubicación del campamento rebelde, el temor de Artigas se hizo cierto, había un traidor entre sus filas.
Calculó que dos días a caballo para el indio, serían cuatro o cinco para los soldados de la corona que viajaban con todos sus pertrechos de guerra; no había tiempo ahora para buscar al traidor; debía adelantar el ataque a la ciudad fortificada, era necesario tomarla, antes de la llegada de esos refuerzos que Montevideo envió para su defensa; de lo contrario la revolución, habría acabado antes de empezar. El General mandó reunir entonces a sus tres Capitanes: el negro Ansina, el cacique Vaimaca, y el criollo Paco Bilbao.