POR LOS LINDES DE LA MUERTE
Noche negra, con una negrura que jamás había visto; noche de mar de ébano murrio y tormentas desatadas.
Me pierdo en mi soledad, en mi tristeza, en aquella flor adolorida que se guarda en mi interior, que tiembla aterrorizada ante los demonios arcanos de la duda mordaz… ¿Y las pasiones?- me pregunto- ¡Ah! Se han ahogado en los abismos del infortunio… ¿Y los amores? ¡Ah! Se han desvanecido, se han precipitado… ¡Cual Torre de Babel! ¡Cual Muralla de Jericó! ¡Cual Esperanza Quimérica!
Noche negra, con una negrura que jamás había visto.
Camino a través de mí mismo, cruzando aquellos campos desolados, aquellos desiertos ígneos y místicos, aquellas estepas yermas. Y me retiro de la vulgaridad de la gente, me aparto de las voluptuosidades del hombre, de sus excesos sin propósito, de su risa agobiante, de sus modos de arlequín… ¡Estoy ebrio y drogado! Ebrio y drogado por la tristeza que esta noche se alza como un Goliat ingente e ineluctable. Soy como un averno sin llamas, en donde los demonios se entregan a su desatino en las tinieblas, e imperan en mi discurrir, en mi mirar, en mi llanto mudo…
¡Puedo sentir lo nefasto! ¡Puedo oír el crascitar de los cuervos funestos!
Me quito la ropa y me sumerjo en un riachuelo. No siento la gelidez de sus aguas matizadas, ¿estaré ya muerto? Muerto en este riachuelo del más allá, en estas corrientes de algún trasmundo enlutado. Y preludio a divagar por entre las rocas, por entre los rumores del agua; y me extravío en las penumbras sobrehumanas. Y levito y deliro y recuerdo… ¡Cuánto desearía librarme de estas carnes de hombre infecto!
Arriba las estrellas encumbradas en los tronos infinitos con beldad reminiscente de las piedras exquisitas de los reyes de antaño; a mí alrededor, la naturaleza, la sapiente, la putativa, la buena madre, ¡cómo intenta arrullarme! ¡Cómo intenta consolarme!
¡Pero yo! ¡El muerto! Nada de esto existe esta noche ante mi alma turbia, todo es sombra y abismo. Y subo y bajo por el riachuelo, sin rumbo, como un espíritu errado en las aguas lamentosas del Estigia, perdido en ausencias, ahogándome en aquella mar de ébano murrio. ¿Y las pasiones? ¿Y los amores? ¿Y la vida? ¡Ah!
¡Qué tedio insoportable! ¡Todo esto es una comedia sórdida! ¡Y ciertamente, precarios actores somos!
Noche negra, con una negrura que jamás había visto.
Empiezo a invocar a Dios y al Demonio, sólo por blasfemar, sólo por injuriarlos en esta hora nefasta…
Y, de súbito, un terrible viento toma lugar, ahora puedo sentir la gelidez de las aguas matizadas, puedo sentir mis pies cortados por las rocas. Los árboles parecen danzar, como en un ritual místico y macabro, los susurros del agua se hacen más fuertes. ¡Ah, muerto estoy! Y temo, siento un temor augusto que me envuelve, que me excita, que me domina…
Salgo de las aguas, me visto y me alejo de aquel lugar cuasi sagrado.
Algo sucedió allí, algo murió en mí en aquel delirio inusitado, algo se quedó entre las rocas, entre los rumores del agua, entre las penumbras sobrehumanas… ¡Un nuevo ser ha nacido!
Noche negra, con una negrura que jamás había visto; noche de mar de ébano murrio y tormentas desatadas.
L. ESTEBAN TORRES
Noche negra, con una negrura que jamás había visto; noche de mar de ébano murrio y tormentas desatadas.
Me pierdo en mi soledad, en mi tristeza, en aquella flor adolorida que se guarda en mi interior, que tiembla aterrorizada ante los demonios arcanos de la duda mordaz… ¿Y las pasiones?- me pregunto- ¡Ah! Se han ahogado en los abismos del infortunio… ¿Y los amores? ¡Ah! Se han desvanecido, se han precipitado… ¡Cual Torre de Babel! ¡Cual Muralla de Jericó! ¡Cual Esperanza Quimérica!
Noche negra, con una negrura que jamás había visto.
Camino a través de mí mismo, cruzando aquellos campos desolados, aquellos desiertos ígneos y místicos, aquellas estepas yermas. Y me retiro de la vulgaridad de la gente, me aparto de las voluptuosidades del hombre, de sus excesos sin propósito, de su risa agobiante, de sus modos de arlequín… ¡Estoy ebrio y drogado! Ebrio y drogado por la tristeza que esta noche se alza como un Goliat ingente e ineluctable. Soy como un averno sin llamas, en donde los demonios se entregan a su desatino en las tinieblas, e imperan en mi discurrir, en mi mirar, en mi llanto mudo…
¡Puedo sentir lo nefasto! ¡Puedo oír el crascitar de los cuervos funestos!
Me quito la ropa y me sumerjo en un riachuelo. No siento la gelidez de sus aguas matizadas, ¿estaré ya muerto? Muerto en este riachuelo del más allá, en estas corrientes de algún trasmundo enlutado. Y preludio a divagar por entre las rocas, por entre los rumores del agua; y me extravío en las penumbras sobrehumanas. Y levito y deliro y recuerdo… ¡Cuánto desearía librarme de estas carnes de hombre infecto!
Arriba las estrellas encumbradas en los tronos infinitos con beldad reminiscente de las piedras exquisitas de los reyes de antaño; a mí alrededor, la naturaleza, la sapiente, la putativa, la buena madre, ¡cómo intenta arrullarme! ¡Cómo intenta consolarme!
¡Pero yo! ¡El muerto! Nada de esto existe esta noche ante mi alma turbia, todo es sombra y abismo. Y subo y bajo por el riachuelo, sin rumbo, como un espíritu errado en las aguas lamentosas del Estigia, perdido en ausencias, ahogándome en aquella mar de ébano murrio. ¿Y las pasiones? ¿Y los amores? ¿Y la vida? ¡Ah!
¡Qué tedio insoportable! ¡Todo esto es una comedia sórdida! ¡Y ciertamente, precarios actores somos!
Noche negra, con una negrura que jamás había visto.
Empiezo a invocar a Dios y al Demonio, sólo por blasfemar, sólo por injuriarlos en esta hora nefasta…
Y, de súbito, un terrible viento toma lugar, ahora puedo sentir la gelidez de las aguas matizadas, puedo sentir mis pies cortados por las rocas. Los árboles parecen danzar, como en un ritual místico y macabro, los susurros del agua se hacen más fuertes. ¡Ah, muerto estoy! Y temo, siento un temor augusto que me envuelve, que me excita, que me domina…
Salgo de las aguas, me visto y me alejo de aquel lugar cuasi sagrado.
Algo sucedió allí, algo murió en mí en aquel delirio inusitado, algo se quedó entre las rocas, entre los rumores del agua, entre las penumbras sobrehumanas… ¡Un nuevo ser ha nacido!
Noche negra, con una negrura que jamás había visto; noche de mar de ébano murrio y tormentas desatadas.
L. ESTEBAN TORRES