BOREALIS
¡Alma lupina!
Que deambulas por las estepas yermas del discurrir fugaz,
Cantando tus delirios a los luceros lejanos,
Ya muy exangües en tu corazón.
¡Cómo danzan los rosales sobrehumanos ante tu llorar!
Y la luna, ¡ah, la doncella de nácar!
Que exorna tus designios con saetas de argento,
Con pasiones letales de un ensueño sideral.
¡Alma lupina de perlas indomables!
¡Cómo se estremece el hálito de Poseidón al oír tus lauros!
¡Cómo se silencia su poderoso bramido al contemplar tus ojos ciertamente poseídos!
¡Poseídos por mil ángeles y mil demonios!
¡Y los dioses encumbrados dan su favor!
Y hacen llover pétalos de lises de fuego inextinguible,
Y sollozan los muertos en el río serpentino de espejismos verdes, cual quimera de esmeralda de París.
¡Ah, cómo se turban aquellas pasiones letales!
¡Alma lupina!
Que recuerdas el origen del amor entristecido, de la Venus desgarrada…
Y cómo se encrespan tus esencias cuando te envuelve aquella sombra endiosada.
¡Alma lupina de misterios insondables!
¡Cómo bates tus cruentos marfiles en la hora silente y crucial!
¡Cómo te ahondas en tus abismos arcanos de diamante azul mientras Afrodita te calcina con su amor!
¡Ay alma lupina!
Que deambulas por las estepas yermas del discurrir fugaz,
Buscando un delirio ausente en los luceros lejanos,
Ya inexistentes en tu corazón.
L. ESTEBAN TORRES
¡Alma lupina!
Que deambulas por las estepas yermas del discurrir fugaz,
Cantando tus delirios a los luceros lejanos,
Ya muy exangües en tu corazón.
¡Cómo danzan los rosales sobrehumanos ante tu llorar!
Y la luna, ¡ah, la doncella de nácar!
Que exorna tus designios con saetas de argento,
Con pasiones letales de un ensueño sideral.
¡Alma lupina de perlas indomables!
¡Cómo se estremece el hálito de Poseidón al oír tus lauros!
¡Cómo se silencia su poderoso bramido al contemplar tus ojos ciertamente poseídos!
¡Poseídos por mil ángeles y mil demonios!
¡Y los dioses encumbrados dan su favor!
Y hacen llover pétalos de lises de fuego inextinguible,
Y sollozan los muertos en el río serpentino de espejismos verdes, cual quimera de esmeralda de París.
¡Ah, cómo se turban aquellas pasiones letales!
¡Alma lupina!
Que recuerdas el origen del amor entristecido, de la Venus desgarrada…
Y cómo se encrespan tus esencias cuando te envuelve aquella sombra endiosada.
¡Alma lupina de misterios insondables!
¡Cómo bates tus cruentos marfiles en la hora silente y crucial!
¡Cómo te ahondas en tus abismos arcanos de diamante azul mientras Afrodita te calcina con su amor!
¡Ay alma lupina!
Que deambulas por las estepas yermas del discurrir fugaz,
Buscando un delirio ausente en los luceros lejanos,
Ya inexistentes en tu corazón.
L. ESTEBAN TORRES